Humo blanco. Desde hace seis años, lo primero que se hace en el Vaticano cuando sale el sol cada mañana es poner la pava para unos mates. Hay un jesuita, hincha de San Lorenzo y argentino nacido en Flores, que desde Roma desafía los muros, provoca a la burocracia vaticana y le enseña a todo el mundo que Dios no se cansa de perdonar. Eduardo Valdés pudo ver todo esto en primera persona como embajador argentino ante la Santa Sede.  

#FACTORFRANCISCO – Tu años como Embajador argentino ante la Santa Sede te han convertido en alguien que habla y es buscado para hablar de Francisco. ¿Cómo es tu vínculo con el Papa?

EDUARDO VALDES – Aclaro, en primer lugar: no soy amigo de él. Otros acaso,  pueden ser considerados así: Juan Grabois, Gustavo Vera, Celia Isasmendi, Alicia Barrio. El Papa los llama por teléfono y habla de muchas cosas con ellos. A mí no me llama y eso me da envidia, porque me encantaría que de pronto suene el teléfono y sea él. Lo que sí puedo decir  es que soy un estudioso de Francisco. Desde el principio me impactó saber que él es el primer Papa de la historia, de Constantino para acá, que rompe con la tradición eurocéntrica de la Iglesia. Él no es un hombre que piensa el mundo desde Europa. La primera vez que salió al balcón en San Pedro dijo “vinieron a buscarme al fin del mundo”. Su pensamiento es desde las periferias, y específicamente desde el Sur. Es un hombre que piensa todo desde los pobres. Tampoco soy un gran conocedor de lo teológico, por eso siempre hablo de lo pastoral y de su liderazgo a escala global. Ese es el Francisco que me apasiona y me genera admiración. Es sólido y no da pasos en falso. Por ejemplo: todos estaban especulando respecto a cómo sería su posición respecto a la crisis en Venezuela. ¿Qué pretenden? ¿Que el Papa aplauda la invasión de Donald Trump? Eso es no conocer a Francisco.

#FF – Existe tanto el no conocer como la sobreinterpretación y los encasillamientos. La relación del Papa argentino con el peronismo es uno de los núcleos de debate, de diversa calidad y dirección. ¿Qué dirías sobre esto, desde tu experiencia y también desde tu identidad?

EV – En primer lugar, Francisco es latinoamericano y argentino: ese es el punto de partida para cualquier lectura o interpretación sobre su papado. Hay una gran anécdota que me contó Dilma Rousseff sobre su primer encuentro con él. Tiene el valor de una anécdota, pero es explicativa o significativa. Ella no tenía una buena relación con la Iglesia y tampoco venia de una tradición católica. Cuenta que estaba muy tensa cuando entró a la audiencia con Francisco. No tenía muchas referencias de él y encima era argentino.  Resulta que lo primero que le dijo Francisco fue: “Quédese tranquila Dilma, el Papa es argentino pero Dios es brasilero”. A partir de ahí se relajó el diálogo y Francisco le termina diciendo: “Yo soy el primer jesuita que llega a Papa, el primer Papa hincha de San Lorenzo, y el primer Papa compañero”.

#FF – Lo haya dicho así o no, la anécdota habla de una realidad indiscutible. Francisco es argentino y eso lo pone inevitablemente en contacto con el peronismo, con el mate o con el fútbol. Además, nadie puede negar los vínculos del Papa, por su historia personal y su trayectoria, con esa identidad política. Más allá de todo esto, el hecho es que “Un papa peronista” tiene ese atractivo de parecer un cuento de Soriano o un personaje de Peter Capusotto. Algo medio surrealista, inesperado o fuera de serie, que de pronto se hizo realidad…  

EV – En los primeros años, con muchos compañeros estábamos siempre haciendo bormas con esto del “papa peronista”. Pero se nos fueron yendo las ganas de tomarlo en vorma cuando vimos que empezaban a atacarlo, y justamente por ese lado. Cuando Francisco tomó la decisión de agregar una escala en Cuba durante el viaje a EEUU – que Benedicto XVI ya tenía previsto antes de su renuncia- empezaron los ataques. Francisco había aceptado mediar entre ambos países y por eso no podía ir a EEUU y no visitar Cuba en el mismo viaje. Era un gesto diplomático básico, más aún si se tiene en cuenta que fue Barack Obama quien pidió la mediación y Raúl Castro quien la aceptó. Ahí comenzaron a cuestionarlo. La revista “THE ECONOMIST”, que es la publicación más importante del pensamiento económico neoliberal, tituló en su tapa el “El Papa peronista”. Esa edición yo la guardo como un trofeo, pero fue ahí cuando me di cuenta que le agregaban – y el agregan- el adjetivo de “peronista” para bajarle el precio. Después, cuando el Papa hace el viaje a Ecuador, Bolivia y Paraguay y pronuncia su discurso de “Tierra, Techo y Trabajo”, que va a quedar en la historia, lo tildaron de populista. Con la publicación de la exhortación apostólica “Evangelii Gaudium”, que es una crítica aguda al neoliberalismo, la cadena Fox de EE.UU. directamente lo calificó como el “Papa marxista”. Por eso no les tenemos que regalar ese flanco para que le tiren a Francisco. Hay que saber que cada vez que le agregan un “ismo”, aunque sea el “ismo” que a mí me gusta, es para bajarle el precio.

#FF – Entonces, queda todavía el desafío de definir o explicar el pensamiento de Francisco, sin dejar afuera esas connotaciones y ese origen, pero yendo más allá para, desde ahí quizás, volver estratégicamente sobre esos tópicos descalificadores, o para otros entusiasmantes, pero que son, como vos decís bien, no inocentes.

EV – Primero, una obviedad que debe ser destacada para unos y otros: la teología y la pastoral de Francisco se nutren de la doctrina social de la iglesia, de la Rerum Novarum, Quadragesimo Anno, del Documento de Medellín, la tradición de las conferencias episcolales latinoamericanas y, más ampliamente, de la teología del pueblo. De ahí viene él. Y cuando le tocó ser Papa, abrazó sin claudicación la Iglesia que él mamó, que es la Iglesia de América Latina. De eso no tengo ninguna duda. Yo le digo al Padre Domingo Bresci, que es uno de los últimos que queda de esa Iglesia de Mugica y del Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo, que al final él ganó la batalla. Porque Domingo lo padeció a Bergoglio cuando era Arzobispo y Cardenal. Nosotros, con Rafael Bielsa y Guillermo Oliveri, lo convocamos  a Domingo trabajar a la Secretaria de Culto en el año 2003. Durante los enfrentamientos entre Néstor Kirchner y Bergoglio, el pobre Bresci andaba tratando de zafar de los tiros que se cruzaban. Pero lo cierto es que desde 2013, el Papa decidió ser un genuino representante de la Iglesia latinoamericana. Es verdad también que Bergoglio vivió de cerca y se formó en la doctrina del justicialismo. La realidad, al inicio y al final, es que el peronismo abreva en la doctrina social de la Iglesia. Alcanza con decir eso.

#FF – Insistís mucho en esto de cuidar a Francisco y no regalar flancos. ¿Lo decís pensando en la prensa internacional, como los casos que mencionaste de The Economist y la Fox, o más bien para Argentina?

EV – Mientras acá en Argentina dicen que el Papa ya no tiene rating o que no mueve ni un voto, la figura de Francisco crece cada vez más a nivel global. Hace unas semanas, la consultora internacional Gallup, que es la consultora de opinión pública y encuestas más antigua e importante del mundo, publicó los resultados de la medición anual que hacen a nivel global sobre imagen de líderes mundiales. Son 58.500 casos en total, 1300 casos de 54 países. Por cuarto año consecutivo “ganó” Francisco. Pero lo que sorprende este año es la diferencia abismal entre el primero y el segundo. Francisco sacó el 58% de adhesión: ¡con esas cifras no habría segunda vuelta! En segundo lugar quedó Angela Merkel con 31%. Me alegra que sea justamente ella, porque fue una persona que lo combatió a Francisco en el tema de los refugiados pero que luego evolucionó en su mirada. Tanto es así que ella ahora se retira de la vida política por haber sido una genuina intérprete de las políticas del Papa en relación a los migrantes y refugiados. Esa decisión impactó en su caudal electoral, porque en lugar de hacer marketing xenófobo eligió ser coherente y sostuvo que los refugiados tienen derecho de vivir en Alemania. ¿Quién salió último? Repito, cincuenta y cuatro países, cincuenta y ocho mil casos. Último salió Donald Trump. ¿Y penúltimo? Benjamin Netanyahu.

#FF – Del 2013 para acá, el escenario político global ha ido a contramano de la prédica de Francisco, al punto que su mensaje queda hoy como una de las pocas voces que denuncian la crisis y exclusión que el neoliberalismo está generando. Quizás esto es la contrapartida de su prestigio como líder, pero puede ser una contrapartida difícil: un líder solitario, una voz en el desierto. En último caso, una excepción.

EV – A Francisco le toca sembrar en este mundo de Donald Trump. Un mundo muros y de permanente convulsión. Pero Francisco, me permito decir, es un sembrador. Y así lo debemos ver. Después van a venir otros que cosechen el mundo que de algún modo Francisco siembra. Los sembradores sufren más, digamos, y esa es su función o su característica. El que anuncia un tiempo nuevo tiene que bancarse que los contemporáneos digan “este está loco”. Y siempre es necesario recordar que la pelea más dura que enfrenta el papa está en su propia sede. Donde predica Francisco, muchos cardenales lo odian. Pero su prédica encuentra tierra fértil en los pastores con olor a oveja. La gran fuerza de Francisco está en los “jefes de territorios: los cardenales que tienen diócesis, los obispos, los párrocos. Y no en los burócratas vaticanos. Al momento de llegar Francisco, el 70% de los cardenales habitaba en el Vaticano y el otro 30% en “el resto del mundo”. Hoy esa ecuación se está revirtiendo, porque el Papa no está nombrando cardenales en la curia, sino en las diócesis, con funciones pastorales, y sobre todo en el sur. El mundo que el imagina debe reflejarse también en la iglesia que el construye.

#FF – Un Papa argentino con la impronta popular – para muchos «populista»- del sur, debe ser difícil de digerir para los funcionarios del Vaticano. Una burocracia es refractaria para cualquiera que viene de afuera, y más aún si viene de la periferia. Francisco les fue dando vuelta no solo los lineamientos pastorales sino también el protocolo. Tuviste el privilegio de ver de cerca cómo su estilo espontáneo descolocaba permanentemente a los fundamentalistas del protocolo papal. Porque para los poderes burocráticos y conservadores, la ruptura de los procedimientos, la imprevisibilidad de los desvíos y los acercamientos a la gente son quizás más imperdonables que las nuevas ideas. Lo que no es poco decir…  

EV – Les cuento una anécdota. Francisco me pidió a mí que le llevara a Maradona para el Partido Mundial de la Paz, que era el marco para el lanzamiento de lasScholas Ocurrentes. Fue una cosa impresionante. Cuando recibió a los equipos, el Papa saludó a los treinta jugadores con su familia. Pero, al llegar a Maradona, lo abrazó. A la noche voy a comer con Diego y él estaba como loco: “Eduardo, vos me tenés que conseguir una entrevista a solas. Este hombre es un distinto. Cuando me abrazó me dijo: Diego, te necesito para luchar contra el hambre y por la paz en mundo. Yo en ese momento sentí que estaba con mi vieja en el cielo y con él acá en la tierra. Conseguime una entrevista que necesito hablar cosas con él”. Imagínense que el día anterior ya se había armado un quilombo bárbaro. La última vez que Maradona había ido a la Santa Sede, en tiempo de Juan Pablo II, había dicho barbaridades de la Iglesia y del oro del Vaticano. Diego me lo explicó diciendo: “Sabés que pasa, el polaco no entendía un carajo. En mi peor momento con la cocaína, yo le pedí una entrevista porque creí que él me podía guiar. Lo primero que hizo cuando lo vi, fue pedirme un autógrafo. Yo iba a buscar un padre y el tipo se me convierte en un hincha. Ahí le perdí el respeto. Pasa que era arquero, no entendía nada”.

Al otro día lo voy a ver al Papa y le digo que Maradona quería volver a verlo. Ahí Francisco me dice, en voz baja como cuando va a hacer una picardía: “¿Viste ayer? Cuando lo saludé a Maradona se desmayaron 17 cardenales. Tráemelo mañana así se desmayan de vuelta”. Una hora y media duró la charla y fue muy linda. Diego me había pedido tener un momento a solas con Francisco, así que en un momento se encerraron diez minutos los dos en una sala contigua. Cuando salió de la sala vino hacia nosotros y con un grito desaforado se abrió la camisa a la altura del pecho. “Ahora me puedo morir tranquilo”, gritaba. No sé qué cosas habló con el Papa, pero estaba como liberado. Ahí fue que le pidió que le bautice a su hijo, Dieguito Fernando, que acaba de nacer hacía tres meses. Entonces el Papa le dijo: “Bueno, sí, arréglalo con Eduardo. Pero tenés que venir también con tu hijo de Nápoles”. Lo cierto es que Diego hasta el día de hoy le hizo caso a todo lo que le pidió el Papa.

#FF – ¿Qué es lo que más extrañas de Roma y el Vaticano?

EV – Extraño los miércoles y los domingos. Los miércoles son populismo al palo porque es el día de la audiencia general en la Plaza San Pedro. ¿Saben que me gustaba? Ver tantos jóvenes. Algunos con kipa, otros con turbantes, jóvenes agnósticos, algunos que se decían marxistas. Yo me metía por ahí a charlar con ellos porque me interesaba saber por qué pibes de entre catorce  y treinta años de orígenes tan diferentes iban a escuchar a Francisco. Se sienten identificados con su mensaje, con su crítica al capitalismo financiero, su llamado al cuidado de la casa común y su denuncia a la guerra. Ahí me daba cuenta que se está gestando una generación de jóvenes que, cuando les toque gobernar en sus países, harán que sean los valores de Francisco los que primen. En ese sentido, el título de “sumo pontífice” le cabe perfecto, porque significa el máximo constructor de puentes. Y creo que el mundo de los puentes es el que esta generación busca, aquello por la que lucha. Son ellos los que van a derribar los muros que hoy levantan los más poderosos

#FF – Vos ya volviste de Roma. ¿Ahora estas esperando que venga Francisco?

EV – Yo sueño con que Francisco venga a la Argentina. No soy de los que está contento con que no venga. Yo creo que Francisco tiene que venir al país gobierne quien gobierne, porque él es del pueblo: no es de uno o de otros. Es en eso, y como pueblo, que tenemos que ayudarlo.

×