En este 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, vuelven a circular por #FactorFrancisco las voces y reflexiones de algunas de las mujeres que dejaron su marca por acá. Amigas, referentes, compañeras, emblemas y mitos. Con María Luisa Bersosa, M. Valeria Resende, Victoria Montenegro, Eva Perón y María Magdalena, reconectamos con esa fuerza y sabiduría propia de lo femenino y hacemos una apuesta por el protagonismo de la mujer como variable clave para reformular este «mundo que no da para más».

#FF – ¿En el mundo de las monjas? ¿Cómo ves la recepción de Francisco, la lectura de sus posturas, dichos y  estrategias? Y mas ampliamente, relacionando esto con el lugar de mujeres en la Iglesia, no sólo de las religiosas.

MLB – Entre las religiosas en general hay muy buena recepción. Se lo lee y escucha con atención. En ese sentido muy bien. Las que somos mujeres y además somos monjas somos un poco más críticas, no con él, porque está haciendo mucho, sino con la situación. Es difícil lograr que se avance. Pero tampoco dejamos de reconocer esos pasos que son significativos de verdad. Este nombramiento nuestro ha sido como un salto. Imagínate que la secretaria del sínodo estaba formada por doce obispos y ahora entramos seis personas que no lo somos. Hay un cambio de lógicas importante. Entonces, si pensamos en lo que necesitamos, falta mucho, pero en lo que hay es un gran paso. Depende de la perspectiva desde donde miremos es en qué y como resultarán.

#FF – Escuchamos tu planteo sobre hacer un sínodo DEL PUEBLO DE DIOS, y no sólo de obispos, ¿cómo es eso?

MLB – La palabra sínodo significa CAMINO JUNTOS. Eso nace con el Concilio Vaticano II y lo instauró Pablo VI para que el Papa no gobernara solo sino para que lo haga con más gente. Pero cuando uno va al Sínodo advierte que la inmensa proporción de participantes son obispos y una mínima proporción son laicos y religiosas. A eso se suma que los diez superiores generales de congregaciones tenían voz y voto mientras que la única superiora general que asistió no lo tenía. Esa diferencia fue escandalosa. Entonces tanta lata dimos con el tema de la mujer que algún obispo me dijo “¿tú quieres un sínodo de la mujer?”. Dije que no, que no era ese el planteo sino que lo que necesitamos es un «Sínodo del Pueblo de Dios». La Iglesia es comunidad y por eso quiero presencia de todos, no universal obviamente, pero por representación: jóvenes, adultos, laicos, laicas, solteros, casados, divorciados, homosexuales, todo el pueblo de Dios. Eso sí que me gustaría, y creo que tiene sentido desde la etimología y desde lo que es participar del gobierno de la Iglesia. Necesitamos sentirnos realmente parte, esa es mi mirada y la sigo sosteniendo.

#FF – Estos días se habló mucho de las mujeres y el clero, de la ordenación de mujeres para el sacerdocio. Se esperaba que después del Sínodo de la Amazonia Francisco dijera algo al respecto, y sus comentarios dejó decepcionada a mucha gente. ¿Cómo ves el rol de la mujer en la Iglesia en el presente y en el futuro?

MVR – Si estudiamos la historia de la Iglesia, si observamos en verdad las capillas, los templos, y todo el trabajo hecho en nombre de la Iglesia, sea éste pastoral, asistencial, del tipo que sea, encontramos que el papel de la mujer fue fundamental y de central importancia. Los hombres aparecen cuando se trata de representar, de operar desde y en el altar, para ocupar el puesto de honor, pero siempre, digamos, «sin mucha tierra»… Hoy, el sacerdocio de las mujeres parece ser una aspiración de mucha gente. Pero cuando se habla del papel de la mujer en la Iglesia, de la falta de presencia  o de la subordinación de nuestro rol actual, se olvidan que nosotras estamos cumpliendo nuestro papel: decir las verdades que sólo las mujeres saben y que sólo ellas pueden decir. Lo hacemos desde hace mucho tiempo y hay una gran cantidad de mujeres religiosas que hablan y actúan en muchos lugares y frentes. Y si bien no tenemos lugar en el sistema eclesiástico, tengo al respecto una duda muy grande: si el modo de funcionar la institución eclesial no cambia, si nos meten en los cargos que hasta ahora fueron privilegio de los hombres, de los machos, ¿vamos a realizar un gran cambio, o nos van a enredar en funcionalidad, reglas y más leyes del derecho canónico? ¿Acaso no nos volverán más débiles aún, en su lógica de clero?  Yo quiero que cambie el mundo y que cambie la Iglesia, que se transforme la comunidad de los que creen en Jesucristo, de los que tratan de vivir el Evangelio. Y que los cristianos se liberen del peso excesivo de la vieja institución eclesiástica, con la forma que ha tomado desde que el templo ha ocupado el espacio al lado de los palacios. Porque la Iglesia que ha crecido en las catacumbas y en las periferias de las ciudades, en el campo y en los márgenes de los ríos, se empezó a desmoronar cuando los palacios les cedieron sus terrenos vecinos para construir sus templos. Ningún imperio, a lo largo de la historia, pudo permanecer mucho tiempo sin templos al lado de sus palacios. Y mientras la Iglesia continúe centrándose en los templos no vale la pena luchar por un lugar ahí adentro. Mejor es salir de los templos hacia las calles, y las mujeres hacemos eso hace mucho tiempo. En Brasil, nosotras creamos las comunidades eclesiales de base, los movimientos sociales cristianos. Me acuerdo que en los años 90, en la región del nordeste, hicimos una investigación sobre la experiencia desde los años sesenta de las pequeñas comunidades religiosas insertas en el medio popular. Éramos casi mil mujeres en esa región trabajando en eso, sin que nadie supiera que existíamos. La invisibilidad ha sido una condición sin qua non de nuestro trabajo. Lo que ha pasado es que nuestras generaciones, las que priorizamos ese trabajo, estamos muriendo. Y en la vida religiosa nadie nos reemplaza por falta de vocaciones, mientras que los monasterios de vida contemplativa, donde las monjas están ahí encerradas, rezando, dedicándose a la liturgia y a trabajos manuales, están llenos. Son cosas que hay que interpretar, que nos ponen dificultades. Pero ahí están. Y hay que seguir.

#FF –  Vos decías que la fe nunca la habías perdido, pero que con la institución estaba todo mal ¿Hoy ves que hay otra Iglesia?

VM – Se están dando pasos enormes, revolucionarios, que a veces no terminamos de dimensionar. Que la Iglesia se pronuncie con respecto a la importancia de la aparición de los nietos, pero también pronunciamientos que él ha hecho respecto a la comunidad homosexual, el respeto por las mujeres, la defensa de los derechos de los niños. La gente necesita esos gestos.

De una Iglesia cerrada y cada vez más alejada, hoy está cerca de las necesidades y dolores de la gente. Yo me quedo con estos signos de esperanza. Y más allá de que hubo monjas que me entregaron a mis apropiadores o quienes bendecían a los que tiraron a mi papá de un avión, también estuvieron otros que lucharon, que abrieron las puertas para que las Madres se reunieran, que ayudaron a salvar a otros compañeros, que se solidarizaron, que aportaron datos para la búsqueda.

Ahora depende de qué vamos a construir nosotros con esta historia. Hoy tenemos la posibilidad de pararnos desde un lugar diferente y seguir abrazando la fe. Creo que a pesar de todo el dolor, prevaleció el milagro de la vida. Que me hayan encontrado tan lejos de casa, que hayan encontrado a papá, que gracias a eso pudimos recuperar a otros compañeros, y pudimos aportar a la justicia, y seguir buscando a los hermanos que nos faltan. Todo este camino, tiene que ver con la vida. Más allá de todo, creo que ya tuvimos una victoria importante.

Cuando le entregué el retrato de mi papa a Francisco fue una reparación personal pero también de una historia mucho más grande, y desde ese día tengo mucha más esperanza en él y me siento orgullosa de mi Iglesia. Cuando hay compañeros que cuestionan mi fe, yo me hago cargo y les digo que nosotros también peleamos desde este lugar.

#FF – ¿Cómo lo ves como feminista?

VM – Es un gran avance. Nosotras obviamente siempre pedimos mucho más, y sabemos cómo es la postura de la Iglesia respecto a temas como el aborto.

Pero que el Papa diga “Hay que perdonar, hay que entender”, libera mucho. Te pone en otro lugar. Asociar a la religión con la culpa, el pecado, es de la Iglesia vieja. Así nos pasaba. La gente no se sentía contenida, porque lo único que hacía era castigar. Por supuesto que no da lo mismo sentirse acompañado y parte de algo, que sentirse ajeno, huérfano y golpeado. Creo que Francisco generó una revolución dentro de la Iglesia. Estamos abriendo muchos caminos. No es poco.

CORAZÓN DE DIOS*

Norberto Galasso – Padre, ha llegado su sábado más glorioso: Hábleme de Eva Perón.

Hernan Benitez – Existen tres Evas. La primera, según propia confesión, «mala actriz» de teatro y peor de cine, en cambio, se defendía bastante bien por radio. La segunda, la política, que acompañaba a Perón y cuyos dichos no tenían mucho contenido, a decir verdad Pero la tercera era la que tenía pasión social tremenda. ¡Formidable! ¡Qué mujer! Estaba entregada totalmente a los desposeídos, abrazaba a los leprosos, cancerosos, tuberculosos… Yo estaba al lado de ella. yo, pastor de Cristo, me tiraba atrás. Pero ella no vacilaba, se entregaba y lo hacía de igual a igual, como hermana, no como las señoras de la Sociedad de Beneficencia de los viejos tiempos… A la noche regresaba tarde, a la madrugada. llena de piojos y liendres. ¡Tremendo! Su adhesión a los pobres era bárbara… Mire, hijo, que quiere que le diga, nunca vi algo igual… Y recuerdo que un obispo me dijo una vez: “No me explico como usted puede defender a una puta”. Perdí los estribos. Le contesté que no dijera barbaridades, que ella era castísima y que yo lo sabía en mi carácter de confesor de Eva. Y ya desbordado le agregué: “Además, ¡ella no se preocupa de decir si usted es puto o no!”.

Eva Perón le ganó a Dios el corazón, no tanto con edificar policlínicos monumentales, ni escuelas, ni hogares de tránsito, ni ciudades infantiles, ni barrios obreros, cuanto con darle su corazón al pobre. Yo la vi derrochar amor a los necesitados, el amor que redime a la limosna de la carga de injusticia que lleva implícita… Si sus aciertos fueron más o menos que sus errores, ¡Que juzgue Dios! Pero es evidente que no por sus errores, sino por su aciertos la amó el pueblo apasionadamente como, por esos mismos aciertos y no por sus errores, la odió el antipueblo. Ella no comprendía que pudiera apellidarse cristiana una civilización que cada año condena a morir de hambre a ochenta millones de personas, en la que los dos tercios padecen desnutrición y el 15 por ciento posee y goza de más bienes que el 85 por ciento restante. Incomprensible estado de injusticia social luego de dos mil años de predicación del Evangelio.

Los Derechos Humanos no eran para Eva Perón un rosario de bonitos apotegmas ni de quiméricos ensueños. La defensa de esos derechos, cuando va de veras, importa un compromiso existencial. Importa una toma deposición. Importa una lucha cotidiana por un orden más justo. Ella no comprendía pudieran defender de verdad los Derechos Humanos quienes usufructúan gozosos los privilegios de la sociedad individualista liberal. La defensa de los Derechos Humanos, desde la vida fastuosa, la mesa regalada. la mansión suntuosa, le parecía insulto cruel al pobre, a Cristo, al Evangelio. Su indisimulada enemistad respec­to a las castas privilegiadas: oligarcas, jerarcas militares, altos prelados eclesiásticos, le nacía de no poder conciliar en su cabeza y menos en su corazón que quienes con las palabras defienden la igualdad y fraternidad entre los hombres.

En Eva se daba la rabia por la justicia. Una implacable voluntad de desterrarla. Lo hacía a la criolla, llevada por la furia santa. Y claro; cometía algunos errores. Al principio, cedió a vengan­zas en el medio artístico y sindical Pero nunca concretó nada memorablemente grave. Yo le pregunté alguna vez, por qué se había alejado de la Eva anterior y se había recluido (políticamente) en esa pasión absorbente de la «acción social directa», la pasión de su tercera vida. Eva me miró desorientada desde sus almohadas. Pensaba. Yo la había desconcertado con mi pregunta. Era como si le mostrase un espejo que reflejaba a otra persona. diferente de la que ella creía ser. No supo qué decirme.

Después con los años, meditando en el exilio prisión a que me condenaron mis pares por mí imprudencia peronista, llegué a la conclusión siguiente, a ver si me sigue. Cuando Eva sintió por primera vez el misterio -la fuerza- del poder en su mano, como un elemento para ejercer el sagrado mandato del bien, nadie, ni el mismo Perón, la pudo ya sujetar. Fue algo así como cuando se fugó de Junín. ¿Quién la hubiera parado?

Y oiga: en un país y en un tiempo en que el poder no era más que un instrumento para la gloria, el honor, el enriquecimiento personal o el orgullo, Eva vivió la fiesta del poder en su dimensión divina. Lo vivió como un amor supremo, hasta la locura. Hasta la última consecuencia. Ella se sentía representante de los que nunca se habían podido expresar, incluso en tiempos de democracia, las mujeres, los desamparados, los enfermos, los distintos… Sólo unos pocos, incluido por supuesto, el sagacísimo Perón, se dieron cuenta de que en Eva había estallado esa pasión transpolítica, una especie de vuelo místico. Eva, en su genialidad descubría el poder en su dimensión sublime: poder dar. Poder acompañar al que sufre. Poder hacer el bien. Poder alimentar y sobre todo, poder directo, como el de los santos medievales o la madre Teresa de Calcuta.

* Fragmento del libro «Yo fui el confesor de Eva Perón», entrevista que le hizo Norberto Galasso al sacerdote Hernan Benitez.

‒Y con esto pasamos a la historia ¿Existió María Magdalena?

Xabier Pikaza  – Sin duda. Ella jugó un papel importante en la tradición cristiana, por lo que se dice de ella, y por lo que se silencia… Su figura forma quizá el hueco más importante del Nuevo Testamento, como sombra‒luz de Jesús. Ella no es un puro invento, en su forma actual, los evangelios canónicos no habrían podido crear su historia de discípula importante de Jesús, primer testigo de su resurrección, iniciadora de la Iglesia (cf. Mc 15, 40).

‒ Pero Pablo ¿por qué no la cita?

XP – Porque no entra en su cuadro y visión de Jesús, como no cita tampoco a María, su madre, ni al Discípulo Amado, ni a las comunidades cristianas de Galilea. Eso no se debe a un tipo de antifeminismo. La iglesia de Pablo, aunque haya sido luego recreada y modelada por varones, es una iglesia inmensamente femenina, donde mujeres y varones viven y trabajan por igual desde y para el evangelio…Pero él quiere situarse en la línea de Pedro y de Santiago… En su “evangelio oficial” de las apariciones de Jesús (1 Cor 15, 3-8) no deja lugar para mujeres como María Magdalena. No es que Pablo y Magdalena se opongan, como dicen los hermanos Vigil, es que se sitúan en espacios distintos… Pablo no cita a Magdalena, pero es evidente que en el fondo de su mensaje hay un “hueco” de mujeres, un hueco en el que podemos situar a María Magdalena.

(…)

‒ A eso voy ¿Qué significado tiene el que fuese la primera en ver al resucitado?

XP – ¡Pues que fue la primera cristiana, en el sentido primitivo de “mujer mesiánica”! Fue la primera en comprender lo que implicaba el camino de vida y de muerte de Jesús, algo que, más tarde, el evangelio de Lucas aplica a María, la Madre de Jesús, al hablar de su nacimiento y de su gesto de “perderse” en el templo (Lc 1, 19.51). En esa línea, podemos y debemos afirmar que la primera iglesia fue el corazón de Magdalena y de sus mujeres‒compañeras, las amigas de Jesús.

Ella está vinculada a la tradición de la cruz y sepultura de Jesús, siendo, con otras mujeres (y con el Discípulo Amado del Evangelio de Juan, que tiene rasgos más simbólicos), la única creyente que, según los evangelios, ha visto morir a Jesús, aunque no ha podido “enterrarle” (pues no tiene autoridad para hacerlo. Ella fue la primera que descubrió, por experiencia personal, que Jesús está vivo, que no se le puede buscar en el sepulcro.

‒ ¿Qué papel jugó en la primitiva Iglesia?

XP – ¡Esencial! Así lo muestran los textos de pasión y pascua de los cuatro evangelios y de un modo especial el final “canónico” de Marcos (Mc 16, 9), con Jn 20, 1-18, donde se afirma expresamente que fue la primera cristiana, el primer testigo y apóstol de la iglesia, antes que los Doce. Así lo reconoce el comienzo del libro de los Hechos (Hech 1, 13-14), aunque después no hable más de ella.

‒ ¿Por qué desaparece después en la tradición cristiana?

XP – ¡No desaparece, la desaparecen, pero sin lograrlo, pues sin ella no se entiende nada de lo que sigue! Quien sepa leer descubre que su figura y función resulta esencial en los evangelios, que no responden quizá a lo que nosotros quisiéramos preguntar, pero que dicen muchísimo sobre el papel de Magdalena en la iglesia primitiva. Celso, el más lúcido de los críticos anticristianos del siglo II, plantea bien el tema cuando afirma que Magdalena (¡una mujer histérica!) fue la fundadora del cristianismo.

‒ ¿Por qué histérica?

XP – Porque hay cosas que sólo un tipo de histéricos e históricos mujeres puedan saber: Que un muerto como Jesús está vivo; que su muerte no fue un fracaso, sino todo lo contrario, un “estallido mesiánico”, el descubrimiento y explosión superior del amor que vence a la mentira del poder impositivo y de la muerte. Fue una mujer histérica, pero en el sentido nuevo de recreada, una mujer que empezó a vivir en una dimensión de realidad distinta, la del amor por encima de la muerte. En ese sentido, el cristianismo ha empezado (y sigue siendo) un tipo de histeria de amor, una experiencia de “mutación”, vinculada a la vida que se comparte y regala en gratuidad, como única esperanza de futuro, en tiempos de Jesús… y en este año fatídico 2019, cuando, sin un tipo de apuesta de amor como la de Magdalena, todo este tinglado económico‒político puede saltar por los aires.

‒ Quieres decir que sin amor como el de Magdalena esto se acaba….Eso significaría que Jesús resucitó en su amor…

XP – Algo de eso. Sin amor, comprensión mutua, sin acogida a los locos‒pobres‒mancos y distintos (exilados, migrantes, excluidos, enfermos…) este mundo humano acaba (o está ya acabando). Así es, el amor resucita a los que han fallecido y da vida a los hombres y mujeres que, en otro sentido, parecen muertos… En esa línea pudiéramos decir que Jesús fue un resucitado viviente, de manera que, en un sentido muy hondo, había resucitado ya antes de morir, había encendido el gran amor en María Magdalena y en los demás amigos y discípulos. En ese sentido podemos decir que Jesús resucitó en ella… y que ella misma era, como he dicho, una resucitada, de forma que su presencia vive y alienta en la Iglesia.

‒ Eso es hermoso, pero es quizá demasiado intangible. La gente busca un amor más tangible. En esa línea ¿qué valor hay que darle a la relación afectiva que algunos apócrifos dicen que ella mantuvo con Jesús?

XP – Jesús la quiso, como a otros discípulos (y así lo dice el historiador judío F. Josefo: “aquellos que le amaron le siguieron amando tras la muerte”, Antigüedades judíasXVI, 3, 63). En ese sentido, Jesús y Magdalena se amaban. Pero hacerla novia estricta o esposa formal de Jesús es fantasía. Los apócrifos (Ev. Felipe 55), cuando dicen que Jesús la quería y besaba en la boca (a Salomé más que a María…), dan a ese beso un sentido anti-carnal, como supone Ev. Tomas 114 al afirmar que para completar su camino de salvación ella tiene que “hacerse varón”. La María gnóstica es una mujer asexuada.

(…)

‒ ¿Se puede hablar de una Iglesia de Pedro, de Pablo, de Magdalena…?

XP – Claro, pero con cuidado, sin mezclar los matices… sin terminar englobándolo todo al fin en Pedro o en Pablo, reconociendo diferencias de matices… Una historia posterior católica lo ha centrado casi todo en Pedro, en un Pedro del que Jesús dijo, en un sentido distinto, “sobre esta piedra edificaré mi iglesia” (Mt 16, 18), como se escribe en la cúpula del Vaticano. Pero la “petra” o Roca sobre la que Jesús ha fundado la iglesia no es simplemente el “Petros” o guijarro de la tradición de Mateo… Esa Petra es la fe, la confesión mesiánica, que Pedro aprendió de María Magdalena y de Marta, como ha puesto de relieve Jn 11, en el evangelio de Marta y María.

‒ ¿Qué podemos hacer! ¿Revisar su figura, despojándola de ciencia-ficción, ayudaría a reivindicar el papel de la mujer en la Iglesia?

XP – ¡Que la ciencia-ficción ficcione, pero que lo haga bien! La iglesia oficial ha temido a Magdalena y ha preferido a la Madre de Jesús, pero las dos mujeres van juntas en Jn 19, 25 y en Mc 15, 40.47; 16, 1 par. Las dos son esenciales en la primera iglesia. Magdalena no ha podido ser obispo o papa en la iglesia que triunfó desde el siglo II-III, pero podrá serlo en una iglesia no jerárquica ni patriarcalista del futuro.

‒ ¿No sería mejor volver a la Magdalena histórica y dejarse de teorías….?

XP – Es muy bueno conocer mejor a la Magdalena histórica… Pero eso no arreglaría los problemas. No hay una Magdalena histórica separada y fijada en el pasado, sino un camino abierto por María Magdalena y Pedro y por los otros seguidores de Jesús. En ese sentido la historia de Magdalena no está escrita todavía, la escribiremos nosotras, magdalenas y magdalenos…

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