REDENCIÓN

Lejos de ser una dimensión blanda o sublime, la redención es del ámbito de la fuerza, incluso de la furia y la violencia. No tiene que ver con el modo en que se exprese -aunque obviamente este no le es ajeno- sino con las consecuencias y las conversiones.

Corporal e histórica, potente y popular, confrontativa si cabe, marcada por el poder y la contradicción. El resplandor que la muestra es de aquellos que quedan porque pueden sonreír en medio de la muerte, en plena luz, venciéndola  porque la atraviesan.

Es transformación, camino y conversación. Conversión porque toca el corazón, llena la voz de palabra, transforma el grito en llamado. Nombra a los que buscan justicia, trae la sed al fuego, se anima en el sentido literal de animar: almear, llenarse de alma, llenar el alma. Interpelar a las almas de los muchos que buscan y esperan.

La redención es la cuestión y el fuego de la lucha almada, y es más su dimensión de combate que su aspecto de victoria. Siempre está sucediendo, siempre está pendiente y siempre va que viene.

Nos habla en experiencia, y se nos representa, a veces, en figuras. Y nombres.  

Eva y Francisco expresan y son dos momentos de lo mismo: del punto en que como espada y caricia, como llamarada y concentración, la redención toca a la política o al pueblo en su desplegarse andando.

Momento en tres sentidos: tiempo, secuencia cronológica. Por dentro y por fuera. Por otro lado, instante, punto de pasaje. Pero son momentos sobre todo en el sentido que “momento” tiene en la física: relativo a lo que la aplicación de una fuerza hace sobre un objeto. O un sujeto, claro.

Son, Eva y Francisco, ejemplos de cuando lo universal nos tocó/toca/dejará tocados para siempre, aunque sin garantías. Lo que puede tocarnos. Lo más propio, lo más común de nosotros, que sin embargo nos habla con una intimidad que nos trasciende y nos abre. Nos hiere y nos completa. Nos confunde también: porque nos sorprende e interpela. No viene por donde esperamos: nos encuentra por donde no sabíamos  (y sobre todo por donde no esperan ni imaginan los que se creen dueños de todo, los profetas del sacrificio).

Momentos tales se sostienen en la palabra original y en el cuerpo. INCENDIAN Y CONSUMEN. Como figuras potentes, TRANSFIGURAN. Y son figura de otra cosa.

En la trampa, que también es una fuente, es donde podemos y podremos encontrarlos. Lo que de grieta se construye para tapar la fuerza de ese sitio, se debe a la falta de fuerza de muchos, quizás de todos, para mirar lo que significan.

Se trata de personas, líderes o referentes. Pero, como sus nombres superpuestos al nombre lo indican – Evita a María Eva, Francisco a Jorge Mario-  son más señales que cosas y personas. Más signo que hechos. Y lo que señalan es el problema y la cuestión.

La señal requiere de quien la mire. No es un signo en si mismo. Necesita, para ser, recepción. Y atención. Y tensión. Hay señal para quien busca y para quienes sean capaces de seguirla.

Ese desafío, ese costo, esa exigencia, esa inminencia, generan, porque son fuertes, controversia, cobardías y odios. También entusiasmos, fervores, pero sobre todo caminos y multitudes. Multitudes en las que, sin embargo, cada cual solo o sola en la se siente tocado, nombrado, sabido, convocado. Acariciado o abrazado. Abrasados.

En Eva y en Francisco salvando – salvando!- todas las distancias, lo señalado y el receptor de la señal son la misma cosa. Mas bien: el mismo sujeto. El mismo cuerpo de cuerpos. Inmenso, sufriente, encendido, esperado, esperante y esperanzado. Paciente y en movimiento. Acallado y rugidor.

En Eva y en Francisco la cuestión es una sola, escandalosa y muy redentora cosa. El pueblo. 

CORAZÓN DE DIOS*

Norberto Galasso – Padre, ha llegado su sábado más glorioso: Hábleme de Eva Perón.

Hernan Benitez – Existen tres Evas. La primera, según propia confesión, «mala actriz» de teatro y peor de cine, en cambio, se defendía bastante bien por radio. La segunda, la política, que acompañaba a Perón y cuyos dichos no tenían mucho contenido, a decir verdad Pero la tercera era la que tenía pasión social tremenda. ¡Formidable! ¡Qué mujer! Estaba entregada totalmente a los desposeídos, abrazaba a los leprosos, cancerosos, tuberculosos… Yo estaba al lado de ella. yo, pastor de Cristo, me tiraba atrás. Pero ella no vacilaba. se entregaba y lo hacía de igual a igual, como hermana, no como las señoras de la Sociedad de Beneficencia. de los viejos tiempos… A la noche regresaba tarde, a la madrugada. llena de piojos y liendres. ¡Tremendo! Su adhesión a los pobres era bárbara… Mire, hijo, que quiere que le diga, nunca vi algo igual… Y recuerdo que un obispo me dijo una vez: » No me explico como usted puede defender a una puta». Perdí los estribos. Le contesté que no dijera barbaridades, que ella era castísima y que yo lo sabía en mi carácter de confesor de Eva. Y ya desbordado le agregué: »Además, ¡ella no se preocupa de decir si usted es puto o no!».

Eva Perón le ganó a Dios el corazón, no tanto con edificar policlínicos monumentales, ni escuelas, ni hogares de tránsito, ni ciudades infantiles, ni barrios obreros, cuanto con darle su corazón al pobre. Yo la vi derrochar amor a los necesitados, el amor que redime a la limosna de la carga de injusticia que lleva implícita… Si sus aciertos fueron más o menos que sus errores, ¡Que juzgue Dios! Pero es evidente que no por sus errores, sino por su aciertos la amó el pueblo apasionadamente como, por esos mismos aciertos y no por sus errores, la odió el antipueblo. Ella no comprendía que pudiera apellidarse cristiana una civilización que cada año condena a morir de hambre a ochenta millones de personas, en la que los dos tercios padecen desnutrición y el 15 por ciento posee y goza de más bienes que el 85 por ciento restante. Incomprensible estado de injusticia social luego de dos mil años de predicación del Evangelio.

Los Derechos Humanos no eran para Eva Perón un rosario de bonitos apotegmas ni de quiméricos ensueños. La defensa de esos derechos, cuando va de veras, importa un compromiso existencial. Importa una toma deposición. Importa una lucha cotidiana por un orden más justo. Ella no comprendía pudieran defender de verdad los Derechos Humanos quienes usufructúan gozosos los privilegios de la sociedad individualista liberal. La defensa de los Derechos Humanos, desde la vida fastuosa, la mesa regalada. la mansión suntuosa, le parecía insulto cruel al pobre, a Cristo, al Evangelio. Su indisimulada enemistad respec­to a las castas privilegiadas: oligarcas, jerarcas militares, altos prelados eclesiásticos, le nacía de no poder conciliar en su cabeza y menos en su corazón que quienes con las palabras defienden la igualdad y fraternidad entre los hombres,

En Eva se daba la rabia por la justicia. Una implacable voluntad de desterrarla. Lo hacía a la criolla, llevada por la furia santa. Y claro; cometía algunos errores. Al principio, cedió a vengan­zas en el medio artístico y sindical Pero nunca concretó nada memorablemente grave. Yo le pregunté alguna vez, por qué se había alejado de la Eva anterior y se había recluido (políticamente) en esa pasión absorbente de la «acción social directa», la pasión de su tercera vida. Eva me miró desorientada desde sus almohadas. Pensaba. Yo la había desconcertado con mi pregunta. Era como si le mostrase un espejo que reflejaba a otra persona. diferente de la que ella creía ser. No supo qué decirme.

Después con los años, meditando en el exilio prisión a que me condenaron mis pares por mí imprudencia peronista, llegué a la conclusión siguiente, a ver si me sigue. Cuando Eva sintió por primera vez el misterio -la fuerza- del poder en su mano, como un elemento para ejercer el sagrado mandato del bien, nadie, ni el mismo Perón, la pudo ya sujetar. Fue algo así como cuando se fugó de Junín. ¿Quién la hubiera parado?

Y oiga: en un país y en un tiempo en que el poder no era más que un instrumento para la gloria, el honor, el enriquecimiento personal o el orgullo, Eva vivió la fiesta del poder en su dimensión divina. Lo vivió como un amor supremo, hasta la locura. Hasta la última consecuencia. Ella se sentía representante de los que nunca se habían podido expresar, incluso en tiempos de democracia, las mujeres, los desamparados, los enfermos, los distintos… Sólo unos pocos, incluido por supuesto, el sagacísimo Perón, se dieron cuenta de que en Eva había estallado esa pasión transpolítica, una especie de vuelo místico. Eva, en su genialidad descubría el poder en su dimensión sublime: poder dar. Poder acompañar al que sufre. Poder hacer el bien. Poder alimentar y sobre todo, poder directo, como el de los santos medievales o la madre Teresa de Calcuta.

* Fragmento del libro «Yo fui el confesor de Eva Perón», entrevista que le hizo Norberto Galasso al sacerdote, Hernan Benitez.

LLAMARADA*

I.

por él.

a él.

para él.

al cóndor él si no fuese por él

a él.

brotado ha de lo más íntimo. de mí a él:

de mi razón. de mi vida.

lo que es un cóndor él hasta mí:

un gorrión en una inmensa.

hasta mí: la más. una humilde en la bandada.

un gorrión y me enseñó:

un cóndor él entre las altas. entre las cumbres:

a volar.

si casi y cerca:

a volar.

si casi de:

a volar

en una inmensa. un gorrión.

y me enseñó:

si veo claramente. por eso:

si a veces con mis alas.

si casi cerca de.

si ando entre las altas. si veo.

si casi toco casi:

por él

a él:

todo lo que tengo:

de él.

todo lo que siento:

de él.

todo el amor de mí:

a él.

mi todo a su todo:

a él.

IX

para mí los obreros:

en primer lugar. para mí los que estuvieron. los que cruzaron

viniendo. los que en columnas alegres. los que dispuestos.

los que a todo los que a morir. para mí los que en diagonales

avanzaron. los que hicieron callar. para mí los que todo el día

los que reclamaban. los que a gritos. los que encendieron:

los que hogueras.

para mí en primer lugar: todos los que: aquella noche.

para mí: todos los que antes.

todos los que ahora.

todos los que mañana.

todos los que: hogueras.

para mí los organizados. los obreros: ¡ellos son!

los que sostienen ¡ellos son!

todos los que antes todos los que ahora todos los que mañana.

el amor de mí.

la esperanza de mí.

para mí el pueblo: ¡ellos son!

X

por mi manera.

por mi ser: la justicia más allá. casi siempre:

más cerca de.

más: de los trabajadores. por mi manera:

más allá de camino. de mitad.

la justicia más: una reparación: a los trabajadores.

más cerca

un desagravio a los. más allá.

no

el equilibrio. no en ese punto: por mi manera. casi siempre

no lo niego. más.

soy: no lo niego.

estoy: no lo niego.

soy.

sí: más cerca.

sí: que nadie explote a nadie.

sí: que nadie a nadie.

sí: la clase obrera.

sí: sectaria sí.

XIV

la justicia social: cada tarde. las tardes. las audiencias. las

secretas: son almas destrozadas desfilando. me dicen:

en voz baja.

me dicen: sus casos. los más raros. los más difíciles.

me dicen: qué hacer. sus más íntimos. sus casos. el hambre. la miseria.

me dicen: les han hecho caer. en voz baja. me dicen: el dolor.

hombres y mujeres: les han hecho:

la injusticia.

por ejemplo esa mujer. por ejemplo: arrojada. qué hacer.

cada tarde: casi al oído. cada tarde y casi: llorando. muchas veces.

por eso.

porque yo.

porque conozco: las tragedias. los pobres. hombres y mujeres:

en voz baja. las víctimas. los explotadores. les han hecho: el dolor

por eso:

la justicia inexorablemente. la justicia qué: cueste lo que cueste

qué: caiga quien caiga. porque yo.

cada tarde los pobres: son almas. me dicen: les han hecho la

persecución. por ejemplo: esa mujer arrojada. me dicen. qué hacer.

por eso: veneno y amargura en mis.

por eso: grito hasta. por eso afónica cuando en mis. por eso la

indignación en mis: se me escapa.

cada vez: el veneno más.

cada vez: la amargura más.

cada vez: hombres y mujeres. esa mujer. por eso que mis insultos

latigazos. por eso que mis insultos cachetadas: a los explotadores.

en plena cara. que les hagan. porque yo. porque conozco:

hombres y mujeres: les han hecho el dolor. les  han hecho la miseria.

son almas. les han hecho la persecución. les han hecho la injusticia

por eso afónica.

por eso: qué hacer.

por eso qué: cueste lo que cueste.

por eso qué: caiga quien caiga.

XVI

no funcionario: pájaro. así lo he querido. la libertad:

yo siempre.

la revolución: yo siempre. creo que nací para.

así: pájaro suelto en un bosque. inmenso.

pájaro no encadenado. no a la gran máquina. no al estado.

pájaro: no a sueldo. ningún. no funcionario.

pájaro: siempre me gustó. he querido vivir, creo que nací.

suelto. así lo he: yo siempre. el aire. el libre.

no al estado. no a la gran.

la libertad: yo. pájaro: creo que nacíXVIII

Ya: lo que quise decir está.

pero además; darse. el amor es.

darse.

Ya. lo dicho. lo que quise. el amor. la vida es:

dar la vida. darse. ya: hasta el fin.

ya: la razón. ya. la vida. la razón es. la vida es.

la razón de mi: darse. abrirse

la vida de mi: darse. ya. lo que quise. pero además.

la razón de mi vida es. la razón de mi muerte es: la Causa es.

ya: hasta el fin. mi misión: dar.

mi camino: dar. darse. veo. la vida de mí.

mi horizonte: dar. darse.

Ya: lo que quise, mi palabra

está.

* Fragmentos de «Eva Peron en la hoguera» de Leonidas Lamborghini

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