El Papa Francisco fue a Asís, a la tumba de Francisco, el otro, el Santo -el “Poverello”, cuya fiesta se celebra hoy. En la cripta que está abajo, como en la base-raìz de la basílica más bella del mundo, dio misa con un puñado de gente y no predicó: homilía cero. Al final, en silencio, firmó la nueva encíclica

Hay un mensaje ahí, en ese silencio. Sobrio y cordial, siguiendo la vieja liturgia de la mesa. Sin mitra ni ornamentos. Sólo habló para agradecer a los traductores. Del y al español, más especialmente aún. 

Es sabido que el hombre labra sus gestos como talla sus palabras. Gestor de escenas y señales. El lugar, la presencia, el gesto, las palabras mínimas, el pulso y la presión de un tiempo bravo, sobre el fondo cierto de un gran silencio. Y sobre los sonidos del silencio, las palabras esenciales, como reconocimiento y exigencia: Fratelli Tutti. Hermanos todos.

Take my arms that I might reach you, but my words like silent raindrops fell, and echoed in the wells of silence, within the sound of silence

1 – «Hermanos» y «Todos»:  Dos conceptos tan claves como problemáticos. El agujero de la modernidad.

Fratelli Tutti  es la tercera encíclica de Francisco. La primera “carta circular” después de su principal escrito social, Laudato Si: sobre el cuidado de la casa común.

Los debates en torno al lenguaje inclusivo, que surgieron porque la traducción a diversos idiomas plantearon la pregunta respecto a si las hermanas -las sorelle- estaban incluidas en la invitación, pusieron en evidencia algo importante. Tanto la idea de fraternidad (sororidad) como la de todos (en el sentido de inclusión o el de totalidad) son cuestiones controversiales en nuestro momento histórico. 

Además de mostrar el modo complejo y desafiante, pero a veces también empobrecido, en que se dan hoy los debates, lo fuerte es esto: “hermanos” y “todos” son palabras inconclusas. No sólo y, quizás no tanto, por lo que la mezcla de lucha por la inclusión le interroga, sino porque la “hermandad” y el “todos adentro” son cosas que la modernidad y su primo, el capitalismo, no logran articular y por eso niegan, expulsan y tergiversan.

Las mejores tematizaciones emancipadoras del trilema igualdad-libertad-fraternidad, llegan en su versiones más valientes a la “egaliberté” -la conjugación de libertad e igualdad que formuló Etienne Balibar-. Pero a  la fraternidad/sororidad la dejan, por casualidad o por definición, en el camino (vease mas abajo el punto sobre la parábola del buen samaritano, narrativa sobre lo que queda al costado del camino y de la necesidad de “detenerse-desviarse”). 

Los derechos humanos, la democracia representativa, incluso el estado de bienestar y, en todo caso, las “mejores” modalidades de la síntesis capitalismo-democracia que dominan nuestro mundo tienen problemas con la fraternidad. Suponen que “todos entran”, que todos son sujetos de derechos humanos. Pero en última instancia sólo consideran realmente humanos a los ciudadanos -“domiciliados”- y a los propietarios. 

Todo esto dicho sin olvidar que lo que domina y lo que emerge hoy, de aquel bello lema de tres, está bastante lejos de esas “mejores versiones” porque el capitalismo financiero y la democracia parlamentario-mediático-mesocrático-corporativa se muestra cada vez más con la cara monstruosa de algo que llamamos fascismo. Lo llamamos así porque así denominamos, bien o mal, a lo peor que recordamos de la historia reciente. Pero puede que sea, lo que viene, algo peor. 

Del mismo modo que vuelve a ese preámbulo del renacimiento y la modernidad que fue el santo de Asís, el hijo del mercader de telas que se desnudó de todo y se vistió de harapos para cantar, Francisco de Roma vuelve a la falla de origen de la modernidad. Su planteo, quizás, es que ahí está lo que la puede reinventar o enterrar para renacer (en un punto, es  lo mismo). 

El todos no está completo si se olvidan las víctimas. La hermandad es apenas complicidad mercantil si no se comparte con los últimos. La inclusividad que se plantea se centra en esto. 

2- Laudato si, pero sobre todo “hermanos todos”

“Grito de la tierra, grito de los pobres” es la frase que sintetiza la operación que desplegó la Laudato Si. Esa encíclica es un mensaje dirigido al conjunto de la humanidad pero con especial incidencia en los debates ambientales de las sociedades donde los problemas urgentes de la vida –tierra, techo y trabajo– se encuentran prácticamente resueltos. Desde la periferia se sabía que era necesario embarrar la “agenda verde”, no para complicar su avance sino para llenarla de la exigencia de las injusticias, clamores y luchas de los que viven en el barro, comen de lo que se descarta y se enferman con el plomo del agua contaminada.

Ese texto potente, y a la vez muchas veces pasteurizado, toma un nuevo impulso y se complementa con Fratelli Tutti. La amistad social y el encuentro entre los pueblos es la raíz y punto de partida del cuidado de la Casa Común, justamente porque de la unión verdadera entre hermanos y hermanas se nutre un hogar, el habitar juntos.

Por eso Fratelli Tutti (FT) es el reverso, la continuación, el fondo y el horizonte de Laudato Si: el nombre de su politicidad interior y exigencia exterior, para indicar a todos, advertir a los “lavados” y atarear a los entusiasmados.

También es un mensaje a la comunidad internacional: un llamado, un recuerdo y un acento a la dimensión universal (FT 128). Dirigido a los estados, organismos internacionales y también a las grandes religiones. Reconociendo que estas son en gran medida la fuente de las ideas, pasiones y sensibilidades de los pueblos, y por eso mismo responsables de lo que inspiran. Es necesario reconstruir un mundo más allá de la lógica de los “socios”, que implica siempre un cálculo, para avanzar hacia un hermanamiento de las prioridades y objetivos de la humanidad. No hay posibilidad de desactivar la cultura del descarte que amenaza la vida en la tierra sin una reformulación del modo en que se concibe al otro. El otro, el prójimo: ya sea que se trate de personas, pueblos, países o criaturas. 

3- Precisa, concisa y abarcativa.  Sobria y popular

Cada párrafo tiene una idea precisa y clara. El texto proyecta una sobriedad que la potencia  como hoja de ruta. Hay una preocupación especial en no abundar en los diagnósticos técnicos, sino más bien abarcar la complejidad de la crisis que atravesamos a través de categorías amplias y a la vez operativas. 

Por eso abundan en el texto expresiones singulares, imágenes concretas y análisis compactos. El apartado en el que aborda la categoría de “populismo”, el concepto político más controversial y potente de las últimas décadas, se destaca y sirve de ejemplo. Hay una dedicación especial por explicar y decodificar esa categoría, tomada por el discurso hegemónico para impugnar el protagonismo popular. El objetivo es rescatar el concepto de pueblo de la lógica binaria -la grieta puesto en términos locales-. 

Francisco insiste en señalar que “pueblo” es una categoría mítica y no sólo lógica. Renueva su apuesta por esta categoría abierta y abarcativa como una necesidad para hacer frente al ethos liberal que no puede ver más allá del individuo y se refugia en lo instrumental. Trabajo, organización y comunidad, palabras muy nuestras, vuelven a ser parte de la hoja de ruta que propone para salir mejores.

4- Situada, periférica, argentinísima y universal:  singularidad desbordada  

A primera vista, con menos manos de expertos y terceros que Laudato SI, FT tiene el lenguaje de Francisco, los temas nuestros y la impronta del modo latinoamericano y contemporáneo-memorioso de este país roto y esperanzado. El nuestro. 

Los temas y su enfoque los podemos ver como escritos en cualquier pueblo, barrio, camino o subte de acá. Pero esto no debe neutralizar la potencia, suponiendo literalidades y guiños al cortoplacismo oportunista de los intérpretes locales -de todos los campos-, de lo que dice el Papa. El texto tiene una raigambre, la de la experiencia de su autor, y una intencionalidad, la de alguien que escribe para todos porque primero ama a su Patria y no cambia su pasaporte. 

Puede verse claramente cuando habla de costos laborales, de reconciliación y memoria, o de miedos y polarizaciones. Al mismo tiempo, no es novedad que estos son fenómenos globales: por eso lo que dice Francisco interroga, confirma y desafía al pensamiento popular, político, histórico, cultural y más aún a la práctica misma de todos los de acá, desde un lugar que le es tan íntimo como lejano. Si se hace el esfuerzo y se tiene la valentía, se puede ver en FT un modo de construir un frente con todos, desde la práctica ética básica, universal e inabarcable de estar frente a frente, unos con otros y nosotros frente al mundo. Sale de acá, le habla al mundo, podemos escucharla como un acorde universal de lo nuestro, que invita a que toquemos nuestra parte en la sinfonía de la historia, del mundo e, incluso, del cosmos. 

5- El samaritano, ese forastero, en el centro. La “samaritanía” como la piedra angular y unidad básica de lo social, de la ética y de los proyectos

En el centro de FT está la parábola del buen samaritano (https://www.sanpablo.es/biblia-latinoamericana/la-biblia/nuevo-testamento/evangelio-segun-lucas/10). Ahí hay un llamado a reconocerla, reencontrarla y re interpretarla como una narración olvidada de lo que podríamos ser. 

Si uno le pregunta a los grandes pensadores locales o internacionales, o a los que fungen de tales, difícilmente la citarán. Ya sea que se trate de los nihilistas irónicos o de los que hablan de teología política, la desconocen en el doble sentido de la palabra. No la conocen y/o la niegan, y a veces las dos cosas. 

No es casual. En la parábola del buen samaritano, los que “fracasan” son los que “saben”. Los que saben del saber o los que saben de la ley. Pero también, atenti, los que saben de religión. Son los que saben pero no se salen del camino. No hacen. No saborean, y por eso no abrazan. No besan.

El caído, es tu prójimo. Y también el que levanta al caído se hace prójimo. Esa es la respuesta de Jesús, porque la parábola del buen samaritano es la contestación a la pregunta de uno que quería saber “quién era su prójimo”. Jesús responde con su magia, su espada y su poesía de precisión: no es el que sabe, no es cosa de “ser”. El que levantó al chico, ese que además era un extranjero, un impuro, ese es el que encuentra a su prójimo. Ese es. El que hace. 

FT es el “quehacer” de Francisco. No tanto en el “cómo”, en eso confía -con más o menos razón- en que con orientar, con un “es por acá”, bastará. Lo hace justamente en un momento donde incluso los mejores esperan indicaciones literales, del campo del saber, de lo dado. Pero hay que confiar en que habrá quienes sepan ver lo que el dedo señala y andar a hacer. En cuanto a por donde empezar tan incierta tarea, no es difícil, lo dice la parábola: desviarse del camino, y levantar al caído. 

6- Francisco y Francisco

Por todo eso la parábola del buen samaritano es una pieza central de nuestra civilización. Sin embargo, a los organizadores contemporáneos del sentido -expertos, filósofos, analistas, periodistas- les cuesta, la niegan, la suelen disolver o ignorar. A “los modernos”, sean deconstructores o conservadores, de izquierda o de derecha, les cuesta digerir lo que viene de Jesús de Nazaret. Lo que ahí “se cifra”, no lo ven.

Francisco lleva el nombre del santo que más que ninguno buscó ser un Cristo otra vez. El que quería que el Evangelio, simplemente, fuera la regla organizadora de lo institucional (en ese momento, su orden, la de los hermanos menores). Por eso este Francisco señala al otro, al de Asís: porque aquél Francisco es “un segundo cristo”.

Es un señalamiento para la modernidad en el tiempo y para occidente en el espacio. Y en ese mismo movimiento lo es para la Iglesia que Francisco pastorea. 

Lo que hay es una propuesta de santidad histórica. De modelo de humano. De biografía y aventura existencial. Medirse con Francisco de Asís es una jugada exigente. No es raro que derive en acusaciones de insuficiencia. Eso está en el inicio del movimiento. Pero el impulso vale el riesgo. Aspirar a menos, en una situación de peligro como se vive, es fracasar justamente por pretender un éxito más seguro.   

7- Una nueva arquitectura global sostenida en la belleza del abrazo

FT interpela al sistema mundo desde la “unidad básica” de práctica que es la amistad. Francisco vuelve a señalar los límites evidentes de un paradigma que subordina la política a los mandatos económicos y advierte, una y otra vez, que estos últimos derivan de un pensamiento fatal, de algún modo, una “fe” o, más bien, una idolatría. Al resultado de este paradigma lo llama “poder obsoleto” ya que una y otra vez se demuestra incapaz en resolver los grandes conflictos humanos, en el mismo movimiento en que es eficaz para resguardar las libertades y privilegios de unos pocos poderosos.

“Valentía y generosidad”, son las actitudes que se demandan para romper esta lógica que asfixia cualquier aliento que busque una distribución fáctica de los poderes. También se necesita regenerar el valor de los acuerdos. La tentación de apelar al derecho de la fuerza más que a la fuerza del derecho es constante y se juega en todos los planos. Se necesitan gestos heroicos, en lo poco y en lo mucho, que desmonten el espiral ascendente del ojo por ojo y diente por diente. 

“Homo homini lupus” -el hombre es un lobo para el hombre- fue el modo en que Hobbes describió el estado de naturaleza humana. Ese fue el fundamento sobre el que erigió un orden político y social del poder absoluto. En tiempos en que el desorden global se acentúa y los conflictos sociales se agudizan, la figura del Leviatan vuelve a asomar la cabeza. Imaginar respuestas más allá de la bestia marina implica un desafío místico y político. 

El abrazo de Francisco de Asís y el lobo puede ser la imagen del entendimiento entre el sin sentido del amor al enemigo y el instinto animal que también nos habita. Avanzar en esa dirección, llena de adrenalina y riesgos, es quizás la única forma de desactivar la pulsión tanática que se está llevando puesta todo. También el modo de mostrar la belleza de la que todavía es capaz nuestra humanidad.

8- Apertura, identidad y legado

“Ponerse en salida”. La indicación que primero planteó hacia adentro de la Iglesia (en Evangelii Gaudium) ahora el Papa la proyecta hacia la humanidad en su conjunto. No hay posibilidad de regenerar los lazos entre los pueblos y las personas sin un descentramiento del propio “yo”. Redobla la apuesta en la apertura hacia el otro como condición necesaria para generar los reencuentros que la superación de la crisis demanda (FT 88).

“Ustedes son la sal de este mundo. Pero si la sal deja de salar, ¿cómo podrá recobrar su sabor? Ya no sirve para nada”, dice el Evangelio. “Salir de sí mismo” es un apelo al abandono del narcisismo, no así de la propia identidad. El “sabor local” es la sustancia de los vínculos y no su límite. En la tensión entre lo local y lo global se despliega la existencia actual. Armonizar ambas dimensiones es parte del desafío para no caer en la “mezquindad cotidiana” ni dejar de tener los “pies en la tierra”

Pero se necesita dar un salto adelante. Las transformaciones estructurales que el tiempo histórico demanda implican decisiones concretas y apuestas compartidas. Horizontes comunes. Despojarnos de parte de lo que somos, eso que nos tira hacia atrás y nos encierra, para abrirse a los otros: esa es la condición necesaria para crecer. 

Francisco vuelve a señalar con claridad y podría decirlo en primera persona. La conversión hacia una fraternidad renovada es la invitación que el Papa propone como respuesta a la crisis de la Iglesia, de occidente y de la especie humana. Los límites e insuficiencias que se le puedan encontrar, sea al Papa, al papado o a Fratelli Tutti, muestran a esta última como  parte de su legado. Lo que podemos aprender de todo eso, y que es una encomienda de tarea propia, no vendrá de ningún pontífice. Cada cual tiene que hacer lo que tiene que hacer.

Es parte del movimiento con el que el Papa latinoamericano y argentino entiende las transformaciones: llevarlas a su punto de desborde. No es casual que allí mismo, quienes entienden que los cambios se hacen de otro modo, señalan su límite e incluso alguna claudicación. Avanzado su papado, ya podemos ver su legado. Tiene forma de límite, señala una frontera-borde y encarga una acción. 

9- Doctrina, discernimiento, disciplina. Y desborde.

La función de una encíclica, y más ampliamente la función papal es tanto pastoral como  doctrinal. Pero también es sabido que Francisco dialoga con la doctrina desde la doctrina misma en una clave particular: el discernimiento. La historicidad, la precisión de la situación, la atención a la singularidad. Criterio ignaciano para un Francisco. 

A esta insistencia en el discernimiento como práctica de comprensión y renovación de la doctrina, FT le suma una tónica de disciplina. De orientación de la práctica, de ejercicio concreto, de tarea subjetiva y de sujetos con misiones por delante. De algún modo ya lo había hecho en las exhortaciones postsinodales de la Amazonia y de los jóvenes. 

Es, en ese sentido, una encíclica militante para militantes. En la eclesiología, “militante” es el conjunto que, acá en la historia concreta, hace. Transita. FT es para todos los que son militia (“uno de mil”). La figura de Francisco, el de Asís, le pone a esa invitación algo que lejos de la soldadesca de algunas figuras denunciadas o progresistas, se identifica con la alegría y el desborde amistoso, la amabilidad y la cercanía en lo más simple y concreto. Es un llamado a la santidad política, con nombre de amistad y perfume de alegría. Al que le quepa el sayo, que se lo ponga. Amicci tutti.

10 – Que no los puedo contar. Indicación, recordación  y plegaria

Una última aproximación al lugar de interrogación ideológica desde la práctica que entendemos, es FT. Ideológica en el doble sentido de confrontar a la ideología y por ello mismo, en un punto, constituirse también ella en una propuesta “contra”-ideológica. Desde nuestro cantar.

“Tengo tantos hermanos que nos los puedo contar”, dice Atahualpa. Después de enumerarlos y describirlos, la canción termina como sabemos: “y una hermana muy hermosa que se llama libertad”. Pero al final. La libertad como remate, como conclusión y logro. No antes que todos los hermanos, sino en el corazón del camino que los canta.

Solo se encuentra la libertad una vez que nos hacemos cargo de los hermanos que tenemos. Y cuando el camino hace reconocer y desear otra cosa más: que los hermanos son incontables, que no los podemos contar. Porque son muchos. Y también porque no hay palabra, ni lenguaje, ni poesía suficiente que los nombre del todo. 

Una vez que ese cuento sin fin se canta y decanta, podemos contar con una declaración nueva: la de la libertad sobredeterminada y de algún modo sometida al amor. O las nupcias del amor y la libertad, que transfigura a ambos. En otras palabras: amistad social. 

El neoliberalismo propone y promete a la libertad como piedra angular de su proyecto de felicidad y, en última instancia, de humanidad, individual y colectiva. Frente a ese demonio-ídolo de libertad, la amistad social se propone como práctica básica, como módulo elemental de acción frente al fetichismo de la mercancía que habita y posee almas singulares, segmentos sociales y pueblos enteros. 

Con esto a la vista, podemos seguir andando, curtidos. Que nadie quede atrás

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