Hace tiempo queríamos compartir la muestra gráfica Argentino Universal. Por la circunstancias que ya conocemos se complicó hacerlo físicamente, que circule, que se pueda ver en vivo. Pero este es el formato que encontramos para poder poner palabra y hacer la presentación ya formal, y lo hacemos con dos amigos. Daniel Santoro, el primero de los entrevistados de Factor Francisco, allá en el Bar Celta. Era noviembre 2018, cuando #FF solo quería decir Factor Francisco (ahora es un hashtag polisémico). Y Pedro Diego Saborido, el primero que  nos dijo “ustedes tienen que hacer pop con el Papa”. El consejo nos lo tomamos muy a pecho. Sobre todo porque ambos confirmaron intuiciones fuertes que tenemos y conservamos en nuestro propio registro. Por un lado, que lo que está detrás del mensaje de Francisco, que insiste tanto con el «gaudium», la alegría, tiene que ver con las figuras que propone. Y por otro lado, que las multitudes y el público, lo popular del arte pop, son centrales en la tarea de escucharlo. Es probable que esta muestra sea la fase superior del “pop papal”. Vamos a compartir y escuchar a los amigos para poner una palabra y que empiece a rodar la muestra gráfica Argentino Universal.

Néstor Borri – En estos días empieza el mes de Ramadán para los amigos musulmanes. Tiempo de ayuno. Cuando los musumlmanes terminan el ayuno, a la tardecita, se encuentran a compartir la comida con un placer pero sobre todo con una belleza y una alegría que solo pueden surgir de la disciplina.  Pensaba que justo estamos presentando una muestra de muchas imágenes, de sobreabundancia, algo así como un banquete de imágenes, colores y rostros, en un tiempo de mucha aridez y repetición. En eso, hay algo en todo esto de desayunarse de imágenes, ver cómo encontrarse con ellas.

Muy tempranamente tuvimos la intuición de que la idea del poliedro, muy propia de Francisco como figura, invitaba a reflejar tipo calidoscopio las mil caras y las mil resonancias de Francisco, así como su modo de factorear. Tomar las partes para interpelarnos. Jugar un poco. Cuando empezamos a trabajar con la cabecera de la muestra, esa constelación de personajes que tiene en el medio el abrazo del Papa y el Diego, estaba un poco la hipótesis de que para la tradición cristiana Dios y Pueblo son reversibles. En esa constelación ya estaba tipo fractal la idea. Y además, la pensamos con la forma de una catedral. Está la cabecera, que es el altar, una serie de imágenes en los costados, un tímpano y un frontón. 

El gran critico de cine Ángel Faretta decia: el cine, el cómic, el contar historias con imágenes, es un invento temprano del cristianismo. Bueno, ahí están las basílicas, ¿no? Llevar una idea, traducirla en imágenes, para ponerla a disposición de un público que no tenía la letra en ese momento, cuando el mensaje venía de la letra. Había que pasar por la imagen para ponerlo entre los muchos. Y un poco con ese espíritu hicimos Factor Francisco y la muestra en su versión virtual y física. Una tensión entre el desbordar de imágenes, pasarnos en exceso, y al mismo tiempo, cortar en pedazos, hacer distintas capillas, pequeños altares, con cada una de las cuestiones, para agarrar una faceta particular.

Cuando en 2019 le llevamos algunas de estas cosas a Francisco, fuimos pensando que esta batería de imágenes lo iba a impactar, que lo íbamos a dejar sin palabras. Sin embargo, y para que vean lo que hay en la cabeza de este hombre, cuando le mostramos la cabecera -la portada de Francisco y Maradona rodeados de íconos de la cultura popular argentina- el tipo miró la imagen, nos miró después a nosotros, y sencillamente dijo: “faltan un montón”. Eso fue lo que nos invitó un poco a seguir haciendo la muestra, componer imágenes y pensar con ellas.

Daniel Santoro – Varias cosas de las que hablaste me traen ideas para sumar. El arte, tal como lo conocemos en Occidente, explotó precisamente en el período barroco.Toda la historia previa, pasando por el Renacimiento y hasta el arte paleocristiano, es la historia de una religión. La historia del arte es la historia de una religión que se hace imagen. Incluso cuando deja de ser piadoso y se hace profano hereda todo un imaginario que se produjo en virtud de esa historia. Hay algo que está instalado, se vuelve a reprogramar, a reproducir, a reformular, pero que ya está hecho. Es un fondo mítico. El arte construye una mitología de imaginarios y esa mitología es cristiana. 

Realmente es algo muy curioso cómo esta religión habilita una forma nueva de expresión estética, la pintura, siendo que viene de un monoteísmo muy austero, de un tronco que había interdicto las imágenes. En algunos aspectos del monoteísmo más antiguo a Dios no estaba permitido siquiera nombrarlo. Toda esa interdicción surgida por el Dios severo, por el Todopoderoso, por el Creador, está rodeada de prohibiciones. Dios es una figura a la cual nadie puede desafiar con la palabra o la imagen. Y de pronto, todo eso que estaba interdicto, el cristianismo lo habilita. Trae la piedad, la misericordia, a la forma de presentar el rito religioso. Ahora Dios se puede representar. Es bueno representarlo y es bueno hablar con él. Todo lo que antes estaba interdicto el cristianismo lo pone en escena, produciendo lo que finalmente el barroco va a expresar plenamente en el teatro divino. Ahí están los personajes y las situaciones que se pueden representar, y Dios va a empezar a tener una vida de imágenes entre nosotros.

Aparecen las figuras estelares del teatro: Jesucristo, la virge, los dos grandes íconos que empiezan a tomar  protagonismo en el “cómic”. Porque la analogía es muy correcta. Una vieja catedral románica, o una gótica más todavía, es también un cómic. Resuelve en imágenes, en cuadritos. De hecho el Vía Crucis es uno de los primeros cómics, con el mismo espíritu que los de ahora, que es relatar una historia en catorce cuadros. La construcción barroca acerca y hace pedagogía para poder ver. Un Dios abstracto, un Dios que no puede verse ni nombrarlo, es difícil pensarlo en la forma piadosa y misericordiosa. Es un Dios que parece una amenaza. Ante una relación así vamos a hacer los ritos de acuerdo a como Dios quiere, porque sino el arte será de su desagrado. Sabemos que esa lógica funciona, y en un aspecto la religión Católica también lo hereda. Pero lo que más amplió ese campo es la misericordia. Vos podés mirarlo y hablar con él, sufrir con él. El comité central de la religión católica decidió eso: “Te lo vamos a encarnar, te lo vamos a hacer igual a vos”. Vamos a tener un Dios que va a morir como vos, que va a sangrar como vos. Entonces es todo misericordia. Son empatías que fluyen a través de las imágenes. No hay nada más empático que poder ver a la gente cuando sufre. Una telenovela, por ejemplo, donde ves en primer plano como le salen las lagrimas al tipo y uno llora con él, se emociona con él. Esas imágenes las generó el barroco. Caravaggio es lo más cercano a una telenovela de los viejos tiempos. Es como si fuera el Leonardo Favio del barroco. Se metió en el alma del personaje y lo muestra descarnadamente. Si la mina es puta es puta. Si el tipo es un turro es un turro. Eso es empatía pura.

Pero pasa el tiempo y esos íconos, formas de representación, pasan a tener una expresión por fuera de lo religioso. La institución católica pierde su batalla por la imagen, una batalla icónica. En el siglo XIX surgen las vanguardias artísticas que se apropian de toda ese legado religioso. Y lo hacen desde gente del pasado que sublimó ese legado, como Velazquez, uno de los precursores claves de la modernidad. Velazquez es de los que empieza a hacer de la pintura un arte en sí mismo. La superficie pintada tiene más valor que lo que está pintado. Es mucho más valiosa la huella del pincel sobre la tela que lo representado.  Entonces pasa que todo lo piadoso y religioso queda en segundo plano. Se mira el vestido de la infanta o la chorreadura de sangre del Cristo crucificado, que es más importante que Cristo. Uno ve cómo está hecha esa chorreadura, la maestría el pincel. La pintura es la nueva protagonista, no el tema, que queda por detrás y se va alejando de los intereses de los artistas. Los artistas se van poniendo ellos por delante, siendo cada vez más relevantes, y aparece la idea de una vanguardia, un grupo de artistas que quieren desentenderse del peso de la mochila de herencias simbólicas que produjeron los siglos anteriores. En esta historia de la modernidad la iglesia pierde su batalla estética. No se producen novedades. El Cristo del siglo XVI quedó congelado en el tiempo. 

Hay un Cristo muy lindo que Francisco mostró en la pandemia, esa noche que estaba sólo en la Plaza, bajo la lluvia, en esa imagen tan conmovedora. Y ese es un Cristo primitivo, del siglo XIV,  pero que es muy moderno en su forma. Es más moderno incluso que el Cristo tan atado a la representación de los dos siglos posteriores, donde la anatomía humana está muy presente, muy bien dibujada. Pero el Cristo de ese día tiene una forma sintética, que paradójicamente es mucho más moderna. 

Me llamó mucho la atención esta puesta en escena porque es como un guiño a decir que somos mucho más que ese viejo cristo barroco del cual muchos grandes artistas nuestros, como León Ferrari, lo tomaron para replantear la iconografía cristiana. O, en su caso, anticristiana, pero que paradójicamente es cristiana. Ferrari es uno de los pocos que realiza una renovación en la iconografía cristiana. Tal vez sea el único, pero eso es para una conversación que no pudo ser entre Francisco y León.

Y finalmente llegamos a algo que es una novedad: Factor Francisco. Así es, los estoy incluyendo en la historia del arte, pero porque me parece pertinente como ejercicio. No tanto en el ejercicio estético en el sentido de la habilidad por las imágenes, puesto que al fin y al cabo la técnica es el collage. Pero su propuesta es conceptual. Es una obra conceptual lo que han hecho con esa capilla. El montaje de imágenes resulta ser una continuidad de aquel otro barroco, el latinoamérico, que es una apropiación del europeo y así se hace popular. El Barroco americano no es un estilo artístico exactamente. No construye formas propias, más bien es un estilo de apropiaciones, una captura de imágenes que al ser apropiadas son reformuladas. Por eso mismo es aditivo. Se adhieren nuevas cosas. 

El barroco latinoamericano se rige mucho por el gusto popular. No es un gusto erudito, aquí todo tiene cabida. El gusto popular se centra en la misericordia de las imágenes . El gusto erudito es severo, tiene juicios. Dice “esto no, este Cristo no está bien porque el abdomen es demasiado largo, vamos a hacer uno de acuerdo a las reglas”. Esa sería la voz de la erudición, sustrayendo imágenes. En cambio, el barroco en su sentido de adición tiene ese Cristo erudito y aquel otro también. Y también le gusta un Cristo pintado en una chapita, allá en un pueblo lejano, que se  lo trae al lado de los otros Cristos, y entonces claro, es otro tipo de pedagogía. Es la pedagogía de la misericordia, de estar juntos, del acercamiento. Una de las palabras básicas que usa Francisco: acariciar los conflictos. 

Ese es el valor de esta catedral que ustedes han construido con imágenes y adiciones. Cuando Francsico les dijo que faltan muchos es real. Nunca van a estar todos, y eso es lo bueno: siempre va a estar abierto, siempre tiene que haber un lugar. Y es bueno esperar lo que falta y dejarle siempre un lugar. Es algo que está en todas las religiones y cosmogonías humanas. Estaba leyendo El sueño en el pabellón rojo, esa gran novela china que inspiró El Aleph de Borges. En esa novela está la memoria de una roca que es lo que falta para cerrar la cúpula del cielo. Nada menos que del cielo, lo que produce la vida en la tierra. Y el cielo no está terminado. Hay una roca que falta y esa roca está entre nosotros. Tendría que estar en el cielo cerrando todo y no, el cielo está abierto, quedó una pequeña roca que produce el espacio por el que pasan y se reproducen las cosas. 

Pensemos eso como la proliferación de la vida. ¿Por qué hay miles de millones de flores, de mariposas, de animales? ¿Por qué fluyen las cosas cuando con sólo un escarabajo alcanzaría? Ese es uno de los secretos de porque siempre va a haber otra cosa que falta, y otra cosa, y otra. Hay un montón de motivos por el cual nunca terminan de cerrarse. El secreto de eso es el número de Oro, 1.618033… Es un número que no termina. Siempre nos acercamos, pero al igual que la roca que falta para cerrar el cielo, no termina de ser perfecto. El número de la belleza, ese con el que se construye todo el imaginario cristiano y orienta la búsqueda impresionante del Renacimiento, es un número imperfecto. No se cierra nunca. Nos podemos acercar un poco, pero siempre va a estar lejos, como Aquiles y la tortuga. La vida fluye de esa manera y porque nada está cerrado siempre va a faltar gente. Eso es una bendición para nosotros.

Néstor Borri – Ahí surge el tema de la superabundancia, que conecta tambien en el plano teológico con la misericordia. La misericordia es un don que superabunda. Al mismo tiempo, en esa larga historia del arte también está el tema del público, de la multitud de los que miran y la multitud de imágenes para la multitud del público, lo que también contacta con la apertura. Hay quien dice que el relato ortodoxo oficial del vía crucis en el Evangelio viene del rito. Por eso es regular, cada tres horas hay una estación. Porque recorrían el lugar y se encontraban con las imágenes. El mismo Jacques Lacan empieza su teoría diciendo que estamos atrapados por una imagen y tenemos que hacer algo con eso: el estadio del espejo. 

Fue Pedro quien nos sugirió transformar al Papa en una figura pop. Nos hacía falta a nosotros, al Papa no tanto, porque los papas, desde Juan Pablo II y exceptuando a Benedicto quizás, siempre son medio pop. El Papa polaco tenía el suyo, no por nada era actor. El investigador mexicano Jorge Gonzalez  decía por entonces “aqui en  México las figuras pop son dos, Madonna y el Papa”. Pero ahora se trata de Francisco. Pedro, ¿por qué nos sugeriste transformar y comunicar al Papa por la via de la  cultura pop?

Pedro Saborido – Porque me parecía la prolongación más natural. Escuchando esto que acabamos de aprender con Daniel me acordaba que con Diego Capussotto hicimos un reality show llamado Papa Star, donde se juntaban cardenales de todo el mundo y los encerraban en una casa. La elección de un papa no deja der ser un gran casting de Papas, un concurso de cardenales, donde en un momento la fumata blanca anuncia que hay un ganador, como puede ser en American Idol o cualquier otro concurso. Quizás en el futuro veamos cámaras dentro del Vaticano para chusmear cómo eligen un Papa. Eso lo haría aún más entretenido. En el entretenimiento siempre hay algo de competencia y de fascinación. Me acuerdo cuando apareció Tierra Santa en Buenos Aires. La sensación era que uno podía estar cerca, ya no solo ver un cuadro, sino estar habitando una Jerusalén, medio de plástico, y encima comerse un shawarma criollo. Por eso hay que tener en cuenta que siempre se compite con el entretenimiento, con la religión del entretenimiento, que tiene por mandato fascinar. Hay que pensar lo que seguramente habrá fascinado en su momento el catolicismo para poder congregar tanta gente. Y por eso hubo en los sesenta curas como Alejandro Mayol que tocaba la guitarra, o La Biblia de Vox Dei apoyada por la Iglesia. 

Lo vemos en un Papa Francisco que no es el Bergoglio que veíamos acá. Ahora sonríe más. No tiene los mismos lentes. Se transformó en lo que él sabía que tenía que transformarse para mover la cosa. Y aparece entonces diciendo “hagan lío”, que es una manera elegante de agitar. Es como un tío que te dice “metanse, hagan quilombo, muevan”. 

Por otro lado, esto que contaba Daniel del diálogo entre la teatralidad, el relato y el entretenimiento, es la manifestación de lo importante que es ser entretenido para poder permanecer, impactar. El Papa comiendo con los empleados en el buffet es una imagen para acercarse. Mostrar su humanidad. El hotel donde decide vivir también. Parece como si quien encarnara la figura del Papa tuviera que mostrar otra versión, así como Los Beatles cambiaban de imagen para sus nuevos discos. Pensemos, por ejemplo, ¿Cuál es el gran momento de centralidad de la Iglesia Católica a nivel mundial? Y, cuando se muere un Papa y eligen a otro. Ese es el mayor rating, donde todos vemos el Vaticano y hablamos de la fumata blanca. Una vez que lo eligen tiene obviamente un transcurrir, será más o menos noticia, pero hasta que no le meten un tiro no miramos todos lo mismo.  

Entonces, esto que estamos viendo hoy acá me parece lo más natural del mundo. Hacer algo pop es también asumir el paisaje pop del entretenimiento y dar la disputa ahí. Es válida la discusión respecto a si al convertirlos en un artículo de consumo, como una remera de Ché o un sifón con la cara de Nestor Kirchner, terminamos banalizando esas figuras. Pero el marketing tiene como figuras religiosas también. Cuando uno lleva la remera de su banda de rock muestra su religión, es la propia iconografía. Muchas veces, lo más cerca que podemos estar de Maradona, es con un poster o una remera. 

Pero quería retomar algo que enseñó recién Daniel. La necesidad de la cercanía y la empatía en la idea de Dios que mete el cristianismo. La abstracción de Dios tiene tanta ausencia que da temor. Pero Jesús aparece como uno de nosotros. Tiene un elenco, una familia, una historia con buenos, malos, Poncios, Pilatos, quilombo, tragedia y final feliz. Porque el tipo resucita. ¿Quién se anima a hacer un final así? Ni Batman, ni Superman. Acá aparece alguien que sale de la tumba y de nuevo empieza todo. En ese sentido, es una historia increíble. 

Por todo esto hay que tener bien presente lo que implica esta disputa con esa otra religión que es el entretenimiento. Hay que estar atentos que cuando uno dice “que frivolidad esa Tierra Santa de la costanera”, resulta que mucha gente va y le encanta, y se siente en una especie de Disney donde come comida árabe y judía. Y que es de esos modos en que también se asegura la mínima permanencia en el imaginario social. De la misma manera que los cuadros de Daniel hacen permanencia sobre el peronismo, o como en ese merchandising de marcha a Plaza de mayo. Creo que gran parte de la permanencia del peronismo viene por las figuras. Evita como otro cuento, otro gran relato que trasciende. Es quizás la figura más relevante de la Argentina junto al Papa y Maradona. Son figuras que llegan al mundo. Íconos que pueden ser entretenidos de ver, de mirar. Porque estamos todo el tiempo habitando el mundo del entretenimiento. Estamos más horas mirando series que rezando. Miramos más entretenimiento que podemos sostener una conversación con alguien. 

¿Cómo no desplegar a este Papa en el mundo del entretenimiento cuando el entretenimiento nos invade, cuando ya casi es aire? Se necesitaba esta mezcla en donde aparecen todas esas cosas queribles en una especie de Olimpo, de Paraíso, o de gran elenco con Francisco. Mugica, Maradona, Broges (quizás él no quisiera estar, pero no le vamos a andar preguntando), terminan de armar ese elenco de nuevos santos y santas. Por ahí nos acordamos menos de los santos de ayer, pero hoy nos acordamos de Maradona y de aquellos a los que, en definitiva, les tenemos fe.

Santiago Barassi – El abrazo del Papa y Maradona es la piedra de base de Factor Francisco. Cuando empezamos a buscarle la vuelta de cómo reflejar en una imágen toda la potencia y el desafío cultural que implicaba tener un compatriota en la Cátedra de Pedro, lo primero que emergió fue ese abrazo. A partir de ese choque de planetas, fuimos construyendo este barroco latinamericano, desbordado, pop, lisérgico y vaticanista. Por eso la muestra se llama Argentino Universal. 

Porque el ejercicio que venimos haciendo parte de una premisa fundamental: en Francisco se proyecta lo que somos como pueblo en una escala universal. En la portada de Factor Francisco, ese olimpo de santos criollos, hay otros argentinos universales. El Che, bandera de la revolución internacional y de la rebeldía global. Borges, que a la hora de organizar una biblioteca es hasta más preciso ubicarlo en literatura universal que entre. Evita, que también lo fue, medio en diagonal y universalizada a través de Broadway y Hollywood. Pero en Francisco está la oportunidad de no pensar que son unos pocos distintos los que trascienden, sino que somos nosotros, como pueblo argentino, el que se proyecta a escala universal. 

Estos días nos toca ver episodios muy jodidos de cómo se atenta contra la autoestima nacional y la tranquilidad de la gente. Esto es recurrente en nuestra historia, y el “boicot” a Francisco tiene mucho que ver con esto. Y pese a esto, una y otra vez se despierta en estas tierras una dignidad y una rebeldía que nos vuelve a poner de pie. En ese sentido, Argentina es una periferia anómala. Nos resistimos a ser absorbidos por la fuerza arrolladora del centro, sino que lo discutimos y proponemos formas diferentes de concebir el capitalismo y el desarrollo. Por eso podemos clavar un Papa en Roma, para que discuta desde ahí como encarar este tiempo tormentoso e incierto. 

Nuestra invitación y provocación sigue siendo la misma: preguntarnos quién es Francisco en la historia, en la disputa global y, sobre todo, qué oportunidad abre para nosotros como pueblo y como individuos. Ojalá estemos a la altura de las circunstancias, y logremos enderezar el barco para que esta muestra pueda ser montada a escala mapping sobre el frente del Congreso o el edificio de Desarrollo Social de la 9 de Julio, para recibirlo a Francisco en su Patria. 

Néstor Borri – Sobre el reallity de los cardenales que recordaba Pedro, hay que decir que el reality verdadero del Vaticano se hace en la Capilla Sixtina. A los cardenales los encierran en el cubo mágico de Miguel Angel, un desborde de imágenes y símbolos. Desbordados por lo demas, de belleza pero tambien de fuerza. Y de goces. No hay que olvidar la historia del Bragettone, que algun dia recordaremos. Porque es probable que las figuras que propone Francisco vaya a tener el suyo. Sugerencia googlear quien fue.   Pero hay algo que quería agregar sobre la autoestima. Tenemos ahí otra vez a Lacan: el yo está mediado por la imagen. Mi propia autoestima se construye a través de un reflejo. Por eso la importancia de intervenir construyendo imagen, relato, narrativa, como parte de la tarea de la autoestima. Y pensar si acaso el peronismo, su gran consistencia de hecho maldito, ha permanecido al reconstruir una imagen distinta de lo que somos. En ese sentido sí podríamos decir que Francisco es peronista. O también podríamos decir que el peronismo es papal.

Daniel Santoro – Claro, ahí se confunden las cosas, porque la imagen siempre es en función del otro.  El tema de la mirada es fundamental. Uno se siente mirado y nunca sabés lo que el otro está viendo. Ese es uno de los problemas nucleares de la mirada: nunca se termina de mirar. Uno puede terminar de leer, o de ver una película, o de escuchar una canción, pero de mirar nunca. Una sola imagen es imposible de ser abarcada absolutamente. Ese es el secreto del icono, tiene la pregnancia de lo misterioso. Como nunca da cuenta de todo, siempre hay algo por ser mirado. La mirada tiene una base paranoica, ¿que me está mostrando el otro? ¿Qué me está queriendo decir? La semántica hace de guía, de fijador de la mirada. 

Si uno estudia los iconos de la Iglesia Ortodoxa estos son los más reglados. Hay un rito oriental que hace interdicción en las imágenes. Un barroco pop ortodoxo es imposible. No sería factible, porque está la regla iconológica. Tienen que tener determinada forma y aspecto para poder ser mirados, para que no haya ambigüedad en la mirada. El ícono intenta ser claro. En vez de mostrar un relato te muestra unas fórmulas matemáticas con las cuales todos estamos de acuerdo. Hay un resultado de antemano porque está hecho de manera tal que nada escapa a los ojos, y siempre tiene el fondo dorado, que es una forma de control. Lo dorado es la eternidad, es un código. No hay imagen de fondo. El Renacimiento sacó el fondo dorado y dijo “vamos a gozar”. Hay goce porque en el fondo se ven las montañas, los paisajes, se habilita la telenovela. Con el fondo dorado no, todo es refractario al espacio. Es eso que está a punto. Es el símbolo, una imagen con vida. El horror de lo ortodoxo es el barroco. En esa oscuridad nunca sabemos del todo qué está haciendo María Magdalena. Es una vomitera de imágenes que son imposibles de abarcar totalmente. Entonces uno fantasea cosas, empieza a interactuar con fantasmas. 

Las imágenes del barroco y la del pop tienen esa capacidad de ofrecerse al goce sin cerrarlo nunca. Siempre hay alguien que va a ver otra cosa, y otro alguien que verá otra cosa distintas. Como decía Francisco, faltan muchos, va a haber otras cosas para mirar, pero también otras miradas sobre lo ya mirado. Va haber miles de miradas y nunca se van a agotar. Esa es la promesa del barroco. Son iconos abiertos, iconos que están en la vida, en un espacio determinado. 

¿Cuál es, por ejemplo, el ícono que más representa a Francisco? No existe. No está cerrado en un icono porque hay miles de imágenes: abrazado con Maradona, rezando, saludando desde el balcón. Esa apertura es una promesa a la felicidad de que vamos a mirarlo siempre de otra manera, vamos a cambiar que vemos ahí adentro de lo que vemos. Esa es la felicidad del pop. El pop es puro goce y felicidad. El barroco tuvo sus delirios de gozo, el éxtasis, por ejemplo, en la imagen de Santa Teresa. Mostrar un éxtasis es irse casi al borde de la pornografia. Pero el éxtasis se muestra, y con mucha felicidad. Uno lo puede mirar con ojos sexuados, pero otro con ojos religiosos. Y, lo más importante, es un éxtasis del que vos quieras. Esa forma es una forma de felicidad, de ir y ser llamado otra vez por la imagen, que te reclama siempre una mirada más. 

El icono es la promesa de lo mismo, del control de la imagen. En la muestra que hicieron ustedes, que es barroca, lo que estamos viendo es un descontrol maravilloso. Es puro desborde y puro goce estético, goce de las imágenes, que nunca se van a acabar, porque nunca se van a cerrar las bóvedas del cielo.

Néstor Borri – Se me vienen a la mente dos fotos icónicas del Papa molestando, desafiando  una mirada erudita, experta o sencillamente oficial, de control. La primera podria llamarse  El Papa de Roma besando los pies de los negros. Eso pasó con los líderes de Sudán. Se agachó y le besó los pies, así, literal. Y la otra sucedió en pandemia. Fue a visitar a una poetisa a su departamento en Roma, y debe ser la única foto de un Papa en un departamento de una persona cualquiera. 

Y como dato curioso, el lema personal de Francisco habla de la mirada. Miserando atque eligendo, “lo miró con misericordia y lo eligió”. Aparece el poder y el elegir entrecruzado con la mirada. De lo divino, pero tambien del pueblo.

Pedro Saborido – Esta idea de la inefabilidad de lo mismo se cruza con la inefabilidad de tener un Papa argentino. Estamos viviendo algo raro. El promedio de Papas argentinos hasta ahora es uno cada dos mil años. Y se suma algo más raro todavía. Es un Papa cercano a un movimiento que alguna vez quemó iglesias. Mirá si no hay lugar también para la misericordia. Justo el Papa argentino terminó siendo peronista, y eso también genera entusiasmo, porque aparece una nueva oportunidad. 

Lo imposible está ahí. Nos da esa fe en la posibilidad de lo imposible. Vivámoslo, disfrutémoslo. Porque de pronto hay muchos cruces extraños. Por ejemplo, muchos católicos que son antiperonistas terminan odiando al Papa. Debe ser una de las pocas veces que ocurre que en Argentina se termine odiando a un Papa, como si el antiperonismo fuera más fuerte que la fe, que el amor a la Iglesia. Donde nosotros vemos una oportunidad de autoestima, que es tener un Papa argentino, otros ven una tragedia. De eso me parece que se trata. No estamos viendo todo lo mismo. La idea de un Papa en un departamento, o que besa los pies de los negros, vuelve a hacer un llamado de atención sobre la posibilidad de algo distinto, la ventana abierta, de nuevo, de algo que no se terminó de completar.

Santiago Barassi – Es así. Nunca se termina de cerrar esta muestra. Siempre decimos que podríamos hacer muchas piezas más, casi infinitas son, porque hay un mundo acá. Es una apuesta abierta, no está cerrada, y la intención es que esta sea la primera de muchas presentaciones. Ojalá que podamos ir por los 100 barrios porteños, a todas las provincias y, después, a cualquier país a donde nos paguen el pasaje. Pero lo importante es poner a rodar una muestra que invita a aprovechar y disfrutar a este argentino, este compatriota, que no solamente es alguien que se formó en muchas categorías que vienen de la doctrina justicialista, sino que es mucho más. Es un ser humano que en este momento tan oscuro de la humanidad, tan jodido, de los tiempos que nos tocan, mira a los ojos al mal, le apunta al centro de los poderes y habla con lo mejor de nuestro pueblo. Porque cuando tiene que hablar en tercera dimensión, sea escribiendo una carta al FMI o dando un discurso en el Capitolio de Estados Unidos frente a esos muñecos que después definen bombardeos, lo hace citando el Martin Fierro, eligiendo las recomendaciones de Rosas a Quiroga en la carta de la hacienda de Figueroa de 1833, citando a Mario Benedetti o a algún otro de los tipos que le ponen palabra a nuestro sentir, a las tragedias, y sobre todo las felicidades de estas pampas.

No se trata de hacer mera apología del Papa, pero si de disfrutarlo, de sentirnos orgullosos, y no porque sea un fenómeno en abstracto, sino porque sabemos que si está allá es porque hay mucho de lo que está siempre vivo en nuestra patria que lo empuja. Eso es lo que queremos poner en valor con esta muestra Argentino Universal. 

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