Empanadas y vino en jarra por zoom. La pandemia limita, pero la pulsión del encuentro no afloja y las fiestas patrias se celebran cómo se puede. También se necesita la catarsis. La vida cotidiana se pone exigente y el futuro inmediato demanda una certeza anticipada para empezar a vislumbrar la orilla del otro lado de la cuarentena. Esa es tarea de artistas y creadores, y por eso volvimos a encontrarnos con Daniel Santoro y Pedro Saborido, amigos de la casa y referentes del pensamiento y coso (donde «coso» es creación, de pensamiento, imágenes y sentido). A continuación dejamos una versión casi taquigráfica de esta mezcla de plenario compañero, terapia grupal y celebración religiosa por la patria. Brindis y banquete, empanadas y vino. Y una guitarra: para darnos y dar la fuerza, la alegría y la misericordia que necesitamos para volver a ponernos #LaPatriaAlHombro.

SANTIAGO BARASSI – ¡Buenas noches a todos! En esta víspera del 9 de julio tenemos la suerte de encontrarnos con dos grandes como Pedro Saborido y Daniel Santoro, dos amigos de la casa que ya pasaron por las entrevistas de #FactorFrancisco. La de Pedro fue más reciente y Daniel, si la tuya no fue la primera entrevista que hicimos pega en el palo. Y es una de las que le llevamos al Papa, te lo tengo de decir. Estamos muy contentos de estar acá, con este contexto. Como dice Pedro la cuarentena ya tiene pasado, y ahora estamos evolucionando a las peñas virtuales. Si hay algo bueno que nos permite esta plataforma es que desde Tierra del Fuego hasta el límite con Bolivia y Paraguay tenemos gente todo el país.  Así que muy contentos de estar acá para conversar pero también para divertirnos un poco y meterle mística a este tiempo que nos toca.

NESTOR BORRI – ¡Bienvenidos a todos! Tenemos una amiga monja con Santi que siempre nos dice que las fiestas importantes se celebran en la víspera. Así que queríamos el 8, antes del 9, poder encontrarnos y festejar. Venimos haciendo una seria de cosas con el hashtag #LaPatriaAlHombro. Viene al caso y con mucho sentido en este momento. Como decía Santi tenemos el lujo de tenerlos a Daniel y a Pedro que tenemos permanentemente para ayudarnos a imaginar, a pensar y también a celebrar cómo ponernos la patria al hombro, reconocer quienes somos los que nos ponemos al hombro y qué es lo que nos ponemos al hombro. Son dos personas que además de intervenir en la cultura de una manera muy contundente y que sentimos muy cercana  tienen una reflexión sobre eso y además son referentes de muchos. Entonces en este momento es un lujo hablar con ellos. Y también con esta sensaciones que tenemos y pensábamos en estos días por donde encararlo, el tema que en términos peronistas la independencia hay que declararla muchas veces. De hecho, en el 47 Perón declara la independencia económica. Como siempre la independencia está en ciernes de ser declarada. Entonces hay que juntarse, que conversar, que ponerse de acuerdo. En ese sentido la cosa engancha con algunas cosas que venimos haciendo con Pedro por  un lado y Daniel y Pedro por otro, con tónicas distintas, en esto  de qué significa reconocernos en este momento.  Una primera cosa que veíamos para conversar es esta cuestión que veníamos reflexionando: para declarar la independencia hay que creérsela. Es bastante conocido todo el tema del Congreso de Tucumán y cómo San Martín presiona como diciendo “creánsela”.  ¿Cómo construir una imagen nuestra que nos haga creer en nosotros mismos y que podemos ser independientes? ¿Cómo ven la autoestima nacional en un momento tan complejo pero a la vez interesante como el atravesamos?

PEDRO SABORIDO –  Hay una fascinación por la virtualidad que trajo evidentemente esta circunstancia. De hecho el momento nos empuja a cosas que no hubiéremos pensado jamás. Por ejemplo, al principio hubo una idea de unidad, fascinación por la  idea de que un enemigo común sobre todos los argentinos provocaba una unidad. Necesitamos un enemigo para unirnos. Si jugamos contra Brasil o Alemania en el mundial nos olvidamos que somos radicales, peronistas o macristas y nos abrazamos en el Obelisco hasta con Nico Del Caño. Entonces al principio de la cuarentena la gente decía “celebro esto, al fin nos vamos a unir”. Algunos incluso se entusiasmaron con la idea de que el capitalismo dejaría de existir por el virus. Todas esas fueron fascinaciones que aparecieron de golpe y con el tiempo vimos que no era tan así. Nos encontramos divididos a las pocas semanas, primero con los sueldos de los políticos, después con los presos, y así hasta Vicentín. Pasamos de aplaudir todos juntos a dividirnos entre los que aplaudimos y los que tocan la cacerola, y sólo en cuestión de semanas.  Entonces aparece esta paradoja donde siempre se lo acusa al peronismo de generar la división. En ese momento yo siempre pienso: ¿quiénes son los peronistas? ¿Los de derecha o los de izquierda? ¿Firmenich o Menem?

Acá cabría también la pregunta: ¿Quiénes son los argentinos? ¿Los que se quedan en casa para no contagiarse o los que piden que se rompa la cuarentena? ¿Cuáles son los argentinos? ¿Los que cuelgan la bandera en la casa o los que la llevan a protestar al Obelisco? Entonces pensaba en la idea de que quizás el libro emblemático nacional da una clave de lo que es el karma argentino. Se trata del libro que le da nombre a estaciones, clubes, parrillas, avenidas: el Martín Fierro. Un libro emblemático cuya frase principal ya conocemos todos y advierte que los hermanos deben estar unidos, porque esa es la ley primera. Tiene una advertencia que sería la contracara de otra frase que asignan a los ingleses: “divide y reinarás”. Es como si ese fuera el principio que viene de afuera y acá les respondemos que los hermanos sean unidos. Y pensando en la autoestima nacional siempre me pregunto: ¿la autoestima del peronista o la del tipo de derecha? Los dos van a decir que quieren una Argentina fuerte y pujante, el tema es de qué se trata eso. Todos decimos que queremos la unidad, nos juntamos, charlamos con “Jorge Lasbolas” y decimos “vamos todos”, y de golpe Jorge dice “vamos para adelante, y que de paso no haya sindicatos”, y ahí uno dice “no para, tampoco era la idea, queremos más sindicalización incluso”. Entonces todos salimos con la misma bandera pero todos discutimos.

Creo que en la autoestima hay un tema de percepciones. Hay gente que quiere un país grande, que quiere un país mejor, y que cree que para eso no debería existir el peronismo. Lo que nosotros vemos como la herramienta para lograr ese país, los otros lo ven como un obstáculo. Donde nosotros vemos la puerta los otros ven una pared. Donde nosotros vemos un camino, los otros ven un puente cortado. Entonces, ¿la autoestima va a ser sobre cuál modelo, sobre cuál país? ¿Cómo hacemos para ver la misma Argentina? Yo creo que parte de esa autoestima se puede reconstruir a partir de la convicción de sentir que vale la pena intentarlo. Miren, confieso que cuando salió la ola de manifestaciones a favor de Vicentín tuve un pequeño momento de bajada de brazos interno, un “métanse el país en el orto”. Eso es lo que más atenta contra la autoestima a veces, sentir que no vale la pena. Te dejás arrastrar por veinte tarados que se dieron una inyección de Sebreli y salís a gritar en la calle. Pero bueno, de eso se trata. Vamos a necesitar mucha autoestima para poder ver también cuál es la Argentina que podemos imponer. Cuando la otra parece que se impone aparece con una desesperanza, una desidia interna, propia, y una bajada de brazos, que es todo lo contrario a la autoestima.  

DANIEL SANTORO – Creo que es un tema que siempre está trazado por malos entendidos. Hay una palabra que se metió en el medio de todas las conversaciones, de todos los conceptos que se quieren poner en escena. Es una palabra que cumple el papel de significante amo, es decir, que está al mando de todas las cosas. De pronto el significante amo es la palabra grieta. Es como una significación autopropulsada. Significa todo lo que uno quiere decir, y parecería que ya todos entendemos lo que significa. Es más, dice tantas cosas que no hace falta más que decir grieta para abrir el abismo. Y lo que significa es algo que está precisamente en nuestra historia. Hace un rato citaban a San Martín y su actitud respecto al Congreso del 9 de Julio. Fíjense cómo funciona ese significante amo que hoy podemos entender que San Martín estaba expresando ya una grieta en ese momento, y que de hecho venía de algunos años antes. Eso que termina siendo una palabra multiuso y que sirve hasta para la última manifestación en el Obelisco donde se la sentía continuamente, de pronto parecería ser que es una forma de calificación. No es una manera de describir, sino de calificar y por lo tanto descalificar, y ahí es donde surgen todas las controversias.

Pensemos en esto. Algo que está agrietado es algo que tenía una unidad y la perdió. Por ejemplo, una pared o una mesa se agrietan porque eran una pared o una mesa, y uno acusa a la grieta como responsable de que la unidad se pierda y la pared se parta al medio. Ahí vemos que este concepto nunca podría ser aplicado a la Argentina. Hay un equívoco que está buscado por alguien que cree que tiene la unidad y acusa a la otra parte de damnificar y provocar la división de esa unidad. Es una imputación. En su momento, cuando surgió la palabra era algo que describía. De pronto se hablaba de que en Argentina aparece de vez en cuando una grieta. ¿Y cuándo aparece una grieta? Cuando hay alguien que tiene la voluntad de agrietar esto que estaba unido. ¿Quién es el responsable de esa grieta? Ya lo dijo Pedro, es el peronismo, siempre. Entonces la grieta pasa a ser simplemente una descripción del peronismo que destruye las unidades. Ahí hay un concepto moral y nosotros ingenuamente volvemos sobre ella, porque al ser un significante amo parece que nos sirve también a nosotros, pero no nos sirve de ninguna manera. Es un concepto que es enemigo nuestro, está pensado como un ataque hacia nosotros.

San Martín fue uno de los primeros en advertir que hay dos proyectos de país en Argentina. Pero justamente lo que hay acá no es una grieta, sino dos proyectos de país que se van enfrentando continuamente. Hay acercamientos y abismos que se abren o cierran, pero siempre son sólo dos proyectos de país. Entonces la metáfora no es la de una mesa o una pared agrietada, son la de dos mesas o dos paredes que pueden estar unidas o separadas pero son siempre dos y conviven en el mismo espacio. El viejo sueño de los que están en la otra mesa es pensar que se puede hacer una sola mesa haciendo desaparecer a la otra.  Ellos creen tener la mesa completa y cuando aparece a su vista la mesa ajena acusan de que estamos rompiendo la mesa que no es la nuestra. Entonces siempre estamos jugando en un territorio enemigo, y ese es nuestro problema. La mesa está servida y siempre hay un reparto de la riqueza que no es el que queremos nosotros, sino el que quiere la otra mesa, y venimos y decimos que repartan mejor porque lo que están repartiendo en su mesa no es adecuado, pero al decir eso nos acusan de querer agrietar esa mesa que no es la nuestra. El problema es cuando llevamos a escena nuestra mesa y negociamos, en todo caso, una armonía entre dos mesas distintas. Ese es el desafío verdadero, ver de qué manera podemos poner de acuerdo algo que siempre son dos mesas. El problema siempre está en esa dimensión. Por eso cuando aparece lo de Vicentín parece que estamos en el colmo, que la gente defiende cualquier cosa, que defienden delincuentes comunes. Parece así porque estamos en un territorio ajeno. Uno siente esa angustia porque está sentado en una mesa que no es la que uno quisiera. Se está provocando una grieta en esa mesa que no es la nuestra, entonces no es tan fácil acordar.

Por eso yo creo que de lo que tendríamos que hablar es de la misericordia. Ser misericordiosos es reconocer que hay dos mesas, que no hay grieta, y hacer un acuerdo con ello, producir una armonía. Una armonía nunca es entre iguales. Esto es parte de la teoría estética. Cuando se habla de armonizar siempre tiene que ver con la sección áurea y con una parte mayor y una parte menor. Siempre hay dos partes en una armonía, y nunca son iguales, porque si son iguales ya no hay armonía. No es lo mismo el que tiene el poder económico que el que no lo tiene, y armonizar eso es un desafío entre partes desiguales. Hay veces en que nosotros ingenuamente actuamos como si fuéramos un poder del mismo calibre que el que denominamos el “poder real”. Nosotros lo decimos así, nos hacemos un poco los tontos en ese sentido. Pensamos que podemos desafiar e ir de igual a igual frente al poder real. Pero el poder real es el poder de la realidad, y con eso estamos metiéndonos en un problema grande. ¿De qué manera podemos lograr una armonía entre partes desiguales? Si fuera entre partes iguales es muy fácil, se juntan las dos partes y listo, se acabó la distancia. Ahora, somos dos partes distintas, somos dos proyectos de país distintos y el poder no es igual, ni de un lado ni del otro.

La armonía tiene que ver con que hay otra parte que no se expresa a través del poder, y que es mayoritaria. Cuando hablamos de la mayoría del pueblo o de vocación de mayoría, esas mayorías deberían equilibrar a los que tienen la mayoría del poder. Esas son las posibilidades. Pero claro, eso necesita armonizar partes, y a partir de eso se puede empezar a construir los puentes.

Hablamos mucho de puentes citando a Francisco, pero se tienden puentes cuando hay dos partes distintas, no sobre una grieta. Una grieta se sella y se vuelve a unificar. En Argentina se habla de eliminar la grieta, y eliminar la grieta es fatal para nosotros. No hay que eliminarla, hay que tender puentes entre partes distintas, y los puentes tienen que ver con la misericordia, que es necesaria para que el otro acepte el puente. Entonces ahí ya nos empezamos a entender mejor. Pero la grieta va en contra nuestra. Es un lenguaje simbólicamente letal para nosotros, es el lenguaje del poder real.  “Ahí hay unos negros que están agrietando nuestra unidad”. Son los negros intrusos, son el aluvión zoológico, son los que vienen a poner las patas en la fuente. Simbólicamente somos siempre nosotros los que provocan una grieta en algo que estaba perfectamente unido y armonizado. Entonces no vayamos por ahí. No es eso. Tender puentes entre partes, sí. Y tener conciencia de las partes desiguales, también. Es esa la forma y la búsqueda de la armonía.  

NÉSTOR BORRI – Como buen significante amo la grieta tiene mucha capacidad organizativa, organiza las partes, dá órganos y discurso a cada parte. Es muy efectiva en ese sentido, y nosotros terminamos con la organización de ellos. En lo que están planteando veo dos problemas: uno que supone una unidad perdida que nunca existió. Pero al mismo tiempo, es una grieta que se presenta como insalvable. Y nosotros quedamos en esa trampa. En la época kirchnerista, y más con todo lo que fue Laclau y el antagonismo, como que hubo algo que se ganó de la comprensión del antagonismo, pero la dimensión más armonizador del peronismo se perdió. Algo de la promesa de armonía peronista está pendiente todavía de ser puesto. No quiero evaluar negativamente la etapa anterior porque para nada lo fue, pero sí marcar ese límite. Nuestro parlamento, en vez de hacer la promesa de armonía que se plasma en el gesto de la misericordia nos quedamos también con esa fantasía de la eliminación del otro, en vez de hacer lo que se puede hacer para armonizar que es elegantemente subordinarlos. Ahí hay algo que todavía nos falta. ¿Cómo hacemos la promesa propia del peronismo que en definitiva es lo que nos organiza de verdad a nosotros. Dará la impresión de que en esta coyuntura está como pendiente.

PEDRO SABORIDO– Creo que por ahí la etapa de armonizar viene después de una etapa de autoestima propia. Como decía Daniel, si llamamos poder real al otro casi que nos otorgaríamos a nosotros la idea de un poder imaginario; lo otro es real y lo nuestro es una fantasía. Pero la fantasía podría venir también con la fe de que podemos llegar a ser poder real nosotros también. Es una cosa de creer para poder ver. Primero creer, luego existir. Entonces creo que hay una etapa de fortalecimiento propio, un momento más “Evita” del peronismo, esa que habla de la oligarquía y que advierte que no va a quedar piedra sobre piedra y eso, y luego viene el Perón que dice “bueno, vamos de a poco”. Ahí se trata de pelear y negociar, golpear y dialogar, todo el tiempo. La idea de la grieta es golpear todo el tiempo, es la idea de estar divididos. Entrar en ese juego es precisamente empezar a convocarnos y constituirnos a partir de esa pelea. Es un juego que consiste en sentir que estamos divididos cuando en realidad la parte que nos toca en esa división es la peor, es la de perder.

La identidad a partir de la grieta, como bien dice Daniel, no es el territorio en donde nosotros podemos construir, subordinar, o por lo menos crear embajadas en el otro sector que nos aborrece, que nos tiene miedo o simplemente no está de acuerdo con nosotros. No perdamos de vista las distintas maneras que hay de ver al peronismo desde la otra vereda, ¿no?, se puede ir del odio total a un simple no estar de acuerdo. Muchas veces, gracias a la grieta, vemos al que no está de acuerdo y al que nos odia de la misma manera. Si uno tiene que tender un puente, lo va a hacer primero con aquel que permite dialogar. Pero si vemos a José Luis Espert de la misma manera que vemos a la señora de enfrente que tuvo una experiencia mala con el peronismo y no quiere saber nada, o que a otros dirigentes más dispuesto al diálogo. No es lo mismo Fernando Iglesias que Pinedo, para dar ejemplos concretos. Entonces, la idea que plantea Daniel es la superación precisamente de un modelo de grieta en el cual inevitablemente vamos a perder. Frente a ese poder al que le otorgamos el status de poder real, debemos corrernos de esa posición testimonial que nos transforma en una máquina de fracasar.

El año pasado la unidad del peronismo se basó en la misericordia, se basó en el olvido de ofensas y de traiciones. ¿Quién iba a decir que Sergio Massa iba a poder sentarse dónde está? La unidad necesitó la postergación de la propia esencia, del propio ego, de las propias grietas. Es decir, el peronismo superó sus propias grietas tendiendo sus propios puentes hacia adentro. Esas prácticas que evidentemente funcionaron hacia adentro serán las que deban funcionar hacia afuera. ¿Pueden contener a toda la unidad del peronismo? No, evidentemente se han escapado cosas por afuera. Algunos momentos fue Duhalde, otros momentos fue el propio Guillermo Moreno. Pero se ha creado una masa crítica de unidad que muestra la posibilidad de generar lo mismo más allá del peronismo. Porque la solución del peronismo no es solamente ser el peronismo, es ser más que el peronismo. Implica ser misericordiosos, y si el peronista no puede aceptar al que no es peronista en una circunstancia que comprobadamente es de minoría, es muy difícil. Porque el peronismo tiene modales de mayoría cuando ya no lo es. Sabemos que no es mayoría, que el 50 o 60 por ciento en Argentina no se siente peronista. EL peronismo funciona mejor y gana si tiene una vocación frentista. La vocación frentista, como dice Daniel, necesita precisamente de la misericordia de poder aceptar y trascenderse a uno mismo. ¿Hasta dónde? Hasta el límite de lo que significa el peronismo. Obviamente no vamos a poder conciliar con racistas o con gente que no hay manera de hacerlo. No está en la esencia del peronismo aceptar el racismo. En ese sentido, no confundamos la misericordia con la disolución de la propia identidad y de los objetivos de sí. No hay que dejar de ser uno, pero hay que ser uno más amplio y más grande, y eso a veces hace perder determinadas solideces, o genera dudas sobre la propia identidad, la propia esencia, lo que estamos haciendo o lo que queremos hacer.

Aunque no suene tribunero esto que digo, la misma práctica que hizo el peronismo hacia adentro tiene que empezar a hacerse hacia afuera. Para la gente es entusiasmante gritar “ya les vamos a dar”, “Wizñiaki te la comés”, “vamos a correr a Magneto”. Pero hasta ahora nos viene corriendo Magneto a nosotros. Nos tiraron dos gordos por televisión y medio hijo de Leuco y nosotros ya sentimos que perdemos la batalla. Hay que entender que este juego es así, que el otro existe y no va a dejar de existir, y que de hecho va a hacer todo lo posible para que nos enteremos de que existe tocando la cacerola o paseando en motoneta a Sebrelli en sunga (perdón por la imagen). De alguna manera, la grieta es un pelotero para que nos divirtamos pensando que estamos peleando.

DANIEL SANTORO – Estamos hablando de la necesidad de la unidad ¿no? Si algo no es una unidad, si hay partes distintas, es porque hay convencimientos. Para ello podríamos hablar de fantasmas, que son el montón de motivos para que algo no esté unido. Para que se una es necesario limar asperezas, posponer los conflictos, atravesar los fantasmas y aplicar lo que es sustancial, que siempre es la misericordia. La misericordia es ver al otro como un igual, con las mismas necesidades que yo, y compadecerse en cierto modo, aplicar el mismo amor y  reflejar los defectos del otro en los propios. Solo de esa manera se aplica la misericordia. Pero de todos modos no alcanza, todavía falta algo más para la unidad. Perón decía que el conductor político, para ser relevante, tiene que tener necesariamente el óleo sagrado de Samuel.  El óleo es lo que define a un artista en todo sentido. Un artista puede ser un ebanista, puede ser un político, puede ser cualquiera que tenga una capacidad que todos los humanos podemos tener: llevar en el núcleo íntimo certezas anticipadas. No hay obra de arte, o mejor dicho, no hay obra en ningún sentido de la palabra, si no hay certeza anticipada. Eso fue lo que tuvo San Martín. Al tipo se le pudo ocurrir amenazar con romper todo si no se hacía la unidad y el Congreso de Tucumán porque la independencia solamente se sostiene con un convencimiento íntimo, con una certeza anticipada. Es una cualidad que es fundamental para cualquier creador y para cualquier creación. Si la independencia no existe como escenario pero uno sabe que el escenario es posible, que lo tiene a mano, y anticipadamente tiene la certeza de que la independencia sí que existe y se imagina las Provincias Unidas del Río de la Plata, entonces está en el mismo plano que un artista. Es esa dimensión artística donde algo que no está presente uno lo está viendo igual; es el tipo que se puede asomar por encima de la pared y ver lo que hay del otro lado de la pared, aunque nadie vea lo que él ve porque nadie se se asomó a la pared. Esto puede sonar medio elitista, pero es así. Sólo el tipo que se asoma a lo desconocido puede crear. No somos todos igualmente creadores. A su manera, todos creamos. Hay una creatividad implícita en lo humano, pero hay tipos que irrumpen. El Guernica en la pintura no existía y Picasso de alguna manera tuvo una certeza de que ahí había una gran imagen. Creó la imagen e influenció sobre el mismo bombardeo de la historia que a su vez puede ser resignificado. Es decir, con lo viejo se creó un nuevo escenario. La dimensión del Guernica implica desde los hijos hasta los bombardeos que habían sucedido años antes, o sea, un ida y vuelta en el tiempo. Walter Benjamin lo dice muy claramente: el tiempo no es lineal, el tiempo humano es el del arte, donde el pasado se cambia, se resignifica y vuelve como novedad.  

Ahora, eso que sucede con un cuadro se puede aplicar, por ejemplo, a Cristina haciendo la movida de Alberto, algo que nos sorprendió a todos. Yo era una de las almas en pena que estaba viendo ahí un problema, junto a tantos otros compañeros. Pero de pronto ese problema fue una solución, y eso es así porque contenía también una certeza anticipada. No era fácil de ver, eh. Si la vemos, la vemos después de hecha, como con el Guernica ¡Pero hay que imaginar lo que nadie imagina! El fruto de las certezas anticipadas siempre es una novedad en el mundo. Algo que no estaba, de pronto alguien lo trajo, lo hizo posible, lo habilitó, lo desveló. A veces es simplemente correr una cortina y ahí estaba. A veces lo  mínimo se hace y ahí se ordenan todos los melones con un pequeño gesto. Tal vez ella hizo eso, ¿no? Y esto sirve para analizar a todos los grandes estrategas, Clausewitz y la estrategia de aproximación indirecta, etc. Se pueden aplicar muchas teorías, pero el hecho central es fruto de una certeza anticipada.

Cambiar el escenario es una de las capacidades más fantásticas de un buen conductor, sea militar o político. Es la estrategia de aproximación indirecta: la batalla está planteada en un determinado lugar, el enemigo orienta sus armas y toda su energía para que la batalla esté ahí, y entonces surge la sorpresa de que hay un nuevo escenario de batalla, algo que el enemigo no podía imaginar. Esa habilidad es una certeza anticipada, que es un hecho artístico si se quiere, plantea un nuevo escenario donde el enemigo queda de garpe. Liddel Hart, un famoso capitán y asesor de Churchill, escribió un libro de estrategia de aproximación indirecta que el Papa Francisco suele recomendar a los políticos.

¿Cuál es el escenario que genera entonces Alberto? Hay que pensar que la estrategia de aproximación indirecta es misericordiosa con las propias vidas y con las vidas del otro, porque evita la batalla principal. El caso de Alberto plantea el viejo apotegma peronista, casi  ontológico, que es ahorremos sangre, gastemos tiempo. Eso es lo que estamos haciendo precisamente ahora, y los adversarios se ponen nerviosos, por supuesto. Es un momento de la batalla en donde vos ganás mucho tiempo. Después, claro, hay un desgaste natural, sobretodo cuando el adversario pega toda la vuelta y empieza a cascotearte en tu propio campo de batalla. Ahí hay que plantear nuevamente un cambio en la estrategia. Tal vez en las próximas semanas haya que cambiar otra vez el escenario de la batalla política. Se agotó la sorpresa y el planteo tal cual estaba hecho. Pero la elección de Alberto como presidente fue un gesto de extrema misericordia. Pocas veces se ve un renunciamiento así en la historia. En Argentina hay otro renunciamiento histórico, muy puntual, pero en circunstancias totalmente distintas. Renunciamientos como el de Cristina hay muy pocos, y eso es lo que sorprende. Es un nuevo escenario absolutamente inesperado. En general la misericordia no se cuenta como un insumo de la política. La renuncia en el poder siempre es una sorpresa y siempre genera un escenario inesperado.

Entonces, pensando en las próximas movidas, ¿cuál es la circunstancia en la que uno debería pensar en la aplicación de la novedad, de la certeza anticipada?¿De qué manera uno puede anticipadamente tener en la mente algo que podría generar una adhesión política? Como dijo Pedro, en las primeras semanas parecía que se había logrado una cosa que después, claro, se vio totalmente desbordada, y es lo que era de esperar. Este es un escenario precario. Pero en esta precariedad de la pandemia hay una segunda etapa que podemos empezar a leer. ¿De qué manera podría llegar a suceder este nuevo escenario? Bueno, hay un montón de cosas que se podrían hacer. Un primer momento sería dejar de lado la urgencia de la pandemia y empezar a hablar de las cosas que en el territorio están surgiendo como necesidad, orientando el discurso para ese lado, anticiparse en ese sentido.

SANTIAGO BARASSI – Algo que conecta con lo que decís del poder real e ilusorio, pero también con la metáfora de los bombardeos que no fue tan metáfora, en Gernica y en Plaza de Mayo, es el tema de las metáforas bélicas. Pareciera que ellos tienen la artillería y lo nuestro es más del plano de la infantería. Hay una frase muy famosa en la militancia que hace referencia al  “Bastón del Mariscal”, que todos llevamos en la mochila, que también para esta etapa es muy interesante. El año pasado lo pensábamos con Pedro cuando hacíamos Comunicar Para Ganar, el asunto de la micromiltancia, de crear escenarios en lo inmediato, en el cuerpo a cuerpo, que redefinan también la lógica de la grieta y que nosotros podíamos desactivar esa grieta en el cuerpo a cuerpo. En un momento en el cual nosotros tenemos todavía hasta el 17 un aislamiento bastante rígido y que seguramente se extenderá, pero que viene adelante una etapa no sólo de reconstruir una promesa sino de recuperar un cuerpo a cuerpo, y responder a algunas necesidades inmediatas. ¿Qué podemos hacer en esa lógica?

NÉSTOR BORRI – Quisiera agregar un elemento. El peronismo tiene la característica de tener militantes, gente enamorada por una causa, y también tiene una práctico. Y una impresión mía es que la militancia actual no tiene tantas imágenes de la misericordia. Lo contrario de la misericordia no es el egoísmo, sino los sacrificios. La frase evangélica es “misericordia quiero, no sacrificios”. Los malos, (el PRO, los liberales, la derecha), tienen muy claro lo que quieren sacrificar: parte de la población, el poder adquisitivo, vidas. Esa es un poco más clara. Ahora bien, nuestra imagen militante muy marcada por una versión de la militancia de los setenta también es mucho de inmolarse, es muy sacrificial en un punto. Incluso cuando miramos a los desaparecidos, vemos más su imagen sacrificial que su imagen de misericordia y de solidaridad. Como que eso está pendiente. Nos autoconcebimos en modo artillería. Somos los soldados del conductor en modo artillería. Misericordia nos suena medio blanduzco, por eso no nos entusiasma. Y ahí hay algo que proveer. Una imagen de nosotros mismos de más ternura, de más cercanía, de más solidaridad. Necesitamos imágenes de la misericordia que nos entusiasmen.

PEDRO SABORIDO – Está bueno esto que dijiste. Fíjense que de las imágenes que tenemos de Cristo siempre es más potente la del sacrificado y torturado que la de ese Cristo peronista que distribuyó pan, vino, y multiplicó sin fijarse cómo quedaba el déficit fiscal después de repartir. Es más copado ese, ¿no? Un tipo que multiplica panes. Y vos vas a la Iglesia y sólo está el tipo crucificado. Hay un momento dónde se reparte el pan, que es la referencia a la última cena y después, otra vez, el sacrificio y la sangre. Con esto quiero marcar que hay una idea que llevamos todos, donde la nobleza aparece más con el sacrificio que con la entrega de la propia vida. La palabra militante no significa siempre la militancia agradable. El militante tendría que ser agradable porque su idea es sumar y para sumar hay que ser agradable. Pero en el peronismo siempre es juzgado aquel que es el dialoguista, el que tiende puentes. Muchas veces le gritan “arrogante, blando”. Y en realidad todo tiene que tener las dos partes, la parte que golpea y la parte que negocia. Un eterno golpear es ir directamente por la eliminación del otro. En la negociación hay un otorgamiento de existencia del otro ¡Y vaya que existe el otro! No hace falta que nosotros reconozcamos que existen, ellos existen y de una manera potente. Salen a la calle y te desafían porque existen, y como existen te obligan a reconocer su existencia. Entonces quedan los dos caminos, o la eliminación del otro o la negociación con el otro. Para negociar con el otro tenés que tener una posición de fuerza, obviamente. Negociar no quiere decir entregar y subordinarse. Entonces hay que reconocer cuál es la etapa en la que estamos. Si miramos lo que pasaba hace un año y medio atrás es un milagro que el peronismo de nuevo esté gobernando. Realmente es un milagro. Si un año atrás decíamos que ganábamos las elecciones no nos la creíamos ni nosotros. “Se quedan 20 años estos”, pensábamos, y nosotros nos quedábamos en la comodidad de ser una fuerza de la oposición fuerte. Es cierto que para la mayoría de los peronistas no es cómodo ser oposición, pero sí es cómodo estar en ese lugar donde uno se constituye como un eterno idealista de laboratorio que nunca falla. Si no querés cometer errores no hagas nada. Es una manera maravillosa de no cometer errores. No seas gobierno y vas a ser siempre el mejor gobernando. Entonces, trascender uno mismo, ser agradable, implica ser en función del otro también y en función de aquellos a los que nos podemos acercar.

Creo que hay momentos de resistencia en los que no uno se tiene que endurecer y darse máquina (que los tuvimos) y momentos donde ya no se puede seguir siendo resistencia porque sos el gobierno. La mejor manera de suponer que Alberto sea presidente de todos los argentinos es que sea presidente de todos los argentinos, no nada más de los peronistas. Y ser presidente de todos los argentinos implica hacer algunas cosas que quizás no son para los peronistas. Cuando aparece mucha gente y dice “yo no voté esto”, es quizás no estar viendo esa jugada que todavía no apareció pero que puede llegar a aparecer. Como dijo Daniel, hubo un campo que se cambió. Fíjense que hasta enero se venía discutiendo sobre la “interna” entre el albertismo y el camporismo, y aunque eso persiste, la pandemia cambió el escenario totalmente. No fue una decisión del peronismo, pero cambiado el escenario y la oposición quedó mareada. Tardó en recomponerse e incluso tuvo que hacerlo con eso que más nos afecta, que es lo irracional. Porque lo que más nos impacta del otro son los irracionales. No vemos a los Monzó o a los dialoguistas. Los que más nos conmueven son los Sebrelli. Y perdón otra vez por esa imagen que seguramente nos va a acompañar todo el fin de semana, pero son precisamente los sectores más duros los que nos emocionan. Cuando logran irritarnos, perdemos, porque sacan lo peor de nosotros. Como dice siempre Daniel, perdemos el objetivo. El objetivo no es contestarle a Fernando Iglesias. Tendríamos que tener misericordia sobre Fernando Iglesias y simplemente ignorarlo de nuestro discurso. El objetivo es sentarnos a hablar con los que podemos hablar para seguir siendo mayoría y seguir siendo gobierno.

Para apostar al tiempo también hay que ganar, y yo creo que hoy estamos ganando tiempo y con eso es suficiente. La otra opción hubiera sido perder. No quiero exagerar en este momento, pero midamos las consecuencias de lo que hubiera sido la pandemia si el resultado de octubre hubiese sido otro. El primer gran triunfo fue esa misericordia interna para poder aceptar que no fuera Cristina. Hay que entender que no podíamos darnos el lujo de perder porque eso tenía consecuencias, y hoy lo hubiéramos visto. El peronismo hizo que se salvarán muchas vidas. Yo sé que es algo contra fáctico, pero si hubiera ganado Macri todos sabemos lo que hubiera pasado.

DANIEL SANTORO  – El otro día dieron un documental en Discovery Channel sobre la toma de Okinawa en la Segunda Guerra Mundial. Se me viene esto a la cabeza escuchando a Pedro sobre la conmoción que provocan los descontrolados del enemigo. Los soldados norteamericanos estaban conmocionados porque cuando entraban en la isla veían como se inmolaban familias completas de japoneses saltando desde los peñascos. Hubo unos pocos que no tuvieron el valor de suicidarse, y ellos confesaron que la imagen que tenían de los gringos era la de unos monstruos que literalmente los iban a comer y a torturar. Las autoridades japonesas les habían hecho el coco y les recomendaron que se suicidaran antes de entregarse. Eso me hizo acordar a la triste historia de este tipo que capitaneaba las protestas en el Obelisco y se murió de coronavirus. A uno lo conmociona, es algo que te deja desarmado. Es lo mismo que el japonés en Okinawa; la cercanía del enemigo le provoca esa pulsión de suicidarse antes de tolerar esa presencia. Creo que en cierto modo ahora tenemos la pelota en nuestro campo, y podemos jugarla acortando las distancias. Ese es el punto donde nosotros podemos recoger algún fruto misericordioso. No debemos permitirle a ellos esa distancia favorable para la artillería, de fuego graneado. Patricia Bullrich se tira como un kamikaze y provoca por lo menos un raspón en la cubierta dejando quince minutos de malentendidos en las noticias. Eso les conviene a ellos, prefieren eso a tener que ir y hablar con nosotros, y creo que es un error no hablar con ellos y dialogar. Incluso con Patricia Bullrich. No distinguiría entre el más contrario y el menos contrario. Con los menos contrarios por supuesto, hay que tener una actitud de cercanía real. Salir del tiro de artillería e ir a la cercanía de infantería. Pero no con la bayoneta calada sino con el gesto de amor. Desde el punto de vista de la comunicación, que siempre nosotros estamos con tantos problemas porque falta entrenamiento, o no sé por qué, yo creo que habría que vivir adentro del estudio de TN y si es posible ir al programa de Lanata. Tenemos que estar ahí. Hablarnos a nosotros mismos en C5N me parece una tontería a esta altura. Ahí hay que mandar una segunda línea, pero la primera línea tiene que ir a hablar a TN y ahí desbaratamos todo.  

PEDRO SABORIDO – Es muy importante lo que remarcás, porque tendríamos que empezar a distinguir cuando hablamos para nosotros y entender que si hay un C5N para nosotros también hay un TN para nosotros. Podemos ir con ellos a hablarnos a nosotros mismos y acortar la distancia. Alberto puede sentarse en sus estudios y hablar.

DANIEL SANTORO – Exactamente. El otro día escuchaba en algún programa de radio de nuestro palo a una editorialista que decía no hay que distinguir entre ellos porque son todos iguales, hacen de policía bueno y de policía malo. No nos engañemos. Eso de que todos nos quieren destruir es una tontería. Pensar que no se puede operar el informe a diferenciada sobre un eventual enemigo es un error táctico impresionante. Tomarlo como bloque es ir a perder, es una vocación de perdedores reales y ganadores simbólicos, como decía Pedro. Protegemos nuestro discurso, lo purificamos al máximo y decimos “somos los que somos”. Ahí ya tenemos un problema con la identidad. Si existimos como una cosa un poco distinta ya somos socialdemócratas, dejamos de ser peronistas. ¡No seamos tontos! No es enemigo del peronismo la socialdemocracia, la podemos incluir también. Lo mismo con la democracia cristiana. ¿Cuál es el problema de adaptar el discurso para distintos rubros, o sea, sectorizar a lo que sería un enemigo político militar? Y esas son las cosas que algunos compañeros no se pueden permitir, entonces no le perdonan a Alberto haber dicho una vez que era socialdemócrata. ¡Sí, también es socialdemócrata! ¿Cómo no? Esas son rigideces en contra de las flexibilidades que no hay que tener para una batalla. Son los núcleos que habría que revisar.

Lacan decía que si viene un tipo cualquiera diciendo que es un rey y yo lo atiendo, lo escucho, y después de varias conversaciones se convence de que no es rey, lo podemos rescatar a la normalidad. Ahora, si todavía dice “yo soy rey” no tiene más remedio, es un loco perdido. Ese es el problema de la identidad. Todos los procesos identitarios como estos nuevos partidos políticos italianos o franceses terminan siendo fascistas, porque la identidad siempre tiene un costado oscuro que es “yo soy el que soy”, una forma totalitaria de definirse. Así se define Dios. Pero el peronismo es siempre una identidad abierta. Si querés también podés ser socialdemócrata, si querés podés ser socialista, si querés también podés ser de derecha. Ese si querés es abierto, es la apertura que te permite tener siempre un lugar para el otro en tu corazón. Por eso el peronismo no es xenófobo como los movimientos de derecha que, incluso, toman al peronismo como ejemplo. Ojo con eso. Algunos compañeros definen a Trump como peronista, y yo haría sonar algunas alarmas. El combate de las migraciones es algo que el peronismo no puede tolerar con su corazón misericordioso. El peronismo sabe que la identidad es, de última, una ilusión. Hay un patrimonio simbólico, una identidad que se puede atesorar, pero que siempre está abierta. Están las tres banderas, por supuesto, ¿pero la socialdemocracia puede tomar las tres banderas del peronismo? Precisamente, estas banderas son de una universalidad que dan lugar a todos. ¿Quién podría estar en contra de la soberanía política y de la justicia social? Esas son las cuestiones que hacen que no tengamos que cerrarnos. No tenemos que protegernos. Por eso la cercanía, el ir al encuentro, destruye la enjundia del otro, le quita las armas de la mano, y lo tenemos que hacer con misericordia. Tenemos que buscarle los flancos por los cuales podríamos entrar, que son muchos y ahora más que nunca, y no verlos como un bloque de enemigos todos iguales al cual hay que combatir. Esas son imaginaciones que por ahí vienen del marxismo y tienen cierta paranoia, como la idea de una lucha pura de clases. Pero el peronismo no puede ser paranoico con el otro, con el boliviano, el venezolano ni con nadie.

Es la diferencia entre un edificio cerrado y un edificio abierto. Por ejemplo, los grandes monoteísmos hebreos necesitan de un edificio cerrado para contener a todos, y ellos son los que están adentro del edificio. Los  demás son ajenos, se los denomina de una manera distinta porque no son los elegidos del templo. Pero el peronismo no tiene sede partidaria nunca. Simbólicamente, no hay sede partidaria en el peronismo. El radicalismo o el socialismo tienen sus sedes partidarias porque necesitan el afuera, los que no son. Ratifican su identidad porque están adentro. ¿Entonces qué hacen? Pueden echar a la gente. Los radicales de vez en cuando echan o se hacen otro partido. En el peronismo es distinto. Perón no echó a los montoneros de la Plaza, ellos se fueron solos, y  al otro día no les dijo “ustedes no son más peronistas”. A nadie jamás le dijo eso, siempre dio la bienvenida. Por eso en el peronismo nadie puede echar a nadie. A Pichetto nadie lo echó, él se fue alejando tanto que quedó afuera del área de cobertura. Por eso el peronismo es como una radiación. El tipo que se va muy lejos pierde la gracia, empieza a decir cosas raras y ya no recibe más las señales. Pero es una decisión de Pichetto. Nadie lo fue a echar porque no hay templo, no hay un lugar donde se puede decir “usted está afuera”, y por eso es misericordia pura.

Podemos tomar el ejemplo de las religiones orientales que son mucho más débiles en cuanto al concepto de Dios. En el budismo no hay un Dios y el templo es como un paraguas, un lugarcito en donde está el Buda que tiene la potencia de recibir los rayos del cielo e irradia. El  templo es un área, no es un edificio específico. Hay unas paredes y es un área. Ahí está el Buda y quien se acerca lo suficiente recibe esas radiaciones benéficas. Con el peronismo pasa algo parecido, opera con un vórtice. Cuando se genera el vórtice es porque hay conducción. ¿Qué hizo Cristina? Generó un buen vórtice. Cuando creíamos que no había vórtice, ella agarró con su dedito kirchnerista, revolvió e hizo un buen vórtice que es Alberto. Entonces todos se acercan a Alberto como en el templo budista. No a comulgar al templo cristiano o al musulmán, al templo budista. Se acercan con mucha libertad, sin catequesis de ingreso. No hay una catequesis específica, no hay peronómetro. De hecho, no hay nada más antiperonista que el peronómetro. El gran problema es que ahora de pronto aparecen los que quieren ver si la gente realmente es peronista. Es decir, la gente quiere garantías. Pero estamos en un momento crucial y muy favorable en todo sentido. Entonces aprovechémoslo. Demos ese abrazo a los que queden a la distancia adecuada para un abrazo, y bueno, a los kamikaze que se tiran, dejemos que se tiren, qué se yo. Para mí eso no tiene efectividad por lo menos ahora. Los daños son muy menores.

NÉSTOR BORRI – Cuando fuimos trabajando el tema de Francisco fuimos viendo que es una especie de Cyborg Perón, o un Perón que trabaja de Papa. Así como el Dalai Dama, se reencaran, así como hay Budas, también hay Perones, y Francisco tiene algo así. Hay dos o tres cosas que lo pueden confirmar empíricamente. Una frase muy linda que tiene es “las transformaciones se dan por desborde”, no por lucha sino por un plus, por exceso. Es muy lindo pensar en un Peronismo desbordado, con nuevos bordes. Un poco como Cristina cuando propone un Alberto. Corre el límite. Otra que tiene es “hay que acariciar los conflictos”. Da una pirueta a la lucha y dice que hay que estar cerca, hay que cambiar a la distancia de la cosa. No deja de haber confrontación pero hay una cosa desconcertante. Porque acariciar los conflictos no cierra mucho con Laclau. Y al mismo tiempo es dialogar de una manera sorprendente e interesante. Tuve el privilegio de conocer a uno de los creadores de la Teología de la Liberación, Gustavo Gutierrez, y una vez me dijo “Néstor, el Evangelio dice que hay que amar a nuestros enemigos. Yo siempre te recomiendo, por experiencia propia, que tengas al menos uno”.  No elimina la noción de enemigos. Hay que amarlos, pero no la elimina. Y lo mismo pasa con acariciar los conflictos. No los niega, los acaricia. Ahí me parece que está la figura linda, me parece, aunque sea casi redundante. El peronismo es un desborde ontológicamente. A lo mejor lo que nos falta es generar imágenes que nos tranquilicen con eso porque a lo mejor tenemos un peronismo muy identitario. Tuvo como un giro de exceso de identidad. No fue la causa de su derrota, porque la derrota fue porque la derecha juega con la cancha inclinada a su favor, pero ayudó un poco. Y ahí hay algo para recrear. 

PEDRO SABORIDO – El peronismo debe ser el sector político que más usa el zoom. Hay vivos y charlas todo el tiempo porque necesitamos estar juntos, y la paradoja es que tenemos que estar juntos cada uno desde su casa. Hay un montón de cosas que nos desafían en el contexto actual. Salen a manifestarse ellos y nosotros nos quedamos en casa mirando la televisión, cuando siempre era al revés. Además ellos hacen más ruido, tienen siempre a mano la cacerola y nosotros no tenemos los bombos en casa. Son muchas las cosas que van marcando el territorio y como bien dijeron todos hay que entender que ese desborde que necesitamos ahora a veces no implica el quilombo. Quizás es un desborde de mesura y de astucia. Cuando Perón elige el tiempo antes que la sangre está haciendo peronismo también, y no quiere decir que eso sea arrugar. Quizás muchos le dirían que eso no es de peronista. Por subirse a una cañonera a Paraguay y tardar 18 años en volver, muchos lo tildarían de manso, de turista, de blando. Lamentablemente no pudimos comprobar qué hubiera hecho Evita porque se murió antes. Nosotros nos acordamos siempre de Néstor cuando bajó el cuadro, pero para poder bajar el cuadro antes fue gobernador de Menem, antes se sentó con Magneto, y llegó a Casa Rosada con Pampuro, Redrado y Lousteau. ¡Miren si no se abrazó con un montón de enemigos! Si vamos a contar siempre la historia del Néstor que bajó el cuadro y no vamos a contar la historia del Néstor que fue gobernador de Menem, porque lo fue, y que se reunió seguramente con Cavallo, y que cuando ganó tuvimos la misericordia de Duhalde para que aparezca Néstor. Porque no vino de la mano de Sandino y Camilo Cienfuegos, sino que llegó de la mano de Duhalde. Entonces, veamos no solo las partes heroicas y combativas de nuestra propia historia, sino las partes en donde fuimos astutos. Porque si Néstor y Cristina hicieron lo que hicieron fue porque durante años fueron tan astutos de que nadie se diera cuenta para qué querían ser gobierno. Lo que se anuncia, muchas veces no triunfa precisamente porque se anuncia, y entonces nosotros nos pasamos de identitarios y declaraciónistas, nos vamos al carajo, terminamos diciendo que vamos a expropiar y después nos volvemos del mundial. Es como las propagandas de Quilmes, sale todo ese orgullo y esa arenga agrandadita de argentinos y después nos volvemos en octavos de final. Yo siento que eso nos pasó con Vicentín. Hubo un entusiasmo de decir “ahora sí es peronista, ahora es Stalin”. ¡Miren adonde lo llevamos! Lo convertimos en Stalin, en joda, pero lo convertimos en Stalin. Y después nos dimos cuenta de que no era el bigote de Stalin lo que tenía sino el de Alfonsín. 

¿Pero saben qué? Lo que se ve es la realidad, y es por eso que también ganamos las elecciones. Como dice Charly García, lo que ves es lo que hay, y creo que vamos bien, vamos muy bien. Más allá de que obviamente hay un montón de cosas que faltan y todo lo que sabemos, hoy somos gobierno, y los que están divididos son ellos no nosotros. Daniel decía mucho que la división es fruto de la derrota, y si hoy están divididos es porque los derrotamos. No los juntemos nosotros, porque a nosotros nos juntaron ellos. Macri nos juntó haciendo el gobierno de mierda que hizo y pasándose de rosca. Cuando dijeron que iban por los 70 años ahí dijimos epa epa, y nos unió. Él también provocó un vórtice.

DANIEL SANTORO – Definitivamente, estamos en un momento crucial para nosotros. La salida de la pandemia tiene que ser un resorte contenido durante todos estos meses que se tiene que desplegar. Eso es lo que yo espero. No sería una certeza anticipada de mi parte, pero todos los planetas que veo se alinean para ese lado. Alguna vez le hablaron a Perón sobre la catástrofe económica que significaba una medida que no recuerdo ahora muy bien cual era, y Perón le parcializó la cosa y le dijo “no, no, usted no sabe lo flexible que son los datos de la economía, lo sorprendente rápido que pueden recuperarse las cosas”. O sea, la economía es mucho más flexible que los números. Las previsiones de la economía muchas veces no tienen en cuenta la energía natural. El capitalismo funciona con esa libido, con ese deseo. Perón lo dijo así pero yo lo traduciría diciendo que el poder del deseo capitalista es muy grande, y lo que parece una catástrofe que va a durar una década por ahí dentro de seis meses cae en el olvido y están todos de jolgorio asaltando los shoppings y consumiendo lo que no se consumieron durante estos seis meses de pandemia. Entonces ojo con eso. Tal vez los kamikazes adversarios que se están tirando sea porque ellos tienen esa certeza anticipada, de que tenemos a mano la posibilidad de que esto salga adelante mucho más rápido de lo que parece y con mucha conveniencia para el pueblo. Tal vez tienen el miedo de ver ante sus ojos cómo se les escapa de las manos lo que querían que se produjera, la catástrofe económica.

Hay algo paradojal. Nosotros veníamos muy mal. Los parámetros con los que se iba a medir a este Gobierno, es decir, el aparato de medición al que nos enfrentabamos antes de la pandemia, era durísimo para nosotros. Nos iban a contar las costillas. Ahora ese aparato se rompió. La escala de medida ya no sirve más y nos tienen que medir de otra manera. Ya lo estamos viendo ahora, las nuevas negociaciones que son mucho más convenientes que las anteriores. Entonces, nuestro caso particular es que de pronto nos dejan en un lugar bien abajo, bien debajo del agua, pero en un lugar seguro debajo del agua. Ya no estamos en el abismo de las marianas. Estamos muy bajo del agua, sí, pero seguros y para empezar a subir, y eso yo creo que es la esperanza que tenemos por delante. Ellos lo saben también. Mucha de la desesperación tiene que ver con eso, hay una nueva escala de medidas inesperadas y es mucho más conveniente para nosotros. Entonces hagamos todo lo posible, no nos disparamos en los pies.

Por otro lado, y esto es una cosa más, tendríamos que tener mucha más misericordia con los propios compañeros que han quedado heridos o lastimados. Hay compañeros muy valiosos que siempre hicieron, se sacrificaron, pusieron sus vidas en esto, y que merecen ser tenidos en cuenta también. Creo que hay un poco de dolor en el medio y hay que tener gestos. Hagamos algo diferente a lo que hacen los otros políticos.

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