El presidente y el Papa se encuentran. Los dos son nuestros. Compatriotas que dialogan en un momento crucial del mundo y de sus respectivas instituciones.

El abrazo que se den, dibuja una intersección de temas y problemas en el que podemos reconocernos. Más que una foto de protocolo estamos ante una imagen de uno de los tantos encuentros que debemos construir para salir de esta.  

El abrazo es un choque entre hermanos que deriva para el lado de la vida compartida. En el abrazo hay acercamiento y una nueva distancia. Esa que permite ver la mesa en la que a tantos les falta el pan y sentirse llamados a poner el hombro para volver a parar la olla y la autoestima colectiva. Poner el hombro, sea para recuperar la dignidad de un laburante o para defender el derecho a vivir de quienes cruzan desesperados el mar.

Para #FactorFrancisco la política tiene la geometría del abrazo, esa que muestra que, efectivamente, la unidad prevalece sobre el conflicto. No lo elimina, lo encamina al encuentro. Los conflictos le dan sustancia a la unidad y la unidad les da su horizonte.   

Por eso, en el corazón de la unidad está la oportunidad de encontrarnos con nosotros mismos y con todos también. Reconocernos unos a otros y al mismo tiempo, poder vernos desde otro lugar.

El encuentro de Alberto con Francisco, puede ser leído en esta clave.

Más que protocolo, es sacramento. Más que diplomacia, es doctrina.

INDÓMITA LUZ – Una conexión con la trascendencia

Con todas sus oscuridades y achaques, el cristianismo en general y la Iglesia en particular, siguen guardando algo importante de la herencia espiritual de occidente, eso que muchos le reconocen hoy a Francisco: una autoridad moral (tal como lo ha expresado el presidente).

Para los que tenemos compromiso en la política esta dimensión de trascendencia es fundamental. No para esquivar la crudeza de las decisiones y la aridez de las construcciones concretas, sino justamente para poner en su lugar y valor el necesario pragmatismo -y los costos que conlleva- hacer historia.

No se trata de oponer trascendencia y religión a pragmatismo y política, sino de poder encarar las decisiones de las que depende el bienestar y esperanza de muchos con una mirada realista pero abierta a otra dimensión que exige e interroga una y otra vez el contenido ético de nuestra construcción.    

Y AHORA ESTOY AQUÍ – La universalidad de lo nuestro

Encontrarse con Francisco es estar con un compatriota que lleva la experiencia histórica argentina a un lugar de universalidad, de proyección global y de respuesta a la crisis civilizatoria actual.

En el encuentro de dos jefes de Estado (¡¡¡¡de la misma nacionalidad!!!!) siempre está de fondo un tablero geopolítico y un conjunto de conflictos globales. La cuestión de la deuda externa muestra un problema urgente y recurrente de nuestro país, y al mismo tiempo una de las principales herramientas de despojo de los pueblos por parte del capitalismo financiero global. Es la agenda inmediata y central de Alberto, y es uno de los núcleos de la prédica de Francisco a quienes amenazan la casa común y el futuro de la humanidad.   

AMOR SAGRADO – Autoestima argentina

El hecho de que exista un Papa nacido en Flores, alguien de nuestra tierra que ocupa de relevancia global, desmienta y enfrenta las operaciones que históricamente los grupos dominantes han hecho sobre el autoestima de nuestro pueblo. Siempre han planteado que hay algo nuestro que está mal y que debe cambiar. Señalan al pueblo como culpable de una grandeza frustrada y de un fracaso recurrente. Predican el desprecio por nosotros mismos.

Francisco llega a San Pedro con la fuerza de lo nuestro. Es uno de nosotros, que ama lo que somos. Y en los dos lados del abrazo hay algo de nuestro autoestima que se relanza y se demuestra. Podemos creer en nosotros y tenemos referencias claras de lo que somos y podemos ser.  

CURÉ MIS HERIDAS – Recapitulación

En Marzo de 2013 Jorge Mario Bergoglio fue elegido sumo Pontifice de la Iglesia Católica. Todo su papado, su mensaje y gestos, han sido interpetados acá en el esquema de la grieta.

Mucha gente odia a Francisco porque lo considera populista, o directamente peronista. La explicación de que son reaccionarios o gorilas es insuficiente. Sería más fecundos reconocer que ese rechazo es correlativo a la apropiación excesiva de su figura que muchas veces tratamos de hacer desde un sector del campo político. Es lo mismo que nos ha pasado con muchas otras cosas en estos años.   

Justamente el pensamiento de Bergoglio/Francisco cuestiona los esquemas simples de comprensión de lo colectivo y de proyectos de unidad que no tienen en cuenta las aristas vitales y los límites reales de nuestra compleja y conflictiva sociedad.  

Por eso el abrazo de Alberto y Francisco no debe cerrar sino abrir, y no debe ser de apropiación sino de encuentro. Les toca a ellos, los protagonistas, mostrarlo. Pero más importante aún es lo que nos toca a nosotros: comprenderlo y proyectarlo.

SE HIZO CARNE EN MI – Fuente y doctrina

Tanto Francisco como Alberto son portadores de herencias filosóficas, culturales y políticas que comparten raíces comunes pero se expresan de diferentes maneras a partir de desarrollos propios. Cada uno, desde esa misma raíz, construyó un liderazgo en espacios institucionales y campos de disputa con sus propias lógicas. Más allá de estas particularidades, hay algo claro: los dos son artesanos de la unidad.  

Alberto y Francisco demuestran que contamos con una doctrina valiosa y vigente para construir poder, y que al mismo tiempo estamos desafiados a renovarla y potenciarla para las generaciones siguientes.

Por eso, no es difícil reconocer en el modo en el que se construyó la unidad del campo popular, por arriba y por abajo, los principios doctrinales con los que Francisco insiste una y otra vez: LA UNIDAD PREVALECE SOBRE EL CONFLICTO, EL TIEMPO ES SUPERIOR AL ESPACIO, LA REALIDAD ES MAS IMPORTANTE QUE LA IDEA, EL TODO ES SUPERIOR A LA PARTE. Tampoco lo es identificar gestos, picardías y audacias propios de lo más profundo de nuestra cultura e historia política. Francisco pastorea y conduce como el argentino que es.   

ABRACÉ LA CRUZ – Controversias y contradicciones

Es claro que Alberto y Francisco son líderes con historias concretas que muestran contradicciones y controversias. Los dos han tenido momentos de replanteo, conflicto, discernimiento e incluso, podría decirse, de conversión. Los dirigentes, como los pueblos, son históricos y reales, y por eso lo que cuenta para valorarlos son los compromisos que asumen y los rumbos que toman. Lo que los constituye como referencia para muchos no es lo impoluto de sus trayectorias sino la consistencia y consecuencia de sus decisiones.

Como pueblo tenemos los mismos desafíos. Reconocer nuestra controversias, reconciliarnos manteniendo nuestras diferencias y atravesar juntos las discusiones que nos tenemos que dar como sociedad. Entre la plenitud y el limite, estas tensiones no deben esquivarse, sino tomarlas como un factor de vitalidad y crecimiento. «Acariciar los conflictos», como dice el Papa. Confrontaciones hubo, hay y habrá: la cultura del encuentro es para transitarlas como construcción.

EN LA TEMPESTAD – Misión y horizonte

En los diálogos y conflictos futuros, cada actor tomará las posiciones que se corresponden con sus historias, ámbitos propios de acción y responsabilidad. Cada dirigente tiene su misión. Uno como cabeza de la Iglesia, el otro como presidente de una Nación. Alberto deberá responder  a las complejidades propias del debate democrático, la definición de políticas públicas y el cuidado del bienestar general. Tiene que atender las discusiones  múltiples de una sociedad movilizada y vital como la argentina, en la que convive una crisis económica y social profunda con demandas y reivindicaciones que se expresan en una agenda exigente y diversa. El Papa, por su lado, tiene que dar debates éticos de largo plazo, fijando lineamientos orientados a procesos globales y a dinámicas históricas de tiempos largos. Le toca hacerlo también desde una institución milenaria, que aún en profunda crisis, se planta con Francisco como prácticamente la única voz que desafía la lógica mortífera del capital.  

AL AMANECER – Responsabilidad y esperanza

Francisco y Alberto, con su encuentro y abrazo de esta mañana en la biblioteca pontificia, expresan en ese gesto, el desafío de síntesis y fraternidad que tenemos como sociedad. La ley primera de la que habla el Martín Fierro.

En esa sala de la ciudad eterna va a estar presente la potencia de nuestro pueblo. Diverso y contradictorio. Sufrido y corajudo. Ese que cada vez que puede metabolizar lo más noble, auténtico, doloroso y feliz, se pone de pie y nos sorprende recomenzando.

×