Los hechos terribles que suceden en este momento en Gaza y Jerusalén nos llevaron a la visita del Papa a Tierra Santa en 2014. La historia habla sola, habla con otros, habla de Francisco, muestra sus opciones y habla de lo que pasa hoy. Habla de nosotros. Y también invita a conversar, tomando partido y con la difícil valentía del abrazo.
De Fratelli Tutti, compartimos los párrafos que hablan de la construcción de la paz
También sumamos los mensajes de Francisco a las autoridades Palestinas y lo que dijo en la visita de cortesía a los representantes del Estado de Israel.

1. La performatividad de la paz:  Palestina e Israel o cuando Fratelli Tutti” parece imposible

Se sabe que “pontífice” significa constructor de puentes. Y que en Palestina hay dos “muros” significativos. El “muro occidental”, donde judíos de todo el mundo van a rezar, y que es un símbolo de su religión pero también de la política del estado de Israel. Y el muro del apartheid, llamado muro de defensa o de separación, que Israel construyó para “separar” los territorios palestinos que ocupa en Cisjordania. 
Construir puentes supone hacer algo con los muros. Lo primero es reconocerlos en toda su significación. 
(Para completar la mirada sobre la situación actual en Palestina sugerimos el dosier de Nueva Tierra  #PazEnTIerraSanta #PalestinaTanCerca)

«Pope Francis: we need speak of justice»
Una historia de Francisco en Palestina: la astucia de la fraternidad y los gestos estratégicos

El Vaticano tiene posiciones históricas respecto al conflicto de Israel y palestina, orientadas por un lado a la paz y la existencia de dos estados, y por otro lado con una especial atención a la situación de los cristianos en Palestina, el cuidado de los lugares santos y el estatuto especial de Jerusalén.
Paulo VI fue el primer Papa en ir a Tierra Santa. Benedicto y Francisco siguieron sus pasos.
Esta historia de Francisco en palestina pone a la vista su modo de entender las relaciones internacionales, la diplomacia y su función, tanto religiosa como política. 

Las fotos y el relato hablan solos.

En mayo del 2014, Francisco puso los pies en Tierra Santa en un viaje que incluía una visita a Belén. Si se va desde Jerusalén Belén, hay que atravesar el muro que el Estado de Israel construyó “como defensa” frente a los “ataques de los palestinos, pero que en los hechos funciona como un mecanismo de apartheid, transformando a amplias zonas de Cisjordania en un Ghetto. Para hacerse una idea, actualmente Belén casi se toca con Jerusalén, y muchos palestinos trabajan del otro lado del muro, teniendo que atravesar el “check point”, el puesto de control donde son sometidos cotidianamente a humillaciones y largas esperas… sólo para ir a trabajar.  

Francisco iba a celebrar en la basílica de la Natividad, y a reunirse con jóvenes de los campos de refugiados.  

Las autoridades habían programado, de manera quizas entendible, «embellecer» la ciudad y los lugares por donde pasaría Francisco. Un grupo de jóvenes del cercano Campo de Refugiados de Aida se arriesgó entonces a llegar al Muro para pintar con aerosol, como hacen muchos locales, turistas, activistas e incluso artistas internacionales. El objetivo de los jóvenes era dejar a la vista del mundo sus consignas contra la ocupación israelí pero, al mismo tiempo, pintar un mensaje de bienvenida para Su Santidad. El “Baba”, como dicen ellos. Era la víspera de su llegada, el 24 de mayo, y su odisea les deparaba aún numerosos obstáculos.  

«¿Por qué teníamos que hacerlo bonito?  Porque no lo es», dijo Mohammed Abu Srour, de 23 años, uno de los activistas participantes.

Por la tarde, el grupo pudo sortear al personal de seguridad de la AP, llegar al muro e intervenir una puerta militar recién pintada, un trozo del muro y una torre de francotiradores bombardeada, cerca de la tumba de Raquel. Están en el límite, ante esa verja que aísla y reduce su confinado mundo. Al cabo de unos minutos, los soldados israelíes que estaban del otro lado abrieron el portón y los activistas retrocedieron. Pero en cuanto volvieron a cerrarlo, uno de ellos decidió regresar y con el trazo irregular del grafiti escribió «Bienvenido Papa», algo que le valió una persecución callejera por parte de los soldados.

Poco después, soldados armados de la AP bloquearon la acera a todo aquel que intentara llegar a la puerta. Los activistas se fueron a casa, y sus lemas en rojo y negro resaltaron contra el lienzo uniforme de color gris pizarra. Esa noche, Abu Srour se enteró de que su trabajo había sido sepultado bajo nueva pintura.

Francisco  llegó en helicóptero por la mañana, aterrizando cerca del campo de refugiados de Dheisheh, en Belén. Los niños y jóvenes del campo de Aida se reunieron. Marcharon hacia la sección del muro que había sido intervenida. Los graffitis habían sido tapados de nuevo. Los volvieron a pintar. 

Y entonces, en una camioneta blanca cubierta de cristales, Francisco llegó al muro.

«No esperaba que el Papa bajara y empezara a leer las frases y a conocer a los niños y a la gente de allí. Nos sorprendió», dijo Abu Srour.

Bajó por las escaleras alfombradas en rojo del papamóvil, y una vez de pie sobre la carretera que va a Jerusalén, caminó deliberadamente hacia el Muro. No ignoró a las dos jóvenes que estaban a su derecha, pero su solemne atención se centró en la puerta. Extendió la mano y tocó el muro que divide Palestina e Israel, justo debajo de la apurada obra de Abu Srour: «Francisco, necesitamos hablar de justicia. Papa: Belén parece el ghetto de Varsovia».

Permaneció durante varios minutos así, con la cabeza inclinada. Luego Francisco se acercó al monolito y lo tocó con la frente, antes de volver a su coche y continuar el camino hacia la Iglesia de la Natividad.  

Por supuesto, la foto de ese día a nivel mundial fue Francisco en el muro. Y quedaría sumada, para siempre, a su foto en el Muro Occidental, el llamado de los Lamentos, emblema de los judios en Israel.

2. Amistad desde el arrabal al centro: Flores, ese lejano cercano barrio de Jerusalén, Buenos aires o Roma

La otra imagen-foto-gesto-mensaje de Francisco, fue invitar a sus dos amigos argentinos, rabino judío Abraham Skorka y al líder religioso musulmán Ombar Abboud. Se abrazaron frente al muro del templo en Jerusalén.

La amistad y el diálogo personal, de personas que se conocen “del barrio”. Pero que también son expresión del conflicto cuando es vivido desde otro lado: aquí en la periferia austral, donde los pueblos se han mezclado de otra manera.

Tender puentes es tejer amistades y conversaciones, en la que la función de líderes se trama con la amistad personal. La “amistad social” que propone Francisco es una categoría de algún modo política y moral, incluso sociológica, pero la fraternidad que propone el Papa no se entiende del todo si no se tiene en cuenta lo que dicen las calles de Buenos Aires, nuestra tierra de mestizaje y civilización y barbarie,  y también inmigrantes y conventillos. Para entender la geopolítica del Papa también hay que escuchar a Atahualpa, a Discépolo. O leer a Dolina.

En el corazón del mundo, puede latir la amistad del barrio. Y viceversa.

Centro y periferia. Lo que en el centro no se puede resolver, puede llegar como sorpresa y desbloqueo desde la periferia.

Lo que supura mal y duele y envenena en las heridas abiertas, puede cicatrizar y volverse caricia o abrazo, si los gestos los traen unos forasteros. Porque el papa, el rabino y referente musulman son hijos de inmigrantes que fueron extranjeros acá, se hicieron argentinos y acá se hicieron amigos. Uno de ellos es el nieto de quien hizo la primera traducción del Corán al español: para amigarse hay que contar con el tempo, con el abrazo y con quienes vayan traduciendo, porque los viajes y las nuevas realidades lo reclaman.

Se pone el cuerpo para luchar y defender. Se pone el cuerpo para construir y transformar. Pero también se usa el cuerpo para conversar, compartir la mesa, tomarse un vino y amigarse.

Ahí hay conocimiento, gesto, cotidianeidad y proyecto.

3. Artesanía de la paz: poner el cuerpo entre la espontaeidad y la regla

Gestos. Desvíos del camino. El cuerpo y la cara diciendo. Rostro a Rostro. Así funciona el Papa argentino. Convivencia compleja y tensionante de los opuestos. Mensaje de paz y llamados permanentes al diálogo. Pero con posiciones tomadas. 

Todo esto podría ser visto como una posición demasiado equilibrada, o sencillamente como una resultante de los diferentes niveles de los intereses vaticanos , si no estuviera de por medio el gesto disruptivo de Francisco en el muro en Belén. 

Lo que rompe el protocolo se vuelve criterio y señal sobre el programa.

El desvío del camino, el cuerpo puesto, el gesto indiscernible entre el cálculo y la espontaneidad, el mensaje político y la fuerza inmediata de lo humano.

También, si prestamos atención a los graffitis sobre los que se detuvo: transformar lo que escucha y lo conmueve en un mensaje que se asume transmitiendo. Construir el mensaje con lo que se escucha y se registra como propio (Si se leen sus encíclicas y exhortaciones pastorales se encontrará en los documentos el mismo procedimiento que en la acción: las citas no son meras referencias, sino que los documentos son construidos también como una puesta en escena – y en registro compartido y de algún modo propio- de las voces de otros. Porque se coincide, pero también porque tienen su propia especificidad. E incluso diferencia. 

Lo mismo pasa con los grafitis que aparecieron en las fotos de todos las agencias internacionales. Francisco no dirá “Belén es como el ghetto de Varsovia”, pero se saca una foto rezando ante el muro, en el punto donde dice eso. Tocar el muro, tocar lo dicho por los jóvenes del centro de refugiados. 

Contrastar imágenes, construir contrastes. Los dos muros. El que Israel tiene como signo de identidad religiosa (y política, dado el uso que hace el estado del mismo), pero también el muro que Israel construye para oprimir a los palestinos. Los lamentos no significan lo mismo, ni los muros, después de las dos fotos.


4. Francisco habla a Palestinos e Israelíes

Compartimos los respectivos mensajes del Papa al reunirse en 2014 con las autoridades palestinas y también con los representantes del estado de Israel. Son discursos protocolares y diplomáticos en los que se puede rastrear no solo la posición oficial del Vaticano respecto al conflicto en Tierra Santa, sino tambien las marcas y acentos propios de Francisco para abordar la complejidad con decisión.

ENCUENTRO CON LAS AUTORIDADES PALESTINAS
Belén, Domingo 25 de mayo de 2014

Señor Presidente,
Queridos amigos,
Queridos hermanos:

Agradezco al Señor Presidente Mahmoud Abbas su bienvenida y saludo cordialmente a los representantes del Gobierno y a todo el pueblo palestino. Doy gracias al Señor por estar hoy aquí con ustedes en este lugar donde nació Jesús, el Príncipe de la Paz, y les agradezco su calurosa acogida.

Desde hace decenios, Oriente Medio vive las dramáticas consecuencias de la duración de un conflicto que ha causado heridas difíciles de cerrar y que, incluso cuando afortunadamente no se desata la violencia, la incertidumbre de la situación y la incomprensión de las partes producen inseguridad, negación de derechos, aislamiento y éxodo de comunidades enteras, divisiones, carencias y sufrimientos de todo tipo.

Desde lo más profundo de mi corazón, y a la vez que manifiesto mi cercanía a cuantos sufren en mayor medida las consecuencias de este conflicto, deseo decir que, por el bien de todos, ya es hora de poner fin a esta situación, que se hace cada vez más inaceptable. Que se redoblen pues los esfuerzos y las iniciativas para crear las condiciones de una paz estable, basada en la justicia, en el reconocimiento de los derechos de cada uno y en la recíproca seguridad. Ha llegado el momento de que todos tengan la audacia de la generosidad y creatividad al servicio del bien, el valor de la paz, que se apoya en el reconocimiento, por parte de todos, del derecho de dos Estados a existir y a disfrutar de paz y seguridad dentro de unos confines reconocidos internacionalmente.

En este sentido, deseo que todos eviten iniciativas y actos que contradigan la voluntad expresa de llegar a un verdadero acuerdo y que no se deje de perseguir la paz con determinación y coherencia. La paz traerá consigo incontables beneficios para los pueblos de esta región y para todo el mundo. Es necesario pues encaminarse con resolución hacia ella, también mediante la renuncia de cada uno a algo.

Animo a los pueblos palestino e israelí, así como a sus respectivas autoridades, a emprender este feliz éxodo hacia la paz con la valentía y la firmeza necesaria para todo éxodo. La paz basada en la seguridad y la mutua confianza será el marco de referencia estable para afrontar y resolver los demás problemas y una ocasión para un desarrollo equilibrado, que sirva de modelo para otras áreas en crisis.

Deseo referirme con afecto a la activa comunidad cristiana, que ofrece su significativa contribución al bien común de la sociedad y que participa de las alegrías y sufrimientos de todo el pueblo. Los cristianos desean seguir desempeñando este papel como ciudadanos de pleno derecho, junto con los demás ciudadanos a los que consideran como hermanos.

Señor Presidente, Usted es conocido como un hombre de paz y artífice de paz. El reciente encuentro en el Vaticano con usted y mi presencia hoy en Palestina atestiguan las buenas relaciones entre la Santa Sede y el Estado de Palestina, y espero que crezcan para el bien de todos. En este sentido, expreso mi aprecio por el compromiso de elaborar un Acuerdo entre las partes, que contemple diversos aspectos de la vida de las comunidades católicas del País, con una atención especial a la libertad religiosa. En efecto, el respeto de este derecho humano fundamental es una de las condiciones irrenunciables de la paz, de la hermandad y de la armonía; proclama al mundo que es necesario y posible encontrar un buen acuerdo entre culturas y religiones diferentes; atestigua que las cosas que tenemos en común son tantas y tan importantes que es posible encontrar un modo de convivencia serena, ordenada y pacífica, acogiendo las diferencias y con la alegría de ser hermanos en cuanto hijos de un único Dios.

Señor Presidente, queridos hermanos reunidos aquí en Belén, Dios omnipotente los bendiga, los proteja y les conceda la sabiduría y la fuerza necesaria para emprender el precioso camino de la paz, para que las espadas se transformen en arados y esta Tierra vuelva a florecer en la prosperidad y en la concordia. ¡Salam!

VISITA DE CORTESÍA AL PRESIDENTE DEL ESTADO DE ISRAEL
Palacio Presidencial, Jerusalén
Lunes 26 de mayo de 2014

Le agradezco, Señor Presidente, sus palabras y su acogida. Y, con mi imaginación y fantasía, me gustaría inventar una nueva bienaventuranza, que me aplico a mí mismo en este momento: “Dichoso aquel que entra en la casa de un hombre sabio y bueno”. Y yo me siento dichoso. Gracias de todo corazón.

* * * 

Señor Presidente,
Excelencias,
Señoras y Señores:

Le agradezco, Señor Presidente, la acogida que me ha dispensado y sus amables y sabias palabras de saludo, y me complace poder encontrarme con Usted nuevamente en Jerusalén, ciudad que custodia los Lugares Santos apreciados por las tres religiones que adoran al Dios que llamó a Abrahán. Los Lugares Santos no son museos o monumentos para turistas, sino lugares donde las comunidades de creyentes viven su fe, su cultura, sus obras de caridad. Por eso, se deben salvaguardar para siempre en su sacralidad, tutelando así no sólo el legado del pasado, sino también a las personas que los visitan hoy y que los visitarán en el futuro. Que Jerusalén sea verdaderamente la Ciudad de la paz. Que resplandezca plenamente su identidad y su carácter sagrado, su valor universal religioso y cultural, como tesoro para toda la humanidad. Qué bello que los peregrinos y los residentes puedan acudir libremente a los Lugares Santos y participar en las celebraciones.

Señor Presidente, Usted es conocido como un hombre de paz y artífice de paz. Le manifiesto mi reconocimiento y mi admiración por esta actitud. La construcción de la paz exige sobre todo el respeto a la libertad y a la dignidad de la persona humana, que judíos, cristianos y musulmanes consideran igualmente creada por Dios y destinada a la vida eterna. A partir de este punto de referencia que tenemos en común, es posible proseguir en el empeño por una solución pacífica de las controversias y los conflictos. A este respecto, renuevo el deseo de que se eviten, por parte de todos, las iniciativas y los actos que contradicen la declarada voluntad de alcanzar un verdadero acuerdo y de que no nos cansemos de perseguir la paz con determinación y coherencia.

Se debe rechazar firmemente todo lo que se opone al logro de la paz y de una respetuosa convivencia entre judíos, cristianos y musulmanes: el recurso a la violencia y al terrorismo, cualquier tipo de discriminación por motivos raciales o religiosos, la pretensión de imponer el propio punto de vista en perjuicio de los derechos del otro, el antisemitismo en todas sus formas posibles, así como la violencia o las manifestaciones de intolerancia contra personas o lugares de culto judíos, cristianos y musulmanes.

En el Estado de Israel viven y actúan diversas comunidades cristianas. Son parte integrante de la sociedad y participan como los demás en la vida civil, política y cultural. Los fieles cristianos desean ofrecer, desde su propia identidad, su aportación al bien común y a la construcción de la paz, como ciudadanos de pleno derecho que, rechazando todo extremismo, se esfuerzan por ser artífices de reconciliación y de concordia.

Su presencia y el respeto de sus derechos –como del resto de los derechos de cualquier otra denominación religiosa o minoría– son garantía de un sano pluralismo y prueba de la vitalidad de los valores democráticos, de su arraigo en la praxis y en la vida concreta del Estado.

Señor Presidente, Usted sabe que yo rezo por Usted y yo sé que Usted reza por mí, y le aseguro oraciones incesantes por las Instituciones y por todos los ciudadanos de Israel. Cuente especialmente con mi constante súplica a Dios por la consecución de la paz y con ella de los bienes inestimables que la acompañan, como la seguridad, la tranquilidad de vida, la prosperidad, y –lo que es más hermoso– la fraternidad. Dirijo finalmente mi pensamiento a todos aquellos que sufren las consecuencias de las crisis aún abiertas en la región medio-oriental, para que lo antes posible sean aliviadas sus penalidades mediante la honrosa resolución de los conflictos. Paz a Israel y a todo Oriente Medio. ¡Shalom!

5. La construcción de la paz en Fratelli Tutti

CAMINOS DE REENCUENTRO
(Fratelli Tutti, Cap. 6)

225. En muchos lugares del mundo hacen falta caminos de paz que lleven a cicatrizar las heridas, se necesitan artesanos de paz dispuestos a generar procesos de sanación y de reencuentro con ingenio y audacia.

Recomenzar desde la verdad

226. Reencuentro no significa volver a un momento anterior a los conflictos. Con el tiempo todos hemos cambiado. El dolor y los enfrentamientos nos han transformado. Además, ya no hay lugar para diplomacias vacías, para disimulos, para dobles discursos, para ocultamientos, para buenos modales que esconden la realidad. Los que han estado duramente enfrentados conversan desde la verdad, clara y desnuda. Les hace falta aprender a cultivar una memoria penitencial, capaz de asumir el pasado para liberar el futuro de las propias insatisfacciones, confusiones o proyecciones. Sólo desde la verdad histórica de los hechos podrán hacer el esfuerzo perseverante y largo de comprenderse mutuamente y de intentar una nueva síntesis para el bien de todos. La realidad es que «el proceso de paz es un compromiso constante en el tiempo. Es un trabajo paciente que busca la verdad y la justicia, que honra la memoria de las víctimas y que se abre, paso a paso, a una esperanza común, más fuerte que la venganza»[209]. Como dijeron los Obispos del Congo con respecto a un conflicto que se repite, «los acuerdos de paz en los papeles nunca serán suficientes. Será necesario ir más lejos, integrando la exigencia de verdad sobre los orígenes de esta crisis recurrente. El pueblo tiene el derecho de saber qué pasó»[210].

227. En efecto, «la verdad es una compañera inseparable de la justicia y de la misericordia. Las tres juntas son esenciales para construir la paz y, por otra parte, cada una de ellas impide que las otras sean alteradas. […] La verdad no debe, de hecho, conducir a la venganza, sino más bien a la reconciliación y al perdón. Verdad es contar a las familias desgarradas por el dolor lo que ha ocurrido con sus parientes desaparecidos. Verdad es confesar qué pasó con los menores de edad reclutados por los actores violentos. Verdad es reconocer el dolor de las mujeres víctimas de violencia y de abusos. […] Cada violencia cometida contra un ser humano es una herida en la carne de la humanidad; cada muerte violenta nos disminuye como personas. […] La violencia engendra violencia, el odio engendra más odio, y la muerte más muerte. Tenemos que romper esa cadena que se presenta como ineludible»[211].

La arquitectura y la artesanía de la paz

228. El camino hacia la paz no implica homogeneizar la sociedad, pero sí nos permite trabajar juntos. Puede unir a muchos en pos de búsquedas comunes donde todos ganan. Frente a un determinado objetivo común, se podrán aportar diferentes propuestas técnicas, distintas experiencias, y trabajar por el bien común. Es necesario tratar de identificar bien los problemas que atraviesa una sociedad para aceptar que existen diferentes maneras de mirar las dificultades y de resolverlas. El camino hacia una mejor convivencia implica siempre reconocer la posibilidad de que el otro aporte una perspectiva legítima, al menos en parte, algo que pueda ser rescatado, aun cuando se haya equivocado o haya actuado mal. Porque «nunca se debe encasillar al otro por lo que pudo decir o hacer, sino que debe ser considerado por la promesa que lleva dentro de él»[212], promesa que deja siempre un resquicio de esperanza.

229. Como enseñaron los Obispos de Sudáfrica, la verdadera reconciliación se alcanza de manera proactiva, «formando una nueva sociedad basada en el servicio a los demás, más que en el deseo de dominar; una sociedad basada en compartir con otros lo que uno posee, más que en la lucha egoísta de cada uno por la mayor riqueza posible; una sociedad en la que el valor de estar juntos como seres humanos es definitivamente más importante que cualquier grupo menor, sea este la familia, la nación, la raza o la cultura»[213]. Los Obispos de Corea del Sur señalaron que una verdadera paz «sólo puede lograrse cuando luchamos por la justicia a través del diálogo, persiguiendo la reconciliación y el desarrollo mutuo»[214].

230. El esfuerzo duro por superar lo que nos divide sin perder la identidad de cada uno, supone que en todos permanezca vivo un básico sentimiento de pertenencia. Porque «nuestra sociedad gana cuando cada persona, cada grupo social, se siente verdaderamente de casa. En una familia, los padres, los abuelos, los hijos son de casa; ninguno está excluido. Si uno tiene una dificultad, incluso grave, aunque se la haya buscado él, los demás acuden en su ayuda, lo apoyan; su dolor es de todos. […] En las familias todos contribuyen al proyecto común, todos trabajan por el bien común, pero sin anular al individuo; al contrario, lo sostienen, lo promueven. Se pelean, pero hay algo que no se mueve: ese lazo familiar. Las peleas de familia son reconciliaciones después. Las alegrías y las penas de cada uno son asumidas por todos. ¡Eso sí es ser familia! Si pudiéramos lograr ver al oponente político o al vecino de casa con los mismos ojos que a los hijos, esposas, esposos, padres o madres, qué bueno sería. ¿Amamos nuestra sociedad o sigue siendo algo lejano, algo anónimo, que no nos involucra, no nos mete, no nos compromete?»[215].

231. Muchas veces es muy necesario negociar y así desarrollar cauces concretos para la paz. Pero los procesos efectivos de una paz duradera son ante todo transformaciones artesanales obradas por los pueblos, donde cada ser humano puede ser un fermento eficaz con su estilo de vida cotidiana. Las grandes transformaciones no son fabricadas en escritorios o despachos. Entonces «cada uno juega un papel fundamental en un único proyecto creador, para escribir una nueva página de la historia, una página llena de esperanza, llena de paz, llena de reconciliación»[216]. Hay una “arquitectura” de la paz, donde intervienen las diversas instituciones de la sociedad, cada una desde su competencia, pero hay también una “artesanía” de la paz que nos involucra a todos. A partir de diversos procesos de paz que se desarrollaron en distintos lugares del mundo «hemos aprendido que estos caminos de pacificación, de primacía de la razón sobre la venganza, de delicada armonía entre la política y el derecho, no pueden obviar los procesos de la gente. No se alcanzan con el diseño de marcos normativos y arreglos institucionales entre grupos políticos o económicos de buena voluntad. […] Además, siempre es rico incorporar en nuestros procesos de paz la experiencia de sectores que, en muchas ocasiones, han sido invisibilizados, para que sean precisamente las comunidades quienes coloreen los procesos de memoria colectiva»[217].

232. No hay punto final en la construcción de la paz social de un país, sino que es «una tarea que no da tregua y que exige el compromiso de todos. Trabajo que nos pide no decaer en el esfuerzo por construir la unidad de la nación y, a pesar de los obstáculos, diferencias y distintos enfoques sobre la manera de lograr la convivencia pacífica, persistir en la lucha para favorecer la cultura del encuentro, que exige colocar en el centro de toda acción política, social y económica, a la persona humana, su altísima dignidad, y el respeto por el bien común. Que este esfuerzo nos haga huir de toda tentación de venganza y búsqueda de intereses sólo particulares y a corto plazo»[218]. Las manifestaciones públicas violentas, de un lado o de otro, no ayudan a encontrar caminos de salida. Sobre todo porque, como bien han señalado los Obispos de Colombia, cuando se alientan «movilizaciones ciudadanas no siempre aparecen claros sus orígenes y objetivos, hay ciertas formas de manipulación política y se han percibido apropiaciones a favor de intereses particulares»[219].

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