Este domingo le dejamos la palabra cien por ciento a Francisco.

Su voz y su figura, en estos días, hablan por sí solas. Y hacen diferencia.

Sucede algo raro: está sólo, sin el pueblo cerca. Y es uno más en la pandemia y la cuarentena. Al mismo tiempo, estamos en el tiempo litúrgico más fuerte de la Iglesia Católica, la Semana Santa y la Pascua.

Entonces pasan tres cosas que queremos señalar: 

Francisco está solo, pero el impulso de cercanía se imprime con los gestos y los rituales, con las palabras y las caras, con la concentración y la atención. 

Francisco es uno más en la crisis, población de riesgo si cabe decirlo. Es líder de una institución, en riesgo como todos. 83 años y un pulmón más o menos. Y es uno más, y sin embargo destaca y desentona. Porque tiene otra fuente desde la que hablar. Nótese, para el caso, como queda al desnudo en estos días el balbuceo autorreferente de los intelectuales y filósofos del mundo. Francisco refuerza lo que tiene para reformar: el diferencial de una larga tradición, la trascendencia que contiene y sostiene, y una mirada pastoral y política que, engarzada en esa tradición larga, tiene el sabor que le conocemos. De acá y del sur del mundo. De cercanía con el pueblo y claridad en las cosas, en todo lo posible, y “concretitud” en las propuestas.

En este tiempo de Pascua, Francisco hace lo que hace la Iglesia, sus rituales propios. Las meditaciones y sermones se atienden con precisión y centramiento en el comentario de los evangelios y de las imágenes, los misterios -si, los misterios- de la fe. Incluso -sobre todo!- los que tienen que ver con el tópico más difícil para la cultura contemporánea: el dolor y la cruz. Pero algo más: la distinción radical entre optimismo, ilusión y esperanza. La propuesta de no negar el dolor sino de atravesarlo y vivirlo en la entrega y el servicio. La palabra liturgia significa: “servicio al pueblo”. Es algo que se hace para que el pueblo se reconozca y se encuentre. Es una tarea para acercar, convocar e interpelar. En estos días el Papa, concentrado en una reflexión nuclear del evangelio y los misterios, propia de él pero fuertemente enraizada en el centro de la tradición católica, alterna esto con mensajes estratégicos, cercanos y directos que no permiten ninguna clase de espiritualismo evasivo. 

Nosotros observamos y tratamos de compartir al Papa como un ejemplo observable, convocante, de liderazgo y cercanía, de conducción y pastoreo. Como oportunidad de aprendizaje, por sus muchas virtudes, su potencia y, para los que se preocupan un poco, también por sus límites y contradicciones. Como líder real, y como sujeto que conocemos y reconocemos cultural, ética y políticamente desde acá. La sintonía -y las citas literales- del presidente argentino respecto al Papa no son casualidad. No sobran modelos, casi no hay referencias. Y acá hay algo.

Algo que está un poco afuera, que viene de lejos y quizás por eso va más allá. Una larga memoria de vida, muerte y resurrección.

Los dejamos con estas palabras: clásicas, cercanas, contundentes, astutas, evocativas y directas. 

Los textos provienen de diferentes intervenciones de Francisco, y los compusimos en una secuencia que pensamos puede ayudarnos a seguir andando y cantando. 

LA BARCA EN LA TEMPESTAD

La tempestad desenmascara nuestra vulnerabilidad y deja al descubierto esas falsas y superfluas seguridades con las que habíamos construido nuestras agendas, nuestros proyectos, rutinas y prioridades. Nos muestra cómo habíamos dejado dormido y abandonado lo que alimenta, sostiene y da fuerza a nuestra vida y a nuestra comunidad

La tempestad pone al descubierto todos los intentos de encajonar y olvidar lo que nutrió el alma de nuestros pueblos; todas esas tentativas de anestesiar con aparentes rutinas “salvadoras”, incapaces de apelar a nuestras raíces y evocar la memoria de nuestros ancianos, privándonos así de la inmunidad necesaria para hacerle frente a la adversidad.

Con la tempestad, se cayó el maquillaje de esos estereotipos con los que disfrazábamos nuestros egos siempre pretenciosos de querer aparentar; y dejó al descubierto, una vez más, esa bendita pertenencia común de la que no podemos ni queremos evadirnos; esa pertenencia de hermanos.

Tomar este tiempo de prueba como un momento de elección. No es el momento de tu juicio, sino de nuestro juicio: el tiempo para elegir entre lo que cuenta verdaderamente y lo que pasa, para separar lo que es necesario de lo que no lo es.

COMPAÑEROS DE VIAJE EJEMPLARES

Podemos mirar a tantos compañeros de viaje que son ejemplares, pues, ante el miedo, han reaccionado dando la propia vida. Es la fuerza operante del Espíritu derramada y plasmada en valientes y generosas entregas. Es la vida del Espíritu capaz de rescatar, valorar y mostrar cómo nuestras vidas están tejidas y sostenidas por personas comunes —corrientemente olvidadas— que no aparecen en portadas de diarios y de revistas, ni en las grandes pasarelas del último show pero, sin lugar a dudas, están escribiendo hoy los acontecimientos decisivos de nuestra historia: médicos, enfermeros y enfermeras, encargados de reponer los productos en los supermercados, limpiadoras, cuidadoras, transportistas, fuerzas de seguridad, voluntarios, sacerdotes, religiosas y tantos pero tantos otros que comprendieron que nadie se salva solo. Frente al sufrimiento, donde se mide el verdadero desarrollo de nuestros pueblos, descubrimos y experimentamos la oración sacerdotal de Jesús: «Que todos sean uno» (Jn 17,21). Cuánta gente cada día demuestra paciencia e infunde esperanza, cuidándose de no sembrar pánico sino corresponsabilidad. Cuántos padres, madres, abuelos y abuelas, docentes muestran a nuestros niños, con gestos pequeños y cotidianos, cómo enfrentar y transitar una crisis readaptando rutinas, levantando miradas e impulsando la oración. Cuántas personas rezan, ofrecen e interceden por el bien de todos. La oración y el servicio silencioso son nuestras armas vencedoras.

CERCANÍA, REZAR Y ACOMPAÑAR

¿Cómo lo vivo yo espiritualmente? Rezo más, porque creo que debo hacerlo, y pienso en la gente. Es algo que me preocup–a: la gente. Pensar en la gente a mí me unge, me hace bien, me saca del egoísmo. Por supuesto tengo mis egoísmos: el martes viene el confesor, o sea que ahí arreglo las otras cosas. Pienso en mis responsabilidades de ahora y ya para el después. ¿Cuál va a ser mi servicio como obispo de Roma, como cabeza de la iglesia, en el después? Este después ya empezó a mostrar que va a ser un después trágico, un después doloroso, por eso conviene pensar desde ahora. 

La gran preocupación mía –al menos la que siento en la oración– es cómo acompañar al pueblo de Dios y estar más cercano a él con una presencia para acompañar las situaciones de hambre y enfermedad. Estoy viviendo este momento con mucha incertidumbre. Es un momento de mucha inventiva, de creatividad.

EN MEJORES TIEMPOS, RECORDAR NOS AYUDARÁ

 Me viene a la mente un verso de la Eneida en medio de la derrota: el consejo de no bajar los brazos. Resérvense para mejores tiempos, porque en esos tiempos recordar esto que ha pasado nos ayudará. Cuídense para un futuro que va a venir. Y cuando llegue ese futuro, recordar lo que ha pasado les va a hacer bien. Cuidar el ahora, pero para el mañana. Todo esto con la creatividad. Una creatividad sencilla, que todos los días inventa. Dentro del hogar no es difícil descubrirla. Pero no huir, escaparse en alienaciones, que en este momento no sirven.

GOBIERNOS Y FINANZAS. UN PENSAMIENTO ESTRUCTURADO EN TORNO A LA ECONOMÍA

Algunos gobiernos han tomado medidas ejemplares con prioridades bien señaladas para defender a la población. Pero nos vamos dando cuenta de que todo nuestro pensamiento, nos guste o no nos guste, está estructurado en torno a la economía. En el mundo de las finanzas parece que es normal sacrificar. Una política de la cultura del descarte. Desde el principio al fin. 

LUGAR DE CONVERSIÓN

«Non ho mai trovato que il Signore abbia cominciato un miracolo senza finirlo bene» («No he visto nunca que Dios comience un milagro y no lo termine bien»). Si reconocemos este milagro de los santos de al lado, de estos hombres y mujeres héroes, si sabemos seguir estas huellas, este milagro terminará bien, para bien de todos. Dios no deja las cosas a mitad de camino. Somos nosotros los que las dejamos y nos vamos. Es un lugar de metanoia (conversión) lo que estamos viviendo, y es la oportunidad de hacerlo. Hagámonos cargo y sigamos adelante.

Ver a los pobres significa devolverles la humanidad. No son cosas, no son descarte, son personas. No podemos hacer una política asistencialista como hacemos con los animales abandonados. Y muchas veces se trata a los pobres como animales abandonados. No podemos hacer una política asistencialista parcial. Me atrevo a dar un consejo. Es la hora de descender al subsuelo

Es conocida la novela corta de Dostoievski, «Memorias del subsuelo». En otro relato más breve, «Memorias de la casa muerta», los guardias de un hospital carcelario trataban a los presos pobres como cosas. Y viendo cómo trataban a uno que acababa de morir, otro de los presos les dijo: «¡Basta! ¡Ese hombre también tenía madre!». Decirnos muchas veces: ese pobre tuvo una madre que lo crió con amor. Después, en la vida no sabemos lo que pasó. Pero pensar en ese amor que recibió, en la ilusión de una madre, ayuda. Nosotros a los pobres no les damos derecho a soñar con su madre. No saben lo que es cariño, muchos viven drogados. Y ver eso nos puede ayudar a descubrir la piedad, la pietas que es una dimensión hacia Dios y hacia el prójimo. Descender al subsuelo, y pasar de la sociedad hipervirtualizada, sin carne, a la carne sufriente del pobre. Es una conversión que tenemos que hacer. Y si no empezamos por ahí, la conversión no va a andar.

DAR EL PASO

Toda crisis es un peligro pero también una oportunidad. Y es la oportunidad de salir del peligro. Hoy creo que tenemos que desacelerar un determinado ritmo de consumo y de producción (Laudato si, 191) y aprender a comprender y a contemplar la naturaleza. Y reconectarnos con nuestro entorno real. Esta es una oportunidad de conversión. Sí, veo signos iniciales de conversión a una economía menos líquida, más humana. Pero que no perdamos la memoria una vez que pasó esto, no archivarlo y volver a donde estábamos.

Este es el momento de dar el paso. Es pasar del uso y el mal uso de la naturaleza, a la contemplación. Los hombres hemos perdido la dimensión de la contemplación; tenemos que recuperarla.

La memoria nos va a ayudar. Este es un tiempo para recuperar memoria. No es la primera peste de la humanidad. Las otras pasaron a ser anécdotas. Debemos recuperar la memoria de las raíces, de la tradición, que es memoriosa. 

Esta crisis nos afecta a todos: a ricos y a pobres. Es una llamada de atención contra la hipocresía. A mí me preocupa la hipocresía de ciertos personajes políticos que hablan de sumarse a la crisis, que hablan del hambre en el mundo, y mientras hablan de eso fabrican armas. Es el momento de convertirnos de esa hipocresía funcional. Este es un tiempo de coherencia. O somos coherentes o perdimos todo.

RECREAR LA CASA, LOS VÍNCULOS, LAS INSTITUCIONES 

Una tensión entre desorden y armonía: esa es la Iglesia que debe salir de la crisis. Tenemos que aprender a vivir en una Iglesia tensionante entre el desorden y la armonía que provoca el Espíritu Santo.

Tenemos que enfrentar el encierro con toda nuestra creatividad. O nos deprimimos, o nos alienamos –por ejemplo, con medios de comunicación que nos pueden llevar a realidades que nos sacan del momento–, o creamos. En casa necesitamos creatividad apostólica, creatividad purificada de tantas cosas inútiles, pero con añoranza de poder expresar la fe en comunidad y como pueblo de Dios. O sea: encierro con añoranza, esa memoria que hace añoranza y provoca la esperanza nos tiene que ayudar a salir del encierro nuestro.

 Los ancianos siguen siendo raíces. Y deben hablar con los jóvenes. Esa tensión entre viejos y jóvenes tiene que resolverse siempre en el encuentro. Porque el joven es brote, follaje, pero necesita la raíz; si no, no puede dar fruto. El anciano es como raíz. Yo les diría a los ancianos de hoy: «Sé que sienten la muerte cerca y tienen miedo, pero miren para otro lado, recuerden a los nietos, y no dejen de soñar». Es lo que Dios les pide: soñar (Joel,3,1). ¿Qué les digo a los jóvenes? Anímense a mirar más adelante y sean profetas. Que el sueño de los ancianos corresponda a la profecía de ustedes. También Joel 3,1. 

LOS DESPOJADOS

Los empobrecidos por la crisis son los despojados de hoy, que se suman a tantos despojados de siempre, hombres y mujeres cuyo estado civil es «despojado». Lo han perdido todo o van a perder todo. 

Entrar en el mundo de los despojados, entender que aquel que tenía, hoy ya no tiene. Lo que pido a la gente es que se hagan cargo de los ancianos y los jóvenes. Que se hagan cargo de la historia y de los despojados. Y me viene a la mente otro verso de Virgilio cuando Eneas, derrotado en Troya, había perdido todo, y le quedaban dos caminos. O quedarse allí a llorar y terminar su vida, o aquello que tenía en el corazón de ir más adelante, subir al monte para salir de la guerra. Es un verso precioso: «Cessi, et sublato montem genitore petivi». «Cedí a la resistencia, y cargando a mi papá a la espalda, subí al monte». Eso es lo que tenemos que hacer hoy en día: tomar las raíces de nuestras tradiciones y subir al monte

PERDONAR

Perdonen. Corazón grande de generosidad en el perdón. Es la medida con la que seremos medidos. Como has perdonado, serás perdonado: la misma medida. No tengan miedo de perdonar. A veces tenemos dudas: miren a Cristo. Allí está el perdón para todos. Sean valientes. Incluso arriesgando en el perdonar, para consolar. Y si no pueden dar un perdón sacramental en ese momento, al menos den el consuelo de un hermano que acompaña y deja la puerta abierta para que vuelva.

LOS JUDAS

 También hoy en día se vende gente. Todos los días. Hay Judas que venden a sus hermanos y hermanas, explotándolos en su trabajo, no pagando lo justo, no reconociendo los deberes… Es más, venden muchas veces las cosas más queridas. 

Quien ama demasiado el dinero traiciona para tener más, siempre: es una regla, un hecho.

Una cosa que me llama la atención es que Jesús nunca le dice «traidor»; dice que será traicionado, pero no le dice a él «traidor». Nunca dice: «Vete, traidor». ¡Nunca! Es más, le dice: «Amigo», y lo besa. El misterio de Judas… ¿Cómo es el misterio de Judas? No sé… Don Primo Mazzolari lo explicó mejor que yo… Sí, me consuela contemplar aquel capitel de Vézelay: ¿cómo terminó Judas? No lo sé. Jesús amenaza fuertemente, aquí; amenaza fuertemente: «¡Ay de aquel hombre por quien el Hijo del Hombre es traicionado: sería mejor para ese hombre si nunca hubiera nacido!» ¿Pero eso significa que Judas está en el infierno? No lo sé. Yo miro el capitel. Y escucho la palabra de Jesús: «Amigo«.

Pensemos en tantos Judas institucionalizados en este mundo, que explotan a la gente. Y también pensemos en el pequeño Judas que cada uno de nosotros tiene dentro de sí a la hora de elegir: entre lealtad o interés. Cada uno de nosotros tiene la capacidad de traicionar, de vender, de elegir por el propio interés. Cada uno de nosotros tiene la posibilidad de dejarse atraer por el amor al dinero o a los bienes o el bienestar futuro. «Judas, ¿dónde estás?» Pero la pregunta la hago a cada uno de nosotros: «Tú, Judas, el pequeño Judas que tengo dentro: ¿dónde estás?».

CRUZ

Nos hará bien mirar al Crucifijo en silencio y ver quién es nuestro Señor. Es Aquel que no señala a nadie con el dedo, ni siquiera a aquellos que lo están crucificando, sino que abre los brazos a todos; el que no nos aplasta con su gloria, sino que se deja desnudar por nosotros; el que no nos ama con palabras, sino que nos da la vida en silencio; el que no nos obliga, sino que nos libera; el que no nos trata como a extraños, sino que toma sobre sí nuestro mal, toma sobre sí nuestros pecados.

SOLO EL AMOR

“El poder de este mundo pasa, mientras que el amor permanece”.Sólo el amor custodia la vida que tenemos, porque abraza nuestras debilidades y las transforma. Es el amor de Dios que en la Pascua sanó nuestro pecado con su perdón, que hizo de la muerte un pasaje de vida, que cambió nuestro miedo en confianza, nuestra angustia en esperanza. La Pascua nos dice que Dios puede convertir todo en bien. Por eso en la mañana de Pascua se nos dice: «¡No tengas miedo!» (cf. Mt 28,5).

Estemos cerca del pueblo de Dios, del que más sufre, especialmente de las víctimas de esta pandemia, del dolor del mundo, pero mirando hacia arriba, mirando a la esperanza, porque la esperanza no defrauda. No quita el dolor, pero no defrauda.

¿Qué podemos hacer ante Dios que nos sirvió hasta experimentar la traición y el abandono? Podemos no traicionar aquello para lo que hemos sido creados, no abandonar lo que de verdad importa. Estamos en el mundo para amarlo a Él y a los demás. El resto pasa, el amor permanece. El drama que estamos atravesando en este tiempo nos obliga a tomar en serio lo que cuenta, a no perdernos en cosas insignificantes, a redescubrir que la vida no sirve, si no se sirve. Porque la vida se mide desde el amor.

El hombre en la prosperidad no comprende —dice un salmo de la Biblia—, es como los animales que perecen»

La pandemia del Coronavirus nos ha despertado bruscamente del peligro mayor que siempre han corrido los individuos y la humanidad: el del delirio de omnipotencia.

Los unos al lado de los otros, en el amor y la paciencia, podemos preparar en estos días un tiempo mejor. 

EL DESPUÉS

Quisiera invitarlos a pensar en «el después» porque esta tormenta va a terminar y sus graves consecuencias ya se sienten. Ustedes no son unos improvisados, tienen la cultura, la metodología pero principalmente la sabiduría que se amasa con la levadura de sentir el dolor del otro como propio. Quiero que  pensemos en el proyecto de desarrollo humano integral que anhelamos, centrado en el protagonismo de los Pueblos en toda su diversidad y el acceso universal a esas tres T que ustedes defienden: tierra, techo y trabajo.

Espero que este momento de peligro nos saque del piloto automático, sacuda nuestras conciencias dormidas y permita una conversión humanista y ecológica que termine con la idolatría del dinero y ponga la dignidad y la vida en el centro. 

Nuestra civilización, tan competitiva e individualista, con sus ritmos frenéticos de producción y consumo, sus lujos excesivos y ganancias desmedidas para pocos, necesita bajar un cambio, repensarse, regenerarse

POETAS EN LA TRINCHERA

Ustedes son constructores indispensables de ese cambio impostergable; es más, ustedes poseen una voz autorizada para testimoniar que esto es posible

Ustedes saben de crisis y privaciones… que con pudor, dignidad, compromiso, esfuerzo y solidaridad logran transformar en promesa de vida para sus familias y comunidades.

Ustedes son un verdadero ejército invisible que pelea en las más peligrosas trincheras. Un ejército sin más arma que la solidaridad, la esperanza y el sentido de la comunidad que reverdece en estos días en los que nadie se salva solo. Ustedes son para mí verdaderos poetas sociales, que desde las periferias olvidadas crean soluciones dignas para los problemas más acuciantes de los excluidos.

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