La verdadera transformación implica el desafío de la invención conceptual y de las nuevas palabras.

Francisco busca mil maneras de hacerse entender en el norte y a nivel global frente a las dificultades que las realidades del norte y del centro, pero también el discurso político global, tienen en relación a su vida colectiva. Y fundamentalmente en este punto: europeos y occidentales del norte, neoliberales e izquierdas, tienen problemas serios para articular, comprender y trabajar la categoría de pueblo. 

Pero además, y sobre todo, tienen problemas con la sensibilidad, la realidad y la práctica política para reconocerse pueblo. 

Francisco viene de acá. De América Latina. Pero también de nuestra Argentina. Su teología, su pastoral, su matriz filosófica, sus categorías, pero más que nada su historia y su cultura, su vida y sus gestos, tienen que ver con una experiencia real que dice: es con el pueblo.

Por eso, ya desde el gesto inicial de su papado pidió la bendición del pueblo. El indica y sabe que sigue sonando esa maravillosa música, la voz popular. Y que esa música, a veces silenciosa, a veces clamorosa, bendice.

En varias intervenciones, entre las que destaca una entrevista al diario El País de España de 2017, planteó la necesidad de entender qué significa populismo en el sur, a diferencia del norte.

En Fratelli Tutti dedica varios parágrafos -de manera más precisa como amerita una Encíclica- sobre el tema. Son los que van del 155 al 152. No es casual que sea reflexionando sobre la tensión populismo-pueblo que abre el capitulo “La mejor Política” de su última encíclica.

Recientemente en el marco de un mensaje a los participantes de un encuentro organizado por el Centro de Teología y Comunidad, de Gran Bretaña, dio un paso más sobre este tema, inspirando nociones e incluso creando y proponiendo una palabra: popularismo.

El esfuerzo creativo, conceptual y gestual, y el diálogo con todos señala esto: que la lucha es cruel y es mucha, que incluso los buenos y los que buscan, tienen problemas para asumir las categorías centrales que nos pueden orientar. 

Pero también esto otro: que tenemos un tesoro acá, una historia, una memoria y unas construcciones, que podemos y debemos universalizar, no solo para compartir con otros, sino y justamente además, para poder apropiarnos nosotros mismos de ellas.

Próximamente desde Factor Francisco compartiremos nuestras “claves” para abordar este tema. Y acompañamos este texto del Papa argento, con un adelanto de un material que aparecerá próximamente en el Polo Formativo del fin del Mundo, sobre las Hipótesis de Transformación de Francisco. 

Para seguir celebrando el Día de los Trabajadores, los dejamos con el Francisco, factorizando gente en el centro y la periferia, en el norte y en el sur. 

UNA POLÍTICA ARRAIGADA EN EL PUEBLO

Mensaje de francisco A LOS PARTICIPANTES EN LA CONFERENCIA INTERNACIONAL «A POLITICS ROOTED IN THE PEOPLE»


Queridos hermanos y hermanas:

Me alegra dirigirles una palabra de saludo al inicio de esta conferencia organizada por el Centro de la Teología y la Comunidad en Londres en torno a temas tratados en el libro Soñemos Juntos, sobre todo en lo que se refiere a los movimientos populares y las organizaciones que los apoyan.

Saludo especialmente a la Campaña Católica para el Desarrollo Humano, que celebra 50 años ayudando a las comunidades más pobres en los Estados Unidos para vivir más dignamente, promoviendo su participación en las decisiones que los afectan.

En esta dimensión trabajan también otras organizaciones aquí presentes, del Reino Unido, de Alemania, y de otros países, cuya misión es acompañar al pueblo en su lucha por la tierra, el techo y el trabajo, las famosas tres “T”, y permanecer a su lado cuando se topan con actitudes de oposición y desprecio. La pobreza y la exclusión del mercado de trabajo que resultan de esta pandemia que estamos viviendo han hecho mucho más urgente y necesaria la obra y el testimonio de ustedes.

Uno de los objetivos de su reunión es mostrar que la verdadera respuesta al auge del populismo no es precisamente más individualismo sino lo contrario: una política de fraternidad, arraigada en la vida del pueblo. En su reciente libro, el Reverendo Angus Ritchie describe esta política que ustedes hacen como “populismo inclusivo”; a mí me gusta usar “populismo” para expresar la misma idea[1]. Pero lo que importa no es el nombre sino la visión, que es la misma: se trata de encontrar mecanismos para garantizar a todas las personas una vida digna de llamarse humana, una vida que sea capaz de cultivar la virtud y forjar nuevos vínculos[2].

En Soñemos Juntos, a esta política la llamó “la política con mayúscula”, la política como servicio, que abre nuevos caminos para que el pueblo se organice y se exprese. Es una política no sólo para el pueblo sino con el pueblo, arraigada en sus comunidades, y en sus valores. En cambio, los populismos más bien siguen como inspiración, consciente o inconsciente, otro lema: “Todo para el pueblo, nada con el pueblo”, paternalismo político. De ahí que el pueblo en la visión populista no es protagonista de su destino, sino que termina siendo deudor de una ideología.

Cuando el pueblo está descartado, se le priva no sólo del bienestar material sino de la dignidad del actuar, de ser protagonista de su historia, de su destino, de expresarse con sus valores y su cultura, de su creatividad, de su fecundidad. Por eso, para la Iglesia es imposible separar la promoción de la justicia social del reconocimiento de los valores y la cultura del pueblo, incluyendo los valores espirituales que son fuente de su sentido de dignidad. En las comunidades cristianas, estos valores nacen del encuentro con Jesucristo, que busca incansablemente a quien está desanimado o perdido, que se desplaza hasta los mismos límites de la existencia, para ser rostro y presencia de Dios, para ser “Dios con nosotros”.

Muchos de ustedes aquí reunidos trabajan desde hace años haciendo esto en las periferias, y acompañando a los movimientos populares. A veces puede ser incómodo. Algunos los acusan a ustedes de ser demasiado políticos, otros de querer imponer la religión. Pero ustedes perciben que respetar al pueblo es respetar sus instituciones, incluso las religiosas; y que el papel de esas instituciones no es imponer nada sino caminar con el pueblo, recordándoles el rostro de Dios que siempre se nos adelantó.

Por eso el verdadero pastor de un pueblo, pastor religioso, es aquel que se anima a caminar delante, en medio y detrás del pueblo. Delante para señalar un poco el camino, en medio para sentir con su pueblo y no equivocarse, y detrás para ayudar a los rezagados y para dejar que el pueblo con su olfato también encuentre caminos.

Por eso en Soñemos Juntos hablo de un deseo: que todas las diócesis del mundo tengan una colaboración sostenida con los movimientos populares[3].

Salir al encuentro de Cristo herido y resucitado en las comunidades más pobres nos permite recobrar nuestro vigor misionario, porque así nació la Iglesia, en la periferia de la Cruz. Si la Iglesia se desentiende de los pobres deja de ser la Iglesia de Jesús y revive las viejas tentaciones de convertirse en una élite intelectual o moral, una nueva forma de pelagianismo, o de vida esenia[4].

Del mismo modo, una política que se desentiende de los pobres nunca podrá promover el bien común. Una política que se desentiende de las periferias nunca sabrá entender el centro y confundirá el futuro con un proyectarse a través de un espejo.

Una manera de desentenderse de los pobres es despreciar su cultura, sus valores espirituales, sus valores religiosos, sea descartándolos o explotándolos para fines de poder. El desprecio a la cultura popular es el comienzo del abuso de poder.

Al reconocer la importancia de la espiritualidad en la vida de los pueblos se regenera la política. Por eso es imprescindible que las comunidades de fe se encuentren, fraternicen, para trabajar “para y con el pueblo”. Con mi hermano el Gran Imán Ahmad Al-Tayyeb “asumimos” la cultura del diálogo como camino; la colaboración común como conducta; y el conocimiento recíproco como método y criterio[5]. Siempre al servicio de los pueblos.

Ahora, más que nunca, queridos amigos, debemos construir un futuro desde abajo, desde una política con el pueblo, arraigada en el pueblo. Y que vuestra conferencia ayude a iluminar el camino. Muchas gracias.


[1] Cf. Inclusive Populism: Creating Citizens in the Global Age (Univ. Notre Dame Press, 2019).

[2] Cf. Soñemos Juntos: El camino a un futuro mejor. Conversaciones con Austen Ivereigh (Simon & Schuster, 2020), p. 116.

[3] Cf. ibíd., p. 126.

[4] Cf. ibíd., p. 124.

[5] Cf. Documento sobre la fraternidad humana por la paz mundial y la convivencia común, Abu Dabi (4 febrero 2019), citado en Carta enc. Fratelli tutti, n. 285.

HIPÓTESIS DE TRANSFORMACIÓN DE FRANCISCO (Fragmento)

Polo Formativo del Fin del Mundo (PFFM) 

12 – Pueblo

Gunter Rodolfo Kusch, antropólogo argentino de origen alemán que francisco referencia permanentemente, señala que todo pensamiento “necesita de una constante”.  

Esa constante en el pensamiento de Francisco es la categoría de pueblo. 

El pueblo, la referencia a “pueblo”, es la garantía de que la transformación no está atada al vértigo “líquido” de la modernidad pasada de rosca o a ideas de innovación vacías o impuestas. Al mismo tiempo es la que permite fluir por un cauce, con su propia dinámica y caudal, con su corriente y su fuerza.

En sus documentos y alocuciones, menciona alternativamente al “santo pueblo fiel de Dios”, al pueblo fiel, al pueblo de Dios , a los pobres y al pueblo a secas. Todas esas denominaciones se constelan entre sí, con grados de alternancia y ambigüedad, de enganche y concatenación que, justamente, fluyen en el pensamiento y las propuestas de Francisco. Los bordes que parecen difusos en la terminología, son las zonas posibles del desborde -podríamos decir también de la articulación- en la práctica. En el pastoreo, si con pastoreo denominamos no solamente la acción propiamente pastoral en sentido religioso sino también los modos de responsabilidad en la inserción en y con el pueblo, con lo colectivo o las instituciones (por caso, la Iglesia, pero también cualquier otra institución que conlleve o medie una responsabilidad de conducción).

Pueblo, en la teología de Francisco, en su comprensión conceptual, tiene que ver con la teología del pueblo, que justamente pone el acento en estos aspectos. En el marco de la gran corriente de la teología latinoamericana, la teología del pueblo se inserta -pero también podemos decir que se tensiona- con la teología de la liberación. Como pista para profundizar, es posible explorar de qué modo pueblo interroga o condiciona ese nombre genérico de la transformación que está contenido en “liberación”. Dos maneras de acercarse a esto: una, suponer que “pueblo” es “más importante” -sobredetermina- a “liberación”. Es una posibilidad que, si se piensa, abre interrogantes y posibilidades, dinámicas y horizontes, y por lo tanto condicionantes diferentes, sobre qué es efectivamente “liberación”. La otra forma de incorporar esta tensión es esta: que encaja de manera más directa con los planteos del Papa: la prioridad y centralidad del pueblo indica sobre todo que cualquier proceso (liberación, transformación, proyecto, emancipación, etc), ha de ser no-sin-el-pueblo. Opuesto al derecho: “sin el pueblo, no”.

Y va más allá. Francisco afirma una y otra vez qué “pueblo no es una categoría lógica sino una categoría mítica”. Esto no se refiere a que el pueblo sea un mito, sino que siendo el pueblo algo muy concreto, relacional, corporal y situado, la categoría funciona con una lógica otra, que justamente no es lógica sino “mítica”. O sea, que tiene una capacidad de recoger y animar, de plantear figuras y criterios, que trascienden, desbordan la mera “lógica” (técnica, del poder, organizativa, significancia y aun social,  política o incluso eclesial).

La comprensión de “pueblo” como realidad y como categoría, como lugar y como mito, le viene a Francisco de su experiencia. En particular de los modos en que en América Laina, pero muy especial y singularmente en Argentina, se experimenta la vida popular y el pueblo como actor. el peso de la idea de pueblo en la historia, la sociedad y la política argentina son la contrapartida y la base también de lo que la teología del pueblo recoge en forma de reflexión y categoría.

Por eso también las múltiples aclaraciones, señalamientos, incluso debates en que francisco interviene paras diferenciar la noción europea de “populismo” de la experiencia social, cultural, política y también religiosa que constituye el pueblo en Argentina. La secuencia política y la experiencia histórica que en Argentina se llama peronismo es indisociable de lo que Francisco propone. No porque necesariamente Franciso sea “peronista”, porque no se trata de eso, pero sí porque, como venimos señalando, estamos ante un pensamiento situado tanto temporal como geográfica y socialmente. Tiene raíces vívidas y vivaces,  existenciales. 

Ese pensamiento con raíces que está en Francisco, hay que comprenderlo desde esta carnadura y se enriquece al acercarnos a la realidad histórica existencial de su tierra de origen. Queda esto para próximos desarrollos.

Santiago Barassi, Nestor Borri

Aprovechen a conocer el PFFM: http://www.poloformativodelfindelmundo.com/

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