Francisco construye su mensaje con intervenciones de diferente tipo. Una matriz de gestos, convocatorias y documentos. Por ejemplo, con la salida reciente de la carta encíclica Fratelli Tutt, Frasncisco pone en su lugar a Laudato Si. No sólo la completa y de algún modo la supera, sino que la ubica en un sitio. Del mismo modo que este verdadero compendio de su pensamiento “situado” elaborado durante la pandemia y en este momento del mundo y de su papado, dialoga con su programa inicial expresado en la Exhortación pastoral Evangelii Gaudium, “La alegría del evangelio”. La alegría, el cuidado, la amistad social. Un recorrido posible por el magisterio y los nudos de Francisco. En este sentido, con la convocatoria a los jóvenes pensar “La economía de Francesco”, el Papa completa una serie de campos en los que centra sus preocupaciones: la ecología, la educación y, aquí, la economía.  

THE ECONOMY OF FRANCESCO 

El evento se centró en un llamado a los jóvenes – economistas, “emprendedores” y referentes sociales- con una fuerte preocupación respecto a la matriz de pensamiento que orienta la economía. El “dogma neoliberal” dice en Fratelli Tutti, pensamiento “fatal” o fatalista, en Laudato Si. 

En el mensaje con el que cerró el encuentro hay pistas para algo que tiene que ver fuertemente con este núcleo de la economía. Pero, además hay una serie de criterios, advertencias literalmente, que pueden servir para precaverse sobre esto: los modos en que unas propuestas potentes, inspiradoras y disruptivas pueden perderse en la máquina de captura. Porque la cultura contemporánea es especialista en pasteurizar como pseudo alternativa todo elemento rebelde. No es casual que el tópico de “los jóvenes” haya sido transformado desde Mayo del 68 en un producto de consumo más, incluyendo una fuerte absorción de la rebeldía como elemento cultural del statu quo. Algo parecido sucede con las propuestas y experiencias también alternativas, que en forma de altermundialismo o propuestas “ideológicas” -así las llamaría el Papa-  fragmentarias y cerradas, que corren el riesgo de ser complemento marginal, pero sin potencia, del largo y fuerte devenir de lo mismo. También pasa con las estructuras y la cultura eclesial, pastoral y de movilización en la que se reciben las propuestas del Papa. El lo sabe. Pero Francisco sabe también que ahí mismo dónde están estos problemas, está también la fuerza que hay que reconducir a otros caminos y procesos. 

Por eso, si se mira el mensaje con el que Francisco cerró el encuentro, hay una insistencia inspiradora, una invitación renovada y, muy especialmente, una serie de advertencias fuertes y recurrentes (las compartimos hace unos dias en http://www.factorfrancisco.org/la-economia-de-francesco-inspiracion-invitacion-y-advertencia/)

Porque quizás en la economía como tema, y probablemente en los jóvenes como actores o sujetos protagónicos y destinatarios a la vez, se muestra de manera central cuáles son los límites de/frente a Franscisco, y al mismo tiempo la zona decisiva en que hay que  hacerse cargo de las implicancias de su mensaje. 

El momento en que se plasma el encuentro “La economía de Francisco” es significativo. Marcado por los desafíos de la pandemia y la “salida” por un lado, y por las las condiciones de salida real, el tipo de práctica “en salida” que señala Fratelli Tutti para la etapa actual de la civilización, la humanidad o la época. Se conjugan lo que desnuda la pandemia por un lado, y la amistad social con todos y todas como exigencia y condición para una nueva etapa histórica o, más profundamente, para la sobrevivencia de la especie. O sea, se juega la politicidad propia de toda transformación vista desde su módulo más básico pero también su centro insoslayable. Urgencia y criterio. Discernimiento y disciplina. Podría decirse: una coyuntura que marca clara dimensión de la necesidad de una acción política ”más que política”. 

Entrarle a esto, a una acción transformadora que va más allá de su misma, es condición de toda transformación. Y queda mucho más a la vista al tratarse del nudo económico. Porque en el pensamiento económico está uno de los núcleos donde se reproduce el paradigma y se aborta la política misma, y toda politicidad se hunde. 

TRES “T” Y TRES “E”

Junto a las conocidas tres T de Francisco (Tierra, Techo y Trabajo) pueden señalarse quizás tres “E” que preocupan al Papa como campo de acción: la ecología (Laudato Si), la educación (Pacto Educativo Global) y ésta, la economía (The economy of Francesco). No son las únicas, pero son centrales. 

Con esto como fondo, vale ver en torno a la economía el punto límite donde la apuesta de Francisco, sus propuestas y provocaciones, necesitan ya no una adhesión sino una operación. Un agregado. Un plus e incluso un desafío a Francisco mismo (conste que él mismo lo demandó desde el principio: el pedido de ”hagan lío” es eso, y no el llamado a la algarabía de gente linda). 

Pero sobre todo pide un avanzar, un pararse ahí viendo la politicidad propia de la acción reclamada y esperada, que es, ahí mismo, la más política y la más espiritual. 

SUBORDINAR LA ECONOMÍA A LA POLÍTICA

Lo que más dice Francisco sobre la economía es que esta debe someterse a la política. 

Y estamos de acuerdo. O no. Pero la cuestion es esta, si estamos de acuerdo: ¿por qué y sobre todo cómo habría de someterse? 

Acá aparece un problema que es el de la fuerza. Para hablar de “la economía de Francesco” no basta hablar de cómo debiera ser, aunque esto también es necesario para orientar la motivación y el horizonte de la acción. Pero no se puede suponer que las intenciones éticas o el sermón moral vayan a tener “fuerza” moral. Ni conceptual ni empíricamente. 

“Someter la economía a la política”. Término fuerte. Incómodo. Por eso lo traemos. 

Término musulman si los hay, que aparece muy central en Fratelli Tutti, de la cual Francisco cuenta que está inspirada en el diálogo del Gran Imán de Al-Azhar, Ahmad Al-Tayyeb. La caracteristica del Islam es justamente este someterse (“musulman” singifica literalmente “sometido”) a la voluntad de Dios. Y no es un dato menor que sea también un vector del Islam dar formato a la sociedad de acuerdo a los principios religiosos. Por supuesto que esto nos incomoda en Occidente, y que tiene sus desvíos serios y peligrosos. Pero hay que levantar la sospecha respecto a que este temor fundado, debería ir acompañado de la pregunta referida a cuáles sometimientos están implícitos en la libertad de occidenrtal, paradigmáticamente articulada en el no sometimiento y el no límite de la economía y la mercancía, a ningún valor ni factor. 

(En el mensaje final del encuentro de Asís, Francisco dice que tanto la economía como la política deben someterse a algo más, lo cual seguramente habla de los que escribieron parte del mensaje, pero por otro señala también esa “política más que la política” de la que hablamos nosotros).

LA POLÍTICA DE / EN DIÁLOGO CON FRANCISCO

La economía de Francisco no se puede hacer sin la política de Francisco. Pero la política de Francisco no puede ser “solamente política”, debe ser poética. Poiesis: producción, obra, creación de sentido-sujeto. Desborde de estos. 

En las propuestas que circulan en los foros alternativos, nos encontramos con mucha economía “alternativa sin cómo” (centralmente “sin cómo” escalar más allá de las experiencias excepcionales, en todo caso significativas pero finalmente procesables por el sistema, o por autorreferentes almas bellas). Del mismo modo que aparecen los “cómo” sin importar el qué y el por qué, como modos alternos de gestión más centrados en la innovación y la moda neoliberal del cambio que en la transformación misma. Y también sabemos que muchos “por qué” resultan no tener “quiénes”: alternativismos ideológicos, pero ”de” y “para” pocos. “Habriaqueismos”, dice Francisco en Evangelii Gaudium. También hay muchos “quienes” proponen, pero lo hacen sin política, porque no la encuentran o porque la evaden. Al final es claro que, sí hay política sin elementos de recreación de la economía -ése es el sentido del “sometimiento”- la emancipación o la gestión propuestas tendrán un agujero en esto: la carne de los pobres y el corazón del mundo, el sufrimiento de muchos, inmediato corporal como señalan las obras de misericordia, quedarán intactos. Dar de comer al hambriento, de beber al que tiene sed, vestir al desnudo, cuidar a los enfermos y visitar a los presos. La misericordia de la que habla Francisco es un elemento orientador para no caer en abstracciones de burbuja.

LAS NOTAS CENTRALES DEL ACORDE NECESARIO: PUEBLO Y “NO-ONG”

Junto con esta “samaritanía de la praxis” o “política del desviarse/inclinarse y levantar y sanar a los caídos”, que expresa el criterio práctico central del Papa, hay dos ejes estructuradores en la posición de Francisco que proponemos tener en cuenta como centrales.

Uno, ya lo venimos diciendo, y no es novedad pero todavía está en ciernes su asunción e irrupción. Asumirlo en su carácter de ruptura: es la centralidad del pueblo lo que se propone desde Santa Marta. Como marca de trascendencia y más que lógica (mítica, pero en este caso no mística, como dice Francisco, previendo contra las idealizaciones y las ideologías al mismo tiempo). Pero también como factor, núcleo y corazón unificador de la pluralidad de enfoques y dinámicas. 

Junto con esto, un planteo que el Papa hizo casi desde el minuto cero de su pontificado y con el que insiste una y otra vez. “La iglesia no es una ONG”. No es una organización no gubernamental. La Iglesia no lo es, no se trata de eso. Pero el planteo vale, más ampliamente para “lo nuestro”, o “esto nuestro de lo que hablo”, la matriz de nuestra intervención, no es esa. Doble negación: “no-no gubernamental”. Que no significa, como podría haberse pensado en su momento, “gubernamental”. Es otra cosa. El planteo es hecho en un momento del mundo donde el humanitarismo filantrópico es el engranaje por el cual el neoliberalismo procesa  potencia y a la vez disuelve las iniciativas de transformación social. Sean estas organizativas, conceptuales o experienciales, incluso programáticas. 

Esto Francisco se lo dice a una Iglesia que pasó de ser aliada de las elites estatales de las clases dominantes, a una especie de vanguardia o centro de la “sociedad civil”. Da unas pautas para intentar otro camino, que cruce, que salga al encuentro de la totalidad societal desde otro lado. Lo expresamos así: la tarea es más-que-política. 

¿Que caracteriza a una ONG? Seis cosas proponemos para pensar: la predominancia del saber experto y funcionarial. La confusión entre la especificidad de los enfoques y recortes de problemas con la fragmentación y dispersión de las iniciativas. El resultadismo alternativo o integrado. El peso testimonial sin escala. La posibilidad genética de las propuestas, de ser capturadas por lo que combaten. La ausencia de lo central de un anuncio de redención que va al fondo del alma personal y colectiva, junto con la disolución en el plano de las intenciones y la ideología. Y, por último, la dificultad, cuando no el empeño, en no ir al núcleo de los problemas, sino apenas maquillarlos o compensarlos con buena voluntad, preciosismo metodológico o aguerrida denuncia. Al final del todo, las propuestas en “modo ONG” son tan potentes como limitadas. Es una matriz.

Francisco, como parece decir en todo su mensaje de cierre del encuentro de Asís, plantea “es por este lado, pero atenti, que así no es”. 

SAMARITANIA PROGRAMÁTICA 

“Es posible comenzar de abajo y de a uno, hasta el último rincón de la patria y el mundo”, dice Francisco en Fratelli Tutti. Un modo de construir. Concreto. Paradójicamente, centrado en la acción mucho más que en las palabras. 

Ahí hay una pista. La otra es salir de las respuestas fragmentadas, los diálogos de secta o burbuja, de ronda de iguales o esfera de repetidos, que son equivalentes a los debates de grieta y a los diálogos de forma.

Urge poner en escena la estructura de los debates, evitando la yuxtaposición, los promedios perezosos y las figuraciones pequeñas, que al final solo confirman identidades y nos dejan en la pequeñez de lo de siempre. 

Francisco pone pistas, hay que recorrerlas por nuestros propios caminos. Por eso, la Economía de Francesco/Francisco no se puede tratar con generalidades moralizantes sobre lo económico, ya se trate de la teoría o de la práctica, de los actores o de las relaciones. Tampoco puede quedar en las meras formulaciones análogas a la de la grieta o en reflexiones sobre una unidad o comunión abstracta, como si fuera una economía de las buenas intenciones. Por último, no puede tratarse en una burbuja de selectos para participar de un movimiento inexistente. La economía de Francisco requiere que haya quienes conecten con la potencia del santo europeo de la pobreza y la alegría, con las propuestas del Papa latinoamericano que propone la misericordia y “la salida” samaritanas como gestos básicos de reconstrucción de la sociedad y los problemas estructurales del país y de la etapa. Comentarios “De abajo y de a uno” hasta el último rincón de la patria y el mundo. Con realismo y sin mundanidad, pero en el mundo y con la valentía – parresía- necesarias en lo conceptual y lo práctico. 

DE LA ESCASEZ A LA ABUNDANCIA

Estamos en un momento en el cual, en términos de recursos a nivel global, hay para todos, y lo que hay es mucho. En ese sentido, el desafío de la etapa no es tanto la administración de los bienes escasos, sino qué hacer con la sobreabundancia o la superproducción. Si hay algo que puede decirse respecto al modo de producción capitalista -y a su versión actual y desenfrenada que es el neoliberalismo- es que el crecimiento de la capacidad humana para generar riqueza ha sido exponencial en este tiempo. La productividad se acelera con la robotización, y sin embargo, la crisis es cada vez más profunda. Justamente porque hay una distorsión total en el modo en que se distribuye esa riqueza y esa abundancia, generando una crisis de demanda producto de su hiperconcentración. Por eso la distribución no es sólo una cuestión de solidaridad -que la entendemos siempre como un valor-, sino parte de los cambios necesarios para regenerar una mínima armonía en el sistema mundo. “Los pobres no son el problema, sino la solución”, solía decir Lula apelando a la necesaria distribución de la riqueza de la potencia suramericana como salida del estancamiento económico. Sin embargo, no se trata sencillamente de reactivar la demanda de los mercados internos de los países emergentes. Se trata de pensar el futuro de la humanidad como un conjunto de civilizaciones capaces de disfrutar, compartir y proyectar a las futuras generaciones lo mejor de la maravilla y abundancia que hemos sabido conseguir. 

POBREZA / RIQUEZA

Al Papa se lo acusa de hacer “apología de la pobreza”. Ha sido dicho en editoriales de diarios del establishment global como por showmans libertarios en set televisivos de nuestro medio local. Los adoradores del dios dinero no toleran que se los desafíe, y eso es lo que hace Francisco. No es casual que sea un líder espiritual quien apunte con más contundencia al núcleo religioso del capital, cuestionando el carácter absoluto de la propiedad y señalando el evidente límite al que ha llegado la humanidad en términos ambientales. 

En la película de Wim Wenders, “Hombre de Palabra”, el Papa dice con claridad que “todos tenemos que ser un poco más pobres”. Es una frase dicha refiriéndose a la vida de los cardenales de la Curia Vaticana, pero extensiva al modo de vida hegemónico y aspiracional. Nadie se anima a decir eso en esos términos, menos aún líderes políticos globales, y sin embargo allí radica uno de los debates clave para las próximas generaciones: ¿Cuál será el umbral de expectativas de consumo que tendrán y con qué recursos podrán satisfacerlo? Este interrogante debe ser planteado partiendo de la base que vivimos en el momento de mayor abundancia en términos de riqueza socialmente producida, de mayor concentración de esos recursos y de máxima exposición a los estímulos de los consumos aspiracionales e inagotables. El neoliberalismo pide sacrificios y traslada a los trabajadores la responsabilidad de acceder a las “mieles” del sistema. Desde la perspectiva de los pueblos, la discusión debe ser reformulada: la felicidad puede ser inmediata, la comunidad puede ser eficiente y el espejo en que nos miramos podemos ser nosotros mismos. 

PLANIFICACIÓN Y REALIDAD EFECTIVA

El tiempo, los procesos y la planificación son centrales en la economía. También el espacio. Argentina es una tierra de abundancia y sin embargo, un país marcado por las crisis cíclicas y la inestabilidad cambiaria. Las razones que lo explican pueden ser varias y seguramente todas insuficientes. Entre los argumentos predilectos de los voceros de las élites y grandes grupos económicos locales, se reiteran siempre el costo laboral, el gasto público y la intervención estatal. Al peinar a contra pelo estas letanías del manual ortodoxo, lo que aparece es lo siguiente: Argentina es un país que no se resigna a ser mera periferia y asumir el lugar que el poder global le asigna. Esa inestabilidad es el síntoma de la disputa. Hay un pueblo más audaz y consciente de la potencia de esta tierra que la élite que solo puede pensar en cómo extranjerizar la riqueza acá generada. Por eso el Estado, instrumento que el pueblo supo aprehender y reconocer como propio, sigue siendo el único instrumento eficaz para proyectar un modelo de país que desafíe la mera condición periférica. En un mundo incierto producto de un paradigma que se presenta como agotado, la dimensión de la planificación es fundamental. Y sin embargo, en un continente como es América Latina, lo urgente obliga a pensar también en lo inmediato. Tener la capacidad de mirar en el largo y mediano plazo, poder planificar y al mismo tiempo tener la capacidad de mostrar cosas concretas. 

Muchas veces se plantea la economía popular como la respuesta a esta crisis. No hay dudas que contiene un potencial enorme en términos sociales y laborales, pero debe lograr discutir en el plano de la eficiencia y la generación de riqueza. La economía popular debe poder demostrar que se puede ser competitivo desde otra lógica. Discutir con el mercado no solo señalando sus males, sino demostrando con realidad efectiva que otra forma de organizar la producción puede ser mejor en términos de distribución de los bienes, generación de puestos de trabajo y sustentabilidad medioambiental. Es preciso plantear otra lógica de competitividad. 

Es necesario plantear estos problemas de una nueva manera, incluyendo el hecho de marcar cual es la agenda de problemas que han de abordarse prioritariamente, a la vez que requiere una fuerza capaz de concretar el planteo. Con lo cual, vale volver a la historia y, otra vez, a la política.  

SOBERANÍA, AYER Y HOY 

Será algún tipo de fuerza la que subordine la economía a la política.

El encuentro de Asís coincidió con el día de la soberanía nacional en Argentina.

El sable de San Martín, Libertador político, es entregado a Rosas. La batalla de la vuelta de obligado muestra una cuestión de fuerza. Las cadenas que no dejan pasar a los buques por los ríos que en nombre de la libertad y el comercio expoliaron las riquezas de la Patria, pueden ser signo de esa fuerza. A muchos pueden no simpatizarle y más de un economista alternativo bancara a un San Martin aséptico y detestará a un Rosas que considerará tiránico. Pero aquí hay una imagen, crudamente histórica, de cómo la economía se subordina a la política. No se trata de reivindicar la violencia. Pero si se advierte que los encuentros, diálogos y comuniones que puedan generar esa articulación diferente entre estos campos, no podrán ser “sin fuerza”.

Lo que la batalla en la Vuelta de Obligado dice desde la historia, vale para la fuerza que la articulación de propuestas debería tener para transformar en potencia de cambio.  

Claro: será la fuerza del amor. Pero puesta en las condiciones, los lugares y las tensiones propias de quienes deben enfrentar conflictos, no evadirlos o disimularlos. El núcleo del paradigma es un lugar de disputa, y en el corazón del testimonio y la apertura, hay un momento de “hacer frente”, acaso no en el modo de la confrontación que neutraliza, pero sí siempre en la dirección de la fuerza que enfrenta la injusticia. Lo demás, es un rumor que se diluye, una moda, o una impostura (ver aquí también las múltiples advertencias del mensaje de Francisco, muy claras al respecto).

Por eso, dilucidar y apostar a la politicidad propia de las propuestas del Papa, también en este tema de la economía, es central. Lo que subordina la economía a la política es una política que se trasciende a sí misma en sus modos de tener fuerza. En esto, incluso el pensamiento del Papa necesita ser recepcionado con una disposición política y espiritual, incluso teológica, teologal acaso, que lo toma en el campo propio de la acción colectiva, supera la cita moral y, en última instancia, llegar también a ver los límites y los umbrales de lo que Francisco propone. Porque la verdadera economía de Francisco es la que se lleva adelante por una política concreta y experimental, que redobla la apuesta del Papa y la pone a rodar por los caminos, los conflictos y las solidaridades embarradas de la patria y el mundo. 

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