«Yo soy de la cruz del sur,
el que enciende y el que apaga la luz»

Charly Garcia

Tomamos a Francisco para pensarnos a nosotros.

Sus ocho años de papado cabalgan en tiempos inciertos y convulsos del mundo. Y acá, en el lejano y singular arrabal desde el que lo sabemos universal  y nuestro, controversial y componedor, emergente acaso, nos ponemos a pensarlo para pensarnos.  Francisco: una figura que nos re-presenta: nos refleja, está en lugar nuestro en otro escenario, nos pone otra vez en el presente, nos invita a presentarnos de nuevo. Ese es el movimiento de factoreo que retomamos una y otra vez.

En ocho entradas recorremos los ocho años de un poliedro con más caras que las que llegamos a pensar. ¿Porque estamos ante un sujeto particular y de pensamiento potente? Sí, por eso. Pero sobre todo, y mucho más que por eso, porque en él nos vislumbramos nosotros en tanto nosotros, nos estimamos, vemos un rostro de lo que somos. Nosotros sus compatriotas, amigos y enemigos, creyentes y nihilistas. Hablamos de Francisco para hablar de todo lo que no nos es ajeno. 

  1. EL GAUDIUM NO ES SOLO BRASILERO 

Un periodista,  un analista  político o cualquier vaticanista hubieran esperado que el primer 

Papa no europeo y del sur fuera, más probablemente, brasileño. 

Pero la cosa vino de otra parte. ¿Por qué?

Además de las peripecias propias del cónclave, sumadas a las formas expresivas del Espíritu Santo, este acontecimiento no surgió, por ejemplo, de la Iglesia más grande del continente, y una de las cunas y la usina de la teología de la liberación, el país “católico” más grande  del mundo y que tuvo quizás, en su momento, la iglesia más de avanzada y la pastoral más dinámica del continente y del mundo. Pero no fue así. 

El Papa resultó argentino y no brasileño.

La imprevisibilidad, pero también la singularidad anómala de una periferia no estrictamente periférica, que es Argentina, se refleja en el acontecimiento Francisco. 

Algo que también tiene mucho que ver con esta condición anómala, no solamente de la Argentina, sino también de la teología que se gesta en estas pampas, y además el siglo XX argentino. Y todo eso con algo que se llama también peronismo.

  1. ESA PARTE DE LATINOAMÉRICA RARA, COMO ENCENDIDA 

Pensarlo así, invita a pensar no sólo el Papado, la Iglesia, sino sobre todo la Argentina en un mundo, con esta situación que se da en el prisma de una institución paradigmática de occidente. En las dinámicas que conectan sur y norte, centro y periferia, hegemonía y alteración, Argentina exacerba lo latinoamericano de una manera rara, desconcertante. Es una tierra más latinoamericana quizás en el mismo momento en que es más europea. No se agota en ser periferia simple, y ni siquiera se agota la cuestión, es decir que es “semiperiferia”. 

La fuente del Papa actual puede ser leída, entendida e indagada como un ejemplo de lo que, sin serle ajeno del todo, incomoda y desconcierta al paradigma. Una incomodidad desde adentro (no olvidar que “paradigma” en griego es “ejemplo”). Transformación paradigmática. ¿Al paradigma de qué? Al modo previsible en que esperamos que se den los cambios. Al que ordena la comprensión del mundo. Y el que define para nosotros un lugar en él y por lo tanto en el mundo. “Estar en el mundo sin ser del mundo”, dice San Juan. Puede ser un modo de leer a Latinoamérica en el sistema-mundo: ser y no ser periferia, ser y no ser centro. Ser de otro modo. 

  1. VINO DEL FIN DEL MUNDO Y LE TOCÓ SER PAPA DEL FIN DE UN MUNDO

Los ocho años de Francisco lo encuentran en un tiempo paradigmático de su papado y de su tiempo. Además de la pandemia, este momento preciso se puede describir entre su encíclica Fratelli Tutti y una de sus derivadas o -mejor- correlatos performativos: el reciente viaje a Iraq. 

La Fratelli Tutti es quizás el escrito más transparente, más propio y más genuino, más conciso y denso de Francisco. Contiene una recapitulación de todos sus planteos. 

Y desde el vamos señala no sólo la centralidad de la fraternidad -plasmada como amistad- sino muy especialmente el desafío histórico y valórico, político y espiritual, en el que se juega su eficacia y su diferencial, su especificidad cristiana y también franciscana (de los dos franciscos): su universalidad.

Porque en la Fratelli Tutti / Hermanos Todos, la palabra central, la que marca la diferencia, no es “fratelli”. De fratelli -y sorelle- está llena la Iglesia, las favelas y los countries incluso. Con los cercanos no es problemática: incluso hoy se exacerba. La palabra luminosa y jodida, la provocadora, es la otra. “Tutti”. Es la que exige y desafía. Con los iguales, con los símiles, cualquiera es hermano. De lo que se trata no es de eso: es más bien que todos lo sean. Fraternidad abierta y amistad “hasta que duela”. 

En este sentido Francisco es un Papa “ultracatólico”. La catolicidad es la propuesta y el problema de todos (del “para todos”, de la salvación y también por eso de la Iglesia). Ultra es más allá: catolico más allá de lo católico. Ultrapassando, ultrapassando. A toda la humanidad en tiempos donde el concepto de lo humano vuelve a romperse y cercarse: por clases sociales, pero incluso ontológicamente. Al mismo tiempo, ese “todos” incluye al todo de la creación, de la naturaleza: lo que a todos nos contiene y alimenta. Laudato Si: la casa común. 

Pero Francisco no se pierde en un holismo new age de la conexión de todo y todos. Propone porque sabe, determina, que lo que está en discusión en esta etapa de la civilización, del capitalismo, en esta inflexión histórica, es quién es humano y quién no. Lo mismo que se discutía cuando se descubrieron las Indias de las Américas, si los indios eran humanos o no, si tenían alma. Y Francisco viene a decir eso. Desde su primer viaje a Lampedusa, a besar a los inmigrantes y llorar las víctimas en el Mediterráneo, hasta el viaje a Iraq, a ese oriente que la imagen del mundo de Hollywood intenta mostrarnos habitado por bestias o incultos, y por enemigos también. Cuando se junta con el Ayatolá Al Sistani, se junta con el “demonio”. Cuando va a Iraq, va allende de la civilización, a la zona de amenaza, a la tierra de los que no merecen vivir porque en el fondo no son humanos, son en todo caso salvajes y en el mejor de los casos víctimas descartables. 

En el tiempo del fin, para recomenzar, como dice la Fratelli Tutti bellamente en su número 78, hay que ir hasta los últimos. En salida, allí donde todo termina: ahí comienza TODO de nuevo, y comenzamos TODOS. 

  1. NORMALIDAD Y PARADIGMA: PANDEMIAS VARIAS

La pandemia. El Papa, desde el comienzo, en 2013, viene planteando que hay un sistema que no da para más. De hecho, es por eso esa primera frase que dijo Francisco: “Vinieron a buscar un papa al fin del mundo”, que tiene esas dos acepciones. La pandemia es la evidencia noticiosa que, con la vacuna, nos pone la crisis global a flor de piel, la geopolítica a flor de piel, de manera literal. 

La temprana advertencia de que estamos en un mundo que no da para más, encontró con la pandemia su trágica constatación. Es el modo en que se revela la fragilidad del sistema que organiza los poderes y el límite de su capacidad para sostener y honrar la vida en el planeta. Este umbral podría haberse manifestado de otro modo, pero fue el COVID 19 el modo en que se encarnó la crisis civilizatoria. Es en esta escena, que la figura y el mensaje de Francisco toma una talla renovada como líder global. También demuestra la sed que hay en el mundo de referencias simbólicas y espirituales, para encarar y atravesar este momento de crisis universal.

 

  1. EL TIEMPO ES SUPERIOR AL ESPACIO

Del mismo modo que el “todos” tiene algo de lo espacial, del “hasta dónde”, y el fin del mundo también, estas nociones son sobre todo del plano del tiempo. Se trata sobre todo de la inflexión, de un acontecimiento en el devenir del tiempo. Es en uno de sus pliegues que Francisco se vuelve Papa; es la elección de Bergoglio como primer pontífice de ultramar un signo de los tiempos. 

Hay que modular esa inflexión histórica con tres o cuatro dimensiones. Podrían ser más. Una es la modernidad agotada y exacerbada. El capitalismo deseado. Occidente en crisis. Y la Iglesia en ruinas. Y uno más: la democracia puesta en cuestión. Son un conjunto de cosas que muestran su límite, cuánto menos, cuando no, están out, agotadas, fuertemente cuestionadas. Francisco hace con eso un doble movimiento. Reconoce el agotamiento, pero no plantea directamente una alternativa en espejo, lo que sería reproducirla. Sino que hace una operación en el tiempo también, que es en la línea del tiempo pero también en la profundidad. Es una línea en el cronos, en la cronología, en el paso de los años, pero también el kairós, en el sentido de ir al origen de las inflexiones temporales. 

La figura de Francisco de Asís es una figura liminar del origen de la modernidad. Es una figura de un renacentismo adelantado, desfasado 200 o 300 años. Es parte del momento en que la Edad Media pasaba a otro estadio, y se aproximaba, y ya estaba en ciernes, el capitalismo mercantil. Francisco de Asís es el hijo del mercader cuyo gesto es despojarse de sus ricas vestiduras e inventar y crear otra forma de socialidad inmediata que aún hoy, en este mundo, y en Italia en particular, constituyen una de las maneras de ser de sociedades enteras, como realidad y como horizonte. Francisco vuelve ahí, a ese punto. Es un nombre de recomienzo.

  1. PLAN PARA RESUCITAR. LOS MODOS Y LOS CÓMOS DEL RECOMIENZO 

El “Plan para resucitar”, texto muy propio del momento más candente y extremo de la primera ola de la pandemia en Italia, fue una intervención estratégica. Es un texto escrito ad hoc para una revista. Es magisterio modo intervención, con una lógica más propia de un manifiesto o panfleto. Es un mensaje que se conjuga a su vez con esa otra carta a los movimientos populares publicada el domingo de pascua. Francsico, como todo Papa, escribe Urbi et Orbi, le habla a la comunidad global, a todos los cristianos -a los católicos por supuesto-, pero al mismo tiempo establece un sujeto directo en su interpelación: los descartados. Y lo hace con una marca propia de la cultura política y organizativa de nuestro pueblo. La predominancia del trabajo como valor e identidad que da dignidad y sentido a las luchas. 

Las tres T, emblema y síntesis de la doctrina social de la Iglesia modo Francisco, son una agenda programática para pensar lo urgente, a la vez que demanda ser continuamente revisada para no agotar la potencia del planteo y poder proyectarla más allá. Francisco juega en distintos tableros y con un abanico categorial y programático más amplio que el que nosotros solemos reflejar.

  1. LAUDATO SI. MEDIO AMBIENTE CINCO AÑOS DESPUÉS

La encíclica “Laudato Si. Sobre el Cuidado de la Casa Común” fue el centro del magisterio de Francisco hasta la pandemia, y el documento que articuló su lugar de referente global (sus gestos y dichos más allá del magisterio oficial, de todos modos, son el otro elemento central de la construcción de este lugar). No hay que dejar de señalar este doble registro de Francisco porque es algo constitutivo de su lógica, su estrategia y su horizonte. 

Este documento que conjuga el fruto de la tierra con el grito de los pobres, para decirlo con la formulación casi canónica que pronunció en su momento Leonardo Boff, proyectó al Papa como una figura de relevancia en el debate global de la política, del mundo de las dirigencias gubernamentales y sociales, y en otros ámbitos de saber experto.

La encíclica, de todos modos, es mucho más un documento social que uno “verde”. La operación sobre la  agenda ambiental de los países del norte es haberla puesto en contacto con las demandas y movilizaciones del sur. Como en muchos de sus planteos, lo que el Papa propone es la imposibilidad de una escisión. Una tensión polar. Los modos de conjugar no sólo lo diferente sino incluso lo opuesto, pero sin síntesis dialéctica, es otro de los rasgos del hombre y del Papado, del pensamiento y de la propuesta.

Pero Fratelli Tutti, de entre los documentos, muy probablemente deba ser considerada la verdadera conjugación. Ahí  apunta al corazón de los problemas, a su “estructura íntima” como gusta decir Francisco.

 

  1. FRATERNIDAD DESBORDADA. TRANSFORMACIÓN HETERODOXA  

A esta altura del Papado, la Fratelli Tutti ancla políticamente a la Laudato Si, le pone criterio histórico y político a un planteo más de diagnóstico. Lo ancla ahí en la politicidad, la historicidad propia y el rol de los actores. La Fratelli Tuti tiene en su núcleo la cuestión de la política, y en los extremos el de las religiones, como idea o como instituciones, en ambos casos. Entonces ahí hay algo, el operador ético político de todo su papado,que se conecta, por eso mismo, con lo expresado, para “el interior” de la Iglesia, en  Evangelii Gaudium, que es su programa pastoral (“interior” entre comillas, porque justamente el gesto/movimiento central que se propone ahi es “ponerse en salida”)

Respecto a Francisco y la Iglesia Católica hay dos grandes cuestiones a plantear: la reforma de la curia romana -el gobierno central-, y la cuestión de los ministerios, de las nuevas realidades y las nuevas sensibilidades, la ordenación de mujeres, etcétera. En eso Francisco avanza a paso firme, pero también de modo poco previsible tanto para los vaticanistas, los progresistas de la Iglesia y en muchos casos también para los conservadores que siempre están enojados con él. Francisco privilegia la unidad de la Iglesia y la preservación de la institución, como cualquier Papa, pero no solo como principio sino como estrategia de largo plazo. Por eso, en el Sínodo de la Amazonía, encuentro que tenía por objetivo analizar la preservación del pulmón del planeta pero en el que tomó relevancia el debate en torno a la ordenación de los Viri Probati -de los hombres casados-, Francisco hizo una jugada a dos bandas volviendo a posar la mirada en el clericalismo como verdadero problema de la Iglesia. No se trata de ampliación ministerial sino de transformación del modo en que se concibe la organización eclesial y la administración de sus bienes -de salvación y materiales también-. No responde habilitando un clero alternativo ni ordenando mujeres, cosa que también por supuesto es interrogable, cuestionable. 

En todo caso decir que lo que el Papa ve al respecto -él mismo lo plantea en Querida Amazonia- es la necesidad de ir a la estructura íntima de los problemas y mantener la unidad de la institución junto con el impulso de las transformaciones. En ese sentido, entender y sintonizar con las hipótesis de reforma institucional y de transformación de la Iglesia, es un desafío para conservadores y para progresistas. 

SUR, PAREDÓN Y DESPUÉS. Escuchar el mensaje de Francisco desde Argentina y desde el peronismo. 

Vale volver a preguntarse que tiene para decirle hoy Francisco a Argentina: Esto va muchísimo más allá de su visita, cuya postergación o incertidumbre habla de la complejidad de nuestra historia y del estado de situación -quizás podría decirse ”de salud”- de  nuestra sociedad.

En todo caso, así como está la dimensión global, mundial, geopolítica, pastoral y espiritual del Papa, hay algo que el acontecimiento Francisco, el fenómeno Francisco, el factor Francisco le dice directamente a Argentina, a su imagen y clima cultural, a su política. Pero especialmente al movimiento nacional y popular y, en particular, a todo aquello que se reconoce en el nombre del peronismo. Esto va mucho más allá de lo que (no) permite pensar o decir “Francisco es peronista”. Antes que las disquisiciones que consistirán en definirlo, vale más interrogarse y tomar esta afirmación identitaria desde otra punta. Leerla a contrapelo. Más fecundo es pensar que esta figura que propone figuras tiene algo que debe ser leído, captado, recepcionado activamente por la tradición política popular del país en todos sus niveles y en un amplio abanico.

En esto no hay que esperar otros mensajes que los que lanza urbi et orbi, desde un origen y un humus que tiene que ver claramente con nuestra patria e historia, con el clamor del pueblo en el que nació, creció, pastoreo y en el que hizo, como no podría ser de otro modo, “política”, en sus propios términos. Más allá de lo que él haga, los mensajes hay que leerlos desde acá, no “para acá”. 

Como cualquiera que ejerce su función, Francisco tiene a cargo un mensaje actual y antiguo, en la bastante golpeada pero todavía viva institución que guarda la vieja memoria de redención de occidente, la Iglesia Católica. 

Sobre esto hay que escuchar, leer, disponerse y, sobre todo, hacer una operación de recepción. Como creación y apuesta. En términos de Francisco, sería una cuestión no sólo ni tanto de doctrina (“actualización doctrinaria”), sino especialmente una dinámica que complementa y opone -suplementa- la doctrina con el discernimiento, y de ahí llama la acción plasmada como gesto. Si donde dice Francisco decimos “nosotros”, en términos políticos nacional populares, todos estos términos y tareas -que no casualmente ya existen en el léxico político- se llenan de posibles nuevos contenidos y horizontes.  

Al movimiento nacional y popular, al peronismo, Francisco le propone una confirmación (es lo que hace un Papa: confirma en la fe, en la certeza, en el camino) pero también una provocación-encaminamiento (esa es la función de pastoreo). Y también un llamado a la unidad, con centro en la categoría mayor de pueblo / pueblo fiel / pueblo pobre que le es tan cara (y que también no casualmente, articula la tradición peronista con el mensaje cristiano y especialmente el católico).

Así, considerando la raigambre cristiana del peronismo como humanismo, se encuentra en Francisco una propuesta de volver al núcleo, al origen. A visitar de nuevo la fuente y las fuentes.  Pero también un nuevo impulso para trascender y universalizarse. En dos sentidos: abrirse tomando “más de lo humano” y sobre todo lo que digan las nuevas periferias y exijan los nuevos y ampliados modos del descarte. Esto, in situ, viene acompañado de una invitación a la universalidad, a proyectarse a una escala global e históricamente desplegada en tiempos largos. Proyección de una tradición político-histórica, existencial-espiritual, militante-partidaria de la cual podemos decir que Francisco es un signo pero también un vector y un protagonista. Porque algo del modo argentino de hacer política no-sin-el-pueblo y con el pueblo en el centro, la base y el horizonte, está presente en Francisco a todas luces y en gestos sutiles, en sus titulares y en su entrelinea. 

Francisco es un hombre que llama a reencontrarse con la vida y la belleza renovada del pueblo. Su criterio es simple: toda la acción deriva de hacerse presente. Para quien hace política, Francisco es una invitación a ir al núcleo, a los gestos básicos en torno a los cuales se despliega después la práctica, la doctrina, la ideología, las estructuras, la organización, las tipologías militantes, los formatos dirigenciales y las estrategias. En Fratelli Tutti lo deja muy claro cuando pone, en el documento, lado a lado, la figura del buen samaritano y la cuestión de la mejor política.  

Samaritanía política: el gesto básico de hombre a hombre, persona con persona. Levantar al caído, desviarse del camino y de ahí generar una nueva socialidad a partir de ese encuentro. Conviene no olvidar esto: la parábola del buen samaritano, pieza central de nuestra civilización destruida y decadente, resto luminoso donde podemos encontrarnos, es la respuesta a una pregunta. Y esa pregunta de un sujeto inquieto es: ¿Quien es mi prójimo? 

La respuesta de Francisco, en estos ocho años es simple y contundente. Todos. 

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