La fuerza de la escena del encuentro cordial entre Alberto y Francisco deja poco margen al aparato que pretende capturarlas en la narrativa de la grieta.

Los hechos y sentidos que se desprenden del dialogo entre ambos invitan por eso mismo a que los interpretemos políticamente, mas allá del comentario anecdótico o las síntesis apresuradas.

Extraer de este episodio lo que pueda haber de criterios de construcción es una oportunidad y una tarea.  Quizás allí se encuentran las tácticas y estrategias que necesitamos para lo que viene.

JERARQUÍA DE VERDADES

El Papa tiene una posición político pastoral que está más allá de la grieta o de una visión integralista respecto a lo que el estado argentino debe hacer. El es la cabeza de la Iglesia Católica y asume su función con tacto y audacia a la vez. En su propio campo – el pastoral y el moral- su insistencia en que “existen jerarquías de verdades” y el modo en que aplica esto a cuestiones concretas que, por lo mismo, hay que considerar una por una (algo de esto es discernir: ni inercia, ni totalización, ni generalización) es uno de sus planteos mas provocadores  para la curia vaticana y los sectores conservadores que lo enfrentan. Francisco entiende el clericalismo – o sea, la cristalización de un modo de ejercer el poder – y su dogmatismo como un mal enquistado en la Iglesia. Lo mismo piensa de la ideologización exacerbada y de las identidades políticas clausuradas. Algo no muy distinto se podría decir del nuevo presidente argentino, en sus propios términos y con los actores con los que le toca lidiar y al mismo tiempo construir. Esta jerarquía de verdades – la claridad de las prioridades, políticamente hablado- habilita y al mismo tiempo exige un pragmatismo que se corresponde con el hecho de que, habiendo problemas centrales a abordar y “bienes mayores” a preservar, no se deben ahorrar esfuerzos  ni costos para abordar a fondo  lo verdadera y urgentemente importante. La coherencia, en este modo de entender la construcción, no es linealidad incomovible, sino aplicación de criterios a situaciones concretas, urgentes, reales, donde hay vidas e historias “de carne y hueso” implicadas.

El hambre, la pobreza y la paz social sobredeterminan el resto de los debates. Ese es el núcleo del entendimiento entre Francisco y Alberto. También puede –debería- serlo para todos aquellos que buscan que  en el país volvamos a ser más los que estamos mejor.

Estos criterios de fondo  se reflejan  en los estilos personales. Y estos no son solamente cuestión de  carácter, sino de disciplina. De decisiones sobre las propias prácticas, intervenciones y conductas.

UN MODO DE LIDERAR Y ENCONTRARSE

Hay algo para aprender del encuentro del Papa y el Presidente. Las formas, los temas, las palabras, muestran un modo de encarar el liderazgo y la negociación, en última instancia el encuentro. Son formas de conducción que plantean lógicas de administración de los conflictos, modos de acercamiento y  caminos de construcción de acuerdos que guardan una intensidad precisa y acorde a objetivos mayores. El discernimiento y la disciplina – como criterio y conducta-  son fundamentales para componer y mantener la unidad.

Estos ejemplos de liderazgo invitan a construir militancia, mandos intermedios, organización y entramados institucionales- o sea una fuerza social, política y cultural-  con prácticas que se correspondan con estos criterios.

Y es necesario plasmarlos en estrategias de mediano y largo plazo que den lugar a nuevas maneras de vivir juntos, construir la democracia y proyectarnos como pueblo.  

MÁS ALLÁ DEL REGISTRO DE LOS MEDIOS

Los planteos de Alberto y Francisco no coinciden con el registro estándar de los medios de comunicación. La precisión para encontrarse en torno a los puntos en común y las prioridades compartidas, o la familiaridad con la que escenifican un encuentro de alto voltaje político, les corre el arco a tanto a los agitadores de escándalos como a los  organizadores esquemáticos de buenos y malos. A esto se suma que ambos  protagonistas en cuestión son astutos para atravesar las movedizas arenas mediáticas, avanzar seguros y salir bien parados.

En esa brecha donde los medios no pueden capturar la potencia de las conductas políticas consistentes, y en ese margen que Francisco y Fernandez tienen a la vez para estar presentes en la intemperie o en el territorio hostil de otras lógicas, hay una posibilidad de afirmarse para avanzar.

ACARICIAR LOS CONFLICTOS

Por eso, a la hora de ponderar donde se encuentra el acontecimiento a comunicar y el núcleo de la noticia del encuentro, los portales y diarios ponen el foco en el debate en torno a la despenalización del aborto. Lo hacen porque se alimentan de la polémica, porque habitan y reproducen esa lógica y porque sus jefes de redaccion insisten en que esa es la línea. Hay intereses que apuestan a romper ese abrazo, o por lo menos, que la fraternidad que emana del mismo se desdibuje un poco.

El entendimiento entre Francisco y Alberto va más allá de las divergencias en torno al aborto.  Más bien demuestra que en Argentina hay lugar para encarar las necesidades y urgencias unidos. Que se puede construir también allí donde persisten los conflictos si, como señala Francisco, “se los acaricia”: se los trata con presencia, cercanía, y tacto.

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