El Apocalipsis es #FF. Por las imágenes desbordantes, los personajes eternos y el despliegue cósmico. Pero sobre todo esto: es una narrativa para atravesar el “fin del mundo”. En medio de esta pandemia que viene para largo, con el planeta en ciernes, mientras la Patria se levanta y se desgarra a la vez ante su destinos, y cuando la vida concreta y colectiva cada vez más amenazada pide esperanza por todos lados , presentamos junto a Pedro Saborido un PODCAST sobre el Apocalipsis y sus signos en clave “Grande Momentos Populistas de la Biblia”. Así y acá, en la inminencia de todo, cuando todo cruje, aparece la chance de que no sea cambalache el desenlace sino una fiesta general. 

Francisco es el Papa del fin del mundo. Él mismo lo dijo cuando salió por primera vez al balcón. Lo dijo por venir del extremo sur latinoamericano. Una referencia geográfica, y una sutiliza también, tal vez, sobre el estado de situación de la curia y la vieja Iglesia durante siglos gestionada por el clero del centro del mundo. 

Y ahora, en estos tiempos de coronavirus, de crisis financiera internacional, de incertidumbre generalizada y terrores globales, da la impresión que el fin del mundo está a la vuelta de la esquina. En todo caso, es claro que el Papa sudaca es contemporáneo del fin de un mundo. Es su síntoma y su señal. No es casual que el tango preferido de su Santidad sea Cambalache. Y no es casual tampoco que quien tiene que conducir la Iglesia, tenga en su soundtrack los modos en que desde el fin del mundo nos solemos enfrentar una y otra vez a las debacles y las catástrofes. 

Acá todo el tiempo hay que empezar de nuevo. 

En la tradición cristiana, el Apocalipsis no es sólo ni tanto la descripción de una catástrofe sino más bien una narrativa sobre cómo se atraviesan los momentos decisivos. Estrictamente la palabra significa “revelación”, o sea, una imagen de lo que se puede esperar y está por venir. Algunos teólogos dicen también que es un género literario que tiene en su centro la descripción del enemigo.

El viejo libro describe una conflagración cósmica, pero también una batalla existencial.  Es una creación simbólica para alentar a los que luchan. Una dramaturgia de cómo el bien y el mal, se plasman en la batalla decisiva. Habla de las históricas y colectivas pero también de las íntimas que se libran en el corazón de los hombres y mujeres de cada tiempo. Cada apocalipsis cifra la esperanza de la humanidad entera. Cada pueblo, cada vez, busca en medio del desastre los mensajes que lo orienten hacia su destino de felicidad. 

Así fue escrito este libro raro y famoso, misterioso y seductor. Críptico y popular. Un exiliado en una isla, que se hace llamar Juan, escribió siete cartas, a siete sendas comunidades perdidas por el mundo. Grupos perdidos, gente de pueblo entre los pueblos, que atraviesan un cambio de mundo. 

Los siete sellos, los cuatro jinetes, las trompetas del anuncio, el ángel exterminador, la mujer y la bestia. Figuras que rozan lo psicodélico y sin embargo encarnan dimensiones de la historia y de lo humano. El poder, la guerra, el hambre y la peste, junto con el pueblo, la fe y la redención, se conjugan en un relato que no es solo el de la derrota final y la destrucción total. La historia se despliega y en el núcleo hay una batalla que es la del pueblo enfrentando al imperio, al mal que la amenaza empujándola al abismo. Como un zapping panorámico, como un desatarse de todos los miedos.  

Al final del apocalipsis, sin embargo, no hay un holocasuto ni una bomba atómica, ni los zombies se quedan con la tierra. Al final del apocalipsis, lo que hay es fiesta nupcial. Una boda. La celebración de una nueva unión. Una fiesta, al fin.

Hollywood incorporó el último libro de la Biblia en clave de catástrofe, pasando por alto lo más potente de su colorida narrativa: la fuerza del recomienzo. Cuando todo parece oscuro, cuando la historia se presenta como clausurada, cuando todo es fin y Fukuyama, lo que se juega es la posibilidad de una fiesta.

Ese plus de vida que desborda el límite no nace de un programa lineal y racional, técnico. Lo que lo señala y a la vez lo crean es esto: una capacidad de ver, una voluntad de comunicarse, unos relatos simbólicos que ponen la fuerza individual y colectiva en clave de construcción histórica y ética, pero también espiritual y mística. 

Todos sentimos en este tiempo el vacío de palabras y narrativas que nos orientan y alimenten, por dentro y por fuera, a cada cual y a todos, en medio de la triple pandemia: la del coronavirus, la del capitalismo financiero desatado, la de la “tercera guerra mundial en cuotas”. La del desencanto del mundo, ahí mismo cuando, como decía Marx, “todo lo sólido se desvanece en el aire”.

Un apocalipsis es eso: unas historias contadas que convocan imágenes conmovedoras para animar la esperanza, para soportar y al mismo tiempo atravesar batalla.

Hay esperanza, hay batallas decisivas, caen meteoritos, hay falsos profetas, hay nacimientos y la amenaza de la bestia, hay una mujer revestida de sol que representa tanto a la humanidad siempre nueva como a cada mujer como al pueblo mismo, la patria de los que quieren vivir. 

Con un gran contador de historias como es Pedro Saborido nos dimos el lujo, por segunda vez, de producir estos podcast. La serie se llama “Grandes Momentos Populistas de la Biblia”, lo cual es una cuádruple redundancia: porque no hay momento de la Biblia que no hable de los momentos del pueblo, desde el paraíso perdido hasta la esperanza final. En el medio pasan santos, locos, perdidos, virgenes, putas, reyes, profetas, caudillos, solitarios, multitudes, traidores, forasteros que levantan a los caídos, gente que tiene que bajarse del caballo, banquetes, milagros, marines y el largo camino donde los compañeros comparten el pan y se dan cuenta de que el corazón arde y la historia vuelve a resucitar. En su centro, un hombre canta la belleza de los lirios del campo, convierte el agua en vino, y dice que el mundo y la belleza son para todos, empezando por los últimos. Jesús de Nazaret, el poeta de la misericordia, que vivió atravesado por dos emociones centrales: el amor por todos y la inminencia de un mundo nuevo, ahora. Por eso en la primera edición no dudamos en entrar a la cosa por este tema. Jesús y los peores.

Ahora, apocalipsis. Desbordado de imágenes y de dramatismo, barroco a su modo. Bello y tremebundo libro popular. Nos juntamos los tres (Santiago Barassi, Nestor Borri, Pedro Saborido), con sentido del humor pero sobre todo con ganas, de traducir, de explorar, de difundir un poco algo de esa fuerza trascendente y potente que muchas veces queda encerrada en sacristías y monografías. Acá en el fin del mundo, cada vez que se llega a un fin del mundo, hacemos lo mismo: nos organizamos para resucitar. 

Apocalipsis es eso: la revelación, el canto, la  risa de los pueblos desde el fondo de todas las historias que dicen: vamos a recomenzar.  

FACTOR FRANCISCO
PRESENTA

GRANDES MOMENTOS POPULISTAS DE LA BIBLIA

APOCALIPSIS AHORA…

Pandemias y tragedias; pestes, hambre y jinetes.
De cómo el fin del mundo no es un pozo profundo ni un inmundo lodazal.
Cuando todo cruje aparece la chance de que no sea cambalache el desenlace: sino una fiesta general.
Un podcast sobre el fin del mundo desde el fin del mundo, acá donde sabemos que de los terremotos se sale marchando (y con un choripan).

Con Nestor Borri, Santiago Barassi y Pedro Saborido

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