Los textos de #FF en 2020

LO QUE NOS SALVA NO ESTA DORMIDO: SUEÑA


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LA SOPA DE WUHAN Y/O EL VINO DE SAN JUAN 

Nos sorprendió una tormenta inesperada y furiosa. Nos dimos cuenta de que estábamos en la misma barca, todos frágiles y desorientados; pero, al mismo tiempo, importantes y necesarios, todos llamados a remar juntos, todos necesitados de confortarnos mutuamente. En esta barca, estamos todos. 

Como esos discípulos, que hablan con una única voz y con angustia dicen: “perecemos”, también nosotros descubrimos que no podemos seguir cada uno por nuestra cuenta, sino solo juntos. 

Es fácil identificarnos con esta historia, lo difícil es entender la actitud de Jesús. Mientras los discípulos, lógicamente, estaban alarmados y desesperados, Él permanecía en popa, en la parte de la barca que primero se hunde. Y, ¿qué hace? A pesar del ajetreo y el bullicio, dormía tranquilo, confiado en el Padre -es la única vez en el Evangelio que Jesús aparece durmiendo-.

Francisco, 

27 de marzo de 2020, 

oración especial 

en la Plaza San Pedro por la pandemia

Poco después del comienzo de la pandemia y, luego, de la cuarentena, en todas partes y acá circuló un “pdf” que compilaba las reflexiones de un conjunto de intelectuales del mundo, con el título “Sopa de Wuhan”. Es un buen ejercicio mirar ahora esos textos, que para una mirada con algo de barro en las pestañas ya mostraban su límite, y quizás su vacío. Frente a la contundencia del fenómeno, frente a las muertes y los dolores de los cuerpos y las almas, los “mejores” pensamientos circulantes se presentaron como un balbuceo triste o un narcisismo autorreferido a las propias tesis. O, en todo caso, como un comentario largo que poco aportaba y poco aporta- ahora es más evidente-  a salida alguna. Quizás lo mejor de ese compilado, y el aporte más importante de las expresiones urgentes y algo desesperadas de estos pensadores ha sido mostrar, de una sola vez, de un solo “download”, en unos pocos “scrolls”, la cruda realidad ante la que el pequeño y ciego virus nos pone. Que es, entre otras cosas, ésta: nuestros pensares y sentidos, el mejor stock de la intelligentzia instalada en el pensamiento contemporáneo, su más iluminado y elegante elenco, en todo caso queda así: compilada bajo un título tristemente irónico -no podía ser de otra manera- circulando de Whatsapp en Whatsapp sin decir nada a los que lo leen y sin invitar a mucha cosa más que a … reenviarlo. Desnudez. Bienvenida si nos sirve para vernos.

Al atardecer del 27 de marzo, en una plaza San Pedro solitaria, Francisco hizo una oración donde sencillamente se remitió al pasaje del Evangelio de Marcos, donde se relata el episodio de “la tempestad calmada”. Francisco, solo, sólo rezó allí, y compartió una meditación sobre la tempestad y el miedo (de ahí vienen las citas que ordenan esta presentación, y acá está completa). 

Al respecto, él mismo lo dice en su reflexión: es el único texto donde Jesus aparece… dormido. La extraña y única sensación de que aquel o aquello que habría de salvarnos, parece ausente.  Y la invitación a una serenidad difícil: la de pensar que el que está dormido puede estar, en realidad, no ausente, sino soñando. Poder confiar. 

Vale leer a la distancia la meditación de Francisco en ese dia lluvioso, junto con las fuertes imágenes de la plaza desierta. Es como un paso de la mera sopa de Wuhan y sus reflexiones pasajeras, a otro registro. Podría asociarse también a las palabras fuertes y complejas, pero recias y persistentes  de Juan de Patmos, ese que sueña y narra el apocalipsis en medio de la debacle del mundo y la persecución de los justos. Ese que, en el último libro del cánon cristiano, sostiene una visión del despliegue terrible de la historia, pero en el mismo momento sueña un banquete donde el vino abunda y (porque) el pan se comparte.

En medio de estas reflexiones, con conferencias de prensa y números de muertos en las pantallas, nos detuvimos también nosotros a conversar. Preocupados y confiados a la vez, componiendo lo común y los encuentros de otro modo, recogiendo lo caminado en otras tempestades y pasiones, recapitulando la historia y nuestra historia. Preguntándonos y reafirmando nuestras convicciones sobre aquello que puede “salvarnos”. Salvación no como plano sublime y metafísico, que finalmente es complementario del sálvese quien pueda. Salvación como memoria y razones, confianza en lo que nos rescata: lo que nos trae los días felices y nos sostiene en los días oscuros. En la tempestad.

II.EN LA TORMENTA DEL MUNDO, EN LA MISMA BARCA

La tempestad desenmascara nuestra vulnerabilidad y deja al descubierto esas falsas y superfluas seguridades con las que habíamos construido nuestras agendas, nuestros proyectos, rutinas y prioridades. Nos muestra cómo habíamos dejado dormido y abandonado lo que alimenta, sostiene y da fuerza a nuestra vida y a nuestra comunidad. La tempestad pone al descubierto todos los intentos de encajonar y olvidar lo que nutrió el alma de nuestros pueblos; todas esas tentativas de anestesiar con aparentes rutinas “salvadoras”, incapaces de apelar a nuestras raíces y evocar la memoria de nuestros ancianos, privandonos así de la inmunidad necesaria para hacerle frente a la adversidad. Con la tempestad, se cayó el maquillaje de esos estereotipos con los que disfrazamos nuestros egos siempre pretenciosos de querer aparentar; y dejó al descubierto, una vez más, esa (bendita) pertenencia común de la que no podemos ni queremos evadirnos; esa pertenencia de hermanos.

Francisco, 27-3-2020

“Argentina en la tormenta del mundo” es el título de un libro de Tulio Halperin Donghi que funge como explicación, sesgada por cierto,  de las decisiones o fatalidades que nos llevaron a presentes sucesivos y pendulares y a destinos difíciles pero singulares. Con esa referencia, también podemos decir que la pandemia  encontró a nuestro país en la tormenta del mundo y en también en medio – o en el inicio- de la ardua tarea de salir de una de sus caídas más envenenadoras, como fueron los cuatro años entre 2015 y 2019. Se jugaban, en el mismo momento en que la tempestad del COVD 19 se desplegó como uno de los jinetes del apocalipsis, las otras calamidades y dolores: la desigualdad, el veneno de las fakes y la impostura, las propuestas de subjetividades planas y pertenencias excluyentes orientadas por los emblemas del odio, la banalidad de la palabras en algoritmos infinitos y mercantiles.  

En Buenos Aires, en medio de varias de estas tormentas, del  mundo y la pandemia, del virus y de la crisis económica, nos juntamos a conversar varias veces, cada semana, virtualmente primero y después cuerpo a cuerpo, acortando y manteniendo distancia, y allí fuimos escribiendo estos textos que ahora compartimos.

Otra vez, la figura del Apocalipsis fue surgiendo en las conversaciones, con esta certeza: ni pesimismo ni catástrofe, ni fin del mundo ni nihilismo, sirven para atravesar la vida, vivir la historia y saborear los encuentros. Un apocalipsis es una narrativa, y aún más, una conversación que sirve para contemplar las batallas decisivas del mundo y de los espíritus, de los pueblos y de cada cual. Y sirve no para regodearse en la catástrofe ni victimizarse en la batalla, sino para describir al enemigo, alimentar la esperanza y concentrar la fuerza en torno a lo que nos salva y deseamos. Un apocalipsis es un texto de precisión, creación, oración y combate. (Algo de esto lo dejamos plasmado acá con nuestro amigo Pedro Saborido, en estos podcast del fin mundo

En Laudato Si, Francisco habla de la “larga conversación” que necesitamos. Las mejores propuestas del Papa muchas veces caen en diálogos ritualizados que, una vez cumplido el protocolo, nos dejan más o menos en el mismo lugar. Pero también, creemos con firmeza, que convoca a conversaciones intensas, en lugares inesperados, donde algo se revela, se enciende, se plasma como criterio y alimenta a seguir la conversación, camino a las decisiones y oraciones que nos salven, nos rescanten, nos vivifiquen.

Por ese lado va lo que  intentamos hacer desde Factor Francisco con estas notas. Jalonar conversaciones propias, con compañeros y compañeras, escuchar el rumor del mundo y de la patria, de los barrios y las televisiones, las luces vanas de los whatsapps y la redes, pero también los resplandores de los buenos fuegos de la amistad y la política.

Una escritura que viene siendo, toda ella, desde la concepción, el gesto y la circulación, entre la inspiración y la transpiración, esto: un poco de buena fraternidad en medio de la tormenta del mundo. Lo que nos salva. 

III.  FRATELLI TUTTI

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Y podemos mirar a tantos compañeros de viaje que son ejemplares, pues, ante el miedo, han reaccionado dando la propia vida. Es la fuerza operante del Espíritu derramada y plasmada en valientes y generosas entregas. Es la vida del Espíritu capaz de rescatar, valorar y mostrar cómo nuestras vidas están tejidas y sostenidas por personas comunes —corrientemente olvidadas— que no aparecen en portadas de diarios y de revistas, ni en las grandes pasarelas del último show pero, sin lugar a dudas, están escribiendo hoy los acontecimientos decisivos de nuestra historia: médicos, enfermeros y enfermeras, encargados de reponer los productos en los supermercados, limpiadoras, cuidadoras, transportistas, fuerzas de seguridad, voluntarios, sacerdotes, religiosas y tantos pero tantos otros que comprendieron que nadie se salva solo.

Francisco, 27-3-2020

En el inicio de ese mes cargado de rock, memoria y acontecimientos nodales que es octubre, en una tumba sencilla bajo una iglesia hermosa pintada por Giotto, entre las colinas de Umbría en la Italia arrasada por el virus, un cura argentino devenido Papa firmó un documento con título sugerente: Fratelli Tutti: hermanos todos. 

La tumba es la del santo cuyo nombre lleva como pontífice, y cuya aventura se ha cargado al hombro: reconstruir, reparar. Firmó en silencio la carta circular (encíclica) con nombre de deseo aunque también de cantina o de mesa de domingo, si se la oye con picardía, y con sonido de esperanza aunque también de advertencia. Y agradeció, especialmente a los traductores. O sea, a aquellos que tienen una doble tarea: poner en todos los idiomas del mundo no solo las ideas que contiene el magisterio del Papa argentino, sino también modismos que en latin deben conservar algo de la música de nuestro tango: “una civilización pasada de rosca”, o “Dios nos primerea”. Fratelli Tutti se entiende sin traductores: pero el camino de enfrentar el avance de la indigencia y la indiferencia en el mundo, con diagnósticos certeros y propuestas valientes, requiere todas las lenguas. Mucha traducción.

Desde entonces, nos pusimos manos a la obra amplificando y, justamente, traduciendo el mensaje. No porque no se entienda, sino porque siempre es posible encarnarlo un poco más. 

Traer de nuevo a nuestra tierra austral y arrabalera, la fuerza de las palabras universales que nos vuelven como regalo y exigencia. Como oportunidad.

En eso estamos y estos son los textos y las imágenes con que intentamos hacernos cargo de la parte que nos toca. Nos toca porque nos corresponde, nos toca porque nos impacta, nos toca porque, hay que decirlo y por eso lo hacemos centralmente: nos conmueve.

Aquí va, como botella al mar en medio de la tempestad, lo que pudimos decir y colorear durante los meses de la pandemia en el 2020.

Santiago Barassi – Néstor Borri

Factor Francisco

31-12-2020

Agradecimientos

El equipo de Centro Nueva Tierra, desde donde hacemos #FF, nos permitió avanzar en terrenos nuevos y contar con la fuerza de un largo camino construido institucionalmente y en relación con militantes de todo el país. 

De manera muy especial, queremos mencionar a Javier Aranguri, que es el responsable de hacer magia con las imágenes, plasmando a la distancia y en diálogo permanente las “visiones” que compartimos cada vez que encaramos una nota. Cada gráfica, para cada domingo, la imaginamos como un frontispicio o un tímpano de catedral, igual a aquellos donde desde los primeros tiempos los cristianos trataron de plasmar en imágenes lo que la fuerza de la palabra vivida les había inspirado. Solamente que lo hemos puesto con los modos y colores de la cultura popular, con un poco de humor pero siempre con una búsqueda de ampliar la imaginación y componer alguna sorpresa. 

Francisco Lucero con el procesamiento de textos se encargó de que no se nos pasaran demasiadas barbaridades sintácticas o tipográficas, salvo las que queríamos cometer adrede en forma de inventiva y de ganas de hacerle fuerza al lenguaje para que nos acaricie o golpee, y con nosotros a otros. 

Clara Cano y Vanesa Acosta nos permitieron llevar las cuestiones de gestión de una manera llevadera en medio de las dificultades prácticas de la distancia.

Desde España y Roma, nuestra compañera y amiga Maria Luisa Berrzosa nos sirve de referencia y nos pone chispa desde los más arduos espacios institucionales de la Iglesia Catolica.

Gabriel Katodopis y Daniel Santoro han sido para nosotros interlocutores de primera sobre cosas del cielo y de la tierra. Gente de obra que admiramos.  

Los compañeros de los grupos de intercambio Factor Francisco, Venite y Conexión Fratelli Tutti nos alimentaron con sus resonancias y reflexiones. El compañero y maestro Pedro Saborido nos alentó con una interlocución de lujo sobre política y alrededores, semanalmente. 

Los centenares de compañeros y compañeras que participaron en nuestros “zooms” semanales, nos alegraron las tardes de pantalla y cuadrícula, en el esfuerzo de seguir encontrándonos. Los miles de personas que se sumaron a la campaña FIRMAMOS TUTTI y a la comunidad #FF suscribiéndose a nuestros envíos, nos han honrado y entusiasmado con su acompañamiento. 

Los amigos solidarios de CCFD Terre Solidaire de Francia, Dreikonigsaktion de Austria y Adveniat de Alemania, y sus militantes y voluntarios de base desde hace años apuestan a nuestro camino de encuentro desde el sur: gracias a todos ellos y fuerza allá con la pandemia y con la vieja Europa. 

En la tempestad, seguimos. Y creemos. Hermanos todos. 

GRACIAS

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