La nueva encíclica de Francisco es a la vez una bomba y una botella al mar. Un grito solitario y un susurro de multitudes. La expresión de un sueño y una advertencia tremenda. Un escrito personal con una impronta colectiva  y coral. 

Al atardecer del jueves 8 de octubre, presentamos la Fratelli Tutti con más de doscientos fratelli/sorelle, y acá traemos lo que compartimos en esa tarde de esta  primavera difícil y singular. 

Las exigencias y las invitaciones de un texto fundamental para el que quiera verlo, central para el que quiera hacer mundo en el fin del mundo, y hermoso y alentador para el que quiera actuar, pasando por la letra para ir al gesto.

“Es posible comenzar de abajo y de a uno, pugnar por lo más concreto y local, hasta el último rincón de la patria y del mundo, con el mismo cuidado que el viajero de Samaría tuvo por cada llaga del herido. Busquemos a otros y hagámonos cargo de la realidad que nos corresponde sin miedo al dolor o a la impotencia, porque allí está todo lo bueno que Dios ha sembrado en el corazón del ser humano.”
Francisco, Fratelli Tutti, 78

Hace tanto frío…
Que no puedo… más que arder…

 Gabo Ferro, Volver a volver

TRADUTTORE / TRADITORE 

El Papa tiene una caligrafía muy particular, cuidada  y compacta. Significativa y podríamos decir sintomática. Es un Papa “quirógrafo”: de los que hacen escritos a mano. Pone su letra en las cosas.  

Cuando estampó su firma en la Fratelli Tutti, al pie de la tumba de San Francisco, simplemente agradeció a los traductores. Esas fueron prácticamente las únicas palabras que dijo más allá de las propias de la misa. Como casi nada de lo que dice o hace Francisco va sin intención, y al mismo tiempo tiene una fuerza de espontaneidad, creemos que en ese gesto hay algo que rescatar y que nos implica. 

No basta escucharlo, citarlo o nombrarlo: al Papa hay que traducirlo. Esa es la operación. “Traduttore, traditore”, dice un dicho italiano que Italo Calvino recordaba siempre. “El traductor es un traidor”. Suena raro porque los traidores tienen -por supuesto- mala fama. Pero el dicho en verdad quiere señalar que para que algo pueda ser traducido de un mundo a otro, de un lugar a otro, de una lengua a otra, demanda una implicación. Si uno traduce literalmente de un idioma a otro, palabra por palabra o incluso frase por frase, no se entiende nada en el resultado. Porque se pierde el lazo vital entre la vida y lo que la palabra nomina.

El desafío de traducir el texto implica traccionarlo, tomar decisiones de interpretación y de situación. Es la única forma de llevarlo más allá y poder así compartirlo. El traductor debe, de algún modo, ser autor también. Interponerse, incluso con el riesgo de traicionar el original. Al mismo tiempo, sólo así se le puede ser fiel. Los traductores deben… poner también su firma.

El espíritu que queremos compartir es este: ponernos todos y todas, en traductores y traccionadores de Fratelli Tutti, aun con el riesgo de traicionar algo del sentido original, pero con la voluntad y decisión de hacer llegar lo que Franciso dice a nuevos lugares y sentidos.

FRENTE A LOS DISCURSOS DE ODIO, FRATELLI TUTTI, TODOS  FRENTE A FRENTE

Francisco eligió el silencio en la presentación de la encíclica. Un poco, quizás, porque la fuerza inmanente de la cripta del loco de Asís sigue irradiando un sentido y una belleza que no necesita palabras para interpelar. Pero quizás también como respuesta a esa comunicación “constante y febril” que el Papa señala como síntoma de un mundo sordo, en el cual solo hay monólogos y nada de diálogo. 

Por eso puede decirse que Fratelli Tutti es también una respuesta a los discursos de odio, a esta nueva forma política que está tomando relevancia y que exacerba la cultura del descarte. En Europa es una realidad creciente que presiona y provoca. En nuestra región ya les conocemos el rostro y sus consecuencias, a la vez que nuestra escena nacional comienza a ser tensionada por sus voceros locales. Tienen raíces comunes, agendas compartidas, argumentos similares y objetivos comunes: romper los vasos comunicantes para evitar esa gran conversación que permita construir una amistad social a partir de la cual se despliegue un proyecto popular. 

Francisco lo sabe y por eso los señala sin entrar en su juego. Su voz no entra en la economía de los gritos y los insultos. Habla con contundencia, humanidad y amor de los grandes temas y de las cosas más personales. Le habla a la humanidad y a cada uno. Su respuesta es una nueva invitación a no dejarse tentar por la lógica del odio, que prolifera como virus en las redes y las pantallas, y apostar por una fraternidad concreta y valiente. 

LA LEALTAD A FRANCISCO DE ASIS, FIDELIDAD AL ORIGEN

En pocos años, Fratelli Tutti es la segunda encíclica en la historia del magisterio de la Iglesia Católica cuyo nombre oficial no es en latín. Laudato Si fue la primera en umbro; Fratelli en italiano. Lenguas romances, mestizas, como el español. Esto habla de la predilección o simplemente la inclinación del Papa por las palabras de la calle, las cotidianas, las que habla el pueblo. Las que elige cada uno en su intimidad para pedir o agradecer. Es una línea pastoral marcada por un cristianismo mestizo desde el vamos pero que necesita reconocerse de nuevo en la mezcla y la traducción.

También es un mensaje de recomienzo, que se sigue desplegando desde el momento en que el Papa venido del Sur eligió llamarse Francisco. En el 2013 circulaba un chiste que decía que Bergoglio era un argentino excepcional, porque cualquier otro hubiese elegido por nombre “Jesús II”. Más allá de este chiste sobre la vanidad nacional, su elección sigue implicando un signo claro y un desafío enorme. Los biógrafos Francisco, el de Asís, lo han llamado como “segundo cristo”, tal como lo vio la gente de su tiempo: una imagen del primero. Es un cristo “de recomienzo”. Y de reconstrucción.

“Repara mi Iglesia”, fue el mensaje que escuchó en el templo en ruinas de San Damián y que tardó en comprender en su total dimensión, porque creyó primero que se trataba de piedras y columnatas. El Papa Francisco, casi mil años después, llega y se encuentra ante algo parecido. Es también un hombre ante una Iglesia en ruinas: por eso este nombre está referido a los pobres, a lo nuclear de la fe, y al recomienzo. 

En un mundo también roto, en peligro y expectante, despejar lo secundario, retomar el origen y reconstruir la hermandad entre todos, esa es la invitación, también de Fratelli Tutti . 

DESNUDOS Y CON LO PUESTO, DE CARA A UN MUNDO EN RUINAS Y LO QUE VIENE

En el año 1000 se pensaba que el mundo se iba a terminar. Francisco de Asís es un santo de lo que venía después. Algo nuevo estaba por comenzar. Después de los años “oscuros”, vendría el renacimiento pero también…el capitalismo. En ese momento el hijo del mercader se desnuda. Ese es su primer gesto, desnudarse de las ricas telas del mercader -del habitus diría Bourdieu- para luego elegir los harapos del leproso. Pero, en el medio, se queda desnudo.

Fratelli Tutti es una encíclica muy conceptual: parte de una descripción muy profunda sobre lo que nos pasa. Todo el primer capítulo, Las sombras de un mundo cerrado, es una joya labrada, una piña monumental que rebalsa el mero diagnóstico. 

Si no somos capaces de quedarnos desnudos y poder ponernos la ropa de los últimos, corremos el riesgo de que empiece otra vez lo peor. Durante toda la pandemia, el mensaje de Francisco fue unánime: la pandemia nos desnuda, la tempestad nos exige. O comenzamos de nuevo, o “estamos en el horno”.

UN EXTRAÑO EN EL CAMINO: SAMARITANIA POLÍTICA

En el núcleo de la encíclica hay una hermosa reflexión sobre una pieza central de nuestra tradición cristiana: la parábola del buen samaritano. Un extraño en el camino es el nombre de este capítulo, el segundo. 

Esta historia es una narrativa central de occidente. Es una reflexión, una imagen, una pieza ética-espiritual pero también política que está en el centro del origen de nuestra cultura, podríamos decir de Occidente. Y, sin embargo, es una pieza olvidada. 

“La piedra que los arquitectos descartaron es ahora la piedra angular”, decía Jesús. Laudato Si es el canto de alabanza. Fratelli Tutti, hermanos todos, es una expresión de deseo, una declaración, pero también completa la alabanza con una advertencia que al mismo tiempo es una apuesta. O nos consideramos hermanos todos, o estamos en peligro.

En la parábola fracasan los que saben y triunfa el extranjero, el extraño, el inesperado. Esta eficacia del ir uno a uno, caso a caso, lejos de ser individualismo, tiene que ver con un sentido de lo artesanal en el volver a construir lo comùn. La encíclica es una advertencia, una pieza espiritual magnífica, y una bomba política, un espejo, un horizonte, un empujón. 

En nuestra escena local se verá a intelectuales y creadores poniendo acentos en zonas de la filosofía llenas de escepticismo, citas de los autores que elaboraron una filosofía después del horror de la Shoá, irónicos y donantes, paradójicamente con un gran acento en Nietzche, elegantes levinasianos, adoradores, muchas veces light y siempre de modo cool, de Walter Benjamin y otros. Pero difícilmente se verá quien se anime a tomar esta historia que empieza, y es otro síntoma, con la pregunta de un “maestro de la ley” sobre “quién en es mi prójimo”, a la que Jesús responde con la imagen del hombre que es golpeado por saqueadores y tirado al costado del camino. Y en la que uno que sabe de leyes y otro que sabe de oraciones y rituales -dos que saben- pasan de largo. Porque quien se detiente y se desvía, se inclina y levanta al caído es un extrnajero, uno que no es tenido por bueno ni por puro, uno que no alardea de saber nada. Uno que hace: levantar al caído, cura sus heridas y lo cuida hasta que se pone de pie. 

Vino uno que no era de los correctos, uno que no citaba los autores correctos, que no decía las frases que se estilan, que no especulaba con recetas sobre el derrame o enseñar a pescar, uno que no era experto en nada, ni portaba curriculum, ni tenía una ideología correcta, ni nada. Un cabecita negra, de un lugar diferente: ese es el que levanta al caído y se reconoce como prójimo.

Francisco es bueno cuando habla de cuestiones sociales, políticas y ambientales. Pero hay que saber leerlo en su registro sapiencial y teológico, a este Papa que “no es teólogo”, como le han reprochado algunos, para calar lo más potente que tiene para darnos: el núcleo no sólo de la ética, sino de la espiritualidad y por eso mismo de la política práctica, no sólo “de la Iglesia”, ni siquiera sólo “del cristianismo”, sino del Evangelio mismo. Al pie, al centro, a lo fundamental.

Porque la pregunta es otra vez, o debe ser, en este mundo partido y en medio de la tempestad: ¿quién es mi prójimo?

EL GUSTO POR LO LOCAL

En Francisco hay una oportunidad de reencontrarnos con el amor propio por lo que somos y reavivar la autoestima nacional. Hay una dinámica permanente de amor/odio al interior de nuestra sociedad que nos desgasta. Algo de eso responde a una operación permanente que se hace sobre nuestro pueblo: se le baja el precio al esfuerzo cotidiano de millones, se exacerban con malicia nuestras miserias, nos comparan con lo que nunca seremos, para finalmente mostrarnos a dos compatriotas que llegan a la semifinal de Roland Garros como lo único que vale la pena de acá. En Francisco hay una oportunidad de salir de esta lógica para darnos cuenta de la potencia de nuestro pueblo. 

También para estar alerta sobre el nacionalismo que excluye y agita la mera diferencia. Lo señala como un peligro y un límite que hay que desbordar, para construir identidades consistentes pero abiertas. “El gusto por lo local” es el criterio que Francisco propone para nutrir ese autoestima que se necesita para construir encuentros reales. No se trata de licuar ni exacerbar rasgos propios, sino que se necesita estar conectados con lo de todos los días. Hay que atender lo que pasa en el barrio, comprometerse en las instituciones que transitamos y defender lo que amamos. Pero todo esto hay que proyectarlo más allá y ponerlo a disposición de procesos mayores y construcciones más amplias. En algún punto, eso es justamente Francisco. Uno de los nuestros puesto a escala universal.

¿Qué hay de nuestra tradición política, de nuestras gestas populares, de nuestras luchas, que merecen ser reivindicadas? ¿Cómo podemos ser más amables con nosotros mismos y valorar nuestra potencia? Fratelli Tutti es una oportunidad para volver a dimensionar esto.

LA MEJOR POLÍTICA Y EL PODER OBSOLETO 

El capítulo 5 ha circulado mucho dentro de la militancia. “La mejor política” es el título que encabeza los párrafos en los que Francisco se mete a fondo en debates y reflexiones sobre la dimensión social y colectiva de lo que implica la construcción y disputa política. Lo hace desde la larga tradición de la doctrina social de la Iglesia pero también con planteos y conceptos muy nuestros.

El Papa es acusado, desde lugares y perspectivas muy diversas, de populista. Ese es justamente uno de los conceptos que toma para analizar y discutir la dinámica política actual, y para advertir también qué hay detrás de esa acusación persistente. Francisco señala que el populismo es actualmente un ordenador binario de las escenas políticas, funcionando como un descalificativo de todo aquello que no se encuadra dentro de la lógica hegemónica neoliberal. No es que por esto haga una reivindicación del término, pero sí señala que detrás de este machaque permanente muchas veces se esconde un desprecio por el derecho de los pueblos y la soberanía popular. 

“En América Latina el populismo tiene otro significado. Allí significa el protagonismo de los pueblos”, fueron las palabras con las que en enero de 2017 el Papa reivindicó en una entrevista al diario español la organización popular y la soberanía nacional en nuestra región. Es eso lo que Francisco quiere resguardar de los ataques y poner en valor como parte de “la mejor política”. En Fratelli Tutti se confirma también la opción preferencial por el “pueblo” en su pensamiento y como forma de pensar y encarar la salida a esta crisis civilizatoria profunda. 

El paradigma que piensa al pueblo como una mera mistificación irracional y se aferra al paradigma instrumental es un laberinto sin salida. Es un poder feroz en su capacidad de destrucción pero obsoleto para ofrecer respuestas a los problemas urgentes y estructurales de la humanidad. Sus resultados están a la vista. 

CONVERSIÓN Y DESBORDE:  POLÍTICA Y TRABAJO 

En este problema del poder obsoleto y la mejor política, Francisco insiste con una dimensión: el trabajo. Sólo el trabajo crea riqueza, sólo el trabajo resuelve el problema social más inmediato. Gobernar es crear trabajo podría ser una síntesis de “la mejor política”, a lo cual agregarle otra definición clave: se necesita un amor político que también sea eficaz. No se trata de hacer grandes discursos. No se trata solamente de la denuncia. Se trata de cómo podemos ir atendiendo problema por problema, uno a uno, que los tenemos y muchos. Solo, no lo resuelve nadie. 

“Sin dudas, se trata de otra lógica. Si no se intenta entrar en esa lógica, mis palabras sonarán a fantasía”, dice Francisco y muestra cómo, en última instancia, hay una conversión individual y colectiva que se necesita para habilitar un recomienzo. En Laudato Si ya estaba planteada la urgencia de una conversión socioecológica, pero en Fratelli Tutti aparece esto mismo desde una perspectiva más subjetiva: la salida de uno mismo.

Desde la intimidad de cada corazón, el amor crea vínculos y amplía la existencia cuando saca a la persona de sí misma hacia el otro Hechos para el amor, hay en cada uno de nosotros «una ley de éxtasis: salir de sí mismo para hallar en otro un crecimiento de su ser» Por ello «en cualquier caso el hombre tiene que llevar a cabo esta empresa: salir de sí mismo», Fratelli Tutti, 88.

Esta gran transformación estructural y urgente, acelerada por la pandemia, demanda hacer carne y sentido el “nadie salva sólo”. Hay una transformación personal que nos exige regenerar nuestros vínculos inmediatos, las responsabilidades institucionales y el modo en que experimentamos la felicidad. Necesitamos trascendernos, y tenemos que hacerlo desbordándonos. Necesitamos soltar nuestras mezquindades, superar nuestros miedos y rebalsar nuestros límites. Ahí está la invitación de Francisco. Estar abiertos, en salida, con mucho respeto por lo propio, sin olvidar la memoria, pero disponibles para un nuevo momento histórico. Todo eso demanda amor, y también mucha fe.

7 PARES CUESTIONES  Y 7 CAMINOS PARA UNA SAMARITANIA POLÍTICA

¿Què significa hacer samaritanía política? Proponemos  7 pares de cuestiones:

Indispensable / Bello

Esto que es bello y bueno, “ser pueblo”, también es indispensable. Y al revés también: esto que es indispensable y constituye una exigencia, reconocerse como pueblo y reconocer a los pueblos, también es algo bello, que vale la pena, que nos devolverá la paz no sólo colectiva sino espiritual y vital.

Todos / Sacrificables

La construcción del “todos” tiene que ver centralmente con qué hacemos con los “sacrificables”. Más aún: la concepción misma de que hay una parte sacrificable -y en el mismo movimiento- “descartable” de la humanidad, es la que desactiva y en última instancia necrosa y descalifica todo intento de inclusión y humanitarismo. Mientras los sigamos considerando sacrificables, ninguna estrategia de contención o ayuda será suficiente; y tampoco los incluidos y considerados humanos tendrán paz.  

Amistad / Los últimos

La “amistad social“ a la que invita la encíclica no es esa cosa mesocrática, centrada en los tonos y modos de los sectores medios “civilizados y ciudadanos”, de medianía y promedio, tan clásica de las interpretaciones habituales del cristianismo cuando se plasma en cultura o instituciones, incluida la tónica de muchas pastorales. La amistad de la que se habla tiene como condición centrarse en los últimos, partir de ahí, abrir la participación, hacerlos partes y tomar partido por ellos y con ellos. 

Poder obsoleto / Poder sagrado 

Este poder, estas respuestas a lo que pasa con el mundo y con la  vida,  que señala como obsoleto, también se presenta como sagrado. Francisco habla, de frente,  de un “dogma de fe neoliberal”. 

“El mercado solo no resuelve todo, aunque otra vez nos quieran hacer creer este dogma de fe neoliberal. Se trata de un pensamiento pobre, repetitivo, que propone siempre las mismas recetas frente a cualquier desafío que se presente.” (FT168)

“Me permito repetir que «la crisis financiera de 2007-2008 era la ocasión para el desarrollo de una nueva economía más atenta a los principios éticos y para una nueva regulación de la actividad financiera especulativa y de la riqueza ficticia. Pero no hubo una reacción que llevara a repensar los criterios obsoletos que siguen rigiendo al mundo»” (FT170)

La fuerza del poder obsoleto reside sin embargo en presentarse, y en ser reconocido, como poder sagrado. De algún modo el Papa denuncia la idolatría, pero quizás da un paso más y. Como venimos diciendo aquí, reconoce que el capitalismo es una religión. Y desde ahí, quizás, retoma e interroga cuál es la fuerza de lo sagrado que redime la vida y cuida el mundo. 

Arquitectura-agonía / artesanía

Las referencias a una arquitectura del mundo, y es descrito como una agonía, en el doble sentido de un mundo moribundo y una lucha descarnada, requiere artesanía y arrojo: levantar a todos pero partiendo de a uno. Ir uno a uno, levantando a los caídos, y desde ahí mismo creer con amplitud que se puede construir una nueva historia y una humanidad. La apuesta artesanal para construir una arquitectura nueva. 

Populismo / popular (ideología/potencia)

Esta referencia es de otro plano. Está plasmada en la encíclica como la oposición entre populismo y popular, para señalar el mecanismo que excluye o, como dice literalmente, ignora -pretende ignorar-  la noción de pueblo 

La pretensión de instalar el populismo como clave de lectura de la realidad social, tiene otra debilidad: que ignora la legitimidad de la noción de pueblo. El intento por hacer desaparecer del lenguaje esta categoría podría llevar a eliminar la misma palabra “democracia” -es decir: el “gobierno del pueblo”- (FT 157). 

Esta oposición señala en realidad cómo funciona la ideología. Toma algo que está presente, y lo trastorna, para excluir la potencia de algo transformador. Por eso no hay que creer simplemente que el Papa “condena el populismo” en todos los sentidos y regocijarse en eso. Más bien hay que ver cómo señala que el populismo mismo -el hecho político de las nuevas derechas populistas, y los análisis que se derivan de su valoración- es una operación ideológica que neutraliza pero a la vez “toma” la potencia posible de pueblo, como concepto y actor.  

Gesto / Palabra

El contenido de la encíclica, y la encíclica misma, como de algún modo también todo el papado de Bergoglio, se inscribe en la  dialéctica entre gesto y palabra. Como lo señala la parábola del buen samaritano, responde a una pregunta con una historia de acción. Parábola en la que el que hace algo con el cuerpo – desviarse del camino, inclinarse en el camino, cargarlo al hombro, curar sus heridas- resuelve aquello para lo cual los especialistas en discursos solo tienen eso: pasan de largo. La palabra tiene que estar puesta en gesto. Y algo más: ser gesto ella misma. 

¿Cómo puede ser entonces, una samaritanía política? ¿Cómo generamos una militancia, una construcción, que convide el virus de la trascendencia? Acá proponemos, también, siete características. El camino tiene que ser desviado, abierto a lo que viene y se encuentra, no es tanto innovar como estar abierto a lo venidero, a lo viniente de la vida. También ha de ser integral. Será necesariamente controversial. Se plasmará cómo artesanal, punto por punto. Requerirá acción del mismo modo que delicadeza y hondura. Lo que pasa en el camino, y lo que hay que hacer, es urgente. Y, sobretodo, el camino y lo que requiere, es posible. La amistad social, en este mundo es posible, es posible desviarse del camino de la fatalidad y desde ahí reconstruir. 

Porque, en el mismo punto y con la misma fuerza con que Francisco condena la mundanidad, reivindica el mundo. Su destino pero también su consistencia de “misterio gozoso” mucho antes que la de “un problema a resolver”, como dice el Papa en el número 12 de Laudato Si. Por eso mismo Fratelli Tutti es muy encarnacional, muy corporal, muy inmediata, muy práctica. Invita a salir directamente al encuentro y ve el encuentro como cultura porque lo considera todo.acción. 

Amistad social: gesto-acción que operativiza el encuentro. El misterio gozoso de la acción es el milagro práctico de la palabra cercana, oportuna  y precisa. 

DIÁLOGO PERSISTENTE Y CORAJUDO 

Jesus sabía narrar y discutir. El salvador era conversador. El milagrero y sanador, hacia los milagros con saliva y contacto. “Que en su palabra sencilla se posaba la mañana”, dice una canción cubana sobre él. La parábola del buen samaritano es justamente una respuesta a la pregunta ¿Quién es mi prójimo? Jesús responde contando una buena historia. 

Francisco insiste en la necesidad del diálogo. Queramos o no, tenemos que encontrar la forma de construir una escena donde podamos encontrarnos a charlar, conversar. Es la larga conversación a la que invita en Fratelli Tutti. Conversación que nos debe implicar, no como mero “tomar el té” o “componenda primediante”. Se trata de un diálogo “persistente y corajudo”.

Acercarse, expresarse, escucharse, mirarse, conocerse, tratar de comprenderse, buscar puntos de contacto, todo eso se resume en el verbo “dialogar”. Para encontrarnos y ayudarnos mutuamente necesitamos dialogar. No hace falta decir para qué sirve el diálogo. Me basta pensar qué sería el mundo sin ese diálogo paciente de tantas personas generosas que han mantenido unidas a familias y a comunidades. El diálogo persistente y corajudo no es noticia como los desencuentros y los conflictos, pero ayuda discretamente al mundo a vivir mejor, mucho más de lo que podamos darnos cuenta. (FT, 198)

Decir lo que se piensa y defender las posiciones pero hacerlo con una perspectiva abierta a la posibilidad de alcanzar acuerdos y encuentros. El Papa es bien claro: con el mero relativismo no se va a ningún lado.  Necesitamos afirmaciones. Necesitamos decir las cosas. Necesitamos discutir. De algún modo, enfrentarnos: ponernos frente a frente. 

Pero necesitamos hacerlo sin gritarnos de tal modo que nos descalificamos o nos matemos. 

Pongámosle la firma a la Fratelli Tutti, elijamos lo inevitable como el gesto de mayor libertad: seamos hermanos todos.  

Las verdades no se gritan. Las verdades se susurran. Se actúan. 

Son gestos lo que las sostienen.

Así irrumpen. 

Hagamos que así sea.

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