UNA REFLEXIÓN EN LAS VÍSPERAS DEL DÍA DE LA MILITANCIA Y EL PACTO DE LAS CATACUMBAS

el primado que se da a la relación, al encuentro con el misterio sagrado del otro, a la comunión universal con la humanidad entera como vocación de todos…

Francisco, Fratelli Tutti, 277

 …sentimos el desafío de descubrir y transmitir la mística de vivir juntos, de mezclarnos, de encontrarnos, de tomarnos de los brazos, de apoyarnos, de participar de esa marea algo caótica que puede convertirse en una verdadera experiencia de fraternidad, en una caravana solidaria, en una santa peregrinación. De este modo, las mayores posibilidades de comunicación se traducirán en más posibilidades de encuentro y de solidaridad entre todos. Si pudiéramos seguir ese camino, ¡sería algo tan bueno, tan sanador, tan liberador, tan esperanzador! 

Francisco, Evangelii Gaudium, 87

El día 17 de noviembre se celebra en Argentina el día de la militancia. Es una efeméride particular del peronismo, pero refleja una experiencia mucho más que partidaria e incluso, si se la mira de cerca, propiamente política justamente porque va más allá de la política misma. Esa es la característica, el diferencial y la gracia de las experiencias realmente populares.

Enhebrada en tiempos de persecuciones y proscripciones, de resistencias y esperanzas, celebra un día de plenitud y desborde cuyo sentido luminoso solo se entiende si se lo ve brillar sobre un largo tiempo de noche y oscuridad. 

Queremos compartir unas líneas sobre la relación entre militancia y mística. Por muchos motivos, pero centralmente por esto: una de las hipótesis centrales de #FF es que podemos y debemos estar disponibles para una nueva etapa de la historia de nuestro pueblo y del compromiso con la justicia y la felicidad. Y que, para eso, es fundamental, es necesario, es probablemente indispensable que gestemos una nueva mística, una espiritualidad abierta que nos sostenga, una capacidad de cultivar lo más propio de cada uno – una interioridad- que vaya acompañada tanto de la capacidad de encontrarse con valientemente con todos como la de proyectarse con una nueva solidaridad. Esta hipótesis supone también una autocrítica: supone que algo de la mística que gestamos en años anteriores, que por otro lado ha sido fundamental para traernos hasta acá es de todos modos insuficiente para lo que nos toca hacia el futuro. Por otro, se entiende esto, que puede sonar extraño o contradictorio: que el capitalismo, el neoliberalismo, o el sistema -como queramos llamarlo, nos referimos a la forma hegemónica que se impone a la vida personal y colectiva – en muchos casos ha sabido prestar más atención a estas “necesidades espirituales” de la gente común, que algunos espacios políticos populares nuestros. El capitalismo es una religión. Y el alma humana es uno de sus objetivos. Si desde nuestros espacios de militancia política no se logran tocar algunas cuerdas del alma de cada uno, difícilmente se podrá dialogar y construir una solidaridad popular y colectiva. 

Cuando tomamos desde #FF el peronismo como referencia no nos quedamos en lo partidario o identitario, ni siquiera nos referenciamos a algo estrictamente político. Sino que lo tomamos justamente por ser una experiencia de nuestro pueblo tan real y controversial como contundente y profunda, de lucha y búsqueda de más vida y más felicidad colectiva. “La Vida por Perón” y “Los días más felices” son consignas centrales de nuestro imaginario compartido, tanto por la pasión que despiertan como por los temores o rechazos que una y otra vez provocan. Sin pasar por ellas no se entiende nuestra sociedad, no se conoce nuestra historia y nada serio ni grande se puede hacer:  porque son parte inextinguible de nuestra experiencia real. Y la experiencia real es la única en la que pueden existir una mistica y una militancia. 

Por eso nos permitimos, con alegría y como una de varias aproximaciones que vamos a hacer, compartir unos puntos iniciales sobre mística y política, en las vísperas del día de la militancia.

FRATELLII TUTTI: UN RETABLO MÍTICO POLÍTICO, DE SOMBRA Y LUZ, INTERIORIDAD Y POLÍTICA, ENCUENTRO Y ABRAZO

La reciente encíclica de Francisco tiene ocho capítulos. El primero se llama “las sombras de un mundo cerrado”. El octavo habla sobre  las religiones en el mundo actual”. El capítulo cuarto se llama “Un corazón abierto al mundo entero” y el quinto “La mejor política”. Si se disponen los capítulos enfrentados entre sí, el primero y el último, el segundo y el penúltimo, etc, se ve que Fratelli Tutti está armada como un díptico, en cuyo centro está la cuestión del corazón abierto directamente asociada a la de la mejor política. Esa bisagra puede considerarse el centro de la cuestión.

Por eso podemos decir que Fratelli Tutti es un texto sobre mística y política, en tanto conjuga lo individual y lo colectivo, la interioridad de la práctica que se abre y el tipo de acción política que la plasma. Por eso mismo será que la Encíclica tiene en su núcleo la simple, bella y potente parábola del buen samaritano. Vale recordar que esta historia surge de una pregunta personal que un hombre le hace a Jesús. Algo que surge seguramente de esas búsquedas que cada cual, hace dos mil años y hoy, lleva en el pecho y nos sacuden las noches y los días. La pregunta del hombre es: “¿Quién es mi prójimo?”. Y también es la pregunta sobre “qué debo hacer” y, en última instancia, quién es cada cual.

La pregunta, y sobre todo la respuesta de Jesús, de algún modo hace referencia a lo que Jorge Aleman llama la “soledad: común”. Eso que siendo lo más íntimo de cada uno, nos pone en contacto con el otro y, así con el pueblo. Con todos. Fratelli:Tutti.

De modo que en primer lugar, dos afirmaciones sobre mística y política en 2020. Primero:  la fraternidad y la amistad social, y la cuestión de ser “hermanos todos”, son los ejes ineludibles para articular la vida personal y el compromiso con lo colectivo. Segundo: para orientarnos, tenemos a mano la vida de nuestro pueblo y nuestra realidad inmediata, pero además un texto de primera línea, local y universal, recién salido. La Encíclica Fratelli Tutti: como un modo de salir de los balbuceos y los comentarios, las aproximaciones vagas y los planteos banales. 

A ella remitimos en primer lugar.  

LA NOCHE OSCURA Y LA POESÍA QUE DESBORDA: EL PUEBLO AMA A LOS MÍSTICOS

El pueblo ama a los místicos. Lo hondo de su poesía o lo sublime de su experiencia los vuelve extraña y naturalmente cercanos a todos. Tienen música en la boca, como tienen andadura y corporalidad en su experiencia. Buscando lo eterno tocan la fibra más íntima y por eso universal que habita en cada uno. Son las palabras de los que buscan y persisten aún ahí cuando todo es desierto. 

“De noche iremos, de noche, que para alcanzar la fuente, sólo la sed nos alumbra”, son los versos de San Juan de la Cruz, el místico poeta de Segovia. “Nada te turbe, Nada te espante, Todo se pasa, Dios no se muda”, así empieza uno de los poemas más famosos de Teresa de Ávila, la misma que, puesta ante los avatares de la construcción concreta de sus conventos decía, “si frijoles, frijoles; y si perdices, pues perdices”. Contemporáneos de los tiempos del descubrimiento, e hijos de la España mezclada de musulmanes, judias y cristianos, conquistadora e inquisitorial. Conectan en el tiempo con palabras y poemas nuestros: no es casual que nuestro gran Juan Gelman los cite una y otra vez, los tome en su propia poesía para poner en palabras el exilio, las desapariciones, el dolor por el país y la esperanza.

¿de este destierro subo a tu hermosura? /
¿entras en mí como contento? / ¿lágrimas
de contento o congoja? / ¿por qué aprietan
al corazón? / ¿tu mano es? / ¿apretando?/
¿acariciando moviendo? / ¿tus labios
besándome son? / ¿tu calor? / ¿tu pura
pasión donde me quiebro la cabeza? /
¿torpe? / ¿lágrimas o deseos? / ¿altos
en la humildad que das? / ¿bondad que sos? /
¿y qué es amar? / ¿o son señales del
amor lo que se ve? / ¿amar muchísimo? /
luz que bañas el apretado sueño /
meditación que vuela como pájaro
desatándome el cuerpo / corazón
que entendés en silencio / corazón /
como la tortolita del pensar

(Juan Gelman,cita XVI, Santa Teresa)

Otro ejemplo. Francisco mismo, el de Asís, trovador desbordado de alegría, referencia de multitudes, iniciador de un movimiento que todavía hoy florece e interroga. El mismo hombre de la alegría y la simpleza es también el que está marcada por las heridas de la cruz. Y así lo tenemos hoy todavía, y puede estar en una canción de Serú Girán -San Francisco y el lobo- como en el nombre de un Papa de tierras lejanas.  

¿Cómo se atraviesa la oscuridad? ¿Qué hacer cuando las certezas se disuelven? ¿Cómo se avanza en medio de la tormenta o  el desierto? ¿Qué hacer con las derrotas? La mística es un canal que va más allá del cálculo y conecta con algo de la vida que es completamente humano y a la vez lo trasciende. Es un vínculo con eso que empieza donde la razón hace agua y la historia se clausura. Mística, la que se necesita en medio de la oscuridad para no ser tomada por ella. Mística, la que nos conecta a la fuente que no se agota. Mística, la que necesitamos ahora.

Es habitual que en nuestra cultura se prefiera buscar la mística o la espiritualidad en el exotismo de culturas lejanas, formas del orientalismo y lo new age, o en la disección del cerebro como posibilidad de acceder o disolver el propio misterio. Cuesta, o se evita, encontrarse con la propia tradición, el propio camino, lo que ya está en lo que nos constituye como cultura. Habla de tres cosas: del gran déficit de “oferta” de espiritualidad de las religiones instituidas, de la capacidad de ofrecer mercancías espirituales por parte de la industria cultural y los intereses a los que responde. Por último, de la oportunidad que tenemos de reconectar con lo mejor de nuestra larga tradición para responder a una sed de interioridad que además es una exigencia de lucha. Incluso de sobrevivencia. 

Por eso es un buen desafío conectar y reponer a los Franciscos, a Juan Gelman y al Juan del Cántico Espiritual, a Teresa y Evita. 

PACTO DE LAS CATACUMBAS: LA FUERZA, LAS FUENTES Y EL FUEGO

El cristianismo es una tradición que tiene en su centro esta cuestión: ¿Cómo se transforma y transfigura una derrota? Lleva la resistencia y la persecución en su ADN. Por eso, en tiempos de agotamientos, o en momentos donde la potencia debe ser redoblada, hay una posibilidad siempre: volver al momento de máxima tensión entre la vida y la muerte, para alimentarse y renacer.  

Un 16 de noviembre, durante el Concilio Vaticano II, ante un momento crucial de la Iglesia Católica, un conjunto de obispos se juntó en las catacumbas de Domitila, en Roma, para renovar el compromiso con un cristianismo y una Iglesia comprometidos con los pobres. Allí firmaron el llamado “pacto de las catacumbas”, que no solo hablaba del tiempo de Iglesia o fe que querían profesar, sino sobre todo del tipo de prácticas concretas que estos hombres y mujeres iban a llevar adelante para ser coherentes y recomponer su capacidad de recomenzar. 

El año pasado, para esa misma fecha, obispos del Sínodo Panamazónico, repitieron el gesto y actualizaron la proclama. Lo hicieron allí, en las catacumbas, buscando conectarse con esa fuerza de lo que no pasa. Porque, para conectarse con la fuerza, hay que ir a las fuentes, ahí donde ardió el fuego de las luchas, pero también de los sueños del origen. Con la conciencia que en el corazón de las fiesta y el banquete, en el núcleo de la plenitud, están las decisiones que se toman más allá de todo dolor, en el límite. 

Es una imagen, que mañana se cumple otro aniversario de aquel, que vale para la Iglesia pero que puede iluminar también otros colectivos.

ARTE QUE NOS ALIMENTA, BELLEZA PARA LA LUCHA

El arte es otro manantial de mística. Un diálogo con el misterio que trata de “poner en forma”, de proponer formas para eso que es a la vez inefable y totalmente cercano. 

Hace unos días murió Pino Solanas. Cineasta, documentalista y militante de una idea de nación centrada y orgullosa, luchadora e insistente. Un artista colmado de certezas anticipadas y zigzags políticos, que lo mantuvieron activo y vigoroso hasta el final. Perón: Actualización política y doctrinaria para la toma del poder es no solo una pieza de la historia nacional sino la lucidez de alguien que comprendió que una acción certera en un momento determinante, puede desatar la fuerza contenida en miles de corazones. También que esos mismos estímulos se necesitan en las horas de resistencia, y que en tiempos de victorias hay que decir por donde seguir. Historias que enhebraban generaciones, pasando el testimonio a los que venían cargados de futuro. Cintas clandestinas y bombas en largometrajes que supieron guiar a muchos y formar a otros tantos para no perder el andarivel. Por eso luego vinieron esas imágenes azules y ensoñadas de El Exilio de Gardel y Sur. Por eso puede abrazar Fito Paez a Goyeneche allí, porque en el momento de encuentro con lo más luchado y soñado, las generaciones se fusionan, bebiendo del mismo pozo y ensobradas por el mismo canto. 

MÍTICA Y MÍSTICA. EL MISTERIO DE LO COLECTIVO Y LA PARADOJA DE LO MÁS ÍNTIMO  

No se puede ser feliz en soledad. La mística es tan personal como colectiva. La búsqueda introspectiva por el sentido de las cosas y de la vida, tiene en su imaginario la forma de una redención individual. Y sin embargo, esa sed por lo trascendente se colma no tanto en un éxtasis espiritual sino en una experiencia mística que también vuelve siempre como colectiva, y popular. Saberse pueblo, conectar con lo que me comprende histórica pero también míticamente, en forma de motivación de los sueños y las pasiones, nos devuelve a esa verdad: 

“No se puede ser feliz en soledad”, dice Leonardo Favio para explicar su sentimiento traducido en Sinfonía. Los pueblos hacen la historia y lo hacen con las identidades de cada tiempo. Francisco insiste en su dimensión mítica, o sea, en esa fuerza que se desacopla de la linealidad de lo instrumental y meramente temporal. Lo que no puede ser atrapado por lo simplemente lógico. Lo que va más allá del acá y ahora. Lo que nos rebalsa. Lo que nos trasciende. Pero para acceder a eso colectivamente, es necesario también que los místicos-artistas pongan a disposición mitos-imaginaciones de lo que fuimos y podemos ser, en forma de poesía y drama. Esa tarea que conjuga narrativa y construcción, belleza y lucha, objetivación y metáfora, es también una tarea militante.

SCALABRINI: EL HOMBRE QUE ESTÁ SOLO Y ESPERA, Y LA MULTITUD ENCENDIDA

Raul Scalabrini Ortiz es otra figura que conjuga la experiencia mística de la militancia, y otro modo complejo y singular en que lo más solitario e individual se conjuga, con la fuerza de la historia, en lo más colectivo y popular. No es casual que le debemos al autor de “el hombre que está solo y espera” las páginas que describen las multitudes  del 17 de octubre. Tampoco es casual que sea este poeta este casi metafísico el mismo que analiza la economía y la geopolítica, lo más material y corporal. La experiencia militante, cuando se encuentra con su carril y su potencia, conjuga lo más espiritual con la más primigenia experiencia corporal, económica política, profana, concreta. Suficiente y jubilosa. 

Desde tu café de adolescencia
mirabas el contorno de tormenta
como si fueras a hundirte,
y estabas brotando.
Cielos batalladores de nubes
Te conducen.
La torva aversión del cielo 
Te consume y ablanda.
Historia de vientos es tu historia 
Y procuración de un alma.
Luego es la lluvia
En que ablucionas y limpias,
Renaciendo 

Raul Scalabrini Ortiz,
Tierra sin nada, tierra de profetas.
Devociones para el hombre argentino.

ABUELAS. UN AMOR MÁS FUERTE QUE LA MUERTE

Para concluir un recorrido por las fuentes místicas disponibles para la militancia, para decir una referencia a la fuerza que nos puede alentar; para encontrarnos con las fuentes de las que queremos beber una y otra vez, para animarnos al fuego que nos va a conceder y con el que queremos y debemos calentar la fría y difícil vida de tantos y tantas; para anticipar también la fiesta que luchamos por compartir y que sabemos que nos espera más allá de todo dolor y toda muerte, para todo eso  basta  mencionar en esta tierra incendiada el nombre luminoso de las Abuelas de Plaza de Mayo y la sonrisa de cada nieto recuperado. Son muchos y a la vez faltan muchísimos: pero el encuentro de uno solo basta para tener las señales del recomienzo. Cada vez que uno de ellos es encontrado, tenemos una experiencia concreta de lo que la militancia tiene de mística.

Uno, cada uno y muchos. Saber quienes somos: gente rescatada por el compromiso y el amor. Por ahí anda el misterio -pero también el proyecto – que nos toca como pueblo. 

Ser militante es vivir un poco el desgarro, un poco el compromiso y otro poco la fiesta de ser un militia. Uno de mil. Uno de miles. 

Y reconocer cada gesto y cada herida, cada paso y cada llegada, como signo y señal de lo que somos y a la vez estamos llamados a ser: un pueblo donde cada uno se reconoce hermano de todos: tarea, sentido y punto de partida para cualquier militancia que quiera llamarse así. 

¿Estamos lejos?¿Estamos cerca? No se sabe. Caminamos. Cada uno. Entre miles. 

Como dice Juan: “de noche iremos: para encontrar la fuente sólo la sed nos alumbra”. Y el pueblo. 

¡Feliz día!

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