Europa. Los barcos. Nosotros. Los dichos del presidente ante el presidente de España desataron críticas, reflexiones y memes. Y en el mismo movimiento pusieron en escena las viejas preguntas sobre quiénes somos. Puede decirse que pronunció un lugar común, una burrada, una jugada en la negociación o un nudo de lo que somos, desató mil debates, que contienen unas cuantas de nuestras preguntas nacionales, pero que -quizás por eso mismo- también convocó a muchas de nuestras zonceras. Y viceversa.

No importa tanto lo dicho como lo que pueda darnos a pensar, otra vez. ¿De dónde venimos? ¿En qué creemos? ¿Quiénes somos? ¿A dónde vamos? Preguntas argentinas. Citas. Canciones. Escritores. Debates político culturales. Qué y quiénes somos los argentinos.

 

LA UNIDAD BÁSICA DE LA MEZCLA

Ya no hay distinción entre habitante de Judea y habitante de Samaría, no hay sacerdote ni comerciante; simplemente hay dos tipos de personas: las que se hacen cargo del dolor y las que pasan de largo; las que se inclinan reconociendo al caído y las que distraen su mirada y aceleran el paso. En efecto, nuestras múltiples máscaras, nuestras etiquetas y nuestros disfraces se caen: es la hora de la verdad. ¿Nos inclinaremos para tocar y curar las heridas de los otros? ¿Nos inclinaremos para cargarnos al hombro unos a otros? Este es el desafío presente, al que no hemos de tenerle miedo.
Francisco, Fratelli Tutti, 70

El primer Papa del sur global, el latinoamericano, es argentino -como él ha dicho, sigue llevando nuestro pasaporte-. Su apellido no deja por eso de ser de origen italiano, y es probable que ser un poco de allá, de Europa también, no sea ajeno a su elección como autoridad máxima de la Iglesia Católica. 

¿Es un mestizo? No en el sentido “racial”, pero sí, claramente, en la matriz cultural. Pero el mestizaje, y junto con esto, su permanente opción y reclamo por una recepción de los desplazados, los forasteros y los migrantes están en el centro de sus planteos. 

Las primeras imágenes de Francisco fuera de Roma, poco después de su elección, lo muestran a orillas del mar, entre naves. Lampedusa: la isla del sur donde llegan los barcos, o los náufragos. Una cruz hecha de madera de naufragios que le entregaron entonces sigue en su oficina, central. 

Hablar ahí de quienes “bajan de los barcos”, en la orilla donde llegan los que vienen desde África significa algo bien distinto y sin embargo conecta con nuestra muletilla, ya sea que venga de Lito Nebbia u Octavio Paz, o que fuera pronunciada por uno u otro presidente, analista o diseñador de políticas culturales. 

Ver estas tres cuestiones presentes en el pensamiento y acentos de Francisco puede poner una luz sobre nuestros debates abiertos.

Junto con esto es interesante ver algo más. Francisco no duda en definirse como “bajado de los barcos”, aunque no use ese término. Puede encontrarse esto de manera frecuente en sus intervenciones. Paradigmáticas al respecto son las que pronunció en su visita a los Estados Unidos en 2016, donde las mencionó ante el pueblo, ante el capitolio y ante los obispos, frecuentemente. Ahí, al tener que hablar como Papa a una sociedad como la norteamericana, tan diferente a la nuestra pero que comparte ese aspecto de su composición y cultura, aunque lo haya resuelto de otras maneras y con otro horizonte. 

La experiencia colectiva referida pero también la identidad personal, son utilizadas y al mismo tiempo reconocidas como elementos en una estrategia de interpelación. 

El mestizaje es constitutivo de la cultura latinoamericana y de su catolicismo. Francisco lo lleva, como contamos más abajo en este mismo texto, al núcleo de su mensaje y del mensaje cristiano. El mestizaje como figura de la encarnación. Lo lleva a ese lugar decisivo de la fe cristiana y de la concepción y la historia de la Iglesia y de algún modo de occidente mismo. Lo propone como realidad, como criterio y como modelo: la mezcla.

Los migrantes son probablemente para Francisco los sujetos, la oportunidad y los emblemas, “el lugar” de una nueva humanidad. La experiencia de encuentro y desencuentro, la tragedia y la búsqueda, el desplazamiento y la acogida -o, también, la indiferencia y el rechazo, el odio incluso- que se mueven en torno a ellos, muestran una tragedia en la que se juega de hecho -y como metáfora y metonimia- el destino de la familia humana, o de la especie como familia “ensamblada”.

El mundo compartido es el lugar-casa que Francisco propone. Este. No otro. Acá. Frente al “globo” de las finanzas y la guerra, el mundo Casa Común. Pero también, frente a la “mundanidad” de la mercancía, sus manoseos y las mediocridades mezquinas del poder, un estar en el mundo orientados por la misericordia. 

La misericordia es el gesto básico de la acogida. La unidad básica de la mezcla. La medida inicial del encuentro.

Ahí reside para Francisco la identidad. En lo que hacemos. El arraigo está ahí. 

Identidad de prójimo producida por la acción de curar las heridas y abrazar al diferente.  

CIVILIZACIÓN Y BARBARIE

En nuestro país, un lema: “civilización y barbarie” sirvió para dividir, para aniquilar y llegó al culmen, hacia fines de los años 80, a aniquilar la mayoría de los pueblos originarios, porque eran “barbarie” y la “civilización” venía de otro lado. Es el desprecio de los pueblos y —voy a la experiencia de mi tierra— eso, “civilización y barbarie”, que sirvió para aniquilar pueblos, todavía sigue en mi patria, con palabras ofensivas, y entonces se habla de civilización de segundo grado, los que vienen de la barbarie; y hoy son los “bolitas, los paraguayos, los paraguas, los cabecitas negras”, siempre ese alejarnos de la realidad de un pueblo calificándolo y poniendo distancias.
Francisco, Apertura del Sínodo Panamazónico, 7 de octubre de 2019

Abriendo el Sínodo de 2019, Francisco “cita” a Sarmiento en el encuentro global sobre un eje estratégico de América latina, la Amazonia. Frontera y corazón al mismo tiempo. 

Pero el título completo del célebre libro es “Facundo o civilización y barbarie en las pampas argentinas». Esa “Y”, no indica que el polémico sanjuanino haya sido un ejemplo de multiculturalidad, sino que en algún punto, su inteligencia o su división política o lo que sea, le hacía ver que en esa tensión estaba el drama -y quizás la fuerza- de nuestra identidad.

Civilización “O” barbarie es la deriva excluyente de esa historia, la nuestra. Ahi está, repuesta en un evento sobre el destino de la Iglesia en una región de América del Sur, pero también y sobre todo en un debate que implica el futuro del planeta en una de las fronteras-corazón de la humanidad, del capitalismo, de la geopolítica y de los pueblos, del siglo XXI.

Mestizaje como potencia, dialéctica de oposición como tragedia. Polaridades que conviven como oportunidad de un discernimiento compartido y una vida común.

Otra vez, la oportunidad de ver, escuchar y recepcionar los textos fundantes de lo nuestro -y de “nosotros”- desde otra escena, universal y venidera a la vez. Desplazada, como oportunidad para que la retomemos.

ESPÍRITU EN ESTA SELVA

Y también nos acercamos a los pueblos amazónicos en punta de pie, respetando su historia, sus culturas, su estilo del buen vivir, en el sentido etimológico de la palabra, no en el sentido social que tantas veces le damos, porque los pueblos poseen entidad propia, todos los pueblos, poseen una sabiduría propia, conciencia de sí, los pueblos tienen un sentir, una manera de ver la realidad, una historia, una hermenéutica y tienden a ser protagonistas de su propia historia con estas cosas, con estas cualidades.
Francisco, Apertura del Sínodo Panamazónico, 7 de octubre de 2019

“En puntas de pie”. Como quien se acerca a un lugar sagrado. Y como a una cuestión delicada también. Asi pide acercarse y así valora Francisco no sólo “la cuestión indígena”, sino los pueblos originarios mismos, en su presencia corporal concreta. Con esto, acompaña su historia jesuita, y a la vez asume las contradicciones y los desafíos de la presencia de la Iglesia Católica en América Latina y en todo el mundo, históricamente y en el futuro.

Vista desde su pensamiento y magisterio, y concebida en su estrategia y en el mundo que le tocó “pastorear” y “pontificar”, que es el mismo en el que nosotros tenemos que vivir y convivir, lo que propone tomar es su singularidad respetada en el mismo momento en que se integra a un todos y a un “todo” que, sin embargo, no se totaliza.

El respeto a la identidad y a lo que más ampliamente llama -como en Fratelli Tutti- el “sabor local”, la cultura propia y el arraigo, no es un respeto antropológico en el sentido disciplinario, ni un multiculturalismo de la mera diversidad. Es más bien criterio aplicado como cuidado de la riqueza de cada cultura y cada pueblo, llamado a construir la gran familia humana. Propondrá el respeto a la cultura pero también la predicación y la encarnación del evangelio.

GUADALUPE Y EL DIOS MESTIZO: ENTRE EL CIELO Y LA TIERRA

Y tercer adjetivo que yo le diría mirándole, se nos quiso mestiza, se mestizó. Pero no sólo con el Juan Dieguito, con el pueblo. Se mestizó para ser Madre de todos, se mestizó con la humanidad. ¿Por qué? Porque ella mestizó a Dios. Y ese es el gran misterio: María Madre mestiza a Dios, verdadero Dios y verdadero hombre, en su Hijo. Cuando nos vengan con historias de que había que declararla esto, o hacer este otro dogma o esto, no nos perdamos en tonteras: María es mujer, es Nuestra Señora, María es Madre de su Hijo y de la Santa Madre Iglesia jerárquica y María es mestiza, mujer de nuestros pueblos, pero que mestizó a Dios.
Francisco, Fiesta de la Virgen de Guadalupe, 12 de diciembre de 2019

La dinámica de la mezcla es central en las sociedades latinoamericanas. No hay que ver solo sincretismo “de dominación” ni mera resistencia en esa narrativa de encuentro que expresa la virgen de Guadalupe. Es necesario ver la experiencia de los pueblos, y de los sujetos, en el encuentro con un mensaje que se pudieran apropiar. La imagen tierra y potente de Guadalupe hay que verla con los ojos de Juan Diego y a Juan Diego hay que saberlo como parte de un pueblo que sabe ver y reconocer algo. 

Francisco ha hecho afirmaciones muy fuertes sobre la función de Maria, justamente con oportunidad de la celebración de la fiesta de Guadalupe. “Mestiza a Dios”, dijo. De eso, lo resultante es un dios mestizo. Tal cosa es la encarnacion. Vertical y horizontal. En el eje vertical de lo absoluto pero también en el horizontal de los encuentros y alianzas e intercambios, que suceden en el mismo terreno pero no en la misma dinámica o lógica que las dominaciones y las matanzas. En la tierra.

A muchos intelectuales la figura de Maria ya no les dice nada. Las dirigencias culturales y políticas a veces intuyen su potencia, y otras tantas no. Pero el pueblo encamina sus búsquedas en estos símbolos, que siguen siendo potentes. Quizás hoy lo que en otro momento estaba en la Virgen está en otro lado. Y también es cierto que los caminos de nuestras sociedades han ido por derroteros de fragmentación y desencuentros, tomados por la lógica del capital. Pero en todo caso queda esto: poder inspirarnos en símbolos que están en nuestro acervo, en nuestra memoria y en medio nuestro, y usarlos para sostener las narrativas e imágenes, construir los emblemas y las conversaciones que nos permitan reconocernos como hijos-todos y por eso hermanos, familia. 

Vale para cada comunidad. Vale para cada pueblo. Vale los pueblos. Vale para todos y todas en el mundo. Vale, paradójicamente, incluso para cada familia, el desafío de sentirnos, como dice la poeta Diana Bellesi con un término hermoso y raro que se carga así de poesía,  “parientes”.

TODOS EN LA MISMA BARCA

Nosotros, pertenecientes a este continente, no nos asustamos de los extranjeros, porque muchos de nosotros hace tiempo fuimos extranjeros. Les hablo como hijo de inmigrantes, como muchos de ustedes que son descendientes de inmigrantes. Trágicamente, los derechos de cuantos vivieron aquí mucho antes que nosotros no siempre fueron respetados. A estos pueblos y a sus naciones, desde el corazón de la democracia norteamericana, deseo reafirmarles mi más alta estima y reconocimiento. Aquellos primeros contactos fueron bastantes convulsos y sangrientos, pero es difícil enjuiciar el pasado con los criterios del presente. Sin embargo, cuando el extranjero nos interpela, no podemos cometer los pecados y los errores del pasado.
Francisco, Congreso de los Estados Unidos, 24 de septiembre de 2015

“Hablo como hijo de inmigrantes”. Todos somos supervivientes de un viaje y de un naufragio. Todos somos nómades. Todos somos huéspedes. Todos alguna vez hemos llegado, y hemos sido recibidos. En el mundo. En la vida.  

Nuestra autoctonía consiste en ser peregrinos. Francisco lo sostiene desde la propia biografía: el hombre hijo de italianos inmigrantes es el Papa que lleva a los indígenas amazónicos a la basílica de San Pedro.

De lo que se trata, con las raíces, es del arraigo que invita a crecer. La raigambre está hecha para sostener el vuelo y la apuesta.

Lo que importa, para lo que somos, es lo que hacemos.

El único origen común es la fraternidad originaria. Eso es lo que asegura la identidad, en el mismo momento que no hace de ella un ídolo. La “somete” a la apertura que surge del amor. 

“Caminantes de la misma carne humana”, dice la Fratelli Tutti. Y también: “sólo falta el deseo puro y gratuito de ser pueblo”. Entre la peregrinación común y el deseo faltante, está la oportunidad de los encuentros, y la invitación a la “alianza”, al pacto. 

La cultura del encuentro y el diálogo persistente y corajudo con el que y en el cual tenemos la oportunidad de recrear el mundo. Ese mismo mundo que es la casa común: la de Adan y Eva que es también la de Caín y Abel. Esa casa, como dicen los dos relatos del Génesis,  respecto a la que se nos da un doble mandato: dominarás la tierra pero, también, cuidarás el Jardín (así lo recuerda Francisco en los fundamentos bíblicos de Laudato Si’).

Con él,  en la pandemia también podemos decir: somos peregrinos como Abraham, el padre de pueblos, a cuyo punto de partida viajó, en la llanura de Ur en Irak, hace unos meses. 

Francisco recuerda, figura, propone, opera y clama por los pactos “originales”. En el doble sentido: los que están -o deben volver a ser puestos- en el origen. Y también en el de dar origen, comienzo y recomienzo, a un camino compartido de nuevo. 

Entre los hombres, con la creación y entre los pueblos. Por eso, su apelación a que todos estamos “en la misma barca” nos puede conectar con Noe y aquella mítica pandemia, el diluvio. 

La alianza noánica es anterior a la de Abraham (del mismo modo que esta última es anterior a la alianza de Moises). Esa alianza original es con todos los pueblos (representados por los hijos de Noe). Del mismo modo que el arca contiene a toda la vida de la creación, destruida por el des-cuido que es el pecado del hombre. Pecado que no es moralina de catecismo mal leído, sino justamente aquello que rompe el equilibrio de la convivencia y el planeta. Diluvio que más que castigo, es consecuencia de ese pecado. Alianza que abre a que comiencen todos los pueblos, y la paloma que trae la rama de olivo, y las mil bestias llamadas a llenar de nuevo la tierra, el jardín.

Nadie se salva solo. El arca es lo que sepamos construir si escuchamos el llamado a vivir juntos. 

El arco multicolor puesto sobre el cielo, ese que hoy levantan los cooperativistas, las diversidades sexuales y los pueblos originarios, es signo de ese pacto y apuesta de recomienzo. 

FRATELLI TUTTI: CULTURAS ABIERTAS, CRECIMIENTO Y BELLEZA

En realidad, una sana apertura nunca atenta contra la identidad. Porque al enriquecerse con elementos de otros lugares, una cultura viva no realiza una copia o una mera repetición, sino que integra las novedades “a su modo”. Esto provoca el nacimiento de una nueva síntesis que finalmente beneficia a todos, ya que la cultura donde se originan estos aportes termina siendo retroalimentada. Por ello exhorté a los pueblos originarios a cuidar sus propias raíces y sus culturas ancestrales, pero quise aclarar que no era «mi intención proponer un indigenismo completamente cerrado, ahistórico, estático, que se niegue a toda forma de mestizaje», ya que «la propia identidad cultural se arraiga y se enriquece en el diálogo con los diferentes y la auténtica preservación no es un aislamiento empobrecedor»[129]. El mundo crece y se llena de nueva belleza gracias a sucesivas síntesis que se producen entre culturas abiertas, fuera de toda imposición cultural.
Francisco, Fratelli Tutti, 148

Fratelli Tutti es la encíclica de Francisco para los pueblos. A la pregunta sobre quiénes somos, él antepone una respuesta, que es reconocimiento, advertencia y posibilidad: somos hermanos. 

Los debates que esta semana recorrieron una parte de la opinión pública y las conversaciones políticas, mediáticas y militantes, pueden encontrar en este documento un marco de resonancia que los ponga en un lugar diferente. No sólo ellos: también los dilemas de fondo que recorren nuestra cultura desde Bartolomé de las Casas, Sarmiento, Borges, Eva o Judith Buttler. Porque junto con todo el magisterio e intervenciones anteriores de Francisco, en la Fratelli Tutti también están muchos de los pensamientos, controversias y experiencias de nuestra historia latinoamericana, pero especialmente de la Argentina. La argentinidad al palo mayor de la barca que pueda llevarnos al tiempo que viene.  

En Fratelli Tutti hay un recorrido para hacer de las acciones y palabras, políticas que se nutran de la profundidad proyectiva e imaginal de lo mítico. Hay una invitación a ir a la fuente para alimentar la fuerza. El esquema que organiza la encíclica de pandemia de Francisco, tiene en el centro dos capítulos que son la unidad básica desde donde recomenzar y ponerse en salida. “Un corazón abierto” se conecta con “la mejor política” (Capítulos 4 y 5, de 8, o sea, el lugar donde estaría “el broche” del texto, si no estuviéramos en el tiempo de los  PDF…). En ese núcleo, Francisco ubica al samaritano -un extranjero- como ejemplo y modelo de fraternidad, misericordia y política.

Fratelli Tutti replantea la forma, las figuras, la fuente y la fuerza de la composición de lo común. 

Forma: poliedro, en vez de esfera. Partes que no se disuelven en el todo, pero que saben que ser “fratelli” vale hoy si lo somos “tutti”, y que sino la fraternidad es mera fantasía. 

Figura: la de aquel que levanta al caído y lo abraza. Gesto de curación y abrazo, en la forma de un encuentro entre desiguales. Inclinarse. Hacer clínica. Caso por caso. Herida por herida. Asimetría que se tensa en abrazo producido por la valentía de salirse del camino y el cuidado de levantar al caído y curar sus heridas. Salida y encuentro. Samaritanía.

Fuente: la fraternidad originaria, surgida del reconocimiento de un origen común. Quizás no todos bajamos del mismo barco, pero somos hijos de Dios, o sea habitantes-hermanos de la casa común, que nos fue confiada. Acaso no todos bajamos de los barcos. Pero estamos todos en la misma nave. En la misma tempestad. Y el mismo viaje.

La Fuerza: la de la misericordia y el reconocimiento recíproco como lugar y acción del recomienzo, por la vía del gesto que levanta al caído. Ahí está la fuerza y ahí debe ser aplicada para que tenga sentido.  

Los barcos, los inmigrantes, los mestizajes, la civilización, la barbarie, los migrantes, los pueblos originarios, el conventillo universal y la aldea global. Todos ellos son componentes de las preguntas, de los tropiezos, de las heridas y también de lo que hemos aprendido de nuestra historia y de nuestra política. Todo esto estuvo esta semana en las redes y los medios. 

Pero también está dando vueltas por el mundo por los andariveles algo ajados pero todavía vivos del mensaje cristiano de la Iglesia Católica conducida hoy por un argentino, por un hijo de inmigrantes que llenó de pueblos originarios la basílica de San Pedro y que sabe que debemos conservar las aristas para no homogeneizarnos en la esfera del mundo mercantil, pero más aún, recuerda y afirma que es bendita la mezcla que nos hace hermanos y hermanas.  

×

Powered by WhatsApp Chat

×