Francisco presenta el documento como resonancia de la construcción colectiva que significó el Sínodo Panamazónico. En él, el Papa pone en escena la lógica de “desborde” que propone para transformar tanto las realidades sociales y políticas como los caminos de su propia institución, en la Amazonia y en todo el mundo. También da una señal respecto a cómo concibe la construcción de caminos de transformación en la Iglesia. No cierra ni reemplaza el trabajo colectivo del sínodo: lo hace resonar y lo relanza. Las dificultades de diferentes sectores para captar lo que está en juego en el texto y en los gestos que llevaron y se desprenden de él son una invitación justamente a atender a los propios elementos y criterios que lanza. Más allá de sus contenidos y temas específicos, de sus propuestas y acentos, el texto mismo, en toda su integralidad, plantea una diferencia en los modos en que es posible y urgente intervenir en el mundo, en las instituciones y llama a replantear los propios modos de ver, creer y hacer. 

Esta semana se publicó la exhortación apostólica “Querida Amazonia”, que recoge lo producido en el Sínodo Panamazónico convocado por Francisco el año pasado. Un texto que había generado muchas y variadas expectativas, porque presentaba la característica de poner en escena y bajo las luces vaticanas las problemáticas de una de las zonas más estratégicas del mundo, en términos ambientales y geopolíticos, y al mismo tiempo por haber ubicado a los actores de la periferia geográfica, social y eclesial en el centro de la institución católica. El texto, esperado, presionado, adivinado y ahora seguramente híper analizado es una muestra de los modos en que Francisco responde, de manera original y de algún modo sorprendente, desconcertante y hasta decepcionante para muchos, a los diferentes intereses y planos en juego. Una oportunidad de ver cómo se sale o se trasciende esa lógica funcional bajo la cual los problemas se reducen a la oposición de lo conservador y lo progresista. El verdadero desafío que está en juego, y al que nos convoca la historia misma, es la posibilidad de salir de la agenda establecida y de los problemas puntuales. En el texto, sus particularidades, y también en su lectura posible, el Papa juega y cuenta con ello. Con la Amazonia como un escenario especifico, particular pero estratégico, se presenta en la exhortación todo el abanico de cómo concibe el Papa argentino las lógicas de transformación y el desafío de construcción de pueblo-iglesia-sociedad global.

La granada cósmica y lo que deja en evidencia

Querida Amazonia. Hay que leer el texto. Y luego preguntarse ¿Cómo puede ser que una granada cósmica termine generando cierta decepción –al menos ese es el escenario primero que se presenta como el de su recepción-  y que se la reciba con una visión tan acotada y unas expectativas tan estándar? Los medios, pero también cierta opinión eclesial, se centraron solamente y casi de forma exclusiva en la cuestión de si el documento habilitaría la ordenación de hombres casados. Es llamativo como el problema de la vida de los pueblos y la destrucción del planeta es desplazado, en la recepción primera, por un tema puntual de derecho canónico que no es claro tampoco que vaya a resolver la crisis eclesial, ni en la Amazonia ni en ningún otro sitio.

Dos cosas quedan a la vista: que el “modo-Francisco” conserva su capacidad de disonancia y originalidad, y que este deja en evidencia las limitaciones que las miradas de los actores –del sur y del norte, sociales y religiosos, políticos y culturales- tienen para abordar los problemas que quieren combatir más allá de las polaridades. La lógica de la modernidad agotada y el capitalismo enfurecido y sutil, es la que provee y captura las mismas categorías y lógicas que lo enfrentan, y por eso son parte constitutiva de los laberintos de los que queremos salir.  Francisco, Bergoglio, el Papa, este argentino con modos y episteme argentina, con espiritualidad y tácticas también, mantiene un plus. Genera desconcierto y a veces rechazo, en el mismo momento en que deja en evidencia ese “algo más”, que es su aporte central.

Poetas, poesía y poemas: la textura en salida

“Querida Amazonia” es un documento atravesado por la textura de la poesía, por la apelación a la belleza, por la invocación del misterio. No empieza con diagnósticos ni objetivos, sino con sueños. Esta son las tónicas que probablemente incomodan, desconciertan y decepcionan a quienes desde el corazón de la modernidad y del progresismo esperan del Papa argentino una respuesta que en el fondo estaría labrada con el mismo acero conceptual que amenaza a la Amazonia. El Papa reconoce que la Amazonia requiere respuestas técnicas y metodológicas, acciones precisas y contundentes, pero la verdadera apuesta es articular el núcleo de transformación científico técnico, superando y enfrentando el pensamiento instrumental, con un núcleo místico y hasta cósmico, como deja citado, donde resuene tanto la sabiduría ancestral de los pueblos originarios como el carisma cristiano de la salvación de los hombres.

Al Papa le interesa más el futuro de la Amazonia y la humanidad, que responder a los debates intraeclesiales del funcionariado religioso y sus profesionales. De la misma manera, sabe que no sólo en el largo plazo, sino también en este momento de desarrollo del capitalismo y tensiones globales, mantener a la Iglesia unida es todavía más prioritario que pasar a la historia con reformas audaces, importantes, pero no fundamentales ni centrales para las necesidades verdaderas.      

La lógica de los sueños

Por eso el documento no empieza con diagnósticos ni objetivos, ni siquiera con criterios o citas de autoridad, sino que se lanza partiendo de cuatro sueños: un sueño social, un sueño cultural, un sueño ecológico, un sueño eclesial. Estos sueños no son simples anhelos y utopías, ni deseos caóticos y difusos, como los puede concebir la rigidez del pensamiento eurocéntrico. En las culturas amazónicas, como en las culturas indígenas, los sueños son formas de comprensión y de encuentro con la realidad, son fuente vital de los proyectos y de la propia comunicación con la vida y su desmesura. También los antepasados retornan en ellos y conviven en una misma realidad cósmica que se transforma en propuestas concretas para el presente densificado de la comunidad. Los sueños no son individuales, son modos de existencias, modo de propuesta, modos de conocer y transformar. Por eso los sueños del Papa no se pueden reducir a objetivos ni proyectos de desarrollo, ni siquiera a planes pastorales o elementos de derecho canónico. Son sueños que desbordan las estructuras presentes  y las mejores propuestas de “progreso”.

Más allá del discurso instrumental

El documento esta jalonado por citas poéticas, textuales, que suman e hilvanan la propia impronta poética de todo el discurso, como si el Papa encontrase y señalase los límites de la racionalidad teológica y occidental para dar cuenta de una realidad, en si misma poética y desbordante, como es la Amazonia. Es una operación poética y política a la vez, y ahí no hay nadie afuera, porque puede citar juntos a Pedro Casaldaliga y a Mario Vargas Llosa; a un poeta indígena y a Benedicto XVI.

Francisco insiste en ir más allá del discurso occidental actual, más allá de su racionalismo y delirio tecnocrático, y al mismo tiempo, quizá de manera inadvertida incluso para él, recoge la intuición central del último gran filósofo europeo: la filosofía no puede abrazar la verdad si no va de la mano con la poesía.

Los poetas populares, que se enamoraron de su inmensa belleza, han tratado de expresar lo que este río les hace sentir y la vida que él regala a su paso, en una danza de delfines, anacondas, árboles y canoas. Pero también lamentan los peligros que lo amenazan. Estos poetas, contemplativos y proféticos, nos ayudan a liberarnos del paradigma tecnocrático y consumista que destroza la naturaleza y que nos deja sin una existencia realmente digna:

«El mundo sufre de la transformación de los pies en caucho, de las piernas en cuero, del cuerpo en paño y de la cabeza en acero. Amazonas, patria da agua. mundo sufre la transformación de la pala en fusil, del arado en tanque de guerra, de la imagen del sembrador que siembra en la del autómata con su lanzallamas, de cuya sementera brotan desiertos. Sólo la poesía, con la humildad de su voz, podrá salvar a este mundo». (QA, 46)

La pulsión cósmica y el ánimo poético de Francisco, su capacidad de salirse de los casilleros instrumentales, se combina con definiciones políticas y planteos sociales contundentes. Recogiendo la herencia histórica de la teología latinoamericana, y algunas expresiones que seguro habrán resonado con frecuencia durante los días del sínodo en Roma, Francisco menciona una y otra vez la palabra lucha, en diferentes registros y tónicas, de un modo llamativo para tratarse de un documento oficial del Vaticano.

Además,  la referencia no queda  tan solo en declaraciones escritas. A pocos días de publicarse el documento, recibió la visita del principal líder de las luchas populares brasileras de las últimas décadas. Entre la contemplación del misterio y las operaciones geopolíticas, Francisco avanza con una lógica no menos desconcertante que contundente.

Transformar por desborde

Las hipótesis de transformación del Papa Argentino “organiza y sorprende”. Como él mismo dijo en una homilía, hablando del Mesías “cuando entra a una casa”: lo que salva y transforma, al llegar, organiza y sorprende. Cambia la lógica. Propone otra. Juega al límite, y dice: la salida se encuentra por desborde.

“Trascendiendo la dialéctica que limita la visión para poder reconocer así un don mayor. De ese don acogido con valentía y generosidad, de ese don inesperado que despierta una nueva y mayor creatividad, manaran como de una fuente generosa las respuestas que la dialéctica no nos dejaba ver (…) En este momento histórico la amazonia nos desafía a superar perspectivas limitadas, soluciones pragmáticas, que se quedan clausuradas en aspectos parciales de las grandes desafíos para buscar caminos más amplios y audaces ”. (QA, 105)

Esto plantea Francisco respecto a los conflictos y las transformaciones en general, tomando el caso paradigmático de la Amazonia, y aprovechando la oportunidad ejemplar para dar cuenta de lo que toca pensar-hacer en todo el mundo. Cuando encara el tema controversial de la ordenación de hombres casados, del celibato de los sacerdotes y la ordenación de nuevos ministerios, vuelve a insistir con que el enfoque “no debe ser funcional”. Francisco considera que el problema central de la iglesia es el clericalismo, por lo tanto más que oponerse  o promover la ordenación de mujeres u hombres casados, plantea que la salida pasa por  acercarse a la “estructura íntima” del problema. Acá se trata de cómo salir del paradigma clerical, mucho más y acaso en vez de resolver un problema de personal eclesiástico o de los instrumentos pastorales. Ya sea para las transformaciones ecológicas, para la dinámica geopolítica, o en relación a la acción de la institución que tiene a cargo, la idea doble de acariciar los conflictos y salir por desborde, de encontrar la resolución en las polaridades y la de articular de otro modo el vínculo entre la plenitud y el límite, es su propuesta. Esto decepciona a unos y provoca a todos, dejando el campo para que al menos algunos puedan tomar la posta y responder a la provocación de fondo.

Por eso Querida Amazonia es un documento que seguramente fue escrito, y ojala pueda ser leído, no desde la simple oposición entre conservadores y progresistas del arco religioso o social: su preocupación es centrar la mirada sobre un territorio paradigmático y crucial para el futuro de la humanidad, y ensayar respuestas a la crisis civilizatoria ofreciendo soluciones que no reproduzcan la misma lógica de los pensamientos que crean, teórica y empíricamente, los problemas que intentan resolver.

Caminos a recorrer y criterios a profundizar

El grito de la tierra es el grito de los pobres, y la jugada de Francisco es una apuesta por los pueblos y su potencia histórica. Sínodo significa “caminar juntos”. El documento posinodal no concluye el camino del sínodo sino que abre una tierra a explorar en la que nuevos caminos deben ser trazados. O mejor, una tierra a ser recorrida y habitada, como tierra misteriosa y festiva, en peligro y floreciente, periférica y central, fronteriza y fundamental. Caminos que se trazan en el recorrido mismo, con otros viajes. En salida y con todos.

Hay que seguir profundizando. Sin ignorar los posibles límites ni ahorrar críticas o diferencias con el planteo de Francisco. Lo que no parece conveniente es quedarse en lo primera que se ve y escucha, sino sobre todo ser capaces de descubrir, en la jugada y en el documento, las posibilidades de otras maneras de ver, de decir y de escuchar, para poder hacer y creer.

EXHORTACIÓN APOSTÓLICA POSTSINODAL

QUERIDA AMAZONIA

DEL SANTO PADRE
FRANCISCO

AL PUEBLO DE DIOS
Y A TODAS LAS PERSONAS DE BUENA VOLUNTAD

TEXTO COMPLETO

http://www.vatican.va/content/francesco/es/apost_exhortations/documents/papa-francesco_esortazione-ap_20200202_querida-amazonia.html

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