Salario universal, samaritania y senderos de la mejor politica

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Ingreso Basico Universal: debate social, planteo estratégico, samaritanía politica

 

I- Un debate sintomático, estratégico y oportuno

 

1- Se debate en estos días en Argentina la implementación de un ingreso básico o salario universal. Promovido por diversos actores y especialmente por los movimientos populares.

2- En su Carta a los movimientos populares de la Pascua de 2021 (ver más abajo la selección de textos), el Papa ha llamado a la implementación de medidas de este tipo. Si bien la mención se ha dado en el marco de las urgencias y desafíos profundizados por la  pandemia, el planteo de Francisco responde a visiones más amplias del tema. También a si diálogo más estratégico con los movimientos populares. Pero además, y sobre todo, tiene coherencia con su magisterio y su teología. Por un lado, la necesidad de que la economía sea supeditada a la política y esta al bien común. Y por otro la exigencia etica, fundada en la fe y la comprensión cristiana del hombre, en cuanto a la dignidad de cada  hombre y mujer, sin ninguna distinción y el imperativo de que somos “hermanos todos”. La universalidad de la fraternidad y sus implicancias directamente políticas – por tanto económicas sostienen este pedido, esta puesta en debate que propone el Papa.  

3- En Argentina, discusiones y propuestas de este tipo siempre encuentran un apoyo, referencia y fuerza en la larga tradición de justicia social, y al mismo tiempo, desde la misma fuente provoca desconfianzas, diferencias y también rechazos, ya que desde la perspectiva de la cultura política del movimiento de trabajadores y del peronismo, el trabajo justamente es el centro de la concepción y objetivo de las reivindicaciones.

4- Esta tensión se da probablemente en todo el mundo, pero en Argentina tiene un especial peso, por la fuerza de la concepción peronista en este sentido, pero también por la historia reciente de ampliación de las políticas sociales y de transferencia de ingresos. Por un lado, el estado es especialmente permeable o, en todo caso no puede ignorar el peso de la movilizaciones en este sentido, y por otro lado, la capacidad de movilización de los sectores excluidos, identificándose como trabajadores tiene una fuerza considerable y diferencial. 

5- Entonces, la historia, los modos de lucha, la identidad y las identificaciones de los trabajadores, la concepción y rol del estado, ponen el tema con un volumen y unos márgenes diferente y significativos a lo de muchos otros países. 

6- El debate y la posterior implementación de la AUH en su momento y el salario social complementario luego son ejemplos de los caminos que toman estas iniciativas en Argentina. En todas sus fases: la movilización y reivindicación, el formato que adquieren al transformarse en política pública, los actores que intervienen en todos los campos y los resultados posteriores (incluido el de nuevas luchas). 

7- Conviene también poner en la serie de reflexión para amplificar esta dinámica, en su comprensión y en la intervención, al Plan Jefes y Jefas de Hogar, implementado por Duhalde en el momento de salida de la crisis del 2001. Antes de eso, en las jornadas previas a diciembre de 2001 y en todo ese año, es fundamental también tener a la vista el potente proceso de la Consulta Popular del Frente Nacional contra la Pobreza, que con la consigna «Ningún Hogar Pobre en Argentina» propone la implementación de un shock redistributivo por medio de la implementación de un seguro de empleo y formación mensuales para los jefes y jefas de hogar desocupados; una asignación universal por hijo menor de 18 años para todos los trabajadores (desocupados, estables o precarizados) y una asignación no inferior a la jubilación mínima para las mujeres mayores de 60 años y los hombres mayores de 65 años. Propuestas gestadas en la lucha de los 90.

8- Y también hay que insertar el debate más atrás y engancharlo y compararlo con las luchas sindicales y las medidas del primer peronismo. 

9- Del mismo modo, vale recordar que lo que después se transformó en la Asignación Universal por Hijo fue un su momento propuesto y sostenido en la opinión pública como Ingreso Ciudadano por Elisa Carrió y conceptualizado por Ruben Lo Vuolo, en la campaña política de 2003.

10- Hoy, significativamente, en nuestro país se da este debate de manera simultánea a planteos y medidas fuertes sobre la cuestión de la riqueza: el impuesto a las grandes fortunas durante la pandemia y las actuales iniciativas de recuperación de la renta extraordinaria y de utilización del dinero fugado para el pago de la deuda externa. 

II- Pensar el ingreso universal desde el país anómalo, este desde el que salen Papas y las papas queman. Poner el IBU en perspectiva de justicia social y modelos de política y país. 

 

1- Qué queremos decir: el debate tiene historia, complejidad, fuentes y aristas. La particularidad es que el corte de tensiones y diferencias no se da simplemente entre neoliberales y sectores políticos asociados al peronismo o las izquierdas, sino que conmueve de algún modo maneras de entender el problema en los sectores nacional populares y democráticos.

2- Para muchos es una solución indispensable para garantizar las condiciones básicas de millones de Argentinos. Para otros puede ser un elemento cristalizador de un desenganche entre el trabajo y los ingresos, funcional a ciertas miradas de los países centrales y en particular de las perspectivas al respecto que tiene el Banco Mundial. 

3- En todo caso, creemos esto: que es sano, es bueno, es necesario que estos debates esten presentes en la vida social y política de nuestro país y que hay que amplificarlos.

4- Una tarea central es ponerlos en una escena más amplia de actores sociales, económicos y políticos, y que el impulso que le dan los movimientos populares pueda servir para que otras expresiones del pueblo, de la ciudadanía y de la sociedad civil puedan tomarlo y llevarlo adelante como debate, como medidas y como recepción y articulación de sus resultados y consecuencias. 

5- La consigna del Papa “Tierra, Techo y Trabajo”  ha quedado asociada centralmente a su diálogo con  los movimientos populares y desde ellos es que ha sido fundamentalmente recogida.  Sin embargo, existe el desafío interpretativo y también de acción colectiva de no dejar sus alcances y su concepto sólo en ese campo, más allá de entender su centralidad y su valor estratégico, y de señal. Pero estas propuestas lanzadas por Francisco a los momentos están más ampliamente destinadas a todos los actores sociales y políticos. Reducirla, desde el actor que fuera, ya sea desde los propios movimientos  o desde terceros, sólo a un sector, es empobrecer las. . 

6- El destinatario más amplio es  el conjunto de actores que representa y organiza al pueblo, el conjunto de actores que está afectado por la injusticia, el conjunto de actores que ha de estar atravesado por “los desvelos del amor”, como dice Francisco en el capítulo de «La mejor Política» de Fratelli Tutti. Son estos los que pueden y deben, debemos, tomar a fondo la cuestión distributiva y sus diferentes expresiones. 

7- Sería también deseable que especialmente la Iglesia Católica pudiera expresarse interna y externamente sobre este debate, y también sobre las implicancias éticas y “samaritanas”  de las cuestiones impositivas, las que refieren a la riqueza, para ojalá estar más acompasada con el pensamiento, la doctrina y el pastoreo del Papa. Es la mejor manera de defenderlo de los ataques que el episcopado ha señalado en su reciente carta a Francisco. 

8- Lo mismo vale y es posible para otras iglesias y religiones. Fratelli Tutti concluye, y de algún modo tiene como uno de sus puntos de llegada y objetivo, con una apelación al rol de las religiones en la construcción de la fraternidad universal entendida especialmente  como paz. Las expresiones de esto quedan muy claras en la actual situación de guerra entre Rusia y Ucrania y en las intervenciones de Francisco en el plano religioso, con sus diálogos con el Patriarca de Moscú, Cirilo. 

9- Pero es clarísimo también que muy especialmente en Argentina y en América Latina, y en todo el mundo, la justicia es el verdadero nombre de la paz, como siempre ha rescatado la tradición de la Iglesia Latinoamericana desde Medellín y Puebla. Ver estos problemas asociados a nuestra realidad regional, hacer pesar en este cambio de mundo las mejores tradiciones de América Latina, estar atentos al camino de Brasil con Lula, que tendrá y podrá eventualmente encarar estos debates, acoplar nuestra mirada con el tema de las migraciones y de los “parias” de la ciudadanía, activar miradas sobre el rol del estado y el principio de subsidiariedad será al mismo tiempo central, indispensable y oportuno en esta coyuntura.

10- Podemos insistir con algo que ya está pasando: este debate no es sólo sobre política social. Es sobre el sentido del trabajo como derecho. Sobre las garantías de la vida. Los derechos humanos. El modo de garantizar paz en las sociedades y el mundo. No es un tema sobre, ni “de” ni “para” los pobres, sino un tema de todos y todas en nuestras sociedades. Y lo es especialmente en relación a los ricos y la riqueza. Es sobre impuestos y modelos productivos, es sobre consumo, precios, poder adquisitivo. Es sobre el rol central del estado. Y es muy especialmente sobre el significado y el destino de la acción política y de las identidades políticas en nuestro país. Sobredetermina internas y matices: no el sólo ingreso universal como medida, sino lo que implican los ingresos, la definición de lo básico, las implicancias de lo universal. Es una cuestión de mejor política, de su destino y su futuro 

III. Samaritana en las políticas públicas

 

1- La figura del buen samaritano – que orienta la reflexión de la encíclica Fratelli Tutti-  puede ponerse como paradigma no sólo de la solidaridad individual sino también de la implementación de políticas públicas y de dinámicas de lo colectivo.

2- El samaritano ve al caído. Es Alguien que puede ver, tiene categorías para registrar. Esto es también el equivalente de poner a los pobres en la agenda pública, y visualizarlos en los conflictos y heridas que lo atraviesan y los han dejado tirados en el camino. 

3- El samaritano se desvía del camino. Encara la solución del problema sólo porque es capaz de trazarse otras líneas, otros acercamientos para concretar la solidaridad. Su conmoción le supone un desvío y otros lineamientos.

4- El samaritano hace algo efectivo, levanta al caido. Lo cura en el cuerpo. Lo lleva con él. Es acción, corporeidad, recursos. No declara derechos, los efectiviza. 

5- Pone un esfuerzo de su parte y sacrifica otros objetivos. Porque prioriza. Por eso los otros personajes pasan de largo: no porque sean especialmente malos, no porque no quisieran, no estrictamente porque fueran indiferentes ( como dice la interpretación clásica de la parábola). Pasan de largo , especialmente, porque priorizan otros objetivos,porque cuidan primero otras cosas. 

6- El samaritano actúa en el momento. No espera que haya mejor tiempo, no espera tener más tiempo para actuar. El tiempo que prima es la urgencia del caído. Las heridas. El deber de levantarlo y curarlo. Seguramente toma previsiones: no se tira del caballo, porque lo necesita para llevar al caído. Pero no espera que el caballo esté perfecto para actuar.

 

7- No hay teoría del derrame en el buen samaritano. Hay desborde de la situación por la acción decidida, previendo todo a la vez con una prioridad en la vida del que sufre la injusticia, en la amenaza fatal de los que pueden morir en el camino, en la conciencia fundamental de que no es posible pasar de largo y priorizar otra cosa que no sea el deber de fraternidad y la vida del pobre.

8- El samaritano lo lleva y lo hospeda al caído. Lo cura y lo cuida. Articula otros recursos, los que hay y los que busca. Quizás le pide al hospedero. El samaritano rediseña la disponibilidad de los recursos por la fuerza de su acción, la insistencia de su decisión y mira diferente toda la escena y todo el tiempo, todo aquello con lo que cuenta y la historia que se contó y que contará, porque está en contacto directo, en amor práctico y en política efectiva con el herido.

9- El buen samaritano, la parábola del buen samaritano empieza y termina con la pregunta sobre quién se comporta como prójimo. La solidaridad es un conjunto de medidas, es decisión. Si se quiere, es mucho más eso que una sensibilidad o una actitud. Es fuerza e idea.

10- El ingreso básico universal puede servir como vector para concretar eso: amor decidido, la mejor política, ética de fraternidad. 

 

A sumarse al debate. Tutti. Cada dia se presenta una oportunidad. Leamos así el inicio del hermoso manifiesto escondido que está en el corazón de la Fratelli Tutti:

 

“Cada día se nos ofrece una nueva oportunidad, una etapa nueva. No tenemos que esperar todo de los que nos gobiernan, sería infantil. Gozamos de un espacio de corresponsabilidad capaz de iniciar y generar nuevos procesos y transformaciones. Seamos parte activa en la rehabilitación y el auxilio de las sociedades heridas. Hoy estamos ante la gran oportunidad de manifestar nuestra esencia fraterna, de ser otros buenos samaritanos que carguen sobre sí el dolor de los fracasos, en vez de acentuar odios y resentimientos. Como el viajero ocasional de nuestra historia, sólo falta el deseo gratuito, puro y simple de querer ser pueblo, de ser constantes e incansables en la labor de incluir, de integrar, de levantar al caído; aunque muchas veces nos veamos inmersos y condenados a repetir la lógica de los violentos, de los que sólo se ambicionan a sí mismos, difusores de la confusión y la mentira. Que otros sigan pensando en la política o en la economía para sus juegos de poder. Alimentemos lo bueno y pongámonos al servicio del bien”

Fratelli Tutti,  77

 

Extractos de Francisco 

 

Carta a los movimientos populares

 

4. Tiempo de actuar

Muchas veces me dicen: “Padre, estamos de acuerdo, pero, en concreto, ¿qué debemos hacer?”. Yo no tengo la respuesta, por eso debemos soñar juntos y encontrarla entre todos. Sin embargo, hay medidas concretas que tal vez permitan algunos cambios significativos. Son medidas que están presentes en vuestros documentos, en vuestras intervenciones y que yo he tomado muy en cuenta, sobre las que medité y consulté a especialistas. En encuentros pasados hablamos de la integración urbana, la agricultura familiar, la economía popular. A estas, que todavía exigen seguir trabajando juntos para concretarlas, me gustaría sumarle dos más: el salario universal y la reducción de la jornada de trabajo.

Un ingreso básico (el IBU) o salario universal para que cada persona en este mundo pueda acceder a los más elementales bienes de la vida. Es justo luchar por una distribución humana de estos recursos. Y es tarea de los Gobiernos establecer esquemas fiscales y redistributivos para que la riqueza de una parte sea compartida con la equidad sin que esto suponga un peso insoportable, principalmente para la clase media —generalmente, cuando hay estos conflictos, es la que más sufre—. No olvidemos que las grandes fortunas de hoy son fruto del trabajo, la investigación científica y la innovación técnica de miles de hombres y mujeres a lo largo de generaciones.

La reducción de la jornada laboral es otra posibilidad, el ingreso básico uno, es una posibilidad, la otra es la reducción de la jornada laboral. Y hay que analizar seriamente. En el siglo XIX los obreros trabajaban doce, catorce, dieciséis horas por día. Cuando conquistaron la jornada de ocho horas no colapsó nada como algunos sectores preveían. Entonces, insisto, trabajar menos para que más gente tenga acceso al mercado laboral es un aspecto que necesitamos explorar con cierta urgencia. No puede haber tantas personas agobiadas por el exceso de trabajo y tantas otras agobiadas por la falta de trabajo.

Considero que son medidas necesarias, pero desde luego no suficientes. No resuelven el problema de fondo, tampoco garantizan el acceso a la tierra, techo y trabajo en la cantidad y calidad que los campesinos sin tierras, las familias sin un techo seguro y los trabajadores precarios merecen. Tampoco van a resolver los enormes desafíos ambientales que tenemos por delante. Pero quería mencionarlas porque son medidas posibles y marcarían un cambio positivo de orientación.

(…)

Este sistema con su lógica implacable de la ganancia está escapando a todo dominio humano. Es hora de frenar la locomotora, una locomotora descontrolada que nos está llevando al abismo. Todavía estamos a tiempo.

A los gobiernos en general, a los políticos de todos los partidos quiero pedirles, junto a los pobres de la tierra, que representen a sus pueblos y trabajen por el bien común. Quiero pedirles el coraje de mirar a sus pueblos, mirar a los ojos de la gente, y la valentía de saber que el bien de un pueblo es mucho más que un consenso entre las partes (cf. Exhort. ap. Evangelii gaudium, 218); cuídense de escuchar solamente a las elites económicas tantas veces portavoces de ideologías superficiales que eluden los verdaderos dilemas de la humanidad. Sean servidores de los pueblos que claman por tierra, techo, trabajo y una vida buena. Ese “buen vivir” aborigen que no es lo mismo que la “dolce vita” o el “dolce far niente”, no. Ese buen vivir humano que nos pone en armonía con toda la humanidad, con toda la creación.

(…)

 

Fratelli Tutti

 

162. El gran tema es el trabajo. Lo verdaderamente popular —porque promueve el bien del pueblo— es asegurar a todos la posibilidad de hacer brotar las semillas que Dios ha puesto en cada uno, sus capacidades, su iniciativa, sus fuerzas. Esa es la mejor ayuda para un pobre, el mejor camino hacia una existencia digna. Por ello insisto en que «ayudar a los pobres con dinero debe ser siempre una solución provisoria para resolver urgencias. El gran objetivo debería ser siempre permitirles una vida digna a través del trabajo»[136]. Por más que cambien los mecanismos de producción, la política no puede renunciar al objetivo de lograr que la organización de una sociedad asegure a cada persona alguna manera de aportar sus capacidades y su esfuerzo. Porque «no existe peor pobreza que aquella que priva del trabajo y de la dignidad del trabajo»[137]. En una sociedad realmente desarrollada el trabajo es una dimensión irrenunciable de la vida social, ya que no sólo es un modo de ganarse el pan, sino también un cauce para el crecimiento personal, para establecer relaciones sanas, para expresarse a sí mismo, para compartir dones, para sentirse corresponsable en el perfeccionamiento del mundo, y en definitiva para vivir como pueblo.

115. En estos momentos donde todo parece diluirse y perder consistencia, nos hace bien apelar a la solidez[88] que surge de sabernos responsables de la fragilidad de los demás buscando un destino común. La solidaridad se expresa concretamente en el servicio, que puede asumir formas muy diversas de hacerse cargo de los demás. El servicio es «en gran parte, cuidar la fragilidad. Servir significa cuidar a los frágiles de nuestras familias, de nuestra sociedad, de nuestro pueblo». En esta tarea cada uno es capaz de «dejar de lado sus búsquedas, afanes, deseos de omnipotencia ante la mirada concreta de los más frágiles. […] El servicio siempre mira el rostro del hermano, toca su carne, siente su projimidad y hasta en algunos casos la “padece” y busca la promoción del hermano. Por eso nunca el servicio es ideológico, ya que no se sirve a ideas, sino que se sirve a personas»[89].

116. Los últimos en general «practican esa solidaridad tan especial que existe entre los que sufren, entre los pobres, y que nuestra civilización parece haber olvidado, o al menos tiene muchas ganas de olvidar. Solidaridad es una palabra que no cae bien siempre, yo diría que algunas veces la hemos transformado en una mala palabra, no se puede decir; pero es una palabra que expresa mucho más que algunos actos de generosidad esporádicos. Es pensar y actuar en términos de comunidad, de prioridad de la vida de todos sobre la apropiación de los bienes por parte de algunos. También es luchar contra las causas estructurales de la pobreza, la desigualdad, la falta de trabajo, de tierra y de vivienda, la negación de los derechos sociales y laborales. Es enfrentar los destructores efectos del Imperio del dinero. […] La solidaridad, entendida en su sentido más hondo, es un modo de hacer historia y eso es lo que hacen los movimientos populares»[90].

127. Sin dudas, se trata de otra lógica. Si no se intenta entrar en esa lógica, mis palabras sonarán a fantasía. Pero si se acepta el gran principio de los derechos que brotan del solo hecho de poseer la inalienable dignidad humana, es posible aceptar el desafío de soñar y pensar en otra humanidad. Es posible anhelar un planeta que asegure tierra, techo y trabajo para todos. Este es el verdadero camino de la paz, y no la estrategia carente de sentido y corta de miras de sembrar temor y desconfianza ante amenazas externas. Porque la paz real y duradera sólo es posible «desde una ética global de solidaridad y cooperación al servicio de un futuro plasmado por la interdependencia y la corresponsabilidad entre toda la familia humana»[108].

164. La caridad reúne ambas dimensiones —la mítica y la institucional— puesto que implica una marcha eficaz de transformación de la historia que exige incorporarlo principalmente todo: las instituciones, el derecho, la técnica, la experiencia, los aportes profesionales, el análisis científico, los procedimientos administrativos. Porque «no hay de hecho vida privada si no es protegida por un orden público, un hogar cálido no tiene intimidad si no es bajo la tutela de la legalidad, de un estado de tranquilidad fundado en la ley y en la fuerza y con la condición de un mínimo de bienestar asegurado por la división del trabajo, los intercambios comerciales, la justicia social y la ciudadanía política»[139].

165. La verdadera caridad es capaz de incorporar todo esto en su entrega, y si debe expresarse en el encuentro persona a persona, también es capaz de llegar a una hermana o a un hermano lejano e incluso ignorado, a través de los diversos recursos que las instituciones de una sociedad organizada, libre y creativa son capaces de generar. Si vamos al caso, aun el buen samaritano necesitó de la existencia de una posada que le permitiera resolver lo que él solo en ese momento no estaba en condiciones de asegurar. El amor al prójimo es realista y no desperdicia nada que sea necesario para una transformación de la historia que beneficie a los últimos. De otro modo, a veces se tienen ideologías de izquierda o pensamientos sociales, junto con hábitos individualistas y procedimientos ineficaces que sólo llegan a unos pocos. Mientras tanto, la multitud de los abandonados queda a merced de la posible buena voluntad de algunos. Esto hace ver que es necesario fomentar no únicamente una mística de la fraternidad sino al mismo tiempo una organización mundial más eficiente para ayudar a resolver los problemas acuciantes de los abandonados que sufren y mueren en los países pobres. Esto a su vez implica que no hay una sola salida posible, una única metodología aceptable, una receta económica que pueda ser aplicada igualmente por todos, y supone que aun la ciencia más rigurosa pueda proponer caminos diferentes.

166. Todo esto podría estar colgado de alfileres, si perdemos la capacidad de advertir la necesidad de un cambio en los corazones humanos, en los hábitos y en los estilos de vida. Es lo que ocurre cuando la propaganda política, los medios y los constructores de opinión pública persisten en fomentar una cultura individualista e ingenua ante los intereses económicos desenfrenados y la organización de las sociedades al servicio de los que ya tienen demasiado poder. Por eso, mi crítica al paradigma tecnocrático no significa que sólo intentando controlar sus excesos podremos estar asegurados, porque el mayor peligro no reside en las cosas, en las realidades materiales, en las organizaciones, sino en el modo como las personas las utilizan. El asunto es la fragilidad humana, la tendencia constante al egoísmo humano que forma parte de aquello que la tradición cristiana llama “concupiscencia”: la inclinación del ser humano a encerrarse en la inmanencia de su propio yo, de su grupo, de sus intereses mezquinos. Esa concupiscencia no es un defecto de esta época. Existió desde que el hombre es hombre y simplemente se transforma, adquiere diversas modalidades en cada siglo, y finalmente utiliza los instrumentos que el momento histórico pone a su disposición. Pero es posible dominarla con la ayuda de Dios.

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