SAMARITANIA: Desviarse del camino y levantar a los caídos

 

Un corazón abierto / La mejor política
Gustavo Carrara – Gabriel Katopodis

 

“Samaritanía” es una palabra que nombra un gesto. Lo indica. Es el gesto de desviarse del camino, de levantar al caído, de buscar a otros y de encontrarnos y cuidarnos. Gabriel Katopodis, ministro de obras públicas, y Gustavo Carrara, obispo auxiliar de Buenos Aires, recorren los capítulos 4 y 5 de la Encíclica Fratelli Tutti cerrando el Seminario que realizamos desde Factor Francisco a un año de su publicación.



ARGENTINA: RECOMENZAR

 

Gabriel Katopodis

 Siento que todos venimos reflexionando mucho sobre lo que nos está pasando como país, como sociedad, como pueblo, desde nuestras distintas experiencias y vivencias. Y en ese sentido, quisiera compartir algunas pistas que me ordenan y me ayudan a pensar este momento. Transmito mi vivencia, a partir de lo que veo todos los días en las calles como hombre militante y como hombre de la política, pero también como alguien con la responsabilidad de entender con la mayor claridad posible qué es lo qué está pasando con nuestro pueblo.

 

Es hora de afirmar que el camino para nuestra gente viene siendo muy largo. Todos somos conscientes del cansancio y el agotamiento de nuestro pueblo, y eso nos coloca ante la necesidad muy grande de estar cerca de la gente, de poder escuchar y estar presentes en medio de tanto dolor.

 

La segunda idea que me viene es que no será con palabras, sino con hechos, donde tendremos la posibilidad de mantener el lazo de confianza con nuestro pueblo y con nuestra gente. Es hora de mostrar conductas y comportamientos, de hacer más y no de decir. Hay una demanda y una necesidad de gestos que sean claros, nítidos y que entusiasmen y que recreen la confianza.

 

Como tercera idea, pienso que debemos estar a la altura de los gestos que hizo la gente durante todo este largo camino. Estar a la altura del esfuerzo, de los gestos solidarios, de esta permanente actitud de nuestro pueblo de recomenzar, de no aflojar, de no bajar los brazos, una actitud que veo todos los días en la vida cotidiana.

 

Además, una cuarta idea, quizás más esperanzadora, es saber que siempre hemos salido de estas coyunturas. Siempre hemos podido de alguna manera superar estas crisis, y es muy importante reafirmar el rumbo y el sentido del rumbo, el sentido de las cosas que se hacen, más allá de coyunturas y situaciones que realmente vienen siendo complejas para todos como pueblo, y especialmente para algunos sectores. Y si hemos podido salir ha tenido que ver con aquello nos une. 

 

¿Qué es lo que nos une con nuestra gente? Me parece que son dos o tres cosas que hay que cuidar. La primera, como digo, es la unidad que nos da saber que ya hemos salido de estas crisis. Además nos une el sabernos trabajadores, el saber que es el trabajo lo que nos va a volver a poner a todos en plenitud. Y esto es saber que se sale no de cualquier manera. En Argentina, cada vez que salimos de crisis como estas lo hemos hecho siempre de la mano de la política, pero también y fundamentalmente de la mano de crear esperanza y confianza en nuestra gente, de constituir un sujeto colectivo que tome partido, que sea protagonista y tenga ganas de apropiarse de la jugada. 

 

Allí está la apuesta de lo que viene. La salida no es por cualquier lado. Es por la política, por la organización social, haciendo pie en el territorio, aprendiendo y escuchando de tantas prácticas y experiencias que todos los días, de manera más o menos visible, vienen construyendo la organización popular de nuestros barrios. La salida es aprendiendo de esa sabiduría popular que tiene nuestra gente, y que la ha sostenido de pie en este proceso de que venimos transitando cargados de angustia, pero también cargados de esperanza. Porque a pesar de todas las dificultades la Argentina no estalló. Y si no estalla es porque la gente apretó los dientes y supo aguantar. Ahí radica el saber popular, esa templanza que en definitiva ese es el activo más importante que tenemos. 

 

La gente no está en una euforia permanente pero tampoco en la queja total que quieren representar todos los días los medios de comunicación. La gente está con mucho dolor, con mucha angustia, pero está ahí, apretando los dientes, aguantando este momento difícil que estamos pasando. En todo caso, los que estamos comprometidos con la política, en el sentido más amplio pero también en la militancia de base, tenemos que hacer lo nuestro para acercarnos a esa actitud de la gente. Y si bien lo estamos haciendo, creo que en gran medida no estamos pudiendo dar con la magnitud del dolor que se está viviendo. No es que la política haya errado su diagnóstico porque fallaron las encuestas. Me parece que desde la política tenemos que revisar nuestras prácticas, nuestros compromisos, nuestras formas de acompañar y de abrazar, nuestra cercanía con la gente, para poder entender realmente lo que es lo que está viviendo cada uno de los vecinos de nuestro barrios y en general de nuestro pueblo

 

En el fondo, creo que el desafío sigue siendo el mismo: que la política permita que cada uno y cada una viva mejor. Nadie va a participar ni acompañar un proyecto político si no ve representados ahí sus intereses. Porque la gente vota, en definitiva, por sus intereses y por si misma, y es tarea de la política saber representar sus preocupaciones y sus sueños. Hay un combustible, un lazo, que no podemos permitir que se rompa: tiene que ver con la confianza. No la confianza a un gobierno o un partido político, sino a la confianza en el rumbo y en la forma en que tenemos para poder apalancarnos y enfrentar cada uno de los desafíos que tenemos como país. 

 

Creo que el camino empieza por las cercanía, teniendo capacidad de escucha, entendiendo que el futuro, para nuestra gente, no tiene un sentido abstracto, sino que tiene que ver con que todos los días puedan vivir mejor en sus barrios, con la esperanza de que sus pibes va a estar mejor, con la posibilidad efectiva de proyectar a corto y mediano plazo sus sueños. 

 

Estamos convencidos de que el camino es de la mano de la política y de la participación popular, donde nadie se quede mirando el partido desde la tribuna, y de que somos nosotros los que tenemos que generar las condiciones para que podamos alcanzar, después de este momento de crisis, un tiempo de esperanza y de construcción para todos y cada uno del pueblo.




UN CORAZÓN ABIERTO AL MUNDO

 

Gustavo Carrara


Fratelli Tutti abarca dos temas centrales: la dignidad humana y el diálogo social. En ese sentido el centro de la encíclica, como describió Néstor, nos acercan al núcleo de estos temas, con el corazón abierto al mundo, en el capítulo 4, y la mejor política, en el capítulo 5.

 

Francisco siempre es amigo de lo concreto. Por eso habla de los desafíos que tenemos que afrontar para que la fraternidad no quede en una mera abstracción, sino que se haga carne y realidad en la vida del pueblo y de cada uno. En el capítulo cuatro hay dos temas que a mí me parecen centrales para inspirar las acciones necesarias y los gestos para que esto ocurra, el problema de los migrantes y la integración de los barrios populares. 

 

Respecto a lo primero, en el párrafo número 133 de Fratelli Tutti Francisco dice: “La llegada de personas diferentes, que proceden de un contexto vital y cultural distinto, se convierte en un don, porque «las historias de los migrantes también son historias de encuentro entre personas y entre culturas: para las comunidades y las sociedades a las que llegan son una oportunidad de enriquecimiento y de desarrollo humano integral de todos»

 

Muchas veces el discurso dominante hace ver a los migrantes como un peligro. La voz de Francisco va a contracorriente, y plantea que por el contrario los migrantes son la oportunidad de enriquecernos como pueblo. Nuestra República Argentina es, ciertamente, una tierra nacida de distintas inmigraciones. Pero siempre hay que estar atentos a lo que podemos llamar con ese término nuevo, la aporofobia, que es el rechazo del pobre, el odio para con los más pequeños. Porque muchas veces no se rechaza a los migrantes por ser migrantes, sino por el hecho de que muchos de ellos son pobres. Son personas que abandonan sus lugares de origen en una especie de autodestierro, porque ya no tienen lugar para sacar adelante a sus familias con un trabajo digno, para cuidar la salud de sus familias, para que sus hijos reciban una educación adecuada. Y algunos discursos que se van instalando reciben a estas personas acusándolos de sacar trabajo, de llevar violencia, de hundir la economía de los países. Ese discurso es una tentación que levanta muros, y Francsico habla de tender puentes. Por eso hay que ir a los números, donde se demuestra que así como en 1917 el 30% de la población argentina era migrante, en el 2017, cien años después, solo lo es el 6%. 



En el apartado 137, Francisco dice: “La ayuda mutua entre países en realidad termina beneficiando a todos. Un país que progresa desde su original sustrato cultural es un tesoro para toda la humanidad. Necesitamos desarrollar esta conciencia de que hoy o nos salvamos todos o no se salva nadie.” La propuesta de Fratelli Tutti es que nadie se salve solo y que los demás nos pueden realmente enriquecer. 

 

Respecto a los barrios populares, Francisco los menciona cómo las comunidades de las cuales podemos aprender para que la fraternidad se haga concreta, se haga carne, se haga vida. En el apartado 152 nos dice: “En algunos barrios populares, todavía se vive el espíritu del “vecindario”, donde cada uno siente espontáneamente el deber de acompañar y ayudar al vecino. En estos lugares que conservan esos valores comunitarios, se viven las relaciones de cercanía con notas de gratuidad, solidaridad y reciprocidad, a partir del sentido de un “nosotros” barrial. Ojalá pudiera vivirse esto también entre países cercanos, que sean capaces de construir una vecindad cordial entre sus pueblos.”

 

En los barrios populares se vive un fuerte espíritu de vecindad, de solidaridad, de hermandad. Los barrios populares  son además, muchas veces, íconos de la cultura popular latinoamericana. La palabra cultura viene de la agricultura. Es aquello que cultiva y hace crecer la semilla. Y a este desafío de crecer con los migrantes y con los pobres, con la cultura popular, que es el desafío, en definitiva, de la integración y de la comunidad, quisiera aterrizarlo en  Argentina. El Registro Nacional de Barrios Populares menciona que existen 4416 villas o asentamientos en toda la Argentina. Es un registró que continúa abierto, y al que se le pueden sumar más barrios todavía. Es ahí donde ciertamente vive el núcleo duro de la pobreza de nuestro país. y la mitad de esos habitantes son niños, niñas y adolescentes. Por eso, vuelvo a repetir, el desafío es la integración. El concepto de integración sociourbana implica el respeto del otro en cuanto al otro, pero también implica afirmar que los pobres y humildes son capaces de aportar a la construcción de nuestra patria. Hay valores que ellos ponen en juego, valores espirituales y humanísticos, que no son debidamente reconocidos en muchas circunstancias.

 

Frente al mundo globalizado, el Papa propone  un amor fraterno y universal, entendido esto como el desafío de ampliar la capacidad de amar de tal manera que el amor fraterno abarque a los últimos, a los olvidados, a los ignorados de este mundo. Es la propuesta de un corazón abierto al mundo para que realmente se encarne la fraternidad desde un chocarse, como afirma el capítulo 2 de Fratelli Tutti, como ese buen samaritano que ineludiblemente se choca con el hombre tirado al borde del camino. Y esa actitud del samaritano y de los otros personajes, esa decisión de incluir o de excluir al otro, es algo que define. Define proyectos políticos, define proyectos económicos, y también define proyectos religiosos. 

 

Acá planteamos muy simplemente, desde este cuarto capítulo, la presencia de dos rostros concretos. El rostro de los inmigrantes pobres y el rostro de tantos hermanos y hermanas que viven en villas y barrios populares, y que la pandemia de alguna manera los puso sobre la mesa, porque para prevenir el COVID-19 había que lavarse sus manos con agua y jabón, y estos hermanos y hermanas no tuvieron ni tienen agua potable para hacerlo.

 

Estos dos desafíos los plantea Fratelli y los tenemos que tomar. Y si bien los tenemos más cercanamente acá en Argentina, son desafíos y exigencias para todo nuestro mundo. 




Gabriel Kapotodis 

 

Lo que nos comparte el Padre Gustavo lo tengo muy presente, porque el último domingo estuvimos con la pastoral nacional de Migrantes en San Martín, celebrando con la comunidad de migrantes. Y creo que esos encuentros nos dan una pista sobre cómo pensar el futuro. 

 

Hay una demanda y una necesidad enorme de volver a reconstruir alguna perspectiva, de volver a proyectar un futuro y un camino como país, pero también como familia y como comunidad. ¿Cómo volvemos a tener como sociedad y como pueblo las certezas y la serenidad que nos permite mirar hacia el futuro y darnos coraje, creatividad, para construirlo, para proyectar y salir de esta emergencia permanente en la que vivimos, y en la que particularmente nos metió la pandemia? No hay duda de que lo que pone el presente en perspectiva es la política. La política transforma el tiempo presente, que siempre es muy tenso y muy estrecho, en un futuro. Es la que puede proyectar, la que permite salir de la trinchera del presente que nunca nos da perspectiva, que nos inmoviliza.

 

¿Y cómo salir y volver a proyectar desde la política? Creo que se sale cuidando lo que nos une, aceptando y entendiendo que necesitamos la construcción de acuerdos y de básicos para con nuestros barrios populares, acuerdos que vayan en el sentido de una Argentina más igualitaria. Esta disputa genera tensiones en nuestra sociedad, porque hay conflictos de intereses. Pero es una grieta y una confrontación que tiene que poder desarrollarse en sociedad de manera inteligente, porque sino estamos absorbidos y tomados por una grieta estúpida, que genera a aturdimiento y ruido, que es una especie de pelotero para entretener a una buena para de la sociedad. 

 

Como les contaba, me viene la imagen de la celebración que hicimos el último domingo con el encargado pastoral a nivel nacional de Migraciones. Las comunidades que viven en nuestro pueblo, en nuestros barrios populares, han venido desde distintas sociedades, desde distintas pertenencias y culturas, y aunque nunca abandonan su lugar, aunque nunca se desprenden de lo que están formados, de aquello en lo que creen y de lo cual viven, se han integrado y se siguen integrando con nuestro pueblo, construyendo todos los días la comunidad con los propios y con los ajenos. Es un proceso y una experiencia de vida cotidiana, de organización, de religiosidad popular, de integración, que en nuestro barrios se hace de manera natural, fluida, esperanzadora, y se hace desde hace muchísimos años de manera silenciosa.




LA  MEJOR POLÍTICA



Gustavo Carrara

 

Muchas veces se dice que Francisco se mete demasiado en política. Pero como respuesta a eso podemos contestar que antes de opinar puede ser útil leer lo que Francisco piensa de la política. Y eso lo encontramos en el capítulo quinto de Fratelli Tutti, “La mejor política”,que es un capítulo para leer en profundidad. Francisco expresa ahí la necesidad de rehabilitar la política porque es una de las formas más altas del amor y de la caridad humana. La política en su sentido más noble no se ocupa de intereses individuales, sino del bien común, del pueblo, de lo concreto. La buena política debe estar atenta a escuchar y sentir el clamor del pueblo. 

 

Más adelante Francisco lanza una dura advertencia sobre el liberalismo, de la cual señalo algunas cosas. En el número 159 dice: “Hay líderes populares capaces de interpretar el sentir de un pueblo, su dinámica cultural y las grandes tendencias de una sociedad. El servicio que prestan, aglutinando y conduciendo, puede ser la base para un proyecto duradero de transformación y crecimiento, que implica también la capacidad de ceder lugar a otros en pos del bien común.

 

Primero está el bien del pueblo, el bien de la patria. Eso es escuchar el corazón del pueblo para conocer cuál es su demanda primordial. Y escuchar el corazón del pueblo es muchas veces escuchar a los últimos, algo que Francisco ha sabido captar cuando señaló que “tierra, techo y trabajo” son derechos sagrados. Una vez escuché a Emilce Cuda referirlo de este modo: una tierra para trabajar, para construir un techo, para cuidar una familia. Este es el sentir más profundo del corazón del pueblo, y pugnar por la mejor política es preguntarnos cómo en Argentina estamos dando respuesta a este sentir al más profundo deseo de vivir bien y con dignidad.  

 

En el párrafo 161 amplía:  “Otra expresión de la degradación de un liderazgo popular es el inmediatismo. Se responde a exigencias populares en orden a garantizarse votos o aprobación, pero sin avanzar en una tarea ardua y constante que genere a las personas los recursos para su propio desarrollo, para que puedan sostener su vida con su esfuerzo y su creatividad.”   

 

Pensar que el pueblo se expresa democráticamente solo en el momento de votar, y dirigir la representación política sólo captar los votos del pueblo, es mirar de manera distorsionada lo que es la democracia. La democracia es la participación protagónica del pueblo en la construcción de un proyecto, en la construcción de un país. ¿Y qué es lo que debería hacer la política para abordar la cuestión social? Ciertamente, uno de los ejes centrales es la promoción del trabajo. 

 

Muchas veces se los acusa de Francisco pobrista, como si quisiera que siga viviendo la gente de la pobreza. Pero cuando Francisco habla de los pequeños y los pobres, además de revalidar la dignidad de todos los seres humanos que merecen ser respetados y valorarlos, vuelve a poner el foco en el trabajo.

 

Así dice en el párrafo 162: El gran tema es el trabajo. Lo verdaderamente popular —porque promueve el bien del pueblo— es asegurar a todos la posibilidad de hacer brotar las semillas que Dios ha puesto en cada uno, sus capacidades, su iniciativa, sus fuerzas. Esa es la mejor ayuda para un pobre, el mejor camino hacia una existencia digna. Por ello insisto en que «ayudar a los pobres con dinero debe ser siempre una solución provisoria para resolver urgencias. El gran objetivo debería ser siempre permitirles una vida digna a través del trabajo». Por más que cambien los mecanismos de producción, la política no puede renunciar al objetivo de lograr que la organización de una sociedad asegure a cada persona alguna manera de aportar sus capacidades y su esfuerzo. Porque «no existe peor pobreza que aquella que priva del trabajo y de la dignidad del trabajo»[137]. En una sociedad realmente desarrollada el trabajo es una dimensión irrenunciable de la vida social, ya que no sólo es un modo de ganarse el pan, sino también un cauce para el crecimiento personal, para establecer relaciones sanas, para expresarse a sí mismo, para compartir dones, para sentirse corresponsable en el perfeccionamiento del mundo, y en definitiva para vivir como pueblo”

 

El tema del trabajo aparece como el modo en que un pueblo construye la patria. Esto es lo que debe facilitar la mejor política, un pueblo que sea protagonista en la construcción de su patria. 

 

Más adelante, en el párrafo 168, Francisco yuxtapone esto a la praxis actual justificada en el neoliberalismo: “El mercado solo no resuelve todo, aunque otra vez nos quieran hacer creer este dogma de fe neoliberal. Se trata de un pensamiento pobre, repetitivo, que propone siempre las mismas recetas frente a cualquier desafío que se presente. El neoliberalismo se reproduce a sí mismo sin más, acudiendo al mágico “derrame” o “goteo” —sin nombrarlo— como único camino para resolver los problemas sociales. No se advierte que el supuesto derrame no resuelve la inequidad, que es fuente de nuevas formas de violencia que amenazan el tejido social. (…) La fragilidad de los sistemas mundiales frente a las pandemias ha evidenciado que no todo se resuelve con la libertad de mercado y que, además de rehabilitar una sana política que no esté sometida al dictado de las finanzas, «tenemos que volver a llevar la dignidad humana al centro y que sobre ese pilar se construyan las estructuras sociales alternativas que necesitamos»

 

Vemos como la copa de las riquezas se agranda y nunca llega a derramarse a los más pequeños, a los más pobres. Por eso es necesaria una intervención inteligente del Estado donde la política conduzca la economía. 

 

Pero más adelante Francisco se separa por un momento de este diagnóstico y vuelve a poner la mirada en lo valioso y lo más sólido de los pueblos. Este tiempo de pandemia que atravesamos ha mostrado entre tantas cosas el protagonismo de la comunidad. Y Francisco lo va a decir muy claramente en su Carta a los Movimientos Populares de las Pascuas del 2020:  “Espero que los gobiernos comprendan que los paradigmas tecnocráticos (sean estadocéntricos, sean mercadocéntricos) no son suficientes para abordar esta crisis ni los otros grandes problemas de la humanidad. Ahora más que nunca, son las personas, las comunidades, los pueblos quienes deben estar en el centro, unidos para curar, cuidar, compartir.”

 

Las comunidades han encontrado formas nuevas, inimaginables, de resolver sus problemas. Un Estado inteligente que quiere hacer pie en el territorio no debe nunca dejar de escuchar a las comunidades, las cuales muchas veces conocen la solución a sus problemas pero no hay nadie que los escuche. Las comunidades son depositarias de una sabiduría que las ha llevado adelante en medio de la necesidad y el conflicto, y esa es una sabiduría que se puede compartir a toda la sociedad. Por eso un estado inteligente es aquel que dialogue con la comunidad en unidad y encuentro.

 

Santiago Barassi –  Cuando empezábamos este seminario justo había salido el meme sobre Francisco que decía: “En Argentina trabajaba de obispo. Se fue a Roma y ahora trabaja de Papa”. El meme tenía el formato de un conocido diario de la prensa local en Argentina, pero así como estaba ese diario podrían estar muchos más, que suelen lanzar esas noticias casi como invitando á los jóvenes a irse de un país donde ya no va la cosa. 

 

Esto lo pongo en el centro porque me parece que hay un tema muy presente en la Fratelli Tutti, y que Francisco resalta permanentemente, que es la autoestima de los pueblos. Este tipo de discursos a lo que apunta es a esmerilar la confianza en los pueblos y en nosotros mismos, u cuando se esmerila esa confianza se empieza a desgranar la posibilidad de construir y vertebrar proyectos nacionales, s proyectos que permitan construir el protagonismo de los pueblos, de las mayorías.

 

¿Cómo poder construir esa autoestima y ese proceso de  representación que Garbiel insistía mucho? ¿Cómo construir desde el ejemplo, desde los hechos concretos, esa representación entre política y pueblo para que funcione, para que sea un vaso comunicante? Porque en definitiva, es en las representaciones donde se juega mucho la posibilidad de hacer transformadora la política. 



Gabriel Katopodis – A mi modo de ver, es como lo venía diciendo Gustavo: desde la práctica y desde abajo hacia arriba. La pandemia aceleró procesos que ya estaban dados, como la crisis de representación, de organización, de movilidad, y tenemos que hacernos cargo de esta situación. Es cierto que existen grupos dominantes, son su sistema de medios de comunicación, que saben lo que hacen cuando dicen lo que dicen. Y lo que hacen y lo que dicen tiene el objetivo de erosionar la confianza, de quebrar y minar la autoestima de nuestro pueblo y crear allí las condiciones para que crezca la antipolítica y el individualismo. 

 

Es algo que nos tenemos que plantear con mucha claridad. La gente no tiene porque adivinar todo lo que está pasando. Si no lo registra, es la política, la buena política, la que tiene que ser capaz de decir y de hacer sentido para que la gente pueda interpretar lo que pasa. Pero siempre es caminando al mismo ritmo de la marcha en la que va la gente, entendiendo que la política es central, pero insuficiente. Porque además de proveer derechos, ciudadanía e inclusión, la política tiene que poder garantizar una vida mejor y un disfrute de la vida. Tiene que poder garantizar felicidad, fiesta familiar y popular. Cuando eso no lo garantiza queda patinando en piso enjabonado. Es de la mano de esto que aparece la idea que plantea Francsico de una economía subordinada a la política, y una política subordinada al bien común. Si algo de esa cadena se rompe, se discontinúa, o se subordina a otro orden, estamos en los problemas en que estamos hoy como sociedad.

 

Gustavo Carrara – Francisco insiste en que iniciar procesos es más importante, más sólido, que meramente ocupar espacios. Y también insiste en que toda responsabilidad o todo poder está dado para el servicio a los demás, y no para servirse de los demás. Con eso, lo que propone es una mística para todos aquellos que quieran participar, del modo que sea, de la más alta forma de la caridad humana que es la política. 

 

En el número 197 dice:  “Pensando en el futuro, algunos días las preguntas tienen que ser: “¿Para qué? ¿Hacia dónde estoy apuntando realmente?”. Porque, después de unos años, reflexionando sobre el propio pasado la pregunta no será: “¿Cuántos me aprobaron, cuántos me votaron, cuántos tuvieron una imagen positiva de mí?”. Las preguntas, quizás dolorosas, serán: “¿Cuánto amor puse en mi trabajo, en qué hice avanzar al pueblo, qué marca dejé en la vida de la sociedad, qué lazos reales construí, qué fuerzas positivas desaté, cuánta paz social sembré, qué provoqué en el lugar que se me encomendó?”

 

Esto es entender la política como un servicio para que el pueblo viva con dignidad, para que el pueblo viva feliz. Es la felicidad por la que debe velar aquel se mete en un ámbito muchas veces se busca desprestigiar. Y aunque existan situaciones que realmente desprestigien el accionar político, es primordial y necesario rehabilitar el compromiso para trabajar por el bien común. Y es muy bueno que también los jóvenes quieran abrazar esta vocación, que es una vocación de servicio al pueblo. Por eso los invito a leer este capítulo 5, y todo Fratelli Tutti en general. Para entusiasmar e ir entusiasmados.

 

Néstor Borri – Ir entusiasmados, ir encendidos, pero sabiendo que después hay que volver al capítulo uno, a las sombras de un mundo cerrado. Ir entusiasmados y encendidos a la sombra y la dificultad, llevando en el corazón y en el gesto político el afán de construcción. El corazón abierto y la mejor política son cosas que acontecen, en definitiva, en las conversaciones de calidad, en los encuentros generosos, profundos. 

 

Nosotros tenemos una gran fascinación por un momento especial de Fratelli Tutti, esos párrafos 77, 78 y 79, donde vemos una especie de aleph del planteo, un núcleo condensado, que además nos sirve para hablar de nuestras vidas. Allí dice que el gesto siempre es posible, por eso siempre es posible recomenzar. Y el deseo, el deseo gratuito y puro de ser un pueblo, siempre está como viniendo, siempre está faltando. Ahí entendemos que radica el desafío de destrabar al cual Francisco nos invita, y que nosotros necesitamos y podemos construir: un pensamiento destrabador.

 

Hay algo en el gesto que es animarse, un coraje, para  acercarse al caído, al pobre, bajo la figura que sea -Gustavo puso dos rostros, los migrantes y los barrios populares, pero hay muchos más-. Es ese gesto lo que nos puede ayudar a recomenzar. Por eso este capítulo comienza diciendo siempre tenemos la oportunidad, y eso nos resucitará. Es lo que nos pone en camino.

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