Nos acercamos al 3 de octubre, fecha en que hace un año exactamente, en las vísperas de la fiesta de San Francisco de Asís, Francisco firmó su Carta Encíclica Fratelli Tutti a los pies de la tumba del santo, y desde Factor Francisco seguimos contrastando el texto con realidades, aportes y la voz de queridos compañeros y compañeras. 

En el tercer encuentro del Seminario Fratelli Tutti conversamos con el padre Nicolás “Tano” Angelotti, cura villero de la Parroquia San José, La Matanza, en una reflexión disparada en torno a los capítulos 3 y 6 de la Fratelli Tutti: “Pensar y gestar un mundo abierto” y “Diálogo y amistad social”. 

Luego de la reflexión de la semana pasada centrada en “las sombras de un mundo cerrado”, esta vez toca pensar el gesto en su resultado, templarse en el abrazo. Y estando en el momento acaso confuso en que estamos en nuestro país, con una sensación de desorientación y la exigencia de buscar nuevos caminos, aprender del testimonio de una comunidad humilde y solidaria que se abre paso efectivamente en la construcción de sus casas, su barrio, su vida y su mundo, nos parece necesario y apropiado. Habla del plus de la actitud y el gesto que no se queda en el diagnóstico, sino que busca, que construye y que genera encuentro.

NB – Para empezar quisiéramos qué nos cuentes un poco dónde estás, Tano. ¿Qué significa “hermanos todos” cuando se habla de La Matanza?

Nicolás “Tano” Angelotti – Estamos en la Parroquia San José, entre los barrios Puerta de Hierro, 17 de Marzo y San Petersburgo de La Matanza, y en el corazón de un pueblo pobre y trabajador que con mucha fe lucha por la justicia social todos los días, construyendo un barrio, una patria y un mundo donde seamos “hermano todos”.

SB – En el capítulo 3 de Fratelli Tutti, reflexionando sobre cómo gestar un mundo abierto haciendo presente la figura del buen samaritano, Francisco pone el amor en el centro. El amor como un impulso para salirse de uno mismo, para ir hacia el encuentro del prójimo, pero también el amor concreto, con rostros reales a quien amar. ¿Cómo se construye una comunidad de “hermanos todos” con amor y con rostros concretos?

NTA – Lo que Fancisco nos advierte es que ya no basta con declaraciones nominalistas, o con pensar que por tener ciertas ideas las cosas ya se cambian. Las ideas no se aman, dice Francisco, sino que se ama a las personas, y por eso insiste en la importancia de la cercanía, la compasión y la ternura. El modo de vivir el Evangelio de Jesús es el encuentro con el otro y eso no se puede saltear. Hay que volver a valorar el sentido del encuentro, del tocar, del mirar, del abrazar. 

En un mundo que todo lo quiere resolver por arriba, que muchas veces piensa que los problemas se pueden resolver desde la rosca, las megas estructuras, las grandes ideas, Francisco nos vuelve a aterrizar con un cable a tierra al Evangelio de Jesús. Cuando uno lee el testimonio de Jesús lo hay son encuentros con personas concretas, un mundo del dolor hecho rostro, nombre e historia, y una sanación que toca, que besa, que abraza, que levanta, que acompaña, que invita a ser hermanos todos concretamente.

Y en eso hay una sabiduría muy grande en la cultura popular, porque una y otra vez se remite a lo concreto. A nuestro pueblo le cuesta mucho mirar el dolor y seguir de largo o lavarse las manos. La sabiduría y la primera intuición de nuestra gente, de nuestros barrios, es la de conmoverse y acercarse al que sufre, incluso a veces sin saber bien qué hacer, pero con mucho cariño y con mucha ternura en el encuentro ir buscando una solución que solo llega en el compartir la vida.

SB – Es interesante pensar esto de los límites o los bordes donde se va recortando aquel que consideramos hermanos. Muchas veces está muy limitada la figura del hermano, y Francisco nos advierte que hay que tener cuidado con los círculos demasiado cerrados. Y esto vale para la vida en general, pero también para las organizaciones y la cultura. En tu comunidad y en tu gente, ¿donde empieza y dónde termina la familia?

NTA – Algo muy lindo que vemos en nuestras comunidades es la capacidad de alojar que tiene la gente. Muchas veces uno entra a la casa de una familia y aparece una persona que no vivía con ellos, y quizás es un conocido del Paraguay, de Bolivia, de Santiago del Estero, de Tucuma, que tenía que venir a atenderse al hospital en Buenos Aires y la familia le hace un lugar generosamente,recibiendo la vida como viene sin tantas vueltas.También es muy lindo ver los fines de semana cómo los vecinos se van turnando para construir la vivienda del otro, y así entre todos ir levantando la casa, el techo, el hogar. En las barriadas hay una conciencia de salvación comunitaria muy efectiva, muy de todos los días, en donde se vive un espíritu de fraternidad y solidaridad muy grande.

Francisco menciona todo el tiempo lo importante de tomar conciencia de la vecindad barrial, de sabernos parte de una comunidad, un barrio y un pueblo, y no desentendernos del otro, no descartar ni dejar a nadie afuera de eso, porque nadie sobra. La cultura popular tiene mucho resorte en alojar la vida.

NB – Cuando Francisco dice “el tiempo es superior al espacio” nos invita a ver la cultura y el pueblo como algo vivo, que siempre se renueva y se recrea. ¿Qué viste durante la pandemia en ese sentir del pueblo y de la experiencia popular?

NTA – Creo que el tiempo de la pandemia fue la hora de la comunidad.  Mientras todo retrocedía en el país y el mundo acá vimos una comunidad que primeraba, que iba para adelante dando la vida por el otro en ollas populares, en hogares que reciban la vida de hombres y mujeres en situación de calle, acompañando casa por casa con ambulancias y trabajadoras de la salud, haciendo que la esperanza no se caiga. En síntesis, la enseñanza más grande que nos deja la pandemia a nosotros es el lugar, la importancia y lo insustituible que es el valor de la comunidad.

SB – “Fratelli Tutti” retoma una vieja noción muchas veces enterrada de la triada de la Revolución Francesa: libertad, igualdad y fraternidad. Estas grandes palabras de Occidente a veces se conjugan pero otras se contraponen. La pandemia fue un tiempo donde se vio muy claro, porque no se sabía el lugar correcto que había que darle a la libertad, y resurgió la fraternidad como una necesidad de pensar en el otro y de cuidarnos. ¿Cómo puede decirse que se viven esas tensiones en una comunidad donde carencia de libertad, igualdad y fraternidad siempre está presente por la realidad de todos los días?

NTA  – Apenas empezó la pandemia nosotros salimos a jugar con la consigna de que el peor virus es la injusticia social. Tomamos conciencia de que estábamos en desigualdad de condiciones frente a otros lugares del país y del mundo. En nuestros barrios no hay agua potable al día de hoy. Tampoco hay buena señal de internet. Cuando uno mira hacia atrás lo que fuimos consiguiendo en medio de la crisis, las pequeñas grandes victorias que fuimos dando, todo costó mucho y cada logro fue a fuerza de garra y de lucha. La gente tiene muy metida adentro la indignación por la injusticia social, y salen a buscar la dignidad, la igualdad de oportunidades. Es conmovedor ver cómo se recrea la gente espacios de vida y oportunidades concretas para la felicidad de sus hijos y sus hijas.

NB – ¿Cómo se mira desde los barrios al resto del país? Pensando en la sociedad en general, pero también a la política en su sentido más amplio, como mediación que va más allá y más acá del barrio cada vez que se articula con otros actores.

NTA – En la medida que nuestros barrios puedan integrarse para crecer van a poder aportar al resto de la sociedad, pero también al corazón de nuestros barrios. Nosotros tenemos un grupo de jóvenes que van a la Universidad de La Matanza, y la verdad es que el barrio lo vive con orgullo y mucha honra. Se los acompaña, se los apoya tanto para que los los pibes y las pibas puedan seguir estudiando, y se hacen fiestas muy lindas cuando uno de ellos se egresa -estamos hablando de primera generación de universitarios-. También hay muchos hombres y mujeres que aportan su sabiduría al barrio en la construcción de jardines, de escuelas, de hogares, de clubes, de salas de primeros auxilios, que las van haciendo con sus manos y con su talento. Lo que veo es que la gente ya no espera, sino que sueña, y ese sueño lo van bajando a sus manos, y con la lucha, el trabajo y el convencimiento van logrando cambios reales y concretos que transforman la realidad de su comunidad y que también se van integrando con otros barrios en el encuentro.

SB –  En el capítulo 3 Francisco recoge parte de lo ya muchas veces dicho por la Iglesia Católica sobre la función social de la propiedad. Una de tus grandes luchas en la Matanza ha sido y es el acceso a la tierra, un conflicto muchas veces vapuleado por algunas voces de la sociedad, pero donde juega el futuro inmediato de las familias. ¿Cómo se pueden generar procesos virtuosos para transitar por el filo de un tema tan complicado sin dejar de avanzar?

NTA – Para mostrar lo que pasa con la tierra puede servir contar la historia de los tres barrios donde está emplazada nuestra Parroquia San José. Puerta de Hierro y San Petersburgo nacieron como asentamientos erradicados de las villas de la Ciudad de Buenos Aires en la época de la dictadura. Los pusieron en La Matanza para vivir en núcleos habitacionales transitorios durante tres años hasta tener sus viviendas. Pero hoy pasaron más de 60 años y siguen esperando sus viviendas. Esto contrasta con el barrio 17 de Marzo, que es un asentamiento en tierras que estaban sin uso. Los vecinos buscaron la tierra y después de mucho trabajo pudieron levantar las casas y organizar un barrio que no tiene mucho que envidiar a otros barrios urbanizados.  La organización popular pudo crear una vecindad comunitaria con jardines, escuelas primarias, salas de primeros auxilios, clubes, hogares, escuelas de música y radios comunitarias. Esto habla de que de abajo para arriba la comunidad se va a organizando y consigue lo que llamamos “integración urbana». 

Pero todavía hay un montón de familias que viven en núcleos habitacionales transitorios, que básicamente son cajas de zapato donde no hay agua, no hay cloaca y la luz se corta permanentemente; donde en verano sufre muchísimo el calor y en invierno se sufre muchísimo el frío; donde vivis en un pasillo de menos de dos metros para compartir la vida con los vecinos. Y justo enfrente de estos barrios tenemos tierras del Estado que son basurales. Es escandaloso muchas veces ver como familias muy pobres, con mucho sacrificio y trabajo, en poquita tierra, van levantando su casa enfrente de lugares que  están desaprovechados. Eso genera mucha indignación en los vecinos más pobres.

Es el Estado quien tiene que organizar la distribución de los recursos para la vida del pueblo. Tenemos una deuda muy grande en nuestra patria de tierra, techo y trabajo, una deuda de integración urbana para un montón de barrios donde los vecinos son los primeros que van urbanizando. Porque son las familias las primeras que se organizan para crear una plaza o para diseñar los trazados de las manzanas. 

Ojalá después de esta pandemia salgamos tanto de la visión estadocéntrica de un Estado que piensa que debe resolverlo todo en soledad, sin escuchar al pueblo, como de un Estado que terceriza absolutamente todo y llega a lavarse las manos. Ojalá lleguemos a una relación del Estado con las comunidades, sabiendo y poniendo en su lugar el valor que tiene la comunidad, que es insustituible. Porque cuando el Estado aterriza en nuestros barrios y se asienta en la sabiduría de la comunidad rinde muchísimos más y se articula mucho mejor.

NB – Aquí tomamos como hipótesis que frente a situaciones que son escandalosas y larguísimas, la reacción no es ni la antipolítica furibunda ni una opción por el individualismo y el mercado, sino un procesamiento vía la comunidad que tiene dosis de pragmatismo y de memoria. ¿Esto es realmente así? ¿Cómo ven los vecinos, las comunidades, su relación con el Estado, sea nacional, provincial o local?

NTA – Creo que puedo contestarte a partir de la experiencia que estamos teniendo en los barrios Puerta de Hierro y San Petersburgo. A partir de esta organización de la comunidad que fue creando avances concretos hoy tenemos seis jardines,dos primarias y dos secundarias. El surgimiento de estos espacios no fue una propuesta de Estado a la comunidad, sino que la comunidad buscó los terrenos, buscó los recursos, construyó la escuela, convocó a los niños y niñas del barrio, convocó a los docentes que también son de nuestro barrio, y pidió al Estado que reconociera sus establecimientos. Y el Estado reconoció, valorando ese camino de esfuerzo y sacrificio que hizo la comunidad. 

En esa misma línea, creo que el Estado empieza a ver que en nuestros barrios hay por una lado una necesidad muy cruel – estamos hablando de que no hay agua potable-, pero que por otro lado hay una organización de la comunidad muy linda para ayudarla a dar el paso adelante en una integración urbana. Una integración que no es solamente acercarse a los barrios, sino organizar una comunidad. 

En este proyecto que nació de los vecinos se fue hablando con el gobierno nacional, provincial y municipal, y hoy se está avanzando en una sesión de tierras y viviendas a los de Puerta de Hierro y San Petersburgo, que además recibirán las escrituras. Y junto con eso, se está avanzando con la entrada de una línea colectivo y la llegada del agua potable al barrio. 

Creo que se van dando estos pasos porque la política se acerca a una realidad bien concreta y en diálogo con la comunidad resuelve problemas concretos. Por eso podemos soñar en que pronto exista una efectiva integración urbana en San Petersburgo y Puerta de Hierro. Hay 1200 casas para hacer, y las obras comenzarán en diciembre o enero del año que viene. Pero todo esto se debe en gran parte a que la comunidad se acercó con la propuesta, y a que el Estado escuchó y se hizo presente reconociendo a la comunidad.

Néstor Borri – ¿Cuál consideras que es o debe ser el rol de la Iglesia en las comunidades?

NTA – El rol de la Iglesia es el de mediar y estar siempre buscando ampliar la mesa de articulación y diálogo, llegando a consensos y acuerdos que nos permitan concretar pequeñas grandes victorias que cambian la vida de nuestra gente. Creo que la iglesia tiene el rol muy importante de formar parte del diálogo, estando siempre del lado de los más pobres, de los últimos.

SB – Francisco advierte que hay que tener cuidado con los consensos superficiales, esos que tienden a nivelar para abajo. Pero al mismo tiempo, no deja de remarcar la necesidad de un pacto social y un pacto cultural. Desde tu mirada, ¿por donde se tiene que comenzar esa conversación capaz de lograr los consensos que sean superadores y realmente hagan avanzar al pueblo?

NTA – Tal vez un buen comienzo sería empezar desde abajo para arriba, yendo desde los últimos hacia todos. Hubo mucho tiempo donde nuestros vecinos escucharon que arriba hablaban de diagnósticos, proyectos, promesas, pero nunca llegaba el hormigón. Por eso empezaron a organizarse para urbanizar, y eso es algo concreto. Es aquí, es en este lugar, porque hay que respetar y cuidar mucho el valor de la comunidad, el barrio donde desarrolla la vida de la gente que les da pertenencia, identidad, tejido y amistad. No se puede repetir lo de la dictadura que te sacaban de un lugar y te tiraban  en otro. Y también es ahora. Y es urgente. En esta disyuntiva entre los consensos y la urgencia de la carne que sufre hay que ponerse todo el tiempo en la piel del otro. Hay cosas que hay que darlas en este momento porque no pueden esperar.

NB – ¿Cómo se vive la fe en la cultura del pueblo y las comunidades?

NTA – A mi no me deja de asombrar y sorprender el lugar central que nuestro pueblo le da a Dios. Le da el corazón de su vida. Dios les marca sus modos,sus opciones, sus sueños, sus razones de vivir, luchar y trabajar, de levantarse todos los días. La fe popular que vive es muy fuerte, y con un compromiso muy fuerte entre Dios con la historia concreta. Así como la gente viene a bautizarse te pide que nos organicemos como comunidad para ir a buscar el agua potable. Así como quieren que sus hijos tomen la primera comunión y se alimenten con el pan de Jesús, a la hora de la pandemia fueron los primeros que salieron con la propuesta de hacer comedores comunitarios para dar el pan de cada día a los hijos y las hijas de su barrio. Así como te piden la unción de los enfermos para una persona que está muy mal, también se organizan para abrir una sala de primeros auxilios en el barrio. Hay un compromiso muy fuerte de fe y de justicia social que se vive de la mano, muy unido y armónicamente. Es algo que se da de hecho, sin rollos, y que es muy integral.

Hay un valor muy grande de la comunidad, la solidaridad, la fraternidad, de ser hermanos todos, de que nadie se salva solo. La vida se organiza con valores que son absolutamente evangélicos.

NB – El tema de las comunidades pentecostales y evangélicas estuvo muy en voga el último tiempo, más recientemente por algunas producciones televisivas, pero ya se venía hablando de su incidencia con determinados sectores políticos. ¿Cómo es el vínculo con el evangelismo y con las otras religiones para la gente de los barrios? 

NTA – La realidad es que en nuestro barrio no hay muchas iglesias evangélicas. Pero sí creo que debemos tener cuidado con algunas líneas que acentúan el hiperindividualismo, que se alejan de la conciencia popular y de las comunidades, que entienden la bendición en el progreso económico. Con eso hay que tener cuidado, porque rompe con la cultura popular. 

Creo que lo más peligroso de todo es disociar la fe de la historia. No es que sean necesariamente Iglesias Evangélicas o Pentecostales. Pero hay quiosquitos que van apareciendo en lugares de mucho dolor, de mucha desesperación, que proponen un modo de vivir la fe muy lejos del compromiso y de la encarnación. Me parece que lo que nos prende fuego el corazón y nos apasiona es que el evangelio de Jesus nos lleva a comprometernos con la realidad que tenemos por delante, con el momento histórico que nos toca vivir. Tenemos  por detrás hombres y mujeres que nos precedieron y que amaron hasta dar la vida, hasta poner su propia carne en el asador. Eso habla del Evangelio de Jesús, y el pueblo lo tiene muy metido adentro. Dios está en la historia. Tiene que ver con el pan, con el trabajo y con lo que nos pasa todos los días, acá y ahora.

SB – Quién conozca toda la obra de las iglesias de La Matanza y haya caminado las parroquias, los clubes, los colegios, que por todos lados está lleno de Papas Franciscos pintados en los muros.  Una vez nos contaste, Tano, que fuiste formado por Jorge Mario Bergoglio, y el último sacerdote que él ordenó antes de irse a Roma. ¿Qué significa Francisco para la cultura popular y cómo ves su papado en general?

NTA – La verdad es que nos vemos completamente convocados y representados por Francisco. Vibramos con Francisco. Eso es impresionante, cómo la gente de los barrios se siente muy cerca suyo y lo sigue. Me parece que hay que escucharlo más.un líder espiritual que va a contracorriente de un sistema. 

Creo que todavía no dimensionamos el acontecimiento que significa Francisco para nuestra historia. Muchos no lo leen de primera mano ni siquiera. Me parece que nos está haciendo mucho bien, que es la frescura que necesitábamos en la Iglesia, y una y otra vez invita a poner al más pobre en el corazón de la historia.

NB –  Francisco dice que “es posible comenzar desde lo más concreto y local hasta el último rincón de la patria y el mundo” ¿Qué mensaje dejarías desde La Matanza hasta el último rincón de la patria y el mundo?

NTA – Compartirles nuestro credo, la convicción de que detrás de cada vida, de cada lágrima, del dolor del más roto, descartado y marginado, viene la bendición de Dios cada vez que nos abrazamos y nos sentamos en la misma mesa, cada vez que compartimos la casa y nos hacemos familia. 

Tenemos que volver una y otra vez al mensaje de buen samaritano. Ahí está la felicidad de nuestra vida y la felicidad de todo el pueblo. Francisco nos invita a la cercanía, la compasión, la ternura, a hacernos cada día más familia. Y ser familia y vivir como hermanos es no alejarnos del que la está pasando mal. Eso es lo más valioso que tenemos en el corazón del Evangelio.

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