#FF comparte doce puntos y un nudo sobre la afirmación, el revuelo y la polémica de los dichos de Francisco ante la Organización Internacional del Trabajo (OIT) sobre la propiedad privada considerada como “un derecho secundario”.

Hacemos esta reflexión en tanto tema caliente de la coyuntura, pero al mismo tiempo como parte de una serie de reflexiones que venimos proponiendo los últimos domingos en #FactorFrancisco: Francisco y las ideologías, Francisco y la pobreza/pobrismo, y hoy, Francisco y la propiedad privada. Casi un ciclo litúrgico sobre la unidad y el despliegue de su concepción, tomada desde las distintas caras del poliedro de intervenciones que produce, sostiene, y al mismo tiempo convoca, en la opinión pública global, pero también en la agenda nacional y en la inflexión histórica que vivimos.

Los debates del más variado tono y procedencia en torno a la propiedad privada en tanto derecho configuran, de algún modo, un núcleo donde se anclan muchas otras dimensiones. Porque toca “algo” que, a todas luces, inquieta.

1. Especificidad (y soledad) de un planteo

La Iglesia Católica tal vez sea la única institución que todavía predica, a escala global, una subordinación o una relativización del derecho de propiedad. La suya es una posición histórica. Está en la Doctrina Social de la Iglesia. Es una afirmación oficial de la institución, más allá de los agentes que la prediquen o no con uno u otro énfasis. La Doctrina Social de la Iglesia no absolutiza el derecho de propiedad. Lo considera, como ha dicho Francisco, secundario. Subordinado. Relativo.

Para observar el significado de esta posición, vale la pena plantear la cuestión al revés. Preguntar de este modo: ¿Qué otra institución, actor, nacional o global, sostiene una afirmación semejante, con una voz consistente, y con una doctrina que se afirma como planteo de fondo y persistente a la vez?

Este es un marco básico e indispensable para leer lo que provocaron las palabras de Francisco. Porque lo que está en juego en sus dichos, en definitiva, tiene que ver con los tiempos largos de la historia y la institución. Del cristianismo mismo, habría que decir. 

La Iglesia Católica preexiste como institución y cosmovisión al capital y a su lógica de la propiedad privada, aspecto central de la organización de occidente. Esta anterioridad permite comprender una persistencia, una singularidad, una posibilidad de trascender lo que en los últimos tiempos se convirtió en el eje vertebrador del orden, de las leyes, de las dinámicas de la producción, de los modos de concebir la riqueza. La propiedad privada tal como la conocemos no deja de ser histórica. Por eso, una institución preexistente al mundo y la cosmovisión actual, o en todo caso hegemónica, una doctrina y una voz anterior al paradigma de nuestros días, posee también una posibilidad de trascender la actualidad, o de mirarla con otras perspectivas.

No quiere decir que sea ajena, indiferente, opuesta, contestataria a priori o pura respecto a la lógica, y en algunos casos a la peor de ellas, del capital. Pero vale señalar este punto.

2. Una centralidad

Lo que dijo Francisco ante la Organización Internacional del Trabajo no es solamente un mensaje o un pensamiento suyo. Es la Doctrina Social de la Iglesia compuesta por los manifiestos y documentos sociales en la era contemporánea, desde la Rerum Novarum de Leon XIII. Esos textos ordenan la posición oficial desde fines del siglo XIX hasta ahora.

Al hablar de los tiempos largos, se trata de una concepción que puede remontarse hasta los Padres de la Iglesia, y hasta el Evangelio mismo, e incluso más atrás, al judaísmo y la Biblia en general. No estamos hablando de una posición heterodoxa ni herética, ni especialmente progresista, o del sur, o de la periferia. No. Es la posición ortodoxa, oficial. Es la posición de los Papas y de la Doctrina Social. Es lo que la Iglesia dice, con sus mañas y sus menos, y que tiene una larga y honda raigambre en la historia propia.

Entonces, junto con la cuestión histórica hay también un desarrollo conceptual profundo, al que hay que tomar y ver en el mapa ideológico, conceptual, idiosincrático, cultural, o propiamente político. En las variables de los símbolos que ordenan actualmente lo político. 

Es ahí donde hay que ver lo que Francisco dijo.

La Doctrina Social de la Iglesia ha sido el modo en el cual se actualizaron los planteos históricos del cristianismo como respuesta a las consecuencias sociales, humanas, y existenciales que el capitalismo industrial venía arrojando en Europa. Pasados los tiempos de Los Miserables de Victor Hugo, de Oliver Twist de Charles Dickens, y también de la Revolución rusa. La cuestión social irrumpe como tema central de la agenda pública, y en  los problemas políticos de Europa. La Doctrina Social de la Iglesia puso estas cuestiones sobre la mesa. La idea predominante suele ser en el campo llamado progresista que esto es sólo una reacción para atacar el marxismo y no perder a las masas pobres y trabajadoras. En todo caso resultó de y en una actualización del catolicismo, como una respuesta al síntoma de la deshumanización. Frente a los devenires y la profundización de esta, Francisco, en el tercer milenio de la Iglesia y el tercer siglo de la era industrial, vuelve a encontrarse urgido por renovar las respuestas, actualizar el mensaje, en un contexto donde la distorsión de lo sagrado-sacrifcial del capital vuelve a extremarse.

3. Una (¿cuánta?) exterioridad

Sobre esta vertiente histórica y ortodoxa de la Iglesia respecto de la propiedad privada, cabe la pregunta por la actualidad y la especificidad, el diferencial propio de Francisco en esta cuestión. El que tenga, pero también el posible. ¿Qué hay para construir desde el planteo de Francisco en este tema? 

¿Desde dónde y frente a qué hay que ver los dichos de Francisco hoy, en el presente amplio y en este 2021? ¿Desde qué lugar lo dice? Y preguntarse tanto desde su lugar de origen geográfico en el sur, en Argentina, como del lugar de desarrollo de su magisterio. Lo que hay que tratar de ver, dada la fuente, dada la tradición, es: ¿Que invita Francisco a discernir, o qué podemos discernir desde Francisco? 

Cabe actualizar la interpelación para que valga. Porque, además, las críticas que llovieron sobre Francisco son las típicas críticas que se le hace a la Doctrina Social de la Iglesia. Se dice que es una doctrina declarativa pero que no se encarna en acciones. ¿Qué significa encarnar en acciones, cuando en la discusión, Francisco interviene en un organismo como la OIT? Y hay que verlo, además, en el abanico de sus intervenciones, de sus escritos, de sus propuestas. Ahí es donde hay que localizar el diferencial Francisco al hablar de la propiedad privada, en un foro sobre el trabajo, y siendo, además, un Papa argentino.

Francisco también encarna, como al origen de la Doctrina Social, un momento disruptivo. Viene dando una discusión profunda con el neoliberalismo, con el paradigma tecno burocrático, con el tiempo y el modo en el cual el capital se organiza, sobre cuáles son las premisas a partir de las cuales se despliega el capitalismo de los últimos cuarenta años. Hay una analogía que se conecta mucho con esos viejos tiempos donde surgieron los planteos de León XIII en torno a la cuestión social, tiempos de exacerbación de la dimensión del libre mercado.

Cerrado el siglo XX, marcado por la tensión comunismo-capitalismo, se desató, principalmente a partir de los años 90, un proceso de hiperconcentración de la riqueza y de exclusión masiva de las poblaciones de la riqueza socialmente producida. En ese punto, la voz de Francisco señala la necesidad de cuestionar una dimensión fatalista y total de la propiedad privada, ahí donde aparece como único órgano, como sustancia fundamental de la organización de las propiedades.

4. La estrategia, afirmaciones centrales para la unidad/salida 

Desde #FF consideramos el papado de Bergoglio como un síntoma y una acción de límite y de recomienzo. Planteamos estas categorías como claves interpretativas del “factor” Francisco. Pero también abordan una historia contemporánea. Se vive un límite y un recomienzo del capitalismo tal cual lo conocemos. Se vive un límite y un recomienzo de la cuestión social tal cual la conocimos. Y, por último, se vive un límite y un recomienzo de las posiciones de la Iglesia Católica sobre todas estas cuestiones. Estamos ante la gran recapitulación y, a la vez, una inflexión. 

Ese es el marco para leer la estrategia global del Papa. No sólo de sus documentos, sino de todo lo que dice tanto hacia afuera como hacia adentro de la Iglesia. 

En todos los movimientos del argentino se hace muy patente la necesidad de mantener la unidad de la Iglesia Católica. Esto es algo que hay que verlo, una vez más, en los tiempos largos y en los espectros anchos de las cuestiones en que se insertan. 

La defensa de la unidad de la Iglesia, que va “pegada” a la invitación a ponerse en salida, y lo que va regulando y administrando en sus intervenciones respecto a su transformación o reforma, de estructura y práctica, todo ello se encarna como momento de un largo contexto: la historia de la Iglesia, la historia de Occidente, la historia del mundo. Al fin y al cabo, la historia de la humanidad. Y todo esto frente a lo que pasa en la cultura occidental hegemónica. Se trata de estar a la altura de las circunstancias. No significa que Francisco venga de un portal cósmico. Pero la suya es una preocupación donde, para decirlo en términos del Concilio Vaticano II, «nada de lo humano le es ajeno”, -en los términos en que el cristianismo y la Iglesia pueden decir esto-.

Este marco vale para otros temas, no solo la propiedad privada. También aquellos temas donde es más fácil ser abiertamente críticos “por izquierda” respecto a  las posiciones de Francisco, como en algunas cuestiones de estructura de ministerios de la Iglesia, la moral sexual, o la bioética. 

La invitación es a ver todos estos planteos en su gran marco de inflexión, algo que resguarda y proyecta, bien o mal, la posición de un Papa sobre un campo de batalla, de acción, que trasciende las meras coyunturas.

Por eso es tan importante para el Papa actual preservar la unidad amplia de la Iglesia, en una inflexión donde esta institución en su largo recorrido de sostén pero también de tensión con la historia del mundo occidental, hoy global, se enfrenta a un capitalismo que amenaza de fondo a la humanidad misma. Y más ampliamente, como también venimos diciendo, frente a un paradigma instrumental, tecno burocrático, que penetra con la lógica de la mercancía al fondo del hombre y de la tierra.  

5. Desde los últimos, los derechos y el derecho

Lo mismo valdrá para lo que desde #FactorFrancisco planteamos la semana pasada respecto a la centralidad de los pobres y los excluidos. Está la necesidad de volver a la raíz. Al Evangelio, a Jesús, a la samaritanía como unidad básica de acción, como propuesta fundamentalmente, para los cristianos pero también para toda la humanidad

En el interior de la complejidad de pastorear al amplio “pueblo de Dios- Iglesia”, con todos su matices y acentos, aparece en Francisco una explicitación de la necesidad de pensar la Iglesia desde los últimos -que, recordémoslo en esta reflexión específica, son los desposeídos- hacia todos. Un núcleo central: la Iglesia, toda unida, pero posicionada desde un lugar muy claro. Empezar desde los últimos para llegar a todos. En algún punto, este termina siendo un vértice donde se generan las tensiones y las críticas más grandes de los planteos de Francisco tanto dentro como fuera de lo eclesial. Más allá de cualquier otra dimensión, él insiste en el drama de los migrantes y en la crisis socioambiental. Por eso también reafirma, desafiando al Dios dinero, que la propiedad privada es un derecho secundario.

6. Las críticas y reacciones (entre Juanita y Steve)

Ataques. Respuestas. Ladridos, con perdón de los perros. Desde Juanita Viale a Steve Bannon. Desde Infobae a La Izquierda Diario. Hay que leer a contraluz las reacciones y contradicciones de lo qué está pasando aquí. ¿Quienes lo atacan y por qué? ¿Cuál es la batalla? ¿Cuál es el nudo? ¿Quién, o qué, se siente amenazado? Son distintos los registros desde los cuales hay respuesta. Sea este dicho en particular, sea el papado de Francisco en general, y, hasta podría decirse, sea la Iglesia Católica en sus aspectos más amplios. El lugar desde el que hablan los críticos no redime de sus propios problemas ni a la Iglesia ni a Francisco. Pero en todo caso, como bien sabemos en Argentina, «dime a quién molestas y te diré quién eres». En la respuesta apostamos a ver cuál es el campo de batalla y cuáles son los intereses en juego.

El discurso religioso puede encontrar un punto desde donde eludir el disciplinamiento del sentido común. Está en la voz de Francisco, y está, como hemos dicho, en la preexistencia y singularidad de la Iglesia en términos históricos respecto del capitalismo. Cuando se escuchan planteos de ciertos personajes, divulgadores masivos en lo mediático, lo que aparece es una reacción que nace con la impunidad de quien se cree dueño de la verdad. Es la cancha inclinada del sentido común. Hay algunos planteos del cristianismo, que en la voz particular de Francisco son más categóricos, que generan incomprensión. Este caso es muy concreto. Se pone en cuestión algo muy hegemonizado en ciertas categorías, y el discurso del Papa habla desde afuera. Provoca irritación, planteos y cuestionamientos.

Por eso hay que ponerle signos de interrogación ¿Cuánto la Iglesia ha sido disciplinada por el discurso del capitalismo? Porque no es obvio que no lo haya sido, e incluso, en una gran dimensión ocurre lo contrario. La pregunta es por el quántum que puede haber ahí. 

7. El oro del Vaticano y lo más valioso

Vale la pena escuchar las críticas. Incluso en su versión más elemental, las del sentido común en su mal sentido. La más clásica de todas es el oro del Vaticano. Se dice: “¿Si la propiedad privada es secundaria por qué no regalan el oro del Vaticano a los pobres?” Es una suerte de ecuación, de fórmula concentrada de críticas, expresadas con distinto talante y con distinta calidad, por lo general baja.

Pero hay algo, decíamos, que vale la pena escuchar en ellas. La crítica apunta hacia el dilema de qué se hace con el problema de la institución, del cristianismo, de la estrategia misma del Papa. ¿Qué clase de actor es el actor religioso? ¿Qué clase de voz es aquella inspirada por la cuestión cristiana en debate público en Argentina? E incluso, dando vuelta la ecuación o fórmula: ¿Cuál es el oro del vaticano? ¿Qué es lo que tiene la Iglesia de valor y tesoro que se podría usar de otra manera? Es bastante. En principio, el oro que hay que repartir a los pobres no son las obras de los museos vaticanos. No se trata de rematar La Piedad. Pero sí preguntarse qué es el capital de la Iglesia y para qué puede servir su poder, su riqueza y todo lo que hay de valioso, y también La Piedad con todo el oro del Vaticano, algo que expresa no sólo su riqueza material, sino también su tesoro simbólico y artístico. 

Esto vale para la Iglesia pero, más ampliamente, involucra a cualquiera que declare que la propiedad privada es un derecho secundario y que, por lo tanto, la vida del pueblo, la vida de los pobres, la dignidad de los trabajadores, son más valiosas que la propiedad. ¿Cuál es la acción institucional, personal, política, articulada, y el recurso que se puede utilizar para hacer una transformación efectiva en ese sentido? 

Francisco pudo abrir, en ciertos aspectos, el lujo, el verdadero “oro”  del Vaticano, a los cartoneros, a los trabajadores excluidos, a los indígenas amazónicos. Supo poner otros actores en el centro sin una lógica de rematar La Pietá, sino integrando, abriendo, trasladando físicamente hacia el Vaticano lo que está por definición afuera, o saliendo él mismo, en sus viajes, hacia ese afuera. Esto es algo que despertó profundas críticas al interior de la Iglesia. Se vio como una profanación del culto, de lo valioso. Porque la crítica que genera esta apertura de Francisco hacia afuera resuena también adentro. La institución se tensiona, y aun así, está el dilema de sostener la unidad. ¿Cómo avanzar? ¿Cómo plantear una agenda, pero al mismo tiempo, conservar la unidad que sostiene lo que pueda tener o conservar la Iglesia de poder en la escena mundial y pública actual?

¿Qué es más peligroso o más molesto? ¿Devolver el oro del Vaticano, o juntar a los pobres unidos en la Basílica de San Pedro? ¿Repartir el oro y darlo como asistencialismo, o poner en circulación una interpelación ideológico-política que no cuestiona el oro del vaticano, sino el oro, el petróleo, el poder financiero y la riqueza concentrada? 

8. Poder y debilidad: Spiderman y su tío Ben 

En los últimos días circuló la imagen de Francisco conversando con un artista disfrazado de hombre-araña . Nos recordaba el apotegma de Ben, el tío de Spider Man: “un gran poder conlleva una gran responsabilidad”. Una cosa es la doctrina, otra son las decisiones, y otra es el poder. En un doble sentido: el poder constituido al que hacer frente, y el poder que se tiene para la transformación. La estrategia de esto último implica poner al poder institucional, en la medida de lo posible, al servicio de una transformación. Pero también hay una lectura de las transformaciones que no pasa por el poder fáctico, sino por una debilidad. La debilidad como una dimensión de poder está en el gesto de la cercanía, de la compasión, del Evangelio. Y, en un modo distinto, está en el enganche entre religión e Imperio. La Iglesia Católica existe, al fin y al cabo, desde el momento en que el poder institucional de Roma lo asume en sus cimientos.

Cabe preguntarse qué podría significar hoy el anudamiento entre mensaje de redención, poder institucional, gestos de cercanía y construcción social o política. Observar el foro de la OIT desde estos cuatro lentes para ver qué hay ahí. Y, en otra escala, observar hacia el interior de Argentina: qué tenemos de esa relación gesto-institución, de ese vínculo entre el  poder de la debilidad y el poder de la institución, para construir una nueva transformación.

Podemos observar en la figura de Francisco, y desde el inicio, un gesto de desposesión. Hay un cambio en la forma de construir el vínculo entre la figura del Papa y el pueblo, o la opinión pública, como una necesidad de mostrar una decisión, también de despojarse de cierto aparato, de cierta lógica, algo que actualmente también aparece en la política: la necesidad de mostrar poder al mismo tiempo como cercano, llano y en algún punto más humano o cotidiano. En este punto es necesario pensar también en cómo funciona la circulación del poder, la desposesión y la riqueza, las propiedades como forma para construir legitimidad de un poder.

9. Desposesión y misericordia: el lugar y la (no) fuerza del discurso religioso en la política concreta

Para destrabar el gran bloqueo que hay en cuanto a las transformaciones y los imaginarios de cambio social -como si todas las fuerzas emancipadoras hubieran llegado a su techo histórico, revirtiendo las idas y venidas de los grandes gestos revolucionarios- Francisco propone un gesto concreto en forma de misericordia. Además, en el gesto se cifran los condicionamientos a la riqueza y la propiedad. Y esto no sólo es un mensaje discordante respecto al poder constituido y concentrado, sino también respecto a las fuerzas que dicen ser oponentes. En Francisco hay una búsqueda hacia otro lado, el de la desconcertración (en el buen sentido de la palabra desconcertar). 

Las fuerzas disponibles de hoy se conciertan y se bloquean. El desconcierto escapa un poco de la trampa, la señala, y, al mismo tiempo, desbloquea la impotencia de las grandes acciones transformadoras con gestos concretos. Palabra y acción, gesto y mensaje, todo  va unido. No se distinguen en el momento misericordioso del desconcierto. Tiene el peso significativo de lo concreto como una manera de recomenzar la articulación, la versión hacia afuera respecto a la posición de Francisco, que desde el principio hace una vuelta de tuerca entre el poder del Papa y la bendición del pueblo: quién bendice a quién, fórmula que está en el origen del papado, esa confusión y esa mezcla que permite encarar un movimiento distinto.

También hay que tener en cuenta los modos de circulación de la palabra, lo simbólico, lo poderoso: cómo se producen y se articulan las explosiones o irrupciones populares, y en qué medida, en el modo de pensar la comunicación masiva actual, las redes sociales desafían la lógica en la que se estructura el poder y la concentración del poder. Porque en el futuro inmediato se avecina la discusión en cuanto a la propiedad y el modo en el que circula la información, la propiedad de los datos, la propiedad de la información. Hay algo respecto de la propiedad privada, el tema del sentido y el tema de la palabra, y quién construye lo poderoso, cómo circula el poder, que también es parte del umbral en el que se encuentra actualmente el mundo, y que Francisco evidentemente intuye. Por eso, permanentemente plantea una lógica de conectar lo estructural con lo subjetivo. Tomar la palabra, el empoderamiento, tiene que ver con esto: la propiedad de los datos, la propiedad de las redes, cómo circula y qué va a pasar.

¿Qué tiene que ver esto con el estadío actual de lo que llamamos “el capital”, la consistencia, y al mismo tiempo la epifanía religiosa del capital en la era actual, en este momento donde descarnadamente el capital se presenta como una religión?

El planteo podría ser: ¿Qué podría hacer un líder religioso o una noción religiosa como la misericordia o la compasión; o una doctrina, puro símbolo, pura letra, respecto a la economía concentrada, la pobreza, la desposesión de los trabajadores? ¿De qué sirve un gesto? Y si uno mira actualmente las redes sociales, presentan, por un lado, una cuestión de punta de cómo se reproduce el capital, en el sentido simbólico y en el sentido económico; y al mismo tiempo el capital en su fase simbólica, de la semiósfera, el turbocapitalismo, pone en juego la propiedad del conocimiento, de la palabra, de lo simbólico, de la materia de la que está hecha el alma humana, donde se juega la cuestión de quién es el alma de las personas y del pueblo. 

Actualmente, en las redes sociales la palabra/gesto está en el centro de su funcionamiento. Tik Tok, por ejemplo, consiste en imitar gestos. El desafío es imitar gestos, de una alegría mercantilizada, de un hedonismo medio exacerbado, o imitar a otro que baila como una máquina. Y la moda, con eso están hechos el capital de gestos y los gestos del capital. Está bueno contrastar, en términos de gesto contra gesto, pero también de religión contra religión, la cuestión de qué es lo mío, además de mis redes sociales, cuáles gestos son míos. Y ahí aparece algo de la propiedad que después revierte hasta pensar qué significa el trabajo hoy, qué significa el capital, qué tiene que hacer el propietario.

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Un nudo. Francisco y una propuesta revulsiva: el sometimiento para la libertad

Lo que sigue es una reflexión que conecta lo que se dice en Laudato Si y en Fratelli Tutti con un “movimiento” central que Francisco no inventa pero expresa con particular énfasis. Ese movimiento, el de someterse, su especificidad y sus implicancias, es nuclear para comprender tanto el fondo largo y hondo de lo que dice sobre la propiedad privada, inserto en la Doctrina, como el punto de originalidad y actualidad que tiene la propuesta del Papa argentino. 

El modo musulmán. Podria llamarse a esto el modo musulmán de Francisco. (recordar que “sometido” es el significado de muslim – musulmán). 

Esta es nuestra tesis: Francisco propone el sometimiento como condición central de la emancipación. 

(En alguna de sus frases apodícticas, también Perón propone una cadena de precedencias que suponen un “sometimiento”. El lector puede adivinar a cuál dicho del General nos referimos).

¿Cuál es este “sometimiento” que propone Francisco? Estamos ante un movimiento, una posición y un gesto que resultan en un reconocimiento. Para explicar esta posición, que es también una posición del cuerpo y de los cuerpos, hacemos por un momento un paso y una oscilación entre Laudato Si y Fratelli Tutti

Mirar hacia arriba. Laudato Si’ es un texto sobre ecología y cuidado de la casa común que no empieza ni con un diagnóstico, ni con un sermón, ni con el anuncio de una catástrofe. “Laudato Si’” es el inicio de un canto de alabanza, exaltado y gozoso. El inicio del llamado Cántico de las criaturas, de San Francisco de Asís, un canto que está hecho “para arriba”. Que comienza levantando la mirada y dando gracias por “el hermano sol”. Sube, se eleva, mira hacia arriba.

Todos juntos. La expresión “Fratelli Tutti” titula la encíclica con una frase también literal de Francisco de Asís, que proviene de una de sus llamadas Admoniciones: “Ustedes son todos hermanos”.

En el tercer parágrafo, la encíclica, se habla de manera explícita del sometimiento, inmediatamente después de mencionar el viaje y visita que el santo de Asís le hace al Sultán Malik al Kamil (lo cual refuerza el uso preciso y nada casual de la palabra):  

“Nos impresiona que ochocientos años atrás Francisco invita a evitar toda forma de agresión o contienda y también a vivir un humilde y fraterno “sometimiento”, incluso ante quienes no compartían su fe” (FT,3).

Ambas encíclicas, especialmente quizás Fratelli Tutti, referencian esta “dimensión-posición musulmana”. En todo caso, Francisco ha hecho de su vinculo con el Islam un eje de su papado. Dos expresiones de esto son el vínculo con el imam de El Cairo Ahmad Al-Tayyeb, con quien firmó la Carta por la Fraternidad Humana, y de quien dice que le inspiró toda la encíclica sobre la amistad social. Y recientemente, en su viaje a Iraq, el encuentro con el Ayatullah Ali al Sistani, referente del islam chií.  

Asi es que Francisco es un Papa de algún modo musulmán y “del sometimiento”. No sólo porque sometido y musulmán son la misma palabra, en el sentido de someterse a una voluntad mayor, o sea a Dios. También en el sentido de que eso nos pone aquí “abajo”, cuerpo a cuerpo entre nosotros y con la tierra. 

Acá es que hay que buscar el inicio de lo “secundario” que se aplica al derecho de propiedad. Es que es otra cosa: “otro” es lo primero. 

Laudato Si arriba y hermanos todos aquí abajo . Laudato Si’ y Fratelli Tutti expresan esto en dos idiomas (uno más espiritual y en el tono de la alabanza, y otro más horizontal y relacionado con el vínculo entre los hombres) y en relación a dos cuestiones, una relativa a la relación con la creación, y otra más contractual. 

Los dos están literalmente en Francisco. 

Laudato Si, en su número 67:  “No somos Dios. La tierra nos precede y nos ha sido dada (…)  Cada comunidad puede tomar de la bondad de la tierra lo que necesita para su supervivencia, pero también tiene el deber de protegerla y de garantizar la continuidad de su fertilidad para las generaciones futuras. Porque, en definitiva, «la tierra es del Señor » (Sal 24,1), a él pertenece « la tierra y cuanto hay en ella » (Dt 10,14). Por eso, Dios niega toda pretensión de propiedad absoluta: « La tierra no puede venderse a perpetuidad, porque la tierra es mía, y vosotros sois forasteros y huéspedes en mi tierra » (Lv 25,23).

Y en Fratelli Tutti donde el argumento tomado de Asís es que todos somos hermanos porque somos hijos todos de Dios, Francisco de Roma despliega el argumento hacia el vínculo social que hay que recuperar y sostener: 

Soñemos como una única humanidad, como caminantes de la misma carne humana, como hijos de esta misma tierra que nos cobija a todos, cada uno con la riqueza de su fe o de sus convicciones, cada uno con su propia voz, todos hermanos.(FT 8)

Hay un reconocimiento básico, esencial para caminar hacia la amistad social y la fraternidad universal: percibir cuánto vale un ser humano, cuánto vale una persona, siempre y en cualquier circunstancia. (FT 106)

De esta misma concepción de fondo, de este sometimiento, de este ordenamiento que nos pone “debajo” viene el núcleo muy fuerte que de la teología va a una concepción ética y política. En ese sometimiento es que surge el derecho a la propiedad privada está sometida a un bien mayor, que es la vida de todos. Y también de ahí su deriva e implicancia revulsiva: el destino universal de los bienes

Se relativiza el derecho a la propiedad privada y también al sentimiento de propiedad privada y propiedad humana en general,   de una sola generación, de la tierra o de sus frutos. Lo que con un término literal y doblemente económico Francisco  llama “la casa común”. Casa y economía  – como en ecología- son el “oikos”común, como sus bienes. 

En Fratelli Tutti y ya desde Laudato Si’ y antes, el Papa reitera e insiste en otro sometimiento, en tanto orden, primacía, subordinación. La política no puede estar sometida a la economía, y la economía no puede estar sometida al cálculo financiero. Otra vez, en otros términos, es la discusión sobre quién y por lo tanto qué está arriba. Y en última instancia  sobre quién es el soberano. Viejo problema teológico y político de la relación del pueblo con Dios. Pero también de su reversibilidad e identidad.

Y además  Francisco dice, por un lado, que la política tiene que estar por encima de la economía y del cálculo, pero que por sobre la política está la vida de los hombres y los derechos  de los pueblos.

Porque En la concepción  de Francisco -por eso la noción de pueblo es tan fuerte en Francisco- es que pueblo fiel y voluntad divina se relacionan,  no como equivalentes, pero sí están íntimamente relacionados No se trata tanto de que “vox populi sea vox dei” como de que la gloria de dios es que el hombre viva, y que esto, para decirlo de otro modo, se expresa y se vive en el pueblo.

Una visión del derecho, el capital y el pueblo. En Fratelli Tutti, que es la más “de Francisco”, más latinoamericana y más argentina, esto aparece, en términos teológicos, como lo que funda la fraternidad humana y la igualdad. Si todos somos hijos de lo mismo, somos todos hermanos, por lo tanto no podemos descartar a nadie y la construcción social debe ser hecha en torno a reciprocidad e igualdad, y a niveles crecientes de justicia.

Esto es algo muy elemental, pero justamente esa cuestión, encarada de otra manera, es la que sostiene la modernidad, la democracia liberal y “dialoga“ con las formas más feroces del capitalismo actual. Entonces, se ataca eso que está en el fondo y en el origen del problema, para que lo volvamos a tomar. Todo lo demás es explicación técnica, teológica, social o jurídica, pero es importante ver ahí el núcleo, el nudo,  que hay que abordar.  Y que siendo una cuestión estrictamente religiosa es por eso mismo  totalmente política. Y práctica. 

El primado del hombre y del trabajo.El hecho es que un Papa argentino, latinoamericano, pone el dedo en la llaga en esas dos cuestiones: el peligro que corre la casa común y el peligro que corre la unidad de la especie humana por carencia de universalidad del amor e inclusión. Francisco, que es un hombre espiritual, puede responder entonces la frase de Perón: “primero la Patria, después el movimiento, después los hombres”, probablemente sin desdecirlo, pero también diciendo, de algún modo al revés: “primero están los hombres y la vida de todo el pueblo, y después está todo lo demás”. Un lindo cortocircuito, una potente tensión para pensar también qué significa hacer militancia política, trabajo nacional y popular, y para decirlo directamente construcción social y política en el siglo XXI y en estos contextos tan duros. La pandemia nos da la oportunidad de releer estas cuestiones de prioridad y sometimiento. Como dice el dicho popular: Lo que importa es…

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10. El destino universal de los bienes

Lo que está en juego detrás de la discusión sobre la propiedad privada, es el destino del gesto de declarar que es un derecho secundario,que está sometida a otra prioridad y subordinada a otra cosa. Es una cuestión de doctrina pero también de debate actual:  el destino universal de los bienes.

¿Qué es un destino y qué son los bienes? Pensando desde Francisco, y en el contexto histórico de su  intervención en la OIT, pensando en la estructuras de las sociedades de hoy a nivel global y también nacional, la cuestión  de la universalidad de ese destino, tiene que ver con un gran “para todos”. Es algo central para pensar, porque es lo que da mediación, límite, interpelación, pero al mismo tiempo consistencia real a qué significa distribuir la riqueza o la propiedad o compartirla entre todas las partes de un pueblo, entre todos los pueblos.

¿Qué  implica y a quiénes incluye esa universalidad que Francisco -no inocentemente- plantea centralmente de dos maneras: con la idea de casa común y con el “hermanos todos”,? A partir de ahí podemos tematizar políticamente en cada tema y en cada lugar.

Un destino es, sobre todo, algo que nos concierne. 

11. La OIT y el trabajo como núcleos

El destino universal de los bienes, que tanta urticaria genera cuando se expresa en términos que cuestionan lo sagrado del capital y la lógica de la propiedad y del tener, en definitiva remite a  cómo y para qué producir y generar riqueza. Entonces, del capital y del trabajo. Y del modelo global que se deriva del capitalismo financiero. 

En el mensaje de Francisco a la asamblea de la OIT, este destino universal aparece como un criterio y un mandato, desde el punto de vista moral. Pero implica verlo desde la perspectiva de la producción  riqueza, pero para qué y para quienes, por lo tanto cómo. Por eso en esto no es casual que uno de los principales señalamientos que ha hecho Francisco se refiera de la lógica del mercado financiero, de la riqueza que genera riqueza “por sí misma”, que se reproduce autónomamente de los cuerpos y las vidas de los hombres y mujeres, o sea, desenganchándose  del trabajo. Quizás “divinizándose” Y esto  conecta también con el desarrollo científico tecnológico, los umbrales de robotización y de inteligencia artificial. Y con el paradigma que lo contiene, y el que lo valora, o sea lo limita. O no. Francisco pone un acento en el destino universal de los bienes, no solo desde la perspectiva de  la distribución de esa riqueza, sino sobre cómo se genera. Va al fondo;  qué es riqueza y para qué generarla.

Destino es una noción religiosa – también trágica- que habla del significado final y de la trascendencia – también del para qué– y también es una noción histórica en el sentido de tensionar el presente con el futuro. Y en base a las palabras de Francisco a la OIT, podemos preguntarnos: ¿Cuál es el destino del trabajo y de la OIT, y más ampliamente, de los organismos de Naciones Unidas, y de los debates que en torno al tema de la relación capital-trabajo, se han dado en la OIT?

Entonces, lo que está acá en juego es  una doble dimensión: por un lado  el esquema de instituciones globales de la posguerra, las Naciones Unidas primero (y deberíamos decir que el consenso de Washington luego) como organizadores o vectores de los derechos  humanos y al mismo tiempo de “la estabilidad” para todo Occidente. 

Y si esto es en el nivel de las naciones y estados, también hay una palabra pista aquí sobre lo que organizó la cuestión de la dignidad humana y la entidad  política en el siglo XX, y que  en Argentina tiene una expresión particular:  la relación amalgamada entre ser ciudadano – sujetos de derechos, humano- y ser y trabajador, ¿Qué pasa con estos dos factores: nuestro lugar en el mundo, el sistema mundo, sus instituciones; y lo que organiza y desorganiza la relación capital-trabajo?  ¿y qué es el trabajo hoy?. Este es el punto donde la discusión sobre la propiedad toca los cuerpos vivientes, sufrientes y dignos – o no- de los hombres y mujeres, y la consistencia del vínculo que los constituye como pueblo. 

Se trata de la OIT, pero también lo podemos decir con sustantivos comunes, sin mayúsculas: se trata de la organización mundial del trabajo. De cómo y quienes organizan el trabajo a nivel mundial.  El planteo sobre la propiedad provada, pero todos los elementos de su mensaje, se dirigen ahí: a esas instituciones y sus  agendas, y a los seres humanos concretos que serán afectados por esos debates, resoluciones y políticas. Al  mismo tiempo pone allí la necesidad de pensar un mundo en el cual no se esté siempre poniendo el vórtice  y el vértigo de vanguardia innovativa, el punto más alto y febril y también cruel, porque está ciego,  del desarrollo científico-tecnológico incertidumbre  permanente que garantiza la evolución del sistema. 

Así es que el trabajo no solo es el punto fundamental que organiza la discusión, sino también la lógica del conjunto y de lo colectivo.

Ahí es que hay que ver el tema del derecho de propiedad privada. Es el tema de “el todo y la parte”: no hay dudas de que hay una parte del desarrollo y la innovación que nos pone en el siglo XXI, pero al mismo tiempo hay toda otra realidad que está realmente desacoplada del desarrollo humano integral en un sentido muy preciso, corporal y “gestual”: descarta gente. 

El cuestionamiento de Francisco, o sea, lo que pone prácticamente en cuestión, otra vez, es la lógica y las consecuencias del funcionamiento del capital. Reitera y repone la propiedad privada como valor absoluto, pero quiere poner en acento es en esto otro: la propiedad es para todos y todas. Esto es la Fratelli Tutti:lo sagrado no es la propiedad sino el “para todos”.

12. ¿Qué hacer? Una pregunta leninista para dar continuidad a lo que Francisco propone y sostiene

En primer lugar, es necesario responder a la “provocación” con una provocación mayor, no a la defensiva sino a la ofensiva. No hace falta matizarlo ni pasteurizarlo. Tampoco alcanza suponer que confirma una versión popular de la política, ni despotricar contra los neoliberales que reaccionan más asustados que enojados. Hay que retomar el hilo y redoblar la apuesta en su línea argumental y en implicancias.  

Segundo: hacer el esfuerzo por entender y ubicar la cuestión en su profundidad, su nuclearidad y su hondura. En las que tiene  y en la que le debemos dar. 

Tercero: llevar esta interpelación al campo de “lo posible sin posibilismos”. No plantear una utopía doctrinal frente a una realidad miserable, sino una posibilidad concreta que fuerce, que rompa la inercia y que recomience desde un punto. Que tenga una capacidad de significación tal que conecte con lo original, con lo que da origen. O sea: operacionalizar, atarear la cuestión. 

Cuarto: responder un gesto con otro, la reciprocidad del gesto, y aplicar, encarnar, discernir qué puede significar esto en Argentina y para la práctica de cada actor,  de cada institución y en cada situación y dimensión. En los debates y los conflictos concretos. 

Y en el qué hacer, retomando lo de Francisco, aparece el qué no hacer: no hacer planteos utópicos. No se trata de hacer grandes declaraciones sobre lo mala que puede ser la lógica del capital, la propiedad privada y la lógica del lucro de empresa. En todo caso pensar en qué medida esa otra economía que se declama puede resolver los problemas concretos de la gente y generar la riqueza efectiva que se necesita en las casas de millones de  personas, porque sino estaríamos en un plano de las ideas, de la denuncia, en un plano meramente profético.

Lo  concreto en Francisco es descubrir en qué medida se puede levantar al caído con gestos – actos-hechos, actos-palabra, que tienen en común que son sostenidos con el cuerpo, personal y colectivo, 

El pensamiento de Francisco es radical, pero no en el sentido  de “ir por todo”, sino en términos de arraigo, de tener raíces. De saber quienes somos, donde estamos y de dónde sacamos la fuerza.

Por eso, podemos y debemos  preguntarnos, ya que hablamos de propiedad, qué es lo propio nuestro, y qué es lo más apropiado que podemos hacer para seguir adelante, pero sobre todo para garantizar alegría y justicia de nuevo , una y otra vez. Recomenzar. 

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