1.

No. Solamente es argentino del siglo XX transitando el XXI. O sea, trafica una memoria entre siglos, del mismo modo que traslada una experiencia entre mares. O entre ríos:  el Plata y el Tiber (en estos días habría que sumar el caudal del Amazonas…).   Entre las barrancas barrosas del río color de león y la colina vaticana. Un argentino en Roma, caput mundi en su momento y hoy desbordada de turistas y migrantes como ayer de bárbaros y peregrinos.  De ese asedio incesante está hecha la eternidad de Roma, finalmente. Roma siempre fue  una casa tomada. Esperando a los bárbaros. Alguna resonancia hay alli de lo que se llama peronismo aquí.

No es peronista el Papa. Es un hijo de inmigrantes, callejero de Flores. Popular por origen. Y por elección . Se deduce de dichos suyos. Se evidencia su palabra y en sus gestos. También que en sus presencias y cercanías. Se lee en su historia por supuesto controversial. Ver más arriba, lo dicho: es argentino, por lo tanto controversial por definición, y le conocemos las contradicciones por necesidad y situación.  Piensa y siente desde un pueblo, qué más puede hacer. Algo más: afirma que es desde y en el pueblo que hay que pensar, invita a eso. Dice que ya estamos allí pero que hay que salir hasta allá. Él llama a ese camino «ir periferias» sociales, geográficas y existenciales. Carga (su) existencia desde y en medio de este pueblo y sus hechos malditos, de entre los cuales hay uno que es el hecho maldito por autonomasia.  

Desde es CV es que llegó al puesto de Su Santidad. Domicilio: el hombre que hoy es Papa vivió bastante tiempo frente a la Plaza de Mayo.

2.

Respiró ese aire, y donde se respira también se transpira. Las inspiraciones vienen de ahi también. Conspirar, por otro lado, es respirar juntos.

No es que el Papa sea peronista. Probablemente es mas lógico decir que el peronismo es un catolicismo. Y para escándalo de muchos, se declara cristiano y evangélico. Si se toma nota de quiénes son los que se rasgan las vestiduras y gritan “blasfemia” ante esto, da para sospechar que algo cierto hay en lo que se dice.

Es esto lo que vale la pena indagar, mas que especular sobre  si se canta o no la marcha peronista en los pasillos vaticanos.

Algo de la misteriosa y feroz experiencia popular que en esta tierra donde  “hay algo que merece vivir” – como dice el poeta palestino Mahmoud Darwish- habla ahora desde  la institución mas vieja de occidente, la santa y pecadora.

Hay algo central que tienen común el peronismo y la Iglesia Católica de Roma: son experiencias realmente existentes , con los límites ásperos y terribles de lo real, que se exacerban cuando eso que existe de manera efectiva debe o pretende contener y comunicar lo sublime. Está dicho desde el principio: “llevamos este tesoro en vasijas de barro”.  

3.

Por si faltara algo. El peronismo es católico. Esto, los ojos de los conservadores patricios es una blasfemia.Para los progresistas, por otro lado, es una incomodidad desde el vamos. Carga el peronismo los dos males. No le alcanza con ser un populismo, lo cual ya sería un problema para tantos. Además se declara cristiano.  

Si lo es, no se debe a que el movimiento nacional justicialista profese dicha la religión. Ni siquiera porque éste se defina a sí mismo, como por lo demás lo hace,  como “ profundamente cristiano y humanista”, o incluso inspirado en la doctrina social de la Iglesia.

No. Es por otra cosa. El peronismo es católico, entre otros motivos, porque la “catolicidad” es el asunto del “todos” y de la incorporación  de los impuros a ese conjunto del “todos”. Al “todos” de la salvación.

A Jesús lo crucificaron por decir que la salvación era “para todo el pueblo” y sobre todo para el pueblo-pobre-impuro- trabajador. En torno al “todos” también giró el primer debate de la comunidad cristiana: “La buena nueva y la salvación ¿para quienes?” El jefe de la Iglesia de Jerusalén, Santiago el mayor, no creía que fuese también para los paganos del mundo griego y romano como San Pablo afirmaba. Sólo para los circuncisos y los que cumplen las normas de pureza. Pedro es Pedro justamente por haber logrado la unidad en ese debate. Para el pueblo todo y para todos los pueblos, esa es la premisa católica sobre la que se construyó la Iglesia de los cristianos. La “católica” fue también la cuestión de pastorear – y tambien «dominar» todo el orbe- el Imperio, toda Europa, los bárbaros, y la multiplicidad. Esto fue el tema de reflexión desde San Agustín a Ratzinger. Es hoy también el desafío de Francisco.

A Pedro, ante el dilema de abrir las puertas a todos, a los gentiles, a los paganos, respondiendo a la insistencia de Pablo, que ya lo había visto, la cosa se le resuelve con un sueño donde baja un banquete del cielo y una voz le dice: “mata y come”. Comé de todo, comé con todos, no sólo los alimentos rituales con los purificados de siempre. La mesa está tendida, que todos metan las patas en la fuente, que este banquete es para todes.

Así fue, sobre una mesa tenida, un asado fenomenal y celeste – por lo que tenía de terrenal – que el catolicismo fue desde el principio un “todismo”.

(Del mismo modo que su comienzo anterior – porque todo comienzo es retomar un comienzo anterior- fue un milagro para que siga la fiesta y para que el vino alcance para todos, allá en Caná de Galilea)

Para todos. Todos juntos. Juntos todos. Universal.  Por eso mismo, el “holos” que está en la composición misma de la palabra “katholicós” lo indica ya dese ahí. No es estrictamente un “catch all” pero tampoco dejar de serlo. Es un “todos” por lo menos doblemente dividido, desafiado, cuestionado, abierto. Porque es un “todos” construido en una preferencia, los pobres, y en una trascendencia, siempre lanzado más allá y más afuera, y hacia arriba también.

Vida en abundancia, para todos, todas y todes. Un todos al que siempre sigue llegando gente, porque es infinito. Como la fiesta que convoca y promete, y anuncia realizando. El reino ya está aquí: no pide sacrificios ni espera. Multiplica los panes y los peces. Sacia el hambre allí cuando sucede. Vio a la multitud y se conmovió, y entonces armó un aguinaldo milagroso, a la orilla del lago nomás, sin esperar ninguna confesión de pecados ni contraprestación. Sobraron un montón de canastos: para todos los pueblos de alrededor.

Igual que los de la declaración de los derechos humanos, los problemas del peronismo, su escándalo, tienen una línea que los lleva a la orilla del mar de Galilea.

4.

La relación del peronismo con la Doctrina Social de la Iglesia (DSI) abre otro frente de análisis. Menos bello pero jugoso también, si se lo sabe pensar y saborear en el momento de nacimiento de ambos. Uno como experiencia política y la otra como respuesta doctrinal a los caminos de las grandes masas trabajadoras del siglo XX.

Por un lado, el vínculo del peronismo con la DSI es el de una articulación, referencia y alimentación estratégica, quizás oportunista -en el buen sentido- o en todo caso una cuestión de disponibilidad de discursos y recursos de autoridad que tuvieron un peso sustancial en la etapa de alumbramiento y consolidación de la doctrina justicialista. Sin ser lo único, la DSI es lo que había a mano para explicar al peronismo –quizás más a su doctrina que al movimiento mismo- frente a otras doctrinas o sistemas de ideas políticas de la posguerra.

Más bien habría que señalar que lo que vincula el peronismo con la DSI es una simultaneidad temporal, en la que se fundan los préstamos y se plasma la oportunidad de referencia, y una matriz o estructura de surgimiento similar. Ambas doctrinas surgen como búsqueda para pensar desde una diferencia y de algún modo desde una oposición – reactiva además, en muchos aspectos- maneras de contener a las masas populares y obreras. Comparten componentes de contención, conservadores e incluso reactivos, sí, aunque no hay que caer en el facilismo de confundir reactivo con reaccionario . O de pensar que se agotan en esos aspectos.

5.

Lo que se expresa como cristiano en el peronismo tiene mucho más que ver con una experiencia de redención, felicidad y trascendencia – también dolor, lucha y muerte, también pasión- que con la declaración doctrinaria misma. Hay más cristianismo en lo que tiene el peronismo de experiencia de salvación y, si se quiere, de milagro y escatología popular, de reconocimiento de la propia dignidad, humanidad, pertenencia y trascendencia, en Evita y en las practicas, que en los papeles que digan que el peronismo es cristiano y humanista, o en los vínculos del peronismo con figuras católicas, sean Benítez o Mugica.

También podemos decir que, en sus conflictos con la Iglesia y su jerarquía, y con los católicos de clases medias y altas, ayer y hoy, el peronismo expresa que es cristiano y católico. Cristiano porque tiene la fuerza redentora de los mesianismos que dividen la historia, y católicos, porque construye un “todos” que rebalsa la comunidad ilusoria republicana e incorpora al goce y el derecho a los que falta. El “todos” del peronismo es revulsivo y conflictivo porque no se conforma con la entelequia de la igualdad sino que busca la realidad efectiva de la comunidad. En eso desafía, interpela y confronta – porque a su modo compite- con la Iglesia, como con todo lo establecido.

6.

El “todos” y su cohesión es el problema o desafío del conductor. Agarrado el tema desde el otro lado, digamos también que un Papa tiene, necesariamente, y de manera bastante evidente problemas análogos.

El problema del sumo pontífice es siempre este:

  • Está al frente de una institución que guarda la memoria y al mismo tiempo debe garantizar la continuidad de una experiencia de redención popular (pueden leerse estos dos términos como sustantivo y adjetivo, como un sustantivo compuesto o como dos sustantivos sinónimos. También se puede también escribir al revés: experiencia popular redentora).
  • Debe hacerlo en la tensión entre una organización limitada, una experiencia desbordante y un mandado infinito.
  • Tiene siempre el problema de la permanencia y la unidad, del control y la apertura. Tiene que generar una diversidad, una contingencia y un cuestionamiento que son constitutivos a su lugar estructural. Hay cosas que tiene que hacer siempre, porque “trabaja de Papa”.
  • Tiene que ser infalible en algún punto, y al mismo tiempo siempre está expuesto a la limitación propia de un vicario, con jerarquías enredadas y mandatos difusos, pero siempre manteniendo la verticalidad y unicidad ante una materia y unos sujetos;
  • Tiene que interpelar en su singularidad a hombres y pueblos -necesariamente divergentes y reclamantes de su especificidad y diversidad-, y habilitarles su lugar y pertenencia;
  • Tiene que ejercer su poder central y desde arriba con el horizonte, la contrapartida y el mandato de un “para todos”, por definición infinito e insabible.
  • Tiene que hacer durar y al mismo tiempo siempre volver a comenzar;

Por eso todo Papa es, y debe ser, siempre peronista, en el sentido funcional de la palabra.  Incluso en el peyorativo. No trabaja de profeta, ni de analista ni de ideólogo. Tiene que pastorear un rebaño real.  

A esta altura, ¿vale la pena preguntarse si el Papa Francisco, otrora Bergoglio, es peronista?

Muchas cosas son opinables y discutibles. No está entre ellas esta: Bergoglio es argentino, viene de la Argentina del siglo XX y Francisco es el primer Papa latinoamericano. Trabaja de Papa y es el Papa de Roma, Sumo Pontífice, Su Santidad, Santo Padre, como le llame la liturgia del caso.

Hace lo que tiene que hacer. Ese empleo es así.

7.

Si alguien es argentino, más allá de que tenga o haya tenido o no un vínculo con el peronismo, siempre tiene algo de peronista, en la medida de que nada de nuestra experiencia histórica y colectiva es ajena al fenómeno histórico más pregnante del siglo XX y probablemente de nuestra historia.

Si además es alguien explícitamente preocupado, y que habla y piensa sobre la cuestión del pueblo – y siendo sacerdote primero, obispo y cardenal después, y finamente Papa, esta cuestión le preocupa en relación a su trascendencia y salvación, por defunción- va a ser mucho menos ajeno al peronismo, más cercano en un montón de sentidos temáticos, concretos y discursivos. En sus modos de ejercer deberá ser análogo a un «peronista», pero sobre todo por las similitudes estructurales entre los modos de conducción de cualquier institución compleja desbordada por un un movimiento, valga la redundancia, desbordante,

Finalmente, si sabemos que ha tenido contacto concreto con actores políticos de todo tiempo, incluido los peronistas de diversa extracción y sesgo, tiene de peronista lo que de peronista se tiene en términos de la interacción, con eventual osmosis o contagio. Por qué no. Eso se llama cultura, estilo.

Lo más cierto sin embargo, es que el hombre una y otra vez señala que lo  central es el pueblo, con el pueblo y en el pueblo. Sus dolores y canciones. Sus ganas de celebrar y vivir, de compartir y disfrutar. Su capacidad de organizar y sorprender con mesas abiertas y banquetes gigantes. Mesas compartidas, plazas festivas, vidas vivibles. Su ternura nunca perdida.  

Es así, y en torno a estas cosas que, similarmente, los peronistas y (algunos) Papas (especialmente si llegaron a Fiumicino desde Ezeiza) son infaliblemente complejos.

Y un poco indescifrables. Imprevisibles, sorpresivos, siempre.

Como los pueblos y sus redenciones.

×