Néstor Borri y Santiago Barassi

Estuvimos con Francisco. Ni más ni menos. Agradecidos y felices, Contando y agradeciendo. Llegamos con un poco de audacia y amigos queridos y claro, muy probablemente la intuición y la generosidad del que nos invitó y de su jefe de arriba. La crónica no se agotará en una nota ni en mil posteos. Nos tocó estar. «Tocó» en el sentido del azar y la gratuidad, del logro y la oportunidad. Se dió. Pero también y sobre todo «nos tocó» en el sentido de que, si acaso ya veníamos un poco tocados, quedamos movidos y motivados, marcados, entre el estupor y la manija. Y tratamos de contarlo y compartilo, lo que se puede. Acá.

¿Les viene bien el 13 de setiembre a las 18 en Santa Marta? Gracias

Francisco

De puño y letra nos invitó a juntarnos un viernes. Por si acaso era necesario aclararlo, aceptamos. Desde que recibimos el convite, ni una sola indicación más sobre el protocolo o los pasos a seguir nos llegó. Hay que convivir con la certeza de ser convocados y la incertidumbre sobre todo lo demás. Por las dudas, llevamos un tinto. Cabernet Franc. Varietal apropiado si los hay. Después de todo, Santa Marta siempre estuvo cerca.

(Pudieron haber sido el limoncello y los alcauciles fritos de Dino y Tony –Via Leone 460-, la calor romana o la manija modo Dios de la previa. La cosa es que la noche de la víspera no fue fácil. Se durmió poco y se soñó mucho.)

Y llega el día en que toca estar frente a un guardia suizo multicolor para decirle: “tenemos un appuntamento con el Santo Padre”. Llevamos los documentos, saco nuevo y una nota escrita a mano, presuntamente por el Papa. Es lo que hay. Hablan por teléfono, escanean el documento… siamo dentro. ¡VIVA PERON!

Mientras avanzamos hacia la austera fachada de la residencia de Santa Marta, vienen a la cabeza los pasillos pintados por Rafael que, a unos cientos de metros, del otro lado de San Pedro, llevan al Palacio Pontificio. Desde 2013 esos salones están vacíos. Viviendo donde vive y como vive, el Papa argentino habla todo el tiempo aunque no diga nada. Pasajero en tránsito, lanza un mensaje permanente “urbi et orbi” pero sobre todo para las cuarenta y cuatro manzanas vaticanas y sus purpurados vecinos.

Ya nos habían avisado que iban a ser de los cinco minutos más largos de nuestra vida: esperando en una sala de tres por cuatro. Pero pasa un rato corto y entra el hombre.

Estuvimos una hora en Santa Marta y, durante todo ese tiempo, Francisco estuvo siempre ahí. Mindfulness jesuita&criolla. Sin apuro: presencia completa, sin corte ni séquito. La escucha, el tiempo dedicado, los detalles de la hospitalidad y el cuidado de la cercanía. Una caballerosidad ni solemne ni impostada, disciplina de la atención y disposición al otro. Esa sencillez se siente cómoda en la austeridad de la Santa Marta. Escaparle al Palacio Pontificio explicita el vínculo que quiere establecer y el domus Santa Marta es el domicilio desde donde quiere relacionarse con el mundo: la familiaridad de lo sencillo y la magia sobria pero cálida de lo cotidiano de cada uno. Inmedaitez y tacto y contacto.

Daniel Santoro dice que la apuesta de Francisco, y la tarea que tenemos pendiente, es “la creación heroica de un goce no capitalista”. Si del uso y la vivencia del tiempo se trata, y si se piensa que lo que tiene en agenda es lo que pasa con Putin, con la Amazonia, con la burocracia vaticana o la contraofensiva conservadora, puede decirse que efectivamente el Papa argentino ya está en eso. Su eficiencia y administración del tiempo es otra. Su manera de transcurrir y estar con otros maneja otro cronometro. La eficacia de otra cosa. Gratuidad y, otra vez, presencia.

En la conversación, los temas, los nombres, las cuestiones, las imágenes y los recuerdos son muchos. Pero más allá del contenido, lo que queda es el modo en que la conversación nos toca y nos toma. Nos conmueve. No vale la pena hacer un anecdotario ni caer en la tentación de tratficar información exclusiva, la pretensión de llevar y traer data, bendiciones o condenas. Nos preguntan qué nos dijo, pero lo que nos sale y nos importa contar es esto que no está en las entrevistas que le hacen y que, por otro lado, al final ya está e en los tantos dichos y mensajes del Papa. Francisco habla a muchos niveles, pero el más fuerte es el mensaje que da de persona a persona. Un modo de enfocar, de cuidar cada tema y de generar un efecto en aquellos que lo pueden escuchar.

Nos saluda y habla enseguida de cosas palpables, de personas con nombre propio y de hechos con fecha. No hubo abstracciones ni principios generales. Desde lo concreto, con cada cosa y cada quién, se plasman conceptos y criterios muy fuertes, que tocan a quien los escucha tanto al nivel de la comprensión como de la conmoción. Eso nos pasa, Un permanente impulso de reconocimiento de cada cual, evocando lo que él mismo ha vivido y su vínculo con esas personas. Sean amigos y amigas comunes, Maradona o Angelelli o Alfie Kelly. Atento a los que faltan, a cada uno y también al conjunto. Y todo esto no sólo narrando lo ya vivido o conocido, sino sobre todo preguntando y escuchando.

Horacio González dice que el Sumo Pontífice habla con las palabras de la calle. Y que la lengua de un pueblo, “el idioma de los argentinos” como diría Borges, nace en las canchas y en las cárceles.

¿Cuál es su tango preferido?

Cambalache: es profético.

De principio a fin habló las palabras y la música de la conversa fueron las de Buenos Aires. Algo de la Patria acá, en el caput mundi , suena no sin un toque de melancolia y mucho de cariño contenido y a flor de piel también. El Papa de Roma sigue siendo el mismo que viajaba en la línea A del subte y el de los bondis porteños. La palabra le delata el pasaporte. Es una cuestión que va más allá de un mero modo de hablar. Refleja una manera de vivir y hacer la comunicación y de generar un impacto, un sentido, un eco, en el otro. Es lo concreto plasmado al nivel de la palabra y del lenguaje como opción de conversación.  Pero también como estrategia pastoral y política. Conversación de intercambio y conversión.

Hay algo de Francisco que, justo donde es más propio, es intraducible. Lost in translation. Algo propio no sólo del Jorge de Flores. Lo que suena acá en el el Vaticano, y en este encuentro , es lo singular de nuestro pueblo, el punto donde nuestras palabras se hacen carne. Cuando un argentino, un latinoamericano, llega a ser Papa, la experiencia histórica y las músicas de estas tierras llegan a la Cátedra de Pedro. Más que con infaliblidad, con la precisión musical de esta orilla brava, tierra hemosa de America del Sur, como dicen los trovadores. Hablan desde esa memoria. Algo de lo que hay que entender, o traducir, insiste allí.  Difícil poner «primerear»en latín. Trabajo para los archivistas de la Santa Sede.  

Quizás por eso mismo, cuando habla del mundo y nos cuenta de los viajes, piensa y nombra, más que a las sociedades, a los pueblos. Como sujetos, como protagonistas. Los nombra desde el afecto. Afectado, sonriente o compungido por lo que vive y tocado desde donde aprendió a sentirlos y conocerlos.

Hablamos de África, porque venía de allí, y de Argentina, porque también venimos de allí. De Mozambique, Mauricio y Madagascar nos dijo: «Los africanos son felices, es difícil seguirles el ritmo». De Argentina, al resumirle lo que nos anda pasando, nos respondió: «Es un pueblo sufrido». Son expresiones que no se quedan y probablmente ni pasan por una mirada sociológica o política de las sociedades: se centran en el sentimiento y vivencia de las muchedumbres. Cuando dice que es necesario «acariciar los conflictos», hablando de geopolítica y guerras, habla precisamente de esto: hay que relacionarse con la historia y pensar las realidades efectivas desde ahí. Menciones de tacto, corporales, otra vez, de presencia rostro a rostro.

No pudimos evitar preguntarle cuándo va a venir. Pocas vueltas para contestar. Firme y espontáneo: «Yo quiero ir». Sin dramatizar pero dándole la dimensión que tiene y reconociendo la necesidad de las condiciones para que ocurra. No oculta ni niega la importancia que puede tener para su persona el  hecho y el momento de viajar a su tierra, pero ubica esto en el marco de responsabilidades más amplias que le competen: otros destinos que debe atender (Japón, Thailandia e Irak), la agenda pastoral y el proceso de reformas internas que viene impulsando.

La curia romana es la corte de la última monarquía absoluta de Europa. La renuncia de Benedicto y la llegada de Francisco son el síntoma de su decadencia y de la necesidad de un recomienzo.

«Yo no soy el GRAN REFORMADOR, pero…”. La tarea que Francisco identifica es la de transformarla en una verdadera comunidad de trabajo, y ese desafío lo encara con tranquilidad, seguridad y decisión. Su apuesta a los gestos inmediatos y la cercanía, está acompañada de una atención prioritaria respecto a lo indispensable que es cambiar las estructuras con un horizonte de trasformación claro. No se trata de la espectacularidad de la reforma, y mucho menos de la centralidad de su rol y menos aún de caracter que el tendría. De loque se trata es de lo lo impostergable de la tarea, más alla de las dificultades y los costos. Hay que crear una nueva institucionalidad que permita hacer nuevas las cosas. A la curia, “hay que transformarla en en una comunidad de trabajo”.

Carga el vino y la carpeta que le entregamos y nos invita arriba, a su oficina y  a la sala donde junta los ejemplares de todo lo que se publica sobre su pontificado y su persona. En un cajón tiene discos de Canaro, Ada Falcon –“mi favorita, una mártir”,   la describe.-

También asoma… un disco de Pink Floyd.

«Agarren lo que les sirva para el portal, yo quiero aportar al proyecto”, nos dice moviendo los brazos como forma de invitarnos a saquear los estantes. Nos señala en particular un volumen pesadísimo: “Vean si se quieren llevar esto, me da un poco de pudor la verdad”. Nos da un libro tamaño guía de Entel que es un  atlas de la vida de un vecino del barrio de Flores que resultó una vez Papa de Roma.

Vemos esto. Durante y después: cada uno de sus gestos y palabras están marcados por una búsqueda permanente de centramiento, de eje, que a su vez se refleja en el rechazo a la adulación y el personalismo. Emana una doble firmeza: concentrarse siempre en la misión a cumplir y escapar a la tentación de la excepcionalidad de su persona. «Una sola cosa les voy a pedir. No me mitifiquen. Soy sólo un pobre hombre que hace lo que puede», nos dijo, y por si acaso lo repitió.

LOS LOCOS

«Ustedes están locos», ya habia dicho con picardía mientras sonreía y nos miraba levantando la vista mientras observaba  con atención la portada de #FactorFrancisco que le entregamos enmarcada. Hubo una complicidad desde el principio con el espíritu irreverente del portal que le dio frescura a todo lo que conversamos. El vino tinto que le regalamos lo recibió con una sonrisa y un entusiasmo muy humano, por no decir demasiado. Se lo llevó bajo el brazo cuando nos fuimos para arriba. “Van a decir… el Papa en curda”, comentó al paso socarrón (ya estamos trabajando en un tango con ese título). Nos habló de la importancia del humor recordando la oración de Santo Tomás Moro que suele rezar:

Concédeme, Señor, una buena digestión,

y también algo que digerir.

Concédeme la salud del cuerpo,

con el buen humor necesario para mantenerla.

Dame, Señor, un alma santa que sepa aprovechar

lo que es bueno y puro, para que no se asuste ante

el pecado, sino que encuentre el modo de poner

las cosas de nuevo en orden.

Concédeme un alma que no conozca el aburrimiento,

las murmuraciones, los suspiros y los lamentos y no

permitas que sufra excesivamente por ese ser tan

dominante que se llama: YO.

Dame, Señor, el sentido del humor.

Concédeme la gracia de comprender las bromas,

para que conozca en la vida un poco de alegría y

pueda comunicársela a los demás.

Así sea.

Justo antes de despedirnos, casi a modo de conclusión, nos dijo: «Hoy voy a escribir en mi diario que estuve con dos locos».

Al día siguiente, en la Umbría, la ciudad del otro Francisco, mirando el cielo «azul Giotto» el que tantas hizo cantar desbodado al Loco de Asis, pensamos, vino de por medio que, para ser fieles a la verdad, en ese diario debería quedar asentado: «Hoy, viernes 13 de septiembre en Santa Marta, nos encontramos tres locos». Amén.

POSDATA DE POEMA Y CANCION

Si eres hombre
no olvides que eres hombre
que es olvidar a Dios y herir al mundo
Quizá la cumbre
de tu piel te asombre
temporario trayecto a lo profundo
Olvidarás el árbol, las espigas
el sol y los caminos de la siesta
Si olvidas que eres hombre no me digas
que tu pobre corazón está de fiesta
Si olvidas que eres hombre
¿Quién podría ser padre del olvido
o ser hermano, ser hijo, o ser amigo
o ser poesía en la palma tendida de una mano?
Porque es difícil elevarse en hombre
lo harán tan sólo los que no se olvidan
Y aunque la cumbre de tu piel asombre
tan sólo el corazón es muerte o vida
Por el polvo silente de las horas
caminará tu idea empobrecida
como un órgano mudo que atesora
El peso de una nota inconcebida
y habrás de ser un poco de la vida
y un milenio de sombra, sin aurora.
José Larralde

Considerando en frío, imparcialmente,
que el hombre es triste, tose y, sin embargo,
se complace en su pecho colorado;
que lo único que hace es componerse
de días;
que es lóbrego mamífero y se peina…

Considerando
que el hombre procede suavemente del trabajo
y repercute jefe, suena subordinado;
que el diagrama del tiempo
es constante diorama en sus medallas
y, a medio morir, sus ojos estudiaron,
desde lejanos tiempos,
su fórmula famélica de masa…
Comprendiendo sin esfuerzo
que el hombre se queda, a veces, pensando,
como queriendo llorar,
y, sujeto a tenderse como objeto,
se hace buen carpintero, suda, mata
y luego canta, almuerza, se abotona…
Considerando también
que el hombre es en verdad un animal
y, no obstante, al voltear, me da con su tristeza
en la cabeza…
Examinando, en fin,
sus encontradas piezas, su retrete,
su deseperación, al terminar su día atroz,
borrándolo…
Comprendiendo
que él sabe que le quiero,
que le odio con afecto y me es, en suma,
indiferente…
Considerando sus documentos generales
y mirando con lentes aquel certificado
que prueba que nació muy pequeñito…
le hago una seña,
viene,
y le doy un abrazo, emocionado.
¡Qué más da! Emocionado…Emocionado…
César Vallejo
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